La conformidad de los inconformes

Por Carlos Erasmo Rodríguez Ramos

Facultad de Derecho, UNAM


 

Introducción

Vivimos en una sociedad donde lo más importante es la imagen. Una imagen vale más que mil palabras dicen casi todos. Siendo congruentes con esa frase se dejan convencer por fotografías y videos sin poner atención a lo que de verdad da sentido a la imagen: el discurso.[1]

Entenderemos aquí, por discurso a todos aquellos argumentos, ideas y principios que, estructurados por medio del lenguaje, nos ayudan a construir nuestra impresión del mundo y por ello determinan nuestro actuar.

En nuestros televisores podemos ver los rostros de los 43 normalistas desaparecidos y a Joaquín López Dóriga diciéndonos: Estos son los rostros de los normalistas que fueron asesinados por el narcotráfico. Mucha gente lo cree. Esos rostros por sí mismos no me dicen nada. Son sólo fotografías. Es lo que se dice en torno a ello lo que importa, lo que le da sentido, realidad y trascendencia.

En torno al caso Ayotzinapa se han dicho muchas cosas.

Todos meten su cuchara: políticos, académicos, medios de comunicación, estudiantes, personalidades nacionales y extranjeras, etc. Todos dicen algo con la voz que los distintos medios de comunicación les prestan pero, ¿Qué tanto de lo que se dice es cierto?, ¿Qué tanto de lo que no se dice es en realidad lo importante?, ¿Con qué finalidad estos sectores cubren el suceso con sus discursos particulares?

Si algo quedó al descubierto con el caso Ayotzinapa fue, entre muchas otras cosas, el cinismo de las autoridades al momento de dar explicaciones y de plantear soluciones, el cómo rodeaban al caso Ayotzinapa de discursos elusivos que lo mostraban como un caso aislado. Me parece que esto es una terrible irresponsabilidad. Ya mucho se ha dicho al respecto y no es mi intención ahondar en ello.

Mi intención aquí es hablar de algo que también quedó al descubierto con el caso Ayotzinapa. Se nos reveló otra realidad mucho más inesperada y tal vez de la misma trascendencia: la incapacidad de la sociedad civil, de los ciudadanos, para establecer discusiones, explicaciones, propuestas y argumentos sólidos y válidos en torno a la búsqueda de una solución a esta situación. La sociedad es incapaz de formar un discurso sólido, unido, en torno a Ayotzinapa.

Esto es cuando menos preocupante pues en tanto es el discurso lo que determina en gran medida nuestro actuar, si no tenemos un discurso bien estructurado difícilmente llegaremos a proponer y mucho menos a emprender soluciones adecuadas al problema.

En este artículo revisaremos y criticaremos algunos de los discursos más populares que los ciudadanos han erguido en torno a Ayorzinapa.

Los discursos que revisaremos fueron tomados de muchos lugares: medios de comunicación de distintas líneas editoriales, asambleas estudiantiles, consignas en las marchas, comentarios de usuario en redes sociales, etcétera.

Ayotzinapa, ¿Qué ocurrió?

El primer lugar donde encontramos estos discursos es en la sola explicación de los eventos acontecidos en Iguala, Guerrero.

Sólo hace falta ver la conferencia de prensa que dio el Procurador General de la República, Murillo Karam, para que quede claro que el Gobierno Federal intenta hacer pasar este acontecimiento como un hecho aislado.[2]

Aunque nos sorprenda el cinismo del Procurador, hay otras lecturas del caso Ayotzinapa mucho más sorprendentes.

El No.17 de la revista El salto, publicación que se vende en el transporte público, nos da una versión bastante interesante (por no decir otra cosa) de lo que fue la desaparición de los 43 normalistas.

Según la publicación, estos acontecimientos fueron planeados desde las altas esferas del poder de Estados Unidos, en específico desde la CIA, para desestabilizar el gobierno de Enrique Peña Nieto debido a que las reformas estructurales del mandatario no iban de acuerdo a los intereses del gobierno de Obama. El artículo concluye sin señalar fuentes directas y dejándonos en medio de sus teorías conspiracionistas.[3]

Ambos casos me parecen interesantes, aunque la versión de El salto no sea popular (afortunadamente), pues marcan una actitud de irresponsabilidad. Pareciera que ambos dijeran: No es mi culpa. Es culpa del otro, del de más allá. Es culpa de Abarca. Es culpa de los gringos.

Es difícil conocer a ciencia cierta que ocurrió en Ayotzinapa, por eso es necesario permanecer en una actitud crítica y siempre tratar de comparar fuentes. De no hacerlo así, podemos caer en estas lecturas del caso, lecturas que quién sabe con qué fin son difundidas. Debemos asumir el compromiso que como ciudadanos tenemos de permanecer informados sobre el acontecer nacional y asumir la responsabilidad de lo acontecido por las carencias de la clase política y de la sociedad civil.

¿Fue el Estado?

El día 28 de octubre de 2014 se publicó en Animal Político un artículo intitulado Iguala: por qué fue el Estado. En él la tesis de por qué fue el Estado es prácticamente la misma que, en lo personal, he escuchado en muchas personas: fue el Estado porque es incompetente, por el sistema de justicia penal deficiente, por la ausencia de control democrático, etc.[4]

Aquí pueden enunciarse las razones que se quieran pero el asunto es algo conceptual: el Estado no es el gobierno, es, muy a grandes rasgos, un ente abstracto formado por pueblo, territorio y gobierno (o poder político).

