¿Qué tan lejos estamos de Auschwitz?

Fred Deric Soto | Facultad de Derecho, UNAM

 

[…]-esas dos “enfermedades del poder”-: fascismo y estalinismo.[…] no son en absoluto originales. Emplearon un extendido mecanismo ya presente en la mayoría de las otras sociedades. Más aún: a despecho de su propia locura interna, emplearon ampliamente las ideas y los mecanismos de nuestra racionalidad política.
Michel Foucault
Es preciso aceptar y entender el grito de Reich: ¡no, las masas no fueron engañadas, en determinado momento desearon el fascismo!
Gilles Deleuze

 

Hay temas con venir a la mente incomodan, que no son pensados por la facilidad que tienen de someternos a graves complicaciones teóricas, temas que encasillan y rompen los marcos a la vez, marcos en los que vivimos y nos desarrollamos, en los que nos constituimos por conducción o por resistencia, pero siempre sumergidos en ellos, temas que aprisionan a su huésped, porque la historia que su sóla enunciación es capaz de evocar, nos conduce a pensar todo de nuevo; que parecen estar ausentes por su no-lugar otorgado en la historia y la conciencia individual, pero que elaboran en torno suyo estructuras de vida –habitus– que condicionan el pensar/hacer individual/colectivo, en tanto que residen en todas partes y en ninguna. Su ocultamiento estrangula el pensamiento, su invisibilidad lo devora; su silencio nos vuelve sus cómplices y al mismo tiempo sus víctimas, por ello padecemos sus bondades y también sus maldiciones. En suma; podemos hablar a su favor o en su contra, pero nunca darles por su lado. La capacidad que dichos temas tienen para enmarañar al individuo no reside en ellos, sino que es una cualidad otorgada por los individuos mismos. Hay que evitar esos temas porque someten al pensamiento, para volcarlo hacia su propio juicio y ante el tribunal de la razón localizar el ocultamiento en su origen, la sentencia final es: hay que evitarlos porque comprometen -comprometen a todos, ya que colocan sobre nuestros hombros una losa (experiencia histórica) que pesa por su peso muerto. La humanidad lleva sobre sí a través de todo su decurso histórico más peso del que le gustaría reconocer, intenta en cada paso deshacerse de un poco para poder seguir sobre el sendero de la historia -que pretenden liso y llano, sin imperfecciones, sin porosidades, como un continuum-, con toda la ligereza que la falta de compromiso genera.

Auschwitz es uno de esos temas incómodos: si bien, no es el único, ni el más importante, ni mucho menos el más reciente (podríamos hablar hoy de Bosnia y Kosovo, Servia y Montenegro, Afganistán e Irak), es uno de cuya pesadez resentimos aún su efecto más que cualquier otro, ya que permanece vivo no sólo en la memoria de Europa sino en la del mundo, justamente porque lo compromete en su totalidad (además de todo el esfuerzo que los judíos han invertido para hacer público lo sucedido en Auschwitz, por medio del cine y la literatura). Pero el silencio de Auschwitz es el silencio de un acontecimiento más general, que lo engloba, lo subsume, que bien no lo explica por completo, pero que es su condición material de posibilidad. Ese acontecimiento es más amplio, porque a diferencia del antisemitismo pregonado por el nacionalsocialismo fue un fenómeno que predominó en la Europa del siglo XX, es decir, no se limitó ni se manifestó tan sólo en Alemania, este país fue tan sólo una eclosión entre otras varias, fue un síntoma más de una enfermedad general. 1

Cuando Horkheimer se refirió a laos campos de concentración como fábricas de la muerte y al Holocausto como el destino lógico de la historia, además del antisemitismo, hacía referencia al mismo tiempo, de manera implícita, a una crítica mucho más profunda, que era la crítica de las condiciones políticas y económicas que posibilitaron a la Alemania nazi ejercer el poder: es la crítica a los nacionalismos exacerbados, es la crítica a la aparición del totalitarismo en Europa. 2

