Finis operis

Uriel Mendoza Casas
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 
Con gran admiración y respeto para la 
Dra. María Leticia López Serratos y la Mtra. Yésica Ramírez Pérez

Se despedía el señor Resfrut con tremendo escándalo en el vestíbulo: arrojaba copas, rompía botellas de licor barato y lanzaba maldiciones a los que se mantenían despiertos afinando los últimos detalles de la limpieza al tiempo de acomodar los programas en la mesita de la entrada: “Madame R. última presentación”. El señor Resfrut había bajado de las habitaciones sin poderse entrevistar con Madame R; un criado de mayor corpulencia y tamaño le negó el paso despachándolo de inmediato. Ahora el mismo criado lo tomaba del brazo y lo arrojaba a la avenida.

Tal bullicio la despertó huraña.

Se levantó apresurada a cerrar la ventana al tiempo que tomó el jarrón con heliotropos, volteó hacia la mesa de té para distinguir el reiterado mensaje que le habían dejado hacía unas horas anotado con tinta roja: “Madame, ha sustraído mi corazón…” Fue por la nota. Una vez frente a la mesa se quedó un tiempo observándola con los ojos más abiertos de lo usual, contaba los papeles con el mismo mensaje: “Me ha robado el corazón”. Suspiró profusamente. Calmada tomó la nota, el camisón se le había desamarrado y deslizóse ágilmente por el cuerpo hasta llegarle a los pies, se dijo: “Mejor, me agrada la desnudez”. Se aproximó a la ventana, arrojó el jarrón con las flores y la nota, observando en qué parte de la calle se estrellaban. Desnuda permaneció casi un cuarto de hora suspendida en la ventana, sintiendo los vapores de los canales de la ciudad humedecerle la piel.

 La última presentación sería esta noche y Madame R sentía dificultad para respirar y poder entonar cualquier nota; llamaron al médico. Presentóse de inmediato el joven aprendíz de médico para auscultar a la joven cantante. En la habitación, Madame R continuaba desnuda, acostada en la cama. El joven médico quiso cubrirla con el edredón, ella se rehusó a tamaño atrevimiento exclamando: “¿No sabe que algunos humanos preferimos mantenernos gélidos y repudiamos el calor? ¡Detesto el sol! El frio resalta las sensaciones ¿No le parece señor…? ¡Bah! ¡Qué sabe usted!”.

 Él no supo qué responder, debía tomarle el pulso, medir la temperatura, escuchar los pulmones… estando ella desnuda parecía imposible no ponerse nervioso y admirarla más. Madame R lo miró de reojo y dijo: “¿No piensa revisarme? ¡bien! ¡Quédese allí, observando, si eso le place!”. El médico se aproximó a ella, dejó su maletín en la mesa de té y le susurró: “Se ha robado mi corazón”. Ella le acarició el rostro, le sonrió e invitó a acostarse a su lado…Tocaron la puerta dos veces para inmediatamente entrar el mayordomo y anunciarle a Madame R que se alistara, su acto comenzaría en breve. Ella practicaba entonando un aria frente a la ventana, se escuchaba alegre y lucía espectacular su atuendo de ninfa, volteó para dirigirse al mayordomo señalando un florero de cristal transparente: “Haga el favor de cambiarle el agua constantemente hasta que deje de estar turbia y pueda apreciarse con claridad”. Él, asintió con la cabeza y preguntó por el joven médico que no pudo ver partir, ella se limitó a señalarle un bulto tendido en la cama, tomó su bolsa, salió.

 El sirviente fue por el florero para hacer lo que Madame R le había ordenado, no vio ninguna flor… Sumergido en roja agua estaba un corazón.