Opinión pública: aproximaciones a un concepto

Jocelyn Gómez | Universidad Panamericana

 

«[Harry,] arruinadas están las esperanzas fundadas en tu porvenir, y no hay alma de hombre que no profetice tu caída. Si yo hubiera sido tan pródigo de mi presencia, si me hubiera prostituido ante las miradas de los hombres, mostrándome en vil compañía, la opinión, que me ha dado la corona, habría permanecido fiel a mi antecesor, abandonándome a un destierro deshonroso, como un hombre sin valor y sin importancia».

 

En 1597, William Shakespeare escribe en Enrique IV el fragmento que acabamos de leer y que se resume de la siguiente forma: El rey hace notar a su hijo que se le ha visto en mala compañía, por lo que le aconseja tener más en cuenta la opinión de la gente, recordándole que ha sido ésta la que le ha dado la corona. En este pasaje, Shakespeare retrata la opinión [pública] como un arma poderosa, capaz de alzar o derrocar a cualquier gobernante. Sin embargo, ¿Tiene la opinión pública ese poder? ¿Cumple la función de un tribunal de justicia? ¿Será cierto que, como alguna vez mencionó Abraham Lincoln, la opinión pública lo es todo y aquel que la moldea es más poderoso que el que crea las leyes?

En primera instancia habría que definir qué es opinión pública. Podría decirse que se refiere a «la opinión de todos», es decir, a la sumatoria de lo que los individuos de una población opinan acerca de un tema en particular; sin embargo, esta idea resulta bastante general para expresar un concepto tan complejo, por ello es necesario remontarnos a los orígenes del fenómeno para poder precisar una definición.

El fenómeno a través de la historia

Una de las primeras apariciones la encontraremos en Grecia, donde Platón distinguirá dentro del plano del conocimiento dos vías para acceder a la verdad: la opinión (doxa) y la ciencia (episteme). Para él la doxa será un conocimiento parcial de la realidad, un saber basado en impresiones; en pocas palabras, el saber del vulgo. Por otra parte, la epistemeserá un conocimiento reservado solo para la minoría capaz de cultivar la ciencia y la filosofía.

En la época romana surgirá un sentido publicístico de la opinión pública, en donde el concepto será sinónimo de apariencia y fama. Se referirá entonces a la imagen que una persona proyecta a los demás. Durante esta época nacerán conceptos jurídicos como el ius privatum y el ius publicum que serán necesarios para definir las dimensiones de la opinión pública, así como el foro, donde los ciudadanos podrán informarse y participar.

La Edad Media será una etapa de oscurantismo. Durante esta época, el pueblo será un sujeto pasivo y obediente. Habrá pocas posibilidades de opinar y discutir. El término más importante durante esta etapa será el vox populi, vox Dei que significará que la voz del pueblo debe estar guiada por la Iglesia; será ésta quien conseguirá que la voz del pueblo esté en concordancia con la de aquellos que mandan. Asimismo, personajes como Tomas de Aquino y Juan de Paris serán importantes, el primero reconocerá la existencia de poderes en el pueblo cuando el gobierno es elegido democráticamente, mientras que el segundo pensará en el consenso popular como fundamento del poder político.

En el siglo XVI se presentarán los primeros espacios públicos, que serán los salones en Francia, los cafés en Inglaterra y las sociedades en Alemania. Estos nuevos espacios, que funcionarán a manera de foro romano, reunirán a gente cultivada que comenzará con discusiones literarias que poco a poco se irán convirtiendo en discusiones políticas. De estas discusiones surgirán los primeros líderes de opinión.

Sin embargo, será la Revolución Francesa, con sus transformaciones sociales económicas y políticas, la que sentará las bases para el nacimiento formal de la opinión pública al introducir conceptos como la burguesía, la tolerancia y el pluralismo. En esta época incrementará la alfabetización, que permitirá que más hombres puedan dedicarse a la cultura y la intelectualidad. A su vez, a partir de la democratización de los pueblos, comenzarán a fundarse los partidos políticos, y con esto surgirán ideas como “el ciudadano”, “la urbanización” “las clases sociales”, necesarios para concebir el concepto de opinión pública.