Nuestro punto no es plantear una historia del concepto de totalitarismo en la ciencia política, ni realizar una genealogía como fenómeno político, la cuestión es más sencilla (en apariencia): ¿Qué lugar ocupa el totalitarismo como fenómeno nacido en Europa en la historia mundial? Es decir ¿Es posible entender este acontecimiento como un fenómeno intraeuropeo que nada tiene que ver con el resto de la humanidad? Al totalitarismo se le ha tratado igual que al Holocausto como un fenómeno mínimo, cuyo origen tuvo lugar en Europa y sus consecuencias de igual modo, son tan sólo a nivel continental. La humanidad quiere evitar esa losa y cargarla sólo a hombros de Europa, intentando disipar los efectos negativos que dicho tema genera en la conciencia de cualquier persona; el totalitarismo no debe ser visto como un accidente de la historia. Que quede claro… Ni totalitarismo ni Holocausto son anomalías de la modernidad, mas bien, son el resultado de su curso necesario; resultado del curso de la ilustración, es la consecuencia de la marcha lógica de la historia; en tanto que la modernidad, tal como se estructuró, en su dominio por la naturaleza, en su afán por convertir al hombre en amo y señor, con el predominio de la razón instrumental producto de los nuevos modos de concebir la ciencia, que reducían todo objeto de conocimiento a lo empíricamente comprobable (positivismo) o lo prácticamene útil (pragmatismo), para llevar al hombre, por medio de la tecnociencia a ese continuo progreso, al cumplimiento de lo que Lyotard llamó metarrelato iluminista, Freud se percató de ésto cuando se refirió al hombre como un dios con prótesis. Ésta es una crítica interna de Europa, pero en América en 1950, tan sólo cinco años después del fin de la guerra, Aimé Césaire, un martiniqués, comprendió también desde su geopolítica, que el Holocausto no fue un hecho incontrolable, sino que, era el efecto boomerang que regresaba a Europa después de los genocidios/epistemicidios cometidos por los europeos a las comunidades de América, a las comunidades de África. La denuncia de Césaire reside en que, la racionalidad aplicada en las fábricas de la muerte, es la misma que se llevaba practicando desde hace casi 500 años en las colonias; Hitler, ese demonio humano que en Europa apareció en la década de los 30, llevaba viviendo en América más de cuatro siglos desde su llegada en 1492. Ese hombre no era nuevo, se le veía navegando por el caribe desde hace bastante rato; pero es hasta que los franceses tienen a la Gestapo tocándoles la puerta que comienzan a hablar de humanidad otra vez. 3

No hay Holocausto sin totalitarismo, no hay totalitarismo sin modernidad. Afirmamos que el totalitarismo era algo inevitable, pero sólo en el sentido como se fue desenvolviendo la historia a partir de 1492, a partir de la separación total del hombre y la naturaleza -tarea iniciada desde Bacon-, con la organización de la sociedad en clases (razón burguesa), con el debilitamiento de la razón objetiva en favor del predominio de la razón instrumental -culminación del dominio total de la naturaleza por el hombre- y el elitismo criollo en favor del hombre blanco (razón racial). Después del siglo XX, es imposible sostener con Hegel que en el desarrollo de la Historia Universal subyace una metafísica teleológica, que el decurso histórico transcurre racionalmente, que el sendero de la historia es un camino que se construye sin discontinuidades, y que, en la historia predomina la razón; 4 “todo lo real es racional, todo lo racional es real: Auschwitz refuta la doctrina especulativa. Cuando menos, este crimen, que es real, no es racional”- 5. Quizá sea mejor afirmar que el totalitarismo es un acontecimiento racional, dado que siempre se utilizan esquemas de absurdidad para explicar el mal. Decimos; el hombre racional no puede hacer el mal, el mal se hace irracionalmente, y este argumento se esgrime para excusar los crímenes cometidos en nombre de la propia razón, claro, pero es la razón instrumental de la que tanto habla Horkheimer; la razón del hombre blanco/cristiano/burgués. Auschwitz fue un hecho racional. Es el mal sin pasión como lo llamó Hannah Arendt. Se cree que cuando se actúa haciendo el mal se hace de manera pasional, no es un momento de reflexión sino que, domina en el hombre en ese instante el elemento emocional, pero si el mal se hace sin pasión según Hannah, significa que se hace bajo el refugio de la razón. Lo más idóneo sería pues, cambiar nuestra apreciación que de la historia tenemos, Dostoievski 6 sin vivir los padecimiento del siglo XX, ya vacilaba en hablar tan sólo de una historia universal y mas, si habiendo tal historia, que ésta hubiese trascurrido según la razón.

