De dioses y hombres

Jorge PC
Facultad de Derecho UNAM

 

Los antiguos, interpretaban la realidad a través de breves historias que iban pasando de generación en generación por medio de la tradición oral. Hesíodo, fue uno de los primeros que plasmó gran parte de esas historias en dos poemas fundamentales para el estudio de dichas interpretaciones. Los poemas de este poeta son la Teogonía y Trabajos y días. Ambos buscan narrar los mismos hechos, pero son diferentes. En uno, explica el origen del universo y de los dioses, así como, muy brevemente, el origen de los hombres. En otro, explica las edades de oro, plata, bronce, héroes y cobre, en esta última se sitúa el origen de los hombres.

Del mismo modo a como ocurrió en Grecia, lo hicieron distintos poetas y escritores en las distintas civilizaciones. En Babilonia, Germania, Mesoamérica, Egipto, entre otros, se fue gestando una serie de historias que hoy conforman lo que se conoce como mitología clásica. Lo fascinante de los mitos es el poder del símbolo que contienen. Cada historia está llena de un sinnúmero de símbolos que, de algún modo, están relacionados entre cada una de las mitología de estas civilizaciones, a pesar de la distancia y lo difícil que era comunicarse entre sí, comparten símbolos e historias que las emparenta a un grado de poner en duda la veracidad de lo narrado.

En este sentido, en la mayoría de las mitologías se mencionan el Diluvio, las montañas, los dragones y las águilas como núcleo básico en los relatos. Por ejemplo, el diluvio babilónico se encuentra en el poema de Gilgamesh, en la historia de Deucalión y Pirra y en el Génesis, por mencionar algunas fuentes. También, la batalla librada por un dios y una serpiente, se halla en la gran parte de los relatos míticos, por ejemplo, Quetzalcoatl pelea, junto con su hermano con una gran serpiente, Thor hace lo mismo, Zeus, e incluso Apolo, combaten contra la serpiente.

Pues bien, lo que trato de escribir aquí, es un esbozo de las coincidencias entre las historias de los pueblos antiguos. Dichas historias, que formaban parte de la religión, servían además para dar identidad a los pueblos. En este sentido, puede verse el cambio de nombre del panteón de dioses griegos cuando éstos fueron trasladados a la cultura romana. Además de dar identidad y voz a los pueblos, les servía para fortalecer su conciencia de pertenencia, esto es, les permitía ser uno mismo y así vencer a sus enemigos.

El pensamiento que giró entorno de la figura de Cristo, vino a adueñarse de algunas festividades paganas y a cambiar el nombre de algunos de estos dioses, por los santos que hoy se conocen. Pueden encontrarse similitudes entre los relatos de la Biblia y los relatos míticos anteriores. Uno de ellos, en el cual me voy a detener un momento, es el de la creación de la mujer.

Para los griegos, fue Pandora la primera mujer. Pero no la mujer de carne y hueso, pues al estar hecha por los dioses compartía alguna de sus propiedades, y en cierto sentido, su naturaleza. Entonces, su hija, Pirra, es considerada la primera mujer. Pirra era prima-hermana de Deucalión, y fueron ellos los únicos que sobrevivieron al Diluvio ocasionado por Zeus. Al llegar a tierra alta –una montaña–, realizaron un sacrificio a Zeus, quien les dijo que les concedería un deseo, y ellos pidieron que existieran hombres y mujeres para no estar solos. Ante esto, el cronida aceptó y ellos empezaron a lanzar piedras para atrás, y de las que lanzó Deucalión nacieron hombres, y de las que lanzó Pirra, mujeres.

Esta historia, un poco similar a la del Génesis, en la que después del Diluvio, Noé realiza un sacrificio a Yahweh, quien se arrepiente de acabar con toda la humanidad, menos con los tripulantes del Arca, y les da la orden de que se multipliquen por medio de la reproducción sexual para volver a poblar la tierra, está tomada de la tradición surgida en Babilonia, en la cual, los dioses crearon a los hombres para que realizaran los trabajos que a ellos les correspondían. Después, vieron que los hombres hacían mucho ruido y los dioses no podían descansar. Ante esto, uno de los dioses mandó un diluvio, y por intercesión de otro, sólo hubo un sobreviviente al que se le prometió la vida eterna.

Pero, volviendo a Pirra, ella era la primera mujer, hija de una diosa, y probablemente, de un Dios, pues algunas tradiciones, dicen que era hija de Prometeo. En esta tesitura, Pandora y Prometeo tienen rasgos en común con Eva, la mujer del Génesis, creada por Dios.

