El derecho y la literatura: una invitación

Ángel Orozco

Facultad de Derecho, UNAM 


A Adolfo, por su amable consideración
A Miroslava, por su falta de tiempo

El derecho es lenguaje y el lenguaje, como decía Wilhelm von Humboldt, es obra de la fuerza creadora del intelecto para expresar el pensamiento. A continuación mencionaré las relaciones del derecho y el lenguaje, bajo la forma literaria, que he encontrado, con el propósito de hacerlos recordar su experiencia a este respecto e invitarlos, compañeros de carrera, a la lectura solaz, al goce estético y la contemplación.

 Si bien Platón, en La República o de lo justo, deja fuera a los poetas del Estado ideal (algunos pensarían que sería mejor sin abogados), yo considero que no podemos dejarlos fuera de este texto.

Comenzaré haciendo mención de uno de los juicios más famosos de la antigüedad, uno en el que se dirime sobre la belleza.

Eris, la diosa de la discordia, enojada por no haber sido invitada a una boda, deja una manzana de oro (aquí el origen de “la manzana de la discordia” ¿cesará la locución catacrética al respecto?) para la mujer más hermosa, título que reclaman tres diosas, Hera, Afrodita y Atenea, por lo que Zeus instituye a Paris como juez, quien decidió que Afrodita era la más hermosa y ella, agradecida, le dio amor. Con lo enrevesado propio de los actos divinos, se enamoró de Helena de Troya y el resto es historia, con h minúscula.

Otros jueces de la antigüedad, recuerda Cicerón en las Disputas tusculanas, son Minos y Radamantis (no menciona a Sarpedón) hijos de Zeus y Europa, antiguos, sabios y poderosos reyes, que se convirtieron en jueces de los infiernos, donde no hay abogados y cada muerto debe defenderse a sí mismo.

Si hablamos de justicia y leemos al viejo Kelsen y su ¿Qué es la justicia? debemos recordar al insomne Arato, hijo de Atenodoro y su Fenómenos para encontrar una respuesta más hermosa que “una fórmula vacía”.

Justicia era hija de Astreo y vivía en la tierra con los hombres de la raza de oro, cuando la guerra no existía y no había herramientas para hacerla, sólo existían herramientas para el trabajo. Justicia legislaba para todos y advirtió que si se le desobedecía, dejaría de ser visible para los hombres y así fue. Los hombres se hicieron la guerra y justicia subió al firmamento y se convirtió en estrella. Ahora sólo podemos verla de noche.

Al respecto habla también Alfonso Reyes, abogado mexicano, en su Crítica en la edad ateniense. Distingue las competencias de Temis y Diké. Madre e hija, la una se encarga de los hechos cometidos contra un derecho y la otra, de las promesas incumplidas. También habría que mencionar a Némesis, diosa de la venganza y contra la desobediencia.

Otro gran escritor mexicano es Octavio Paz, quien no se recibió pero sí cursó la carrera de Derecho en la Universidad Nacional y a la sazón de su centenario de natalicio no podía dejar de mencionarlo. Autor especialmente prolífico en verso, me ha llegado a conmover de muchas formas, especialmente con su poema Piedra de sol, que uno tarda en leer algunos minutos pero que, en lo que dura (y un poquito después), es poesía.

No sólo Paz dejó la carrera de derecho, también lo hizo el nocturno Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Efraín Huerta, Marco Antonio Montes de Oca y el poeta García Madero, en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Así que, si lo has pensado, no te sientas solo.

Un poco más atrás, en 1818, Ignacio Ramírez nace para convertirse en abogado y escritor. Pronuncia en Letrán un discurso sobre la inexistencia de Dios, fue más conocido bajo el pseudónimo de ‘Nigromante’ (antes los apodos eran chéveres). Escribe periodismo político y es diputado constituyente del 57, pero no se le relacione con Juárez (del que no hablaré porque ya mucho se habla de él en la facultad), porque era más afín a la candidatura de Don Porfirio. Pasa unos ratos preso y otros en destierro. Recomiendo su soneto Al amor (para solteros).

El mismo año nace mi segundo escritor favorito, el grande Marx. También Abogado y poeta, aunque ésta faceta es poco conocida, tal vez porque no era el mejor en eso o tal vez porque fue el mejor en otros asuntos. Especialmente le escribía a su amada esposa.

 Y ya que hablamos de mis gustos mencionaré a quien, sin ser abogado, fue jurisprudente durante el gobierno de la ínsula Barataria, me refiero al sin par Sancho Panza, uno de los personajes más increíbles, risibles, y divertidos que he conocido. Cito al buen Sancho: “allá van reyes, do quieren leyes” refrán que Quijote pone en acción en el capítulo de los galeotes y en casi todo el libro, propugnando siempre por la justicia. Otro personaje de Cervantes es el licenciado Vidriera, en sus Novelas ejemplares, hombre inteligentísimo y loco de remate.

Si de locuras geniales se trata, mencionaré, no sin esforzar demasiado el tema, a Lewis Carroll (nombrarlo por su pseudónimo es lo más justo), en su sexto espasmo de La caza del Snark, el sueño del abogado, sobre el juicio a un cerdo muerto, dice: “…En cuanto a Deserción, ni lo niego ni lo afirmo,/ pero al menos espero que el cargo sea anulado/ (por lo que se refiere al coste del litigio)/ puesto que el Alibí ya queda argumentado/…” ¿Erística, retórica, lógica hegeliana, sólo disertación onírica? Divertidísimo en cualquier caso. Recuerda también el caso de las tartas robadas enAlicia en el país de las maravillas.

Siguiendo con los relatos oníricos, habrá qué mencionar a Franz Kafka y El proceso, donde se aprecia claramente su calidad de abogado y de hábil novelista. ¡Kafkiano es el mundo del derecho! Genial, divertido, complicado y absurdo.

 Por último, y volviendo a México, no puedo dejar de mencionar a un hombre que no ha mucho tiempo caminaba entre nosotros. Licenciado en Derecho y Doctor en letras por la UNAM. Un poeta irresistible, (digo irresistible porque no conozco adjetivos más correctos). Escribe al amor, a la vida y a la muerte. En De fuego de pobres, escribe: <<15 […] En general, no estoy conforme/ ni me resigno. Quiero mi derecho/ de hombre común, a deshacerme/ la frente contra el muro, a golpearme/ en plena lucidez, contra los ojos/ cerrados de las puertas; o de plano/ y porque sí, a treparme en una silla,/ en cualquier calle, a lo mariachi,/ y cantar las cosas que me placen./…>> Tal era Rubén Bonifaz Nuño.

 Aún hay mucho qué decir: abogados literatos, mitos, novelas, poemas y cuentos sobre el derecho o la justicia pero ésta invitación es para que ustedes las digan.

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