Intimidades del poeta

Eduardo Vital Plaza
Facultad de Derecho, UNAM

Estamos por celebrar 110 años del nacimiento de una pluma magnífica y original de la lengua castellana y, en la víspera de tal acontecimiento para Iberoamérica, la muerte de Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, quien desde 1920 adoptó el nombre de Pablo Neruda, es un enigma sin resolver. Al menos así lo manifestó Manuel Araya, querellante del juicio que se abrió en Chile en mayo de 2011 pues “gente cercana a Neruda menciona la relación de la muerte del poeta con un asesinato”.

Son poco más de 40 años los que nos separan del último día de existencia de aquel hombre que surgió a la tierra, allá donde termina el continente y comienza el Canto General, la voz viva de América Latina. La vida del poeta estuvo llena de acontecimientos secretamente guardados y que fueron develándose poco a poco, o que simplemente fueron precisados y organizados para darnos una cronología nerudiana, a la que se suma la exhumación del su cuerpo ordenada por el Juez Mario Carroza y llevada a cabo en abril de 2013 con el fin de esclarecer su muerte.

De Pablo Neruda sabemos que fue Albertina Azócar, su amor juvenil de tiempos del Pedagógico, a quien dedicó ‘Me gustas cuando callas’. No se trató del único, a ella le escribió poemas por más de treinta años. Su repentina boda en Batavia con María Antonieta Haagenar el seis de diciembre de 1930, cuando fue nombrado cónsul honorario, y con quien procreó a su única hija, Malva Marina, quien moriría a los ocho años de edad por hidrocefália. 

Delia del Carril, su segunda esposa,  argentina y veinte años mayor que él, fue el lazo que unió a Neruda con el círculo intelectual español de tiempos de la República.

Se casó en México con Delia, pero ese matrimonio no fue reconocido porque su divorcio con ‘Maruca’ (nombre que le dio a María Antonieta Haagenar) fue declarado nulo. Ella fue quien lo ayudó a escapar de la dictadura de González Videla y, tras la caída del Presidente Manuel Azaña y la República Española en 1936, apoyó al Neruda diplomático a llevar a Chile a los españoles exiliados.

Con frecuencia se dice que Neruda tuvo tres esposas, sin embargo su propia obra nos muestra que en los romances tuvo dos esposas y sólo un gran amor: Matilde Urrutia, ‘La Chascona’, su ‘Patoja’, a quien conoció en un concierto al aire libre en el Parque Forestal de Santiago en la primavera de 1946. Hasta 1949, en México, comenzaron una relación amorosa. De este intenso amor sobrevino el periodo más fructífero del escritor con Matilde como musa, el primer poema que le escribió fue ‘Siempre’. 

 Como Senador de la República recibe el 28 de diciembre de 1946 la sentencia judicial que lo declara a partir de ese momento como Pablo Neruda, dejando a Neftalí Reyes en el anonimato.

Con el cambio de nombre y el gran amor literario en puerta, escribió para Matilde y el deleite de sus lectores Los versos del capitán, que fueron publicados anónimamente en Nápoles, Italia, en 1952 por su amigo Paolo Ricci, debido a que seguía manteniendo una relación con la artista argentina Delia del Carril.

Su separación con Delia le causó gran penar, incluso sus biógrafos indican que en 1955 viviendo ya en Chile con ambas mujeres, fue delatado su amor clandestino con Matilde por el jardinero de la casa donde vivía con Delia, al descubrirlo ella pidió a Pablo dejar a su amante o lo abandonaría. Fue así que en ese año la pintora partió a su natal Argentina rumbo a Europa. El poeta le aseguró que no quería separarse de ella y que Matilde estaba de acuerdo en que la relación amorosa permaneciera en la clandestinidad. Sin duda, eso deja de manifiesto la pasión de ‘Farewell’ y la afirmación nerudiana de: “Un poeta tiene que estar enamorado hasta el último momento de su vida”, que le hizo en una entrevista a María Esther Gillio, periodista uruguaya, en 1970.

Será precisamente Matilde, la soprano chilena, quien en septiembre de 1973 se convertirá en la viuda de Neruda, pues en 1966 tras la muerte de la primera esposa, María Antonieta, se casarán en Chile. Muy a pesar de la infidelidad descubierta por la viuda y protagonizada nada más que por su sobrina de 25 años, Alicia Urrutia, en la recamara de su casa en Isla Negra.

Neruda falleció en la Clínica Santa María en Santiago de Chile, sólo doce días después del ‘tancazo’ que llevó a la Presidencia al general Augusto Pinochet. Las especulaciones hacen pensar a más de uno que se trató de un asesinato. El asilo que daría México al poeta figura entre uno de los motivos. Era ya el único férreo opositor al cuartelazo: Salvador Allende se suicidó tras la toma de La Moneda y Víctor Jara, músico y amigo del vate, fue torturado y asesinado.

Pablo Neruda figuraba como el comunista más destacado en Chile. Existe la idea de que un ex agente de la CIA, Michael Townley, fue el médico que pudo suministrarle veneno. Manuel Araya así lo reconocerá en una entrevista con la agencia noticiosa italiana ANSA: “El doctor Sergio Drapper acusa a Price y por las características físicas que da (1.80 de estatura, rubio), sería Michael Townley quien hizo la maldad contra Neruda, y otros dos más que ya están identificados en la investigación que lleva el juez Mario Carroza”.

 A pesar de lo anterior, en noviembre de 2013 los resultados de los exámenes toxicológicos realizados en Carolina del Norte, Estados Unidos, y en la Universidad de Murcia, España, a los restos de Pablo Neruda, no mostraron ninguna sustancia química relevante ni determinante para la muerte del poeta. Así lo dijo Patricio Bustos, Director del Servicio Médico Legal de Chile.

 El juicio en el caso Neruda continuará, pues a pesar de que murió con cáncer ni los querellantes ni el juez han descartado el posible asesinato, según el dicho de Rodolfo Reyes Muñoz, abogado y sobrino de Neruda: “No es lo mismo morir con cáncer que morir de cáncer.” Las investigaciones en Chile continúan.

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