Jorge Volpi, entre el Derecho y la Literatura

Autor de "El fin de la locura"
[entrevista] | Redacción

 

Por error, dice Jorge, entre risas, cuando le preguntamos por qué estudió Derecho. De niño le hubiera gustado ser científico y, en algún momento, le atravesó la idea de estudiar Historia. Y en retrospectiva su obra atraviesa estos dos grandes temas. Nació en la Ciudad de México en 1968 y a los dieciséis años, él ni varios de sus amigos de la preparatoria, había decido ya que querían dedicarse a la Literatura. Así, al momento de escoger qué carrera estudiar se autoconvencieron –con ayuda de sus maestros de Derecho en la preparatoria y de sus padres– de que era mejor estudiar Derecho.

JV— Todavía mejor era la idea de que, finalmente, Octavio Paz y Carlos Fuentes estudiaron Derecho. Que existía una tradición de que los escritores estudiaran Derecho: era la carrera que más ampliamente podía servirle a un escritor. Estudié la preparatoria en el CUM y de un grupo de cincuenta, más o menos treinta y cinco nos fuimos a estudiar Derecho a la UNAM. Buena parte de nosotros con la idea de que estudiábamos Derecho para después dedicarnos a lo que realmente nos interesaba; en mi caso, la Literatura. A otros, lo que realmente les interesaba era el Cine, el Teatro, la Música o la Historia, pero el Derecho como base.

Profesores

JV— Debo decir que tuve muy buenos maestros en la Facultad. Recuerdo con mucho cariño y entusiasmo, sobre todo, a Guillermo Floris Margadant: fue una gran influencia en mi vida, no solamente en el ámbito del Derecho. Otro espléndido maestro es Ricardo Franco Guzmán, que me dio Derecho Penal, y que, para un novelista, es el área que termina siendo más divertida. Al mismo tiempo, también debo decir, tuve muy malos maestros. Maestros que nunca llegaron siquiera a dar el curso, que no hacían otra cosa más que obligarnos a aprendernos leyes de memoria una tras otra.Mi experiencia estudiando Derecho fue contrastante. Por un lado, espléndidos maestros y un ambiente intelectual interesante. Por el otro, todo lo contrario. Desde entonces, para combinar Derecho y Literatura, decidí asistir de oyente a la Facultad de Filosofía y Letras. Así terminaba estando más cerca de lo que me interesaba.

 Anécdotas

JV— Una experiencia que terminó siendo importante en Facultad de Derecho fue que en esos años, no sé cómo siga siendo ahora, las elecciones para el presidente de la Sociedad de Alumnos eran una cosa terrible. Era como la preparación de las élites priístas de la época para luego llegar al poder. Se trataba de un escuela de praxis política, era más importante eso de lo que se aprendía en las aulas. No sé esto qué tanto haya cambiado, pero en esa época era muy impactante la cantidad de dinero que se gastaba en la publicidad, la manera en que se trataba de influir en el voto de los alumnos, como si realmente se estuviera compitiendo por la Presidencia de la República. A mí me tocaron épocas de disturbios, balazos, incluso alguno de los candidatos murió en circunstancias muy extrañas poco antes de la elección. Era muy interesante, una aproximación a lo que era el mundo político mexicano de la época. A ustedes les tocó una época completamente distinta. Yo soy generación 87, de los últimos a los que les tocó eso, a partir de los noventa ya empieza todo a cambiar. Recuerdo que la primera huelga del CU fue muy impactante. La Facultad de Derecho, sobre todo en esas épocas, mientras que en la UNAM casi todas las Facultades a nuestro alrededor eran radicales y totalmente de izquierda, Derecho se distinguía por ser de una institucionalidad priísta. Mientras todos estaban en huelga nosotros íbamos y tomábamos clases. También la gracia que tenía tomar clases en gimnasios, parques, además era el primer semestre, acababas de llegar y era rarísimo para nosotros, el folclor de tomar clases extramuros. ¿Sabrá Jorge dónde están ahora sus amigos de la Facultad?

