El estudiante enmedio de las movilizaciones sociales

Flavio Gallardo Aceves

Facultad de Derecho, UNAM


Hace unas semanas, me encontré en la penosa situación de tener que asistir a una conferencia a la que no quería ni debía formar parte. Para ser sinceros, mi rol en el auditorio era meramente ornamental: tenía que sentarme en una butaca para que el auditorio se viera “menos vacío”. El motivo de esto, más allá de alimentar el ego un profesor, fue darle una bienvenida más cálida al invitado especial de esa tarde: El ingeniero José de Jesús Zambrano Grijalva, ex presidente del Partido de la Revolución Democrática. Tal vez el único motivo que me atraía a ir a esta mesa redonda tan prometedoramente aburrida era la idea de compartir el mismo cuarto con una de las personas más influyentes en la política contemporánea de este país, pensé que al observar la intervención de una figura pública tan importante como él, algo de su percepción del país quedaría dentro de mí. Y lo que sucedió, a pesar de no ser lo que esperaba, sí abrió un poco mis ojos para darme cuenta del México que me rodea.

El ingeniero perredista, después de un elegante retraso, llegó al auditorio para dar una ponencia acerca del nuevo federalismo electoral mexicano. Era una tarea sencilla: hablar de la reforma electoral, contestar una ronda de preguntas y respuestas, marchar a donde fuese su siguiente punto de la agenda. Sólo eso. Sin embargo, Zambrano, retando el programa de esa tarde, vio poco interesante la desaparición del IFE y decidió abrir un paréntesis acerca de la desaparición de 43 normalistas. Y así, con un sutil comentario de indignación, desató la voz iracunda de un estudiantado harto de mentiras y cansados de impunidad. Con gran furia llamaron al político “asesino”. Pronto se llenó la sala con pancartas y reclamaciones al ex líder del partido del que forma parte José Luis Abarca, presunto culpable de los hechos acontecidos del 26 de septiembre de 2014. Todo el calor, toda la cólera que este grupo tenía, fue descargado en contra del expositor. Y en medio del agresor y el agredido estaba yo, que no tenía nada que hacer ahí, pero fui castigado por el único hecho de estar en medio.

Aún desconozco la procedencia del contingente que perpetró ese auditorio, varios de mis compañeros en medio del conflicto acusaban a las facultades vecinas, otros cargaban su prejuicio a los enemigos políticos de Zambrano. Al final nadie tiene la razón, nadie sabe hasta ahora quién es la persona que los envió. Pero independientemente de eso, lo que sucedió en la conferencia es la muestra clara de que el país está en problemas, y los dirigentes de éste no han respondido frente a todos estos problemas. Fue ahí, en medio del político y los gritos de indignación, donde me di cuenta del papel de los estudiantes que al igual que yo, quedaron parados entre dos bandos antagonistas.

Es claro que para todo habrá grupos enemigos, siempre habrá ideologías encontradas y para todo movimiento habrá una oposición. Estos choques generan dos polos, que en su magnetismo atrae a las personas, ya sea de un lado o de otro. Sin embargo, a diferencia de lo establecido; por ejemplo en el electromagnetismo, la gente abre una tercera opción: la neutralidad, gente que no escoge un bando ya sea por miedo, conveniencia o indiferencia.

La neutralidad es posiblemente la posición más cómoda frente a todos los conflictos de intereses que se viven en nuestro país. Es muy fácil para cualquier persona adoptar esta postura y evitar cualquier problema. Sin embargo al adoptar un estado neutral frente a un conflicto se traduce también de otra manera: el no tomar uno de los polos deja a la persona a merced del polo que venza sobre el otro. Ser neutral sólo te hace espectador de lo que sucede en el país, como si no importara que las decisiones que se tomen te afecten. Ser neutral es darle permiso a la gente para que haga lo que sea.

Es por eso que la neutralidad afecta. Y es por eso también que duele ver a estudiantes como yo en esa tarde, en medio de dos movilizaciones, a merced de lo que suceda en este conflicto. Saber que estudiantes, los académicos de la nación, se quedan expectantes frente a los problemas del país. Los que absorben el conocimiento de las universidades de México no hacen nada. La neutralidad del estudiante no necesariamente afecta el destino del conflicto hacia los demás. La neutralidad del estudiante en medio de las movilizaciones sólo lo afecta a él mismo.

Al final de todo, los dos bandos que pelean sí resultarán agredidos por el contrario. El ex presidente del PRD no se fue sin antes recibir una serie de insultos y amenazas, y los movilizadores sociales que estuvieron al frente de todo esto fueron buscados (o eso quiero creer). Ambas partes quedan afectadas, pero el que realmente perdió, fue el estudiante que, al igual que yo, ocupaba otro asiento en el auditorio. Quienes realmente recibieron los empujones y a los que sí sufrimos el ataque a Zambrano, fuimos los estudiantes que no adoptamos ninguna postura y quedamos en medio de toda esta movilización. El único que siempre perderá, pase lo que pase en todas las movilizaciones sociales, será el que está neutral frente a todo lo que suceda a su alrededor.