Para el siglo XIX el gobierno, los intelectuales e instituciones querrán información sobre las disposiciones políticas de la gente. Nacerá una necesidad de entender al ciudadano como actor que interviene en los asuntos públicos. La Gran Depresión de Estados Unidos y la Segunda Guerra Mundial serán dos eventos importantes; durante este tiempo se tendrá la necesidad de medir el desempleo, la moral de las fuerzas armadas y el apoyo que le dan los ciudadanos a la guerra. Después de la crisis, los gobiernos se verán obligados a tomar decisiones bajo el menor número de errores posibles. A partir de entonces se crearán metodologías de investigación social y surgirán organizaciones dedicadas a la investigación de la opinión pública.

Las bifurcaciones de un mismo concepto

Definir la opinión pública no es simple ya que nos encontramos ante un concepto ambiguo, problemático y difícil de precisar que depende  de fenómenos psicosociales, así como del contexto histórico y sociocultural. Elisabeth Noelle- Newman, una de las más importantes teóricas de la opinión pública, recuerda en su libro La espiral del silencio. Nuestra piel social la siguiente anécdota:

"La espiral del silencio" escrito por Elisabeth Noelle-Neumann, politólog alemana.
“La espiral del silencio” escrito por Elisabeth Noelle-Neumann, politólog alemana.

“Pues yo todavía no sé qué es la opinión pública”, dijo un participante en la sesión matutina de una conferencia sobre la opinión pública cuando salía de la sala para la pausa del medio día. Eso fue en 1961 en Baden-Baden, en un simposio de profesionales e investigadores de los medios de comunicación. No era el único que se sentía incómodo. Generaciones de filósofos, juristas, historiadores, politólogos e investigadores del periodismo se han tirado de los pelos intentando formular una definición clara de la opinión.”

A pesar de la dificultad de encontrar un concepto, varios han sido los intentos por generar una definición. El primero lo crea Michel de Montaigne en el siglo XVI cuando dice que la opinión pública es “lo que puede pensar la gente de uno”; asimismo, lo emplea para indicar cómo se pueden cambiar las costumbres y las ideas morales.

En su Ensayo sobre el entendimiento humano, Locke hará una aportación importante al hablar de tres leyes, la ley divina, la ley estatal y la ley de la virtud y el vicio (o de la opinión). La ley de la opinión se referirá a las costumbres que actúan sobre un grupo para que las opiniones no se salgan de un conjunto establecido. Se relacionará con la buena o mala imagen que los demás tienen de uno y con el concepto de clima de opinión. De esta forma apuntará a que la gente actúa con el fin de mantener una buena reputación dentro de su círculo.

En 1762, con la publicación de El contrato social, Rousseau aludirá al concepto de voluntad general. La opinión pública adquirirá entonces un sentido político al tener relevancia en el Estado, institución de democracia en donde el individuo entregará la libertad, la moral y la personalidad por medio de un contrato que unirá todas las voluntades individuales en una común.

En cuanto a los contemporáneos, Walter Lippman dirá que la opinión pública está constituida por estereotipos que responden a las imágenes que los medios de comunicación ha depositado en nuestra mente. En adición, Habermas contribuirá al concepto estableciendo tres visiones de lo público: 1. Lo público como una visión legal, 2. Como un concepto que tiene que ver con los derechos y el poder político y 3. como opinión pública. De esta última dirá que se refiere a la voz de la sociedad civil que se gesta en el espacio público y que sin esta la democracia moderna carecería de sustento.