Frunce el ceño y hace un repaso mental, luego enumera que muchos son prósperos notarios y otros se encuentran en la carrera judicial. De hecho, uno de sus mejores amigos de aquél tiempo ahora es magistrado de un Tribunal Colegiado de Circuito. La mayoría son litigantes y académicos reconocidos, como Ricardo Rafael.

ESTEPARIO: ¿Ya escribías en aquellos días universitarios?

 JV: Sí, yo empecé a escribir, digamos, desde los dieciséis, diecisiete años. En la Facultad comencé a escribir mi primera novela y recuerdo que, esto no debería decirlo –baja la voz y nos mira con cierta complicidad–, me sentaba en la parte de hasta atrás de los salones en aquellas clases que no me interesaban y me ponía a escribir. Mi primera novela la escribí en las aulas de la Facultad de Derecho. Nunca se publicó. La segunda, A pesar del oscuro silencio, también la comencé a escribir en la Facultad y sí se publicó. Un amigo, Fernando Pérez Correa, me contó entonces la anécdota del suicidio de Jorge Cuesta y de ahí empecé a investigar sobre él.

 ESTEPARIO: De estos primeros trabajos, ¿qué autores consideras que te hayan marcado? ¿A cuáles has querido continuar?

 JV— En ese tiempo fueron muy importantes para mí los escritores mexicanos de la generación de Medio Siglo: Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Sergio Pitol, Salvador Elizondo, Inés Arredondo, eran los escritores que más admirábamos en ese momento. Tanto así que yo dirigí dos números de una revista en la Facultad de Derecho llamada Contexto, aprovecho para desearles que dure su revista más de dos números. El primer número lo dedicamos a la UNAM, como tal. Cuando llegué a estudiar a la UNAM, de inmediato empezó la huelga del 87, la primera gran huelga del CU. También eso era una novedad, eran épocas muy turbulentas, de ahí que el primer número se lo dedicáramos a la Universidad. El segundo número fue dedicado a la revista Medio Siglo, que fue la revista que Carlos Fuentes dirigió en la Facultad de Derecho de la UNAM de los años cincuenta, por eso se llama la generación así. La dirigía Carlos Fuentes, el subdirector era Porfirio Muñoz Ledo y ahí colaboraban Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Gonzales Pedrero, incluso Miguel de la Madrid. Entonces dedicamos esa edición a hablar de cómo fue aquella revista, conseguimos entrevistas con muchos de estos escritores y cómo fue su experiencia en aquellos años en la Facultad de Derecho. Es curioso cómo ahora, varios años después, vienen ustedes y me entrevistan. Bueno esos eran los escritores que me interesaban.

ESTEPARIO: ¿Jorge, alguna vez te desempeñaste como abogado?

JV— Sí, relativamente. Otra cosa que debo decir: aunque padecí muchas veces la Facultad de Derecho, no me arrepiento, si hubiese estudiado Filosofía, que es lo que yo quería estudiar realmente, más que Letras, probablemente me habría perdido de una vida práctica que para mí ha sido muy interesante como escritor. Al salir de la Facultad, por cuestiones un tanto azarosas y más ligadas a la Literatura que otra cosa, terminé trabajando primero en lo que antes se llamaba Departamento del Distrito Federal, justo en la reforma del Distrito Federal, era un trabajo jurídico. De ahí, durante poco más de dos años fui secretario del Procurador General de Justicia del Distrito Federal, Diego Valadés, en pleno ámbito jurídico y penal. Llegué a tener más trabajos relacionados con lo jurídico, estuve algunos meses en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, estuve unos seis u ocho meses en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Nunca he litigado. También estuve poco más de un año en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, dirigí el Instituto José Luis Soberanes.