Habremos de aceptar con Deleuze -más allá de la generalizada creencia de que Alemania fue dominada por un demente, que las masas indefensas fueron engañadas por la oratoria de Hitler y que, el totalitarismo es un momento excepcional de la historia política alemana que el nacionalsocialismo trajo consigo- que las masas en su ímpetu por el fascismo se convirtieron en un factor predominante en la constitución de los regímenes totalitarios. Las masas fueron una de las condiciones de posibilidad de existencia del totalitarismo; y el concepto de masas tiene historia propia, apenas comenzaba a elaborarse en los campos de la psicología y la sociología a finales del siglo XIX, como un intento de responder a un fenómeno social generado por el creciente nivel de industrialización que la sociedad de consumo traía consigo. No hay que caer en anacronismos, no existen las masas sin una cultura de masas, y éstas son producto de una sociedad capitalista de producción y consumo; fueron un factor tan determinante que Horkheimer considera, que de haberlo deseado, los alemanes hubieran podido evitar el régimen nazi. 7 Hannah Arendt era consciente de ésto, no es una suerte que en Los orígenes del totalitarismo 8 dedique un capítulo al análisis del papel que juegan las masas en los totalitarismos: “Resulta, sin duda, muy inquietante el hecho de que el Gobierno totalitario, no obstante su manifiesta criminalidad, se base en el apoyo de las masas. […] Es obvio que el apoyo de las masas al totalitarismo no procede ni de la ignorancia ni del lavado de cerebro”. Además de ello, Hannah Arendt está muy cerca de Horkheimer y Adorno, respecto al planteamiento de que, la situación política de Europa en los años 20 y 30, está muy relacionado con el curso progresivo que ha adquirido en la historia el desarrollo científico y la creciente industrialización de las sociedades: “Finalmente, todas las dudas que hubieran podido alimentarse respecto a la dosis de verdad en la teoría según la cual el terror de los últimos años 20 y durante los 30 fue el elevado precio en sufrimiento que hubo que pagar por la industrialización y el progreso económico, se ven confirmadas por este primer vistazo a la situación y al curso de los acontecimientos…“. 9 Algo que es descrito ya por Freud en El malestar en la cultura, sobre los sufrimientos generados por la civilización al imponer en los individuos una constante represión de sus instintos, respecto a ello es además provocativa la conclusión que Marcuse extrae de las tesis freudianas, al considerar que la represión del eros lleva consigo efectos negativos; descargar toda esa energía libidinal reprimida en su opuesto, la pulsión de muerte, todo esa energía desemboca en los instintos destructivos.

Más si el apoyo otorgado por la masas no es razón suficiente para creer que el totalitarismo no fue un régimen impuesto y que, mas bien, se instaló en el corazón de Europa frente a los ojos de todos, contó además en su inicio, con el apoyo de gobiernos como Inglaterra y Francia 10 ( piense por ejemplo en la inmovilidad de éstos cuando Hitler ordenó la remilitarización de Renania en 1936 o la anexión de Austria en 1938 ) ante el peligro de una inminente ola de revoluciones comunistas y, con el apoyo del capital económico hasta el final de la guerra. 11 El peligro que representaba el comunismo significó el primer plan de acción para el fascismo italiano –“A titulo de destruir el bolchevismo en Italia, los fasci iniciaron una campaña de violencia para adquirir el control del escenario político”12 y el nazismo alemán. En Mi lucha, Hilter escribió: “Si el judío, con ayuda de su credo marxista, llegase a conquistar las naciones del mundo, su diadema sería entonces la corona fúnebre de la humanidad y vuestro planeta volvería a rodar desierto en el éter como hace millones de siglos” 13. Los movimientos partidistas, en especial la socialdemocracia en la Alemania de posguerra, motivados por la inercia desatada por los bolcheviques y aprovechando que sus efectos aún no se diluían, manifestaban tendencias comunistas, para la suerte de Hitler la mayor parte de sus líderes eran judíos; Austerlitz, Adler, Ellenbogen. Hitler era la expresión de una tendencia nacional.

Ésto desemboca en su fin opuesto. Al inicio de la Guerra Fría el concepto de totalitarismo tuvo fines más bien ideológicos, éste no fue desarrollado en los países cuyo régimen se ostentaba como totalitario, ni si quiera se autodenominaban con tal calificativo, el totalitarismo como concepto de la ciencia política fue desarrollado por la teoría liberal, como un arma de lucha ideológica entre los dos bloques enfrentados. Fue utilizado como campaña propagandística en contra de la URSS, que fue calificado como Estado totalitario -entendiéndolo al modo del nazismo- al eliminar aspectos que dentro de la teoría liberal (política y económica) eran básicos para una vida política sana, como la eliminación del carácter democrático del gobierno, o la propiedad privada como un derecho inalienable. Žižek explica el uso ideológico de la siguiente manera:

“En los paquetes de té verde “Especias celestiales” figura una breve explicación de sus beneficios: “El té verde es una fuente natural de antioxidantes, que neutralizan las dañinas moléculas del cuerpo humano conocidas como radicales libres. Mediante las inhibición de los radicales libres, los antioxidantes ayudan a que el cuerpo mantenga su buena salud mental”. Mutatis mutandis, ¿no es la noción de totalitarismo uno de los principales antioxidantes ideológicos, cuya función ha sido durante toda su trayectoria las de inhibir los radicales libres y ayudar así al cuerpo social a mantener su buena salud político-ideológica?” 14

Esto puede explicar por qué los exiliados alemanes y españoles llegaron principalmente a Estados Unidos (Max Horkheimer, Theodor Adorno, Otto Kirchheimer, Herbert Marcuse) y a México (Adolfo Sánchez Vázquez, Eduardo Nicol, José Gaos, Luis Recasens Siches, Wenceslao Roces) ya que respecto de los vecinos del sur éstos tenían una reputación internacional como sistemas de gobierno democráticos. Los regímenes padecidos en los países del sur de América parten de otro contexto, pero siguen ligados a su vez a toda la lógica global que se había desencadenado en Europa a partir de la modernidad. Las dictaduras sudamericanas tienen también su lugar en la Guerra Fría, y por ello en la historia mundial.

El totalitarismo no fue un fenómeno que se limitó a un sólo país, España (franquista), Rusia (comunista), Alemania (nazi), e Italia (fascista) son tan sólo los ejemplos más evidentes -propagandísticos-, es cierto que entre cada uno de estos regímenes existen diferencias capitales, ya que son el resultado de un proceso ideológico propio, que parten de condiciones nacionales específicas, pero podemos decir de todos ellos, que son el resultado de una nacionalismo exacerbado producto de la idea del Estado-nación, que a su vez es producto de la concepción de una soberanía nacional fuerte. La construcción de un Estado-nación que funcionó a la revolución burguesa para derribar el ancien régime -y servir a la consolidación del estado moderno y por ello al imperialismo colonial- se vuelve después contra él. El totalitarismo es la apoteosis del Estado-nación, nazismo y fascismo tienen como base una concepción nacion(alista). 15

Este muy sencillo bosquejo es sólo una incitación para poner en diálogo las perspectivas que evoca pensar el siglo XX, dediqué el espacio principalmente al totalitarismo, pero análisis similares pueden realizarse respecto de las dictaduras que se dieron en el sur de América. Comprendemos el totalitarismo, como un síntoma de la profunda ruptura que la civilización experimentó el siglo pasado, consecuencia de una racionalidad unidimensional e indolente, que en nosotros y aún por décadas, sus efectos no dejarán de sentirse. Asumir el nazismo como capitalismo cínico y al comunismo como hermano menor de aquél, es percatarse que ambos son producto de una modernidad desbocada, que totalizan la historia y la vuelven dominación.

Bajo ese entendido puedo terminar preguntando por una inquietante cuestión: ¿Cuál es el papel del derecho en todo este proceso, es el derecho un medio que pueda lograr la/una emancipación o es mas bien lo contrario?

Respondo para abrir el campo, aunque sea de manera parcial y un poco provocadora:

El derecho moderno, tal como se ha estructurado es un mecanismo de disciplina y control social encargado de asegurar ciertas condiciones políticas, cuyo fin es imponer los fines de quienes dominan sobre los dominados. 16 En este sentido el derecho no puede ser contemplado como un medio de emancipación ya que de inicio ambos conceptos (derecho y emancipación) serían opuestos, pues el derecho como estrategia de dominación, reflejaría la ideología de un sistema dominante por estar éste (de)limitado dentro del mismo mundo de sentido, o por corresponder a una misma lebenswelt 17imagen del mundo-. Su función como Aparato Ideológico de Estado 18, sería legitimar el estado de cosas en tanto que práctica social autopoiética (como instrumento de conocimiento) del orden dominante, es decir, como reproductor de las relaciones de producción; en este sentido el derecho es una forma simbólica, cuyo ejercicio de poder (simbólico) se ubica en el aspecto activo del conocimiento que permite la construcción objetiva del mundo (i.e. actúa como estructura estructurante en tanto que está estructurado -el derecho- como discurso científico), o puede devenir también como parte del aparato estatal (instrumento de dominación) 19 para garantizar por medio de la regulación jurídica, las relaciones políticas que posibilitan las condiciones materiales generadoras de las formas de dominación capital/trabajo, europeo/no-europeo, hombre/mujer. Consiste pues en asegurar la conservación de las estructuras (estructuradas) engendradas por las condiciones materiales de existencia. De modo tal que, en lugar de optar por el derecho como un medio que pueda lograr una emancipación, sería de éste del que habría que emanciparse, en consecuencia contra el que se tendría que oponer resistencia.

La lucha que el derecho debe emprender es principalmente al interior.

Mientras la historia del mundo siga su curso lógico: dejará de cumplir su destino humano“.

Max Horkheimer

Estepario.logo.E

 


Notas
1 “…no se piense que el fenómeno del fascismo fue privativo de Italia y de Alemania: todas las principales naciones europeas, incluyendo a la Gran Bretaña y a Francia, produjeron movimientos fascistas internos de diversos tipos durante la década de 1930 […] Las raíces del fascismo y de la dictadura de un partido único eran de índole europea, todas las condiciones necesarias para su proliferación existían ya en los años de 1920 […] En un sentido estrecho, los movimientos fascistas significaron una reacción de temor violento respecto a la expansión del comunismo. En Italia en 1922, en Alemania en 1932, en España en 1936 […] Encontraron apoyo en todos aquellos que temían un ataque a la propiedad privada y al capitalismo […] Pero en un sentido más lato, los movimientos fascistas fueron la cosecha […] de una civilización de masas. […] Aprendiendo algo de los métodos empleados por los partidos democráticos y más de los utilizados por la propaganda comercial, llegaron al poder sobre las olas de temor…” Thomson, David, Historia mundial de 1914 a 1968, trad. de Edmundo O’gorman, 2da. Ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1992, pp. 144-146.
2 “Ya en tiempo del nacionalsocialismo resultaba claro que la conducción totalitaria no era algo fortuito sino un síntoma de la marcha de la sociedad.” Horkheimer, Max, Teoría crítica, trad. de Edgardo Albizu y Carlos Luis, Amorrortu, Buenos Aires, 2008, pp. 9-11.
3 “Y entonces, un buen día, la burguesía es despertada por un golpe formidable que le viene devuelto: la GESTAPO se afana […] la cotidianidad de las barbaries; que es el nazismo, si, pero que antes de ser la víctima hemos sido su cómplice; que hemos apoyado este nazismo antes de padecerlo, lo hemos absuelto, hemos cerrado los ojos frente a él, lo hemos legitimado, porque hasta entonces sólo se había aplicado a los pueblos no europeos […] Si, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora sólo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África.” Césaire, Aimé, Discurso sobre el colonialismo, trad. de Mara Viveros Vigoya et al, Madrid, Akal, 2006, p.15.
4 “…el único pensamiento que aporta [la filosofía a la historia] es el simple pensamiento de la razón, de que la razón rige el mundo y de que, por tanto, también la historia universal ha transcurrido racionalmente. […]Damos por supuesto, como verdad, que en lo acontecimientos de los pueblos domina un fin último, que en la historia universal hay una razón […] Esta [la razón] se halla en la historia universal. […] La consideración de la historia universal ha dado y dará por resultado el saber que ha trascurrido racionalmente, que ha sido el curso racional y necesario del espíritu universal…” Hegel G. W. F., Lecciones sobre la filosofía ende la historia universal, trad. de José Gaos, Alianza Editorial, Madrid, 2001, pp. 43-44.
5 Lyotard. Jean F., La posmodernidad. (Explicada a los niños), trad. de Enrique Lynch, Gedisa, Barcelona, 2005, p. 40.
6 “Resumiendo, se puede decir todo acerca de la historia universal, todo cuanto le venga a uno a la cabeza, máxime si se tiene la imaginación desatinada. Sólo una cosas no se podría decir: que haya sido cuerda. Se atragantarían en la primera palabra.” Dostoiesvski, Fiódor, Memorias del subsuelo, trad. de Bela Martinova, Cátedra, Madrid, 2003, p. 94.
7 “No era una especulación vacía la de que a principios de la década de 1930, los trabajadores unidos y, a la vez, aliados a los intelectuales, pudieron evitar el nacionalsocialismo”.Horkheimer, Max, Teoría crítica, op. cit., p. 9.
8 “…los regímenes totalitarios, mientras se hallan en el poder, y los dirigentes totalitarios, mientras se hallan con vida, gobiernan y se afirman con el apoyo de las masas hasta el final. […] los movimientos totalitarios depende de la pura fuerza del número, hasta tal punto que los regímenes totalitarios parecen imposibles, incluso bajo circunstancias por lo demás favorables, en países con poblaciones relativamente pequeñas.” Hannah, Arendt, Los origenes del totalitarismo. Tomo III: Totalitarismo, Alianza Editorial, Madrid, 1982, pp. 422-425.
9 Ibid., p. 411.
10 “Si […] se añade el temor general frente al avance de comunismo, se explicará fácilmente cómo ascendió Hilter y creció su partido ayudado no sólo por la fuerza popular de la clase media y los recursos del capitalismo alemán, sino también por las mismas potencias occidentales (Inglaterra y Francia) que empezaron a ver en Hilter la única arma eficaz contra el comunismo.” Montenegro, Walter, Introducción a las doctrinas político-económicas, 3ra. Ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1984, p. 264.
11 “Marx no podía imaginarse que los grandes capitalistas alemanes en el momento de ver su forma de producción amenazada por un fuerte movimiento obrero comunista y socialista opten por las vía de la destrucción generalizada, uniéndose y financiando un movimiento […] nunca se hubiera imaginado que este sistema económico, para salvarse, provocase las dos guerras más grandes de la historia y el genocidio más perfecto y rápido de la historia reciente…” Gandler, Stefan, Fragmentos de Frankfurt: ensayos sobre la teoría critica, México, Siglo XXI/Universidad Autónoma de Querétaro/Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, 2009, pp. 21-22.
12 Montenegro, Walter, Introducción a las doctrinas político-económicas, op. cit., p. 248.
13 Hitler, Adolfo, Mi lucha, México, Lito Ediciones Olimpia, 1973.
14 Žižek, Slavoj, ¿Quién dijo totalitarismo? Cinco intervenciones sobre el (mal) uso de una noción, trad. de Antonio Gimeno Cuspinera, Valencia, Pre-Textos, 2002, p. 11.
15 “Cuando retomamos nuestra genealogía del concepto de soberanía en el siglo XIX y XX, se advierte claramente que la forma “Estado” de la modernidad cayó primero en la forma “Estado-nación” y luego ésta cayó a su vez en una serie de barbarismos. […] Aquí podríamos analizar la apoteosis nacionalsocialista del concepto moderno de soberanía y su transformación en soberanía nacional: nada podría demostrar más claramente la coherencia de este paso que la transferencia de poder de la monarquía prusiana al régimen de Hitler, bajo los buenos auspicios de la burguesía alemana” Hardt, Michael y Negri, Antonio, Imperio, trad. de Alcira Eskenazi, Barcelona, Paidós, 2014, p. 129.
16 “El poder político, hablando propiamente, es la violencia organizada de una clase para la opresión de otra”, Karl Marx y Feredico Engels, Manifiesto del partido comunista, II Proletarios y comunistas.
17 Cfr. Enrique Dussel, 1492 El encubrimiento del Otro, Hacia el origen del mito de Modernidad, La Paz, Biblioteca Indígena/Colección Pensamiento Crítico, 2008, Conferencia 2: De la “invención” al “descubrimiento” del Nuevo Mundo, y Germán Sandoval Trigo, “Los derechos humanos como descolonización y luchas sociales”, iii. Nueve años y nueve hombres, disponible en <http://derecho.posgrado.unam.mx/congresos/iicpij/Losderechoshumanoscomodescolonizacioyluchasocial.pdf>.
18 Cfr. Louis Althusser, La filosofía como arma de la revolución, trad. de Enrique Román et al, 10a Ed., México, Siglo XXI, 1980, Ideología y aparatos ideológicos de Estado.
19 Cfr. Bourdieu, Pierre, Poder, derecho y clases sociales, trad. de Ma. José Bernuz Beneitez et al, 2ª Ed., Bilbao, Desclée de Brower, 2001.