El tigre del infierno

Jesús Briseño

Facultad de Derecho, UNAM


 

Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica
Oh un oro más precioso, tu cabello
Que ansían estas manos. 

 

Jorge Luis Borges, El oro de los tigres.

 

Danza tu sangre donde ya la vida es

un triste ritual desconsolado,

tiempos desérticos de calidez sombría

hay en tu cerebro

como un inútil sol que agoniza…

 

Eres la rencorosa juventud de la pantera

y su derramado vino de cenizas;

ahora en la caída de tus años

todo tiene el aliento de una niña enferma

y de una desolada muerte en flor;

y al fin congelado tu rostro y reventada tu garganta

cualquier palabra sin sentido te muerde

o te sacrifica al horror de una glacial cordura;

esta es la hora del naufragio en la mar de la náusea

cuando ebrios relámpagos son verdugos de la noche

y caen tus lágrimas en meteóricas batallas.  

Entonces, en la íntima lejanía de tu tormento,

tus sueños más rugientes se hacen polvo al quebrarse tus párpados

¡ay! y tus tercos labios, cercados por su ansiedad ardiente,

deshielan a las malditas quimeras de siempre…

 

De ahora en adelante enterrarás

los veranos perdidos cavando tu pecho

y donde siembres un latido enfermo

nacerá de tu corazón

una selva de aullidos negros,

un viento quemado, una cascada de azufre,

y los ríos de lava serán tus venas, y será tu muerte

la corona de furia de un volcán amargo…

 

Bajo la oscura vegetación de este incendio,  

un resentido tigre es el infierno

que destruye tus máscaras y arranca tus mentiras;

baila y cierra los ojos,

aspira el endemoniado vaho de la ira

y escúpelo al filo del olvido…  

Al despertar,

un rocío besará la beligerancia de tu alma

arrasando para siempre la humareda de esta afrenta,

extinguirás con la voz

el fuego fantasmagórico de la agonía

que entre tumbas y cadáveres 

desprende el veneno llameante

de esta muerte melancólica.     

                                                                             

Porque al final,

bajo la clarísima luz del alba,

emergerá la sangre de una nueva vida

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