 El escritor

En abril de 1999 Jorge Volpi ganó el Premio Seix Barral con la novela En busca de Klingsor, mismo galardón que han conseguido escritores de la talla de Mario Vargas Llosa. Como una excepción dentro de su generación, por un lado Jorge constantemente opina sobre asuntos de interés público y, por otro, ha desempeñado cargos en el gobierno. ¿Se encuentra en desuso la tradición, tan en boga en el siglo pasado, del escritor comprometido con la vida pública?

 JV— No es la tónica general de mi generación o de los escritores más jóvenes, si ustedes lo ven en las generaciones anteriores la tendencia es cada vez menor. Es una tradición que se va acabando. Hay que recordar también las condiciones en las que nace. Nosotros imitamos mucho el modelo francés, la idea del intelectual público, desde el siglo XIX. También siempre con regímenes autoritarios, casi nunca democráticos, entonces el papel y la voz del escritor se convertía en intelectual hablando de asuntos de interés público, pero también es cierto que a partir de que comienza la transición a la democracia mexicana, eso empieza a cambiar. Antes, los gobiernos priístas tenían una relación muy peculiar de amor-odio, muy perversa, con los intelectuales. Los respetaban más que a otros en la disidencia pero al mismo tiempo trataban todo el tiempo de seducirlos o de cooptarlos o de amenazarlos.

Finalmente cuando esto se acaba empieza una época nueva donde la opinión pública ahora está mucho más dividida, es mucho más amplia, mucho más plural y donde, por el otro lado, a las generaciones de escritores más jóvenes, de la mía hacia abajo, les interesa muy poco este papel de intelectual público que existía anteriormente, que ha sido llenado a su vez, sobre todo, por politólogos y por opinadores profesionales en lo medios. Entonces creo que es algo que ha ido disminuyendo, se está acabando el modelo de intelectual como Carlos Fuentes o como Octavio Paz. Ya quedan pocas figuras de esa talla. José Emilio Pacheco, Elena Poniatovska, Serio Pitol, ya todos ellos son mayores. Después de ellos va a cambiar el paradigma para otro tipo.

En 2011 Jorge publicó un ensayo titulado Leer la mente, desde un punto de vista científico señala la importancia que ha tenido la Literatura en el desarrollo de las seres humanos. En la actualidad, en sociedades donde las ficciones que proporciona la Literatura pueden ser reemplazadas por ficciones pasivas como la televisión, el cine o los videojuegos, ¿por qué sigue siendo necesaria la Literatura en la vida de los seres humanos?

JV— Con la Literatura realmente somos otros, vivimos otras vidas, aprendemos de nosotros y aprendemos de los otros al mismo tiempo. En general la ficción nos ayuda a ser humanos. Realmente nos hace salir de la prisión de nosotros mismos, imaginar que estamos en los otros, tener empatía con los demás.La literatura te permite narrar las cosas de otra manera, distinta a cómo la narra un politólogo, un funcionario o un abogado simplemente. Entiendes el mundo desde otras perspectiva, la de ponerte en el lugar de los otros y de narrar una historia y que es distinto a la de analizarla estrictamente desde el punto de vista de un politólogo, jurista o historiador, incluso.

ESTEPARIO:¿Qué libros te han marcado como persona y como escritor?

 JV— Los libros que te cambian la vida son los que lees como a los quince. A mí me cambió la vida leer Así hablo Zaratustra, de Nietzsche; Terra Nostra de Carlos fuentes, gracias a ese libro decidí convertirme en escritor. Me cambio la vida leer Crimen y castigo.

Temas como la física cuántica, la química o el psicoanálisis componen buena parte de sus novelas, ¿cómo se conjugan la Literatura y la Ciencia?

JV: Creo que la ciencia no hay que sacarla del ámbito de la cultura como si fuera algo sólo para especialistas. Ahí (en la Ciencia) están algunas de las mejores cosas que ha hecho la humanidad, los avances más importantes, las ideas más útiles, las esperanzas más amplias. Entonces la idea central es tratar de entender los principios generales, aunque uno no pueda entrar en los sustratos matemáticos de la ciencia. Si uno no ha estudiado matemáticas toda la vida, al menos puede entender esos principios generales y para ello la Literatura, que cuenta historias, creo que te lo permite hacer.

