La democracia y el elefante

Gerardo Chávez Balderas
Facultad de Derecho, UNAM

EL LENGUAJE científico esconde más de lo que pretende mostrar, su supuesta objetividad aparenta neutralidad política, pero la conexión que existe entre las palabras no desaparece del todo. Yo no soy neutral, soy consciente de mi posición respecto a la democracia mexicana, no pretendo esconderme detrás de un lenguaje que ostente imparcialidad, uno siempre es parcial; tratar de aparentar lo contrario es fatuo. La división del conocimiento en pequeños compartimientos “científicos” ha sido desplazada a todas las vivencias del ser humano, tanto que a veces creemos la ilusión de que los diferentes aspectos de nuestra vida están separados. Por un lado se encuentra la actividad científica y por otro la actividad política: falso, las dos se encuentran en el ser humano y muchas veces los discursos sirven a intereses no muy elevados. De esta forma, Los conceptos se esgrimen como armas en una batalla ideológica que ocurre en los libros, en la academia, en los pasillos de una universidad y en demás aspectos de la vida cotidiana. Un concepto como democracia puede ser pensado mediante diversas perspectivas, su uso puede estar condicionado por un discurso como arma en la lucha política de “otros”, puede adaptarse a diferentes condiciones materiales, pero al cambiar hay un punto, el cual al modificarse, transforma al objeto. Muchas cosas pueden ser predicadas sobre la democracia al igual que sobre un elefante, se puede decir: el elefante es grande, el elefante tiene una trompa que toca el piso, el elefante posee dos grandes colmillos, pero también, el elefante es sabio, el elefante cósmico, el elefante aplaude. El lenguaje permite al elefante aplaudir, problema diferente es si la constitución del elefante lo permite, de igual forma, en México podemos hacer bailar a la democracia cuando ésta nunca tuvo piernas y se le puede hacer cantar epopeyas cuando nunca tuvo voz. El discurso político toma al sustantivo democracia y predica de él imposibles; el lenguaje científico-objetivo, pero no neutral, predica de él una supuesta verdad. ¿Podrá el discurso político y el lenguaje científico llamar democracia a un elefante? Ya he expresado mi incapacidad para ser neutral y el esbozo anterior me ha servido para plantear aquello que quiero conseguir: demostrar que la democracia ha sido puesta de cabeza y la forma de gobierno actual no es más que un bonito payaso que baila mientras esperamos a que la luz del semáforo del cambio marque siga.

            ¿A qué nos enfrentamos cada tres años en México? Las elecciones desgarran el país y reelaboran las relaciones de poder. ¿De qué sirve asimilar un nombre si después tres años será reemplazado? La mercadotecnia ha llegado al punto de vender ideas, los productos ahora no sólo se encuentran en los mercados, ni en la tienda de la esquina, solamente hay que salir para ver los nombres con traje que se venden, ofreciendo bonitas palabras. La propaganda política que aparece entre comerciales que venden televisiones y anuncios de películas de superhéroes, no hace más diferencia que el provocar antojo de galletas. Y, entre toda la parafernalia democrática… los comicios están vacíos.

Hace un poco más de cuatro décadas, Michel Foucault debatió con el lingüista Noam Chomsky; ambos, con intensiones ulteriores a la filosofía o a la lingüística. A la mitad del debate, el moderador, John Elders, preguntó a Foucault el motivo de su mayor interés en la política que en la filosofía, Foucault contestó:

“En realidad, la filosofía nunca me importó, pero ése no es problema. Su pregunta es: ¿por qué me interesa tanto la política? Si pudiera responder de una forma sencilla, diría lo siguiente: ¿por qué no debería interesarme? Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos.

De modo que no puedo responder a la pregunta acerca de por qué me interesa; sólo podría responder mediante la pregunta respecto de cómo podría no interesarme.”[1]

Recordemos un poco las campañas políticas que nos llevaron a la redistribución del poder el pasado siete de junio; una buena parte incitaban al voto, incluso se llegó a expresar “si no votas no existes”, pero el discurso mercadotécnico a favor del voto carecía de una argumentación efectiva: lo importante era votar,pero en un espectacular no pueden haber razones de peso para convencer. Este énfasis va de la mano con la preocupación de los gobernantes respecto a su legitimidad; en un país donde la arrolladora mayoría no vota, es la arrolladora minoría la que decide. Pero de acuerdo con el planteamiento de Foucault, lo que a mí me preocupa es la densidad de ideología que una persona debe tener para “participar”. ¿Qué quiero decir con esto? Retrocedamos a la última década del pasado siglo XX y pensemos en la gente que apoyó a Colosio ¿qué sucedió? lo asesinaron, mensaje: no me importa tu elección, el gobernante será quién yo elija. Avancemos al periodo de alternancia: un héroe del pueblo que resultó trabajar para los empresarios y que terminó de convertir al país en una multinacional. Segundo sexenio del presente milenio, ahora tenemos a otro héroe, que defiende al eufemísticamente llamado “adulto mayor” y que armó revuelo por su sospecha de un fraude. Tercer sexenio, volvemos al partido que duró siete décadas en el poder, parece que los gobernantes se burlaran diciendo “Ya ven que la alternancia no es la solución”. No me atrevo a señalar los ejemplos a nivel estatal, pues pareciera que mientras menos reflectores se posan sobre los actores políticos estatales, más tentados a realizar grandes estropicios. ¿Qué es Ayotzinapa, sino otro recordatorio de que el enemigo del Estado es el pueblo (!)?