Finalmente, Noelle Newman introducirá un concepto fundamental: la espiral del silencio. Bajo su teoría, la opinión pública se refiere a las «opiniones sobre temas controvertidos que pueden expresarse en público sin aislarse». Esta definición correrá bajo tres ejes: 1. La capacidad humana de percibir el crecimiento o debilitamiento de las opiniones públicas,  2. Las reacciones ante esta percepción que impulsan a hablar más o a callarse y 3. El temor al aislamiento que hace que la mayor parte de la gente tienda a someterse a la opinión ajena. De esta forma, la espiral del silencio concluirá que las personas observan su entorno para ver cuáles son las opiniones y comportamientos que tienen aprobación social y cuáles pueden llevarlas al aislamiento. A partir de ello, se manifestará la opinión dominante y se ocultará la minoritaria, sin importar la calidad de los argumentos y sin importar lo que es correcto o no.

Medios de comunicación y opinión pública

A lo largo de los años, los medios de comunicación han evolucionado, y con ello las investigaciones y modelos teóricos que han surgido para explicar sus efectos. Cada vez se intenta entender de mejor forma la relación entre medios y sociedad; así como el papel que éstos desempeñan en dicha relación. Se habla de los medios como formadores de opinión pública y como actores en las decisiones del gobierno; sin embargo, ¿realmente tienen ese poder?, y si lo tienen, ¿eso implica una responsabilidad ante los ciudadanos?

En una democracia, vivir en sociedad implica tomar decisiones colectivas que afectan a todos los individuos. Sin embargo, si lo pensamos, resultaría imposible preguntar a cada persona qué es lo que piensa o cuáles son sus inconformidades. Se necesitan mediadores, y en este sentido, los medios son sustanciales ya que posibilitan —por lo menos en la teoría— el diálogo entre los ciudadanos y el poder político.

Los ciudadanos desarrollan opiniones sobre una variedad de asuntos que están lejos de su experiencia. El papel de los medios entonces es funcionar a manera de intermediario para hacer llegar esa experiencia de la manera más objetiva posible. Al no tener la experiencia directa, el hombre se vuelve dependiente de la información que otros le dan; esta dependencia le da a los medios la ventaja de poder establecer un pensamiento público.

Surge entonces la interrogante sobre su responsabilidad. Y es que aunque no estén manifestadas de forma explícita, los ciudadanos han dado a los medios ciertas atribuciones. Además de entretener, se piensa que los medios deben formar, es decir, enseñar, concientizar, sensibilizar y movilizar a la población. A su vez deben vigilar los acontecimientos que tienen consecuencias positivas y negativas en el bienestar de los ciudadanos.

No obstante, no hay que olvidar que si bien los medios tienen una función social, también forman parte de empresas e instituciones que tienen intereses específicos. Además, hoy en día se rigen bajo las reglas del mercado. Entonces, ¿qué intereses priman a la hora de emitir la información? ¿Se intenta informar para convertir a los ciudadanos en participantes activos o solo se interesan en obtener ganancias?

Pareciera que la respuesta es que cada vez se guían más por la segunda opción. Pongamos como ejemplo la televisión mexicana, en donde los programas dedicados a la formación son pocos en comparación con aquellos dedicados al entretenimiento. A su vez, los de entretenimiento tienen más raiting que los culturales; sin embargo ¿quién tiene la culpa? ¿los medios por poner ese tipo de programas al alcance de nosotros o nosotros por decidir ver ese tipo de programas? Según cifras de 2012 de la agencia IBOPE, en 2012 los programas favoritos de los mexicanos fueron espectáculos, musicales, telenovelas, películas comerciales y los partidos de futbol.

Otro asunto a tratar es el impacto que los medios tienen en nuestra percepción del mundo, sobre todo en la política. Como lo habíamos dicho, los medios de comunicación funcionan como mediador; sin embargo, decir que solo ellos influyen en nuestras decisiones sobre los asuntos públicos sería un error ya que además de estas, son varios los factores que intervienen a la hora de formar una opinión.

¿Cómo se forma la opinión pública?

Quizá el poder más grande que se le atribuye a los medios es el moldeamiento de la opinión pública. Karl Deutsch proponía el «modelo de la cascada» para explicar cómo las opiniones fluyen. Para él, las opiniones fuertes se generan en las élites sociales y económicas, de ahí pasan a las élites políticas, después avanzan por los medios de comunicación y finalmente llegan al público. Este modelo es valioso para entender la formación de la opinión pública, no obstante, descuida el papel de los medios, al que asigna en un segundo plano, quitándole el peso que en realidad tiene.