ESTEPARIO: ¿Alguna vez se te ha ocurrido escribir una novela sobre el mundo jurídico? 

JV: Muchas veces Diego Valadés me decía que debía escribir algo sobre ello. Yo creo que el Derecho siempre está presente en alguna medida. Uno de los temas centrales de lo que hago, como escritor tanto en ficción y en no ficción, es el poder. Por supuesto que eso siempre me interesó desde que estudiaba en la Facultad. Las materias que mas me gustaban eran Derecho Constitucional, Ciencia Política o Teoría del Estado. No sé si alguna vez vaya a escribir una novela sobre el mundo jurídico como tal, nada más, pero el mundo del poder tiene todo el sustento jurídico evidente, pues siempre está presente de unas manera u otras en lo que escribo.

Literatura y Política

JV: Es uno de los temas que me preocupan más intelectualmente, le he dedicado muchos artículos y al menos tres libros, y al mismo tiempo vitalmente también estoy ahí. Siempre es complicado y siempre hay una tensión entre la Literatura y el Poder. Quizá sea inevitable, finalmente todo son relaciones de poder y lo que narra la Literatura también es parte de esto mismo. No se trata de que sea una perversión entre un lado y otro necesariamente, pero sí siempre hay un conflicto y siempre hay límites que son delicados y siempre hay fronteras difíciles de pasar. Desde dónde hablas y qué poder estás ejerciendo. Sería muy complicado dar una respuesta simple, excepto decir que es una constante tensión la que siempre existe entre el mundo de la inteligencia, de los intelectuales, y el mundo del poder. Sea como crítico desde fuera, aparentemente independiente, pero luego habría de constatar hasta dónde esa independencia es real y no responde a otros factores reales de poder. Incluso en un puesto cultural como éste (director del Festival Cervantino) o Canal 22, uno no deja de ser parte del sistema y no deja de parecer que estás en el sistema, y estando en el sistema hasta dónde puedes ser crítico y hasta dónde te tienes que callar. Eso siempre es delicado, hasta dónde puedes criticar siendo parte de ello mismo y hasta dónde no.

 ESTEPARIO: Después de dirigir Canal 22, ¿qué nos hace falta hacer en México como canal cultural?

JV: Tener un canal cultural lo mas potente posible. Ya tenemos un canal cultural que muchos países más avanzados, como España, no tienen. Ya está llegando, por fin, al resto del país, cubre cerca de la mitad, pero tendría que tener mucha más penetración porque es uno de los escasos vehículos que buena parte de la población tienen para el acceso a la cultura en cualquier sentido. Para miles, millones, que nunca van al teatro, a un concierto de música clásica o a la presentación de un libro, realmente la televisión cultural cumple una función central.

Jorge Volpi escribe por las mañanas y se acompaña de música clásica, de ópera. De entre Verdi y Wagner –aunque detrás de En busca de Klingsor o en A pesar del oscuro silencio Wagner esté detrás–, dice, en realidad soy más verdiano. Su platillo favorito son los chiles en nogada y cuando el tiempo se lo permite, se dedica a preparar cocina marroquí o india. Pero ¿cómo se define Jorge Volpi?

 JV: Escéptico optimista. Escepticismo al no creer en nada firmemente: en verdades absolutas, soy ateo, pero al mismo tiempo siento optimismo por la vida.

 ESTEPARIO: Por último, ¿qué puedes decirle a los jóvenes escritores?

 JV: Que sean muy necios, que lean mucho y escriban mucho. En esa época, Hugo Hiriart, que me daba clases en la Facultad de Filosofía y Letras, decía que necesitas escribir al menos quinientas páginas de libros que vas a desechar para empezar a creer que vas a ser escritor. Y hacerlo a pesar de todo, a pesar de que te rechacen o no te rechacen, de que opinen o no los demás.

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