En el Génesis existen dos relatos acerca de la creación. En el primero, Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, en el segundo, Dios creó al hombre, y después al ver que estaba solo, le hizo dormir profundamente, y una vez que estaba en un estado de sueño profundo, le arrancó una costilla y a partir de ahí creó a la mujer. Podría pensarse, sin llegar a considerarlo una hipótesis, que la primera mujer del primer relato, era Lilith, y la segunda mujer, del segundo relato, era Eva. No habrá en esta ocasión algún comentario respecto de esto, por lo que sólo me referiré a la mujer del génesis, sin llamarla de ningún modo, a fin de evitar entrar en terrenos que no conozco.

Posteriormente, la mujer del Génesis sucumbe ante la tentación de la serpiente (de nuevo la serpiente), que le hace probar la manzana (fruto que también tiene su parte simbólica en los relatos míticos, prueba de ello, la Manzana de la diosa Discordia), que era fruto del árbol del bien y del mal. Al probar la manzana, la mujer del génesis se da cuenta de que está desnuda, como quien dice, cobra conciencia de su existencia y de su condición humana, esto es, de que no es como Dios. Después, hace que Adán pruebe este fruto y también tome conciencia de su existencia, de que está desnudo y de que él es un hombre, y no un dios como su creador.

Lo que hace la mujer del Génesis es separar a los hombres de los dioses. Definir la frontera entre la divinidad y los seres humanos. Ella le da identidad a la humanidad, si se quiere ver de algún modo.

Pues bien, esto mismo ocurre con Prometeo, y también con Pandora. Prometeo, era hijo de Japeto, uno de los titanes, tío de Zeus, si de mencionar el árbol genealógico de Gea se trata. Y era considerado como un Dios muy astuto. En una ocasión, estaba haciendo el reparto de un toro (animal simbólico dentro de la gran mayoría de las mitologías, recuérdese el toro con el que pelea Gilgamesh y Enkidú, o el toro en el pesebre del niño Jesús, o cuando Zeus se convierte en toro para robar a Europa, hija de Cadmo quien en su búsqueda creó a los espartanos sembrando los dientes de la serpiente del Dios Marte). Una de las partes del toro sería para los humanos y la otra para los dioses, pero al ser muy astuto, dispuso la parte mayor para los humanos, y los huesos envueltos en la carne del animal –que se veía más vistosa–, para los dioses, pero Zeus que no se le escapa una (bueno, casi ninguna, no se olvide que no pudo evitar la muerte de su hijo Dionisio en manos de los titanes), lo estaba observado desde lejos, y cuando llevó el momento de elegir una de las partes del toro, eligió la que Prometeo había dispuesto para los dioses y al re-descubrirlo, se enfadó tanto que lo encadenó, le quitó el fuego a los hombres y creó para ellos a una mujer que adornaron los dioses y se las entregó a aquellos, a fin de que fuera parte de sus males.

Bueno, lo que sigue después es que Prometeo logra escapar, roba el fuego para los seres humanos y se los entrega. El fuego era, en cierto sentido, la técnica, la ciencia, aquello que como Eva, hacía que los hombres se diferenciaran de los Dioses. Prometeo es quien da consciencia a los hombres de que son hombres, y les quita el yugo de la divinidad.

Por otra parte, Pandora fue una mujer que crearon todos los dioses y se las regalaron a los hombres. Esta mujer, vino a traer el mal a éstos pues abrió una caja que contenía toda la maldad que existe en el mundo, pero la cerró y quedó la Esperanza. Con la Esperanza el hombre puede soportar todos sus males, lo mismo que con la idea de la vida eterna cristiana, o bien, la idea de que con la muerte de Jesús se pagó el pecado de la mujer del génesis y de Adán.

Prometeo, Pandora, Lilith o Eva, no son los que trajeron desgracias a los hombres en los relatos míticos, al contrario, son los que se atrevieron a desafiar a los dioses, al menos Prometeo y las mujeres del Génesis. A no seguir sus órdenes, a poner un alto al yugo divino. Eva no trajo el pecado, sino que reafirmó, e hizo consciente a Adán, de la frontera entre hombres y dioses. A Eva se le relegó dentro de la tradición cristiana y se le quitó su lugar en el púlpito de todos los santos, en su lugar, como primera mujer y madre de los hombres, vino a quedar María, la madre de Jesús, pues ésta se mostró atenta y obediente a los designios de Yahveh, cosa que no hizo Eva.