El reportero de la dictadura (México bárbaro)

REDACCIÓN

 

John Kennet Turner nació en 1878, en Portland, Oregon. Estudió en la Universidad de Berkeley y hasta la treinta años se la pasó de una redacción a otra, como editor de deportes, corrector y reportero. Hijo del siglo XIX, de espíritu aventurero y crítico, Turner bien podría emparentarse con Ambroce Bierce, Jack London y John Reed. En julio de 1908, en la cárcel municipal de Los Angeles, California, John Kenneth Turner realizó una entrevista que habría de dejarle una honda impresión sobre la política mexicana y terminaría materializándose —al menos para mí— en uno de los mejores reportajes del siglo XX: México Bárbaro. Ricardo Flores Magón era el hombre al que visitó, éste se encontraba sujeto a una averiguación por fraguar una rebelión armada contra Díaz. Apenas cuatro años antes, los hermanos Flores Magón cruzaron el Río Bravo en enero de 1904. Al poco tiempo se asentaron en San Antonio, Texas, y consiguieron un permiso para continuar con la publicación de Regeneración. Fue cuestión de días para que un hombre entrara en la redacción e intentara asesinar a Ricardo; en la comisaría, multaron a los Magón por provocar las agresiones. Así comenzó una larga serie de maquinaciones que el gobierno de Porfirio Díaz pondría en marcha para deportarlos a México y, en el mejor de los casos, prolongar su encarcelamiento en los Estados Unidos.

Del encuentro entre ambos periodistas, Turner quedó con algunas interrogantes: ¿Era posible que existiera la esclavitud en el país vecino; que Porfirio Díaz no era aquél hombre benevolente sino un dictador; que el crecimiento agigantado de México costó la vida de miles de campesinos y trabajadores; que el poder de Don Porfirio pudiera extenderse hasta el otro lado del Río Bravo para corromper jueces y periodistas? ¿Era posible, en fin, que un país con una constitución política muy similar a la norteamericana permitiera tantos atropellos? Y es, precisamente, esta última cuestión con la que Kennet Turner comienza el primer capitulo de México Bárbaro:

 Descubrí que el verdadero México es un país con una Constitución y leyes tan justas en general y democráticas como las nuestras; pero donde ni la Constitución ni las leyes se cumplen. México es un país sin libertad política, sin libertad de palabra, sin prensa libre, sin elecciones libres, sin sistema judicial, sin partidos políticos, sin ninguna de nuestras queridas garantías individuales, sin libertad para conseguir la felicidad.

 Así, de un plumazo, esboza los elementos que caracterizan a la dictadura: la permanencia, y la caricaturización de la constitución que desemboca en la concentración y el uso arbitrario del poder. En cada uno de los capítulos que componen su reportaje irá corroborando tales acusaciones. Maestro del disfraz, en Yucatán y Oaxaca y con la ayuda del también periodista Lázaro Gutiérrez de Lara, Turner se hará pasar por inversionista y descubre que la esclavitud de inicios del siglo XX se llama “servicio forzoso por deudas”. ¿Qué persona con un jornal de dos, tres centavos podría ahorrar para pagar una deuda con su hacendado de 400 pesos, y que aumenta día con día? Turner ver morir jornaleros, ya inanes, ya reclaman, ya intentan escaparse.

Por supuesto, Díaz era solo un hombre, y el sistema que diseñó para posibilitar la esclavitud, la inversión, la reelección y el silencio o condescendencia de la oposición, requirió de trastocar instituciones (el ejército, la policía, las cárceles, los jefes políticos), crear otras de facto (la acordada, los rurales, la ley fuga), y legislar a contentillo (Ley sobre ocupación y enajenación de terrenos baldíos).

Turner continúa y desbarata el mito del “México moderno”, tan popular entonces e incluso compartido por algunos en nuestros días. México no era moderno industrialmente, la tecnología con la que contaba entonces tenía por lo menos 30 años de retraso en el resto del mundo. En los 34 años que Díaz estuvo en el ejecutivo, Estados Unidos creció por lo menos quince veces más; sin ir más lejos, de sus viajes por Latinoamérica Chile, Brasil y Argentina lo aventajaban industrialmente.

El prólogo a la edición de “Barbarous México” está fechado el 08 de abril de 1911. Hoy, han transcurrido 104 años desde entonces y, como ocurre con los grandes libros, éste ha franqueado bien la prueba del tiempo y continuará mordiendo carne viva hasta que, hechos como los sucedidos en San Quintín, Baja California, comiencen a importarnos; hasta entonces seguirá engañándose con la palabra “modernidad” y arrastrando el cadáver de la dictadura.

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