¿Rousseau previó en el contrato social un atisbo de lo que sucede hoy en México?:

“Cuanto mejor está constituido un Estado, más prevalecen los asuntos públicos con respecto a los privados en el espíritu de los ciudadanos. Hay, incluso, mucho menos asuntos privados, porque al proporcionar la suma de la felicidad común una porción más considerable a la felicidad de cada individuo, a éste le queda menos que buscar en los cuidados particulares. En una ciudad bien conducida todos van presurosos a las asambleas, pero bajo un mal gobierno nadie quiere dar un paso para asistir porque ninguno se interesa en lo que allí se hace ya que se prevé que la voluntad general no ha de prevalecer y que, en fin, los cuidados domésticos todo lo absorben. Las buenas leyes inducen a hacer mejores, las malas provocan otras peores.

No bien alguien dice: “¿Qué me importa?” acerca de los asuntos de Estado, se debe contar con que el Estado está perdido.”[2]

Después de que el ciudadano infiere que los asuntos privados son los que dominan, se necesita una gran densidad ideológica para participar. Ahora, decir ¿qué me importa? y esperar a que el Estado se pierda, puede constituir una nueva posición política. ¿Será que el ciudadano ha abandonado al Estado para que con su muerte aparezca algo mejor?

La igualdad: sueño de una noche de democracia

Allí donde han caído las monarquías se han erigido repúblicas, las cuales son ideales para constituir democracias. En las monarquías, el soberano ostentaba un derecho fundado en la divinidad o en la conquista como presupuesto para ejercer el poder. Este derecho se fundaba en la diferencia esencial del monarca con el pueblo, él era de origen divino o él era un conquistador. De cualquier modo, el monarca no pertenecía al pueblo, pues era más virtuoso, y esta diferencia constituía la imposibilidad de los demás miembros de la sociedad para gobernar. El que ejerce el poder político por el hecho de hacerlo es ya superior y esta idea podemos encontrarla en la Política de Aristóteles, así como el fundamento de la democracia, la mediocridad. El estagirita manifestó que la forma de gobierno adecuada para un pueblo donde ninguno destaca sobre los demás era el democrático, la unión de muchos podía generar algo mejor, pero en tanto mediocres deben discutir sus ideas para poder alcanzarlo.

“Pero el que la masa debe ser soberana más que los mejores, pero pocos, puede parecer una solución y, aunque tiene cierta dificultad, ofrece quizá también algo de verdad. En efecto, los más, cada uno de los cuales es un hombre mediocre, pueden, sin embargo, reunidos, ser mejores. Lo mismo que los banquetes en que han contribuido muchos, son mejores que los sufragados por uno solo. Al ser muchos, cada uno tiene una parte de virtud y prudencia, y, reunidos, la multitud se hace como un solo hombre con muchos pies y muchas manos y muchos sentidos; así también ocurre con los caracteres y la inteligencia. Por eso también las masas juzgan mejor las obras musicales y las de los poetas: unos valoran una parte, otros otra y entre todos todas.”[3]

No hay necesidad de discusión en la monarquía, pues el monarca es superior y sus disposiciones alcanzarán la perfección de la ciudad, mas como sólo él es capaz de hacer el mayor bien, si gobierna para sí mismo y no para los demás constituirá el peor de los regímenes, la tiranía.

Supongamos por un momento una sociedad monárquica en la que los súbditos cortan la cabeza del rey: ¿quién gobernará ahora?, ¿quién puede ostentar un derecho de superioridad fundado en Dios o en la guerra? Nadie en este punto puede exigir un derecho mayor a los demás, son todos, pues, mediocres. En este contexto mediocridad significa el presupuesto de la igualdad y es la igualdad el núcleo de la democracia substancial, su verdadero ser. Los pueblos buscan la democracia cuando quieren ser iguales. Algunas palabras de Rousseau:

“Habría querido nacer en un país donde el soberano y el pueblo pudieran tener tan sólo un único y mismo interés, a fin de que todos los movimientos de la máquina nunca tendieran más que a la felicidad común; lo cual no pudiendo hacerse a menos de que el pueblo y el soberano no sean una misma persona, se concluye que hubiera querido nacer bajo un gobierno democrático, sabiamente moderado.

Habría querido vivir y morir libre, es decir sometido de tal modo a las leyes que ni yo ni nadie pudiera sacudirse el honorable yugo. Este yugo saludable y dulce que las cabezas más orgullosas llevan tanto más dócilmente cuanto están hechas para no llevar ningún otro.

Habría, pues, querido que nadie en el Estado se pudiera decir por encima de la ley, y que nadie de afuera pudiera imponer una que el Estado estuviera obligado a reconocer. Pues cualquiera que pueda ser la constitución de un gobierno, si se encuentra un solo hombre que no esté sometido a la ley, todos los hombres están necesariamente a la discreción de aquél. Y si hay un jefe nacional y otro jefe extranjero, cualquier reparto de autoridad que puedan hacer, es imposible que uno y otro sean bien obedecidos y que el Estado esté bien gobernado.”[4]

En este planteamiento es fundamental que no exista alguien superior a la ley y que ésta sea soberana. Rousseau equipara la libertad con la igualdad: todos somos libres porque todos somos iguales, no hay superior interno o externo que nos someta, en la democracia alcanzamos la libertad. Una vez establecido lo anterior cabe preguntarse ¿Será verdad que en la democracia mexicana no hay superior interno o externo? Retomaré estas ideas más adelante.

El qué, el cómo y el quién

El voto en la democracia ha dejado de afirmar la legitimidad frente a los ciudadanos, ellos ya no importan, son sólo números que les permiten a los actores políticos afirmarse frente a otros actores políticos. La no participación sólo es problema cuando un actor político increpa la legitimidad de otro actor político. No es de extrañar que un órgano como el Tribunal Electoral haya surgido de dichas luchas. Éste no es un órgano al que yo pueda acudir a inconformarme, ejercer un derecho de acción, por la manera en que las elecciones han agraviado mis intereses políticos, si todas las personas agraviadas, pensemos sólo en las personas en pobreza extrema, intentar ejercer una acción el tribunal colapsaría. Es un órgano que establece la verdad jurídica, pero para solucionar un conflicto entre actores políticos, son ellos quienes constituyeron su propio tribunal para dirimir sus controversias, pues son ellos quienes también hacen las propuestas de ley y quienes las aprueban. En medio de estas disputas el ciudadano es un elemento neutral, un mero espectador al que se le dan opciones con cuentagotas y se le pide que entre los victoriosos elija. Un ciudadano que no ve representadas sus aspiraciones en los actores políticos no tiene necesidad de participar, pero como señalé anteriormente eso es ya tener una posición política.

En la antigua Atenas, las discusiones eran sobre el qué: ¿qué acción, qué medida, qué recursos utilizar? La pregunta por el qué era la cuestión fundamental. ¿Qué hacer? lo abarcaba todo. Pero el cómo no estaba detrás del qué y los oradores que son el quién estaban estrechamente relacionados con el qué y el cómo. La propuesta de qué hacer estaba relacionada con el cómo hacer y cada ciudadano elegía a la persona al identificarla con la propuesta. El qué y el cómo determinaban el quién.

En la democracia actual, mexicana, ya no existe una deliberación substancial con el qué y el cómo. Escuchamos las mismas propuestas que en el periodo anterior: más esto, más el otro; aquél es más corrupto, aquéllos más incumplidos. Vota o te disolverás en la nada, es la consigna para elegir un quién. A pesar de lo bonito que es tener más luz, no veo cómo eso hará que mi país se libere de la opresión económica en la que se encuentra. Nuestra democracia está atada, no podemos elegir, ni siquiera proponer políticas que se aparten de la recomendación de los expertos, de las leyes internacionales, de las opiniones de la comunidad internacional: si lo hiciéramos tal vez seríamos más libres, pero ya no habría tanto turismo, ni tanto empleo, es malo para los negocios ¡Lástima! Los políticos no proponen alternativas novedosas o que se aparten de las opiniones establecidas ¡Cualquiera puede prometer más seguridad o más empleo! ¿Dónde está la diferencia entre votar por uno u otro, al fin los dos proponen lo mismo? Diferentes palabras para un mismo objeto: no engañan al pueblo.

México encadenado y la democracia en la celda

Hay un cabo suelto que pretendo cerrar en este punto; si la mayoría de los ciudadanos no participan, si los políticos no trabajan para el pueblo, si las propuestas las hacen expertos y no políticos, ¿cuál es el impedimento para pensar una renovación?

La democracia por largo tiempo ha coexistido con el liberalismo político, ambos han tenido momentos de choque, aproximaciones, uniones, desfases e incompatibilidades, pero en la actualidad la democracia no sólo convive con el liberalismo político, sino también con el neoliberalismo, entendiéndolo como la fase económica actual del liberalismo económico europeