Derecho y dictaduras

Carlos Erasmo Rodríguez Ramos
Facultad de Derecho, UNAM

Un magnicidio en la antigua Roma

Pareciera extraño afirmar que gran parte de las instituciones que actualmente nos gobiernan fueron creadas a raíz del mismo miedo que llevó a Bruto a participar en el asesinato de Julio César.

Julio César, un hombre que contaba con un carisma excepcional, había acaparado tanto poder que en cualquier momento podía coronarse rey de Roma. Ante el miedo de caer en el gobierno despótico de un solo hombre, Bruto participó en la conspiración, creyendo que así conservaba la República Romana.[1]

También en Roma y con ese mismo miedo, aproximadamente 400 años antes del asesinato de Julio César, se desterró al último rey de Roma, al despótico Tarquino el Soberbio y dio comienzo la República, un gobierno de mecanismos de pesos y contrapesos encaminados a evitar el acaparamiento del poder.[2]

¿A qué temían los romanos? ¿A qué temía Bruto? ¿A qué temen los creadores de las instituciones democráticas? A eso que se ha dado en llamar dictadura.

Muchas cosas se han dicho en torno a las dictaduras, tanto en contra de ella como en su defensa. Entre todas estas cosas resulta particularmente interesante una: la relación de las dictaduras con el derecho. Si los romanos, doctos en derecho, no pudieron evitar el advenimiento de tiranos, entonces: ¿Las instituciones actuales pueden hacerlo? ¿Es el derecho la herramienta idónea para evitar las dictaduras o sólo es un sirviente de estas? Estas y algunas otras preguntas dan cuerpo al presente artículo.

 ¿Qué es una dictadura?

Para poder responder a las interrogantes planteadas se debe saber de qué se está hablando. Actualmente, como ocurre con muchas otras cosas, la palabra dictadura se usa para todo. Paradójicamente, se ha llegado incluso a utilizar dictadura para calificar regímenes democráticos o a la democracia misma.[3]

Para evitar que la palabra dictadura signifique tantas cosas que ya no signifique ninguna, es necesario conocer sus acepciones principales.

Curiosamente los romanos fueron los que patentaron la palabra dictadura. La dictadura era una magistratura extraordinaria por la cual, cuando estaba en juego la existencia de Roma, el dictador obtenía poderes ilimitados que tenían como duración máxima 6 meses. A través de la dictadura los romanos buscaban que la centralización del poder les diera soluciones rápidas y efectivas.[4]

Posteriormente, la palabra dictadura era tomada como una noción positiva. Sorprendente, Maquiavelo y Rousseau, a manera de los romanos, abogaban por ella sobre todo en situaciones de extrema necesidad.[5] Parece ser que no fue hasta después de la Primera Guerra Mundial que la palabra dictadura comenzó a tener la acepción negativa que le damos hoy. Tras el advenimiento del gobierno bolchevique en Rusia y del fascismo italiano se pretendió utilizar la palabra dictadura para denominar así a estos gobiernos no democráticos. Aquí comienza la acepción de dictadura como contrario de democracia.[6]

¿Es correcto definir a la dictadura como contrario de democracia? Aparentemente sí, aunque es estricto sentido, lo contrario a la democracia no es la dictadura, sino la autocracia: el nombrarse a sí mismo gobernante.[7]

Repasando estas acepciones la pregunta persiste, ¿Qué es la dictadura? De todas las definiciones dadas, la más acertada parece ser la de Sartori: “Una forma de Estado y una estructura de poder que permite su uso ilimitado (absoluto) y discrecional (arbitrario). El Estado dictatorial es un Estado no constitucional, un Estado donde el dictador viola la Constitución o donde él mismo redacta una Constitución que se lo permita todo”.[8]

La clasificación de las dictaduras

Se pueden clasificar las dictaduras tomando en cuenta diversos elementos y características: el carácter del dictador, el tipo de régimen que encabeza el dictador, la carencia o no de soporte ideológico que respalde su actuar, etc.

Para dar respuesta a las preguntas iniciales, parece más adecuado retomar la división de las dictaduras que Sartori propone:

1.- Dictaduras simples: En ellas el poder se ejerce mediante los instrumentos coercitivos del Estado, empleados fuera de toda normatividad.

2.- Dictaduras autoritarias: Contiene los elementos de una dictadura simple pero se caracteriza por contar con una legitimación ideológica obtenida a través de un partido de masas.

3.- Dictaduras totalitarias: en ellas todos los elementos anteriores se intensifican y, además, el Estado se inmiscuye en todas las esferas de la vida privada.[9]

Para este análisis parece más útil la clasificación y la definición de Sartori porque rescata un elemento fundamental: el elemento de la normatividad jurídica en relación con los regímenes dictatoriales.

La relación de las dictaduras y el derecho

Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, se puede decir que la relación entre el derecho y las dictaduras puede ser de dos tipos: el derecho como letra muerta frente a la dictadura y el derecho como herramienta de coacción y legitimación de la dictadura.

1.- El derecho como letra muerta frente a la dictadura.

Aquí sin duda estamos frente a dictaduras que, o bien son Estados no constitucionales, o son Estados donde se desobedece la Constitución. En este caso, donde simplemente se ignora la normatividad, seguramente se está en presencia de una dictadura simple.

En estas dictaduras el poder se obtiene y se preserva a través del uso de la fuerza y de la coacción aún en contra de la normatividad. Aunque en este caso no se descarta el supuesto de que el dictador puede hacerse del poder por medios institucionales.
Un ejemplo histórico que podría entrar en esta clasificación es la dictadura de Porfirio Díaz. Aunque se podría decir que llegó al poder por la vía institucional, no deja de ser cierto que ignoró la Constitución en muchos puntos.

En este tipo de dictaduras la forma y contenido de la normatividad no es importante. Lo es sólo en la medida en que sirve para aparentar legalidad y legitimidad.[10] La diferencia en este aspecto con las dictaduras autoritarias y totalitarias, es que en este caso se finge obedecer, mientras que en las otras dos dictaduras, el partido permite cambiar la ley a capricho.

La relación dictadura y derecho no es tan relevante como el control que el dictador ejerce sobre el ejército, la policía o cualquier otro elemento que le permita ejercer su autoridad.

2.- El derecho como herramienta de coacción y limitación de la dictadura.

En este caso se está frente a dictaduras que tienen el poder de modificar la Constitución a su antojo. Sin duda es el caso de las dictaduras autoritarias y totalitarias.

En el caso de las dictaduras autoritarias se podría dar razón a Vargas Llosa y a su idea de dictadura perfecta.[11] El caso de México en el siglo XX podría ser un ejemplo perfecto de dictadura autoritaria: un partido de masas que controla todos los asuntos públicos del país y que, a pesar de ello, deja un espacio de libertad en la esfera privada. La única objeción podría ser que no era la dictadura de un hombre, sino de un partido. En ese caso tal vez sea mejor hablar de oligarquía.

En el caso de las dictaduras totalitarias hay dos ejemplos que prácticamente definieron el género: el nacionalsocialismo alemán y el comunismo soviético. En ambos casos, hay un partido que dirige la vida pública y privada a su arbitrio y hay un hombre, Hitler o Stalin, que acapara el poder. Además de ello, todo esto está respaldado por ideologías fuertemente arraigadas en la población.

Es interesante analizar la forma y el contenido de las normas en estos casos pues estos dictadores tenían una potestad importante: podían, a través del partido, modificar las leyes y la Constitución a su antojo.

En este punto hay que decir que hay normas, cuya promulgación o erogación, son focos rojos que nos indican que estamos en presencia de una dictadura. Es en estos casos cuando el derecho está verdaderamente al servicio de las dictaduras.

El derecho al servicio de las dictaduras

Existen determinados contenidos en las normas que son utilizados con frecuencia por las dictaduras autoritarias y totalitarias. Aunque son muchos los casos particulares, se trata aquí de mencionar los contenidos más recurrentes en las normas dictatoriales.

Principalmente son tres casos: la retroactividad, la pérdida de generalidad en las normas y la preeminencia de normas sustantivas sobre normas formales.

1.- Retroactividad.

En prácticamente todos los ámbitos, en los regímenes no dictatoriales, la retroactividad está prohibida. Esto obedece a que los sistemas normativos buscan dar seguridad jurídica a las personas. Nadie está seguro si los legisladores pueden castigarnos a su antojo por lo que estamos haciendo hoy. La irretroactividad y la publicidad de las normas obedecen a un fin: que la persona pueda prever como va a actuar la autoridad en determinados casos para poder disponer de sus proyectos individuales sobre la base de ese conocimiento.[12]

Los regímenes dictatoriales recurren con frecuencia a la irretroactividad por dos razones: legitimar su actuar si es que llegaron al poder por medios no institucionales o castigar a sus enemigos creando tipos para conductas realizadas por ellos antes del establecimiento del régimen.

Conocido es el caso del régimen nazi al respecto. Muchos de los homicidios perpetrados por miembros del partido en aras de su ascenso fueron, una vez establecido el régimen, legitimados por normas que los calificaban de ejecuciones de penas de muerte[13].

Otro caso conocido es el de Stalin. Una vez establecido el régimen soviético, los legisladores crearon delitos sobre conductas realizadas por los enemigos de los bolcheviques y prosiguieron a su persecución y arresto.

El uso de la retroactividad en las dictaduras pone a los ciudadanos en un estado de indefensión: primero se decide que delinque y después, si es necesario, se le inventa un delito.

2.- Pérdida de generalidad de las normas.

Las normas son generales para buscar que todos sean iguales ante la ley. Es cierto que actualmente, aún en los regímenes democráticos, existen normas que por un afán proteccionista discriminan entre distintos grupos o sectores de la sociedad. Es decir: leyes desiguales para los desiguales e iguales para los iguales. Aunque en los regímenes democráticos este tipo de normas tienda a la búsqueda de la igualdad y entrañe sus propios problemas[14], es en la dictadura donde de verdad vemos los efectos de esta discriminación legal.

Un ejemplo claro de esto es toda la normatividad emitida en la Alemania nazi en torno a la cuestión judía. El trato desigual a los desiguales alcanzó proporciones y matices muy pocas veces imaginados por los defensores de la discriminación positiva en la normatividad.

Esta pérdida de generalidad puede llevar a otras consecuencias. La no discriminación quiere decir que todos, incluso los legisladores o los miembros del partido, deben obedecer la norma. Cuando se pierde esta generalidad, los legisladores o los miembros del partido pueden dictar toda clase de leyes atroces y excusarse de su cumplimiento. En resumen: “Las leyes se transforman en órdenes a medida que su contenido se va haciendo más específico”[15].

La pérdida de generalidad en las normas de un régimen dictatorial puede conducir a consecuencias atroces e inimaginables. Aun dentro de los regímenes democráticos, la discriminación positiva en las leyes debe tratarse con sumo cuidado para evitar consecuencias indeseadas.

3.- Preeminencia de las normas sustanciales sobre las formales.

Hay que establecer la distinción. Las normas formales son aquellas que son establecidas de antemano y no van dirigidas a las necesidades ni deseos de ningún individuo en particular y sirven para que el ciudadano pueda trazar con libertad sus planes. Las normas sustanciales son lo contrario: aquellas normas que van dirigidas hacia los deseos o necesidad de algún grupo como tal.

Aunque a simple vista este problema parece ser otra versión del problema de la pérdida de generalidad en las normas, no es así. Las normas sustanciales pueden ser generales si su fin es cumplir con las necesidades de la población y, de hecho, así es como se utilizan.

Este tipo de contenido de las normas se dio sobre todo en los regímenes totalitarios de corte comunista o socialista. La idea de necesidades y deseos es necesariamente económica y en razón de ello las normas sustantivas obedecen a una idea: la idea de la planificación económica.

Las normas sustanciales buscan satisfacer a través del aparato del Estado las necesidades económicas de la población o de determinado grupo. A simple vista no se ve tan mal pero en el fondo guarda la semilla de una dictadura totalitaria.

Una persona cuyo ámbito de acción está limitado a lo que el Estado le otorga está muy lejos de ser libre. Entre más normas sustantivas haya, es mayor la intromisión del Estado en la vida privada de sus ciudadanos.

El uso de normas sustantivas debe ser visto con cuidado y nunca debe privar sobre las normas formales. Si bien es cierto que en algunos ámbitos las normas sustantivas con útiles y responden bien a las necesidades de la población, también es cierto que su exceso conduce al totalitarismo.[16]

Conclusiones 

En este artículo hemos explorado brevemente la noción de dictadura y su relación con el derecho. Hemos intentado, a través de moldes generales, explicar esos fenómenos que denominamos dictaduras. Respecto a las generalizaciones que hemos hecho, huelga decir que cada fenómeno político es único y aunque guarden semejanzas, estas no bastan para generalizar con precisión.

Por otro lado, en la relación derecho y dictadura ocurre lo mismo: esta relación, para ser comprendida con toda precisión, debe ser estudiada en los fenómenos específicos. Las generalizaciones aquí hechas sólo sirven para aproximarse en los fenómenos a través de estos moldes.

Por lo que respecta al derecho como herramienta contra las dictaduras es difícil que el derecho mismo pueda ser un medio eficaz contra las dictaduras autoritarias y totalitarias. En estos casos, es más probable que el derecho, por las razones ya expuestas, sirva de herramienta a las dictaduras.

Me parece que, con lo dicho, queda patente que el derecho a veces sólo sirve al dueño del poder político.

A pesar de esto, es menester que los juristas comprometidos con la democracia perfeccionen las normas y las instituciones que le dan vida para evitar el advenimiento de una dictadura.


[1] Las versiones sobre el asesinato de Julio César y las implicaciones de la participación de Bruto difieren. Tan sólo consúltese: Enciclopedia metódica Larousse. 2da Edición, Tomo I, Ediciones Larousse, México, 1988 y Historia Universal. Tomo VI, Salvat Editores, Perú, 2005.
[2] Para ver en lo general el desarrollo de las instituciones romanas de la Monarquía a la República; véase: Floris Margadant, Guillermo. El derecho privado romano. 14 Edición. Esfinge, México, 1986. P. 19- 36
[3] Véase tan sólo el famoso debate entre Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=iu60OuwuZtg
[4] Floris Margadant, Gullermo. Op. Cit. P. 32
[5] Al respecto son insteresantes los comentarios en: Sartori, Giovanni. ¿Qué es la democracia? Santillana Ediciones, México, 2007. P. 156 y 157. También en: Bobbio, Norberto. Estado, gobierno y sociedad. Fondo de Cultura Económica, México, 2008. P. 225- 226
[6] Bobbio, Norberto. Op. Cit. P. 223
[7] Sartori, Giovanni. Op. Cit. P. 156- 160
[8] Ibidem. P157
[9] Sartori, Giovanni. Op. Cit. P. 156
[10] Siguiendo la referencia al ejemplo de Díaz: que ocupara un cargo establecido institucionalmente por medio de la vía legal no lo exime de la clasificación. La clave de la permanencia de Díaz en el poder, la reelección, no estaba ni permitida ni proscrita en la Constitución. Posteriormente, en mantenimiento de la fachada de legitimidad, se realizaron varias reformas en torno al tema de la reelección. La Constitución de 1857 puede consultarse aquí: http://www.juridicas.unam.mx/infjur/leg/conshist/pdf/1857.pdf
[11] Véase la nota al pie no. 3
[12] Von Hayek, Friedrich. Camino de servidumbre. Madrid, Alianza, 2012.
[13] Kelsen, Hans. Teoría pura del derecho. 16ª Edición. Porrúa, México, 2011. P- 27
[14] Sartori, Giovanni. Op. Cit. P. 214- 219. Los problemas de esta discriminación positiva en las normas y de la búsqueda de la igualdad a través del trato desigual, pueden resumirse en las preguntas: ¿Hasta dónde se debe discriminar a la generalidad en razón de los desfavorecidos? ¿El trato desigual en la ley puede verdaderamente desembocar en la igualdad material?
[15] Ibidem. P. 204
[16] Von Hayek. Op. Cit. P.105- 123