Por otra parte, Pipa Norris habla de la “Tesis del círculo virtuoso” para explicar que la opinión pública no se forma de igual manera en los públicos interesados que en los no interesados en la política. Para él, el público más susceptible a los efectos de los medios es el público menos informado ya que es más sensible a los efectos mediáticos,  mientras que el público interesado tenderá a consumir más medios y por tanto, cambiará de opinión con mayor dificultad.

En Public Apects of Opinion, el investigador Vincent Price apunta a que el proceso de formación de la opinión se articula en dos niveles. El primero, involucra una dinámica de decisión grupal en la que los miembros de un colectivo discuten y se comienza a moldear la opinión; en este nivel hay individuos cuyas opiniones adquieren mayor peso que las de otros. El segundo nivel corresponde al debate en entornos sociales mayores. En este caso el papel de los medios cobra relevancia, sobre todo cuando éstos no se limitan a ser portadores de información e intencionalmente forman opinión.

También hay quienes piensan como Joseph Klapper, y creen que las predisposiciones individuales, las diferencias en las percepciones subjetivas, el contexto, las normas grupales y la influencia de los líderes de opinión hacen que los medios solo produzcan refuerzos y solo ocasionalmente cambios, tendiendo a cooperar más que a producir un efecto.

En cuanto a teorías es importante tomar en cuenta dos que son de gran relevancia. La primera, el priming, explica que al evaluar asuntos políticos complejos, los ciudadanos no tienen en cuenta todo la información que conocen, sino que  consideran lo primero que les viene a la cabeza, es decir, la información que tienen más accesible. Bajo esta teoría, las noticias televisadas constituyen una fuerza poderosa para determinar lo que va a surgir en la mente del ciudadano.

La segunda, la teoría de agenda setting expone que la importancia que los ciudadanos asignan a los problemas cambia de acuerdo al grado de énfasis que le dan los medios. En este sentido, en el caso de la televisión, los problemas que reciben continua cobertura se hacen más importantes en la mente del televidente y esto por tanto es un factor que moldea las prioridades nacionales entre el público.

Conclusión

En líneas generales, la opinión pública es el resultado de un proceso colectivo en el que interactúan un gran número de actores sociales, cada uno con mayor o menor relevancia.

Los medios tienen impacto en las personas, sin embargo, también intervienen factores como la presión, la voluntad de expresar opiniones en público, los múltiples climas de opinión, el contexto y el grado de conformidad que la gente tiene con los asuntos públicos. Por ello, a la hora de hablar de opinión pública, siempre es difícil establecer causalidad; es decir, saber si los medios recogen la opinión que ya está en el público o si son los medios los que influyen en el público.

También hay que tener en cuenta que actualmente vivimos un cambio en la relación de la política y los ciudadanos. El alejamiento de los ciudadanos de los partidos, la apatía, el debilitamiento de las lealtades partidistas y el escepticismo político han cambiado el poder de los medios como mediadores.

Asimismo, los medios están cada día más fragmentados en el sentido de que hay una mayor variedad —como Internet (aunque éste solo sea accesible para unos cuantos)— que hacen que cada vez haya más alternativas para obtener información. 

Estepario.logo.E


Notas al pie
http://www.recp.es/index.php/recp/article/viewFile/285/229
http://www.uv.es/=guilopez/documentos/2_3-El_proceso_de_formacion_de_la_Opinion_Publica.pdf
http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/6201/1/FUNCIONES%20Y%20EFECTOS%20DE%20LOS%20MEDIOS%20DE%20COMUNICACI%C3%93N%20DE%20MASAS.%20%20Bretones.pdf
http://www.ugr.es/~pwlac/G25_01JoseMaria_Rubio_Ferreres.html
http://dailyquail.org/2011/06/03/how-the-media-can-help-shape-public-opinion/