Es difícil decir efectivamente que ese ente fue el que perpetró estos actos y sostenerlo termina por conducirnos a discusiones de tipo doctrinal sobre qué es el Estado y por qué es culpable. Esto nos desvía de la discusión que de verdad conduciría a una posible solución: ¿Quiénes lo perpetraron? ¿Cómo castigar a los culpables? ¿Cuál era el contexto social, económico y político que dio lugar a esta catástrofe? ¿Qué instituciones fallan o fallaron en este caso? ¿Qué podemos hacer para mejorar las fallas de esas instituciones?

Estas son preguntas en torno a las cuales se puede construir una buena apreciación del problema y, sobre todo, soluciones.

Decir que fue el Estado es algo cuando menos confuso y no pasa de ser una especie de eslogan político.

#RenunciaEPN 

En fechas recientes la crisis política provocada por el caso Ayotzinapa ha incrementado por diversos escándalos relacionados con el Presidente y su equipo.

En redes sociales se ha popularizado rápidamente el hashtag #RenunciaEPN e incluso se ha llegado a insinuar, sobre todo por partidos de oposición interesados en la crisis política que enfrente el Presidente, que la renuncia del mandatario es la solución a los problemas, pues vendría alguien mucho más capaz a solucionar los problemas del país.

Es improbable que la renuncia del Presidente sea verdaderamente una solución, pues aunque tal vez sí exista un problema debido a la posible incompetencia de Peña Nieto en el cargo, el problema de fondo es un problema de diseño de instituciones.

Creer que el problema está en quién ejerce el poder y no en cómo se ejerce el poder nos lleva al problema de quién debe gobernar. El problema de quién debe gobernar es una lectura antigua y anticuada de la política.

Al responder a la pregunta: ¿Quién debe gobernar? Difícilmente alguien contestaría que deben hacerlo los peores; la respuesta es: los mejores. Pero, ¿Quiénes son los mejores? Los que pueden llegar y proclamarse como tales. Esta clase de concepción de la política pone a los peores al yugo de los mejores y al no existir un criterio objetivo para determinar quién pertenece a qué grupo, es fácil que surja un grupo detentador del poder que enarbole su supuesta superioridad como bandera.

Un gobierno así es cuando menos peligroso. Debemos aspirar a un gobierno democrático e institucional donde nuestras instituciones no dependan de que seres humanos superiores o mejores las dirijan, sino donde la instituciones tengan un diseño con el que puedan funcionar a pesar de que lleguen a ellas los peores seres humanos.

Debemos dejar atrás el problema platónico de quién debe gobernar y pasar al problema del cómo gobernar, buscando siempre un mejor diseño institucional.[5]

Conclusiones: la conformidad de los inconformes y el papel de los estudiantes

Ya hemos revisado y criticado a grandes rasgos algunos de los discursos más populares esgrimidos por el movimiento social surgido a raíz del caso Ayotzinapa.

Si algo queda claro es la debilidad y la dispersión de argumentos y objetivos que hay. El movimiento no es un movimiento unido, sino un movimiento desorganizado que en cualquier momento puede tornarse en una masa sin razón de ser.

Esta debilidad y esta dispersión son síntoma de cierta apatía. Me parece que el apegarse a discursos tan frágiles fabricados por alguien más por quién sabe qué fines es la más grande de las apatías. Es el conformismo de los inconformes. Es no tomarse la molestia de construir un discurso propio ni de criticar discursos que son tan frágiles y que hasta cierto punto nublan nuestra visión de la realidad y nuestra búsqueda de soluciones.

En este conformismo de los inconformes, los inconformes no construyen algo nuevo y se limitan a las formas preestablecidas de estar inconforme. Se indignan y gritan. Por supuesto que hay indignación pero no podemos permanecer ahí. Las marchas, la violencia, las mentadas de madre al presidente y todas esas muestras de indginación son tan sólo gritos en un auditorio vacío. Lo que necesitamos es dejar la ira y la indignación ciega y empezar a construir discursos bien estructurados para tener una idea de qué está pasando y qué debemos hacer.

Nuestro papel como estudiantes es aportar a la discusión y por medio de nuestros discursos, hacer que otros formen los suyos. En momentos como este es necesario crear una cultura de libertad y de tolerancia que nos permita construir un marco para formular soluciones.

Los estudiantes no podemos quedarnos gritando de indignación, desgarrando nuestras gargantas, debemos convertir esa indignación en pensamiento y, después, en acción.

 

Fuentes:

[1] Para ver más sobre el tema del imperio de la imagen y el discurso en la política, véase: Sartori, Giovanni. Homo Videns: La sociedad teledirigida. Buenos Aires, Taurus, 1998. Sobre todo el capítulo La imagen también miente pag. 99

[2] Se puede ver la conferencia de prensa en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=CTx6p7V47NI

[3] Para consultar la revista El salto, se pueden descargar los números de la publicación en el siguiente enlace: https://www.dropbox.com/s/txijl93azhxh46g/Revistas%20de%20El%20Salto%20de%201%20a%2017.rar?dl=0

[4] Para consultar el artículo, visitar el enlace: http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2014/10/28/iguala-por-que-fue-el-estado/   El artículo es ampliamente recomendado porque ahonda en otras cuestiones como la concepción de lo público en el mexicano. Estas cuestiones no fueron discutidas aquí debido a la naturaleza de este artículo.

[5] Para ver más sobre este tema: Popper, Karl. La sociedad abierta y sus enemigos. México, Paidós, 2010. P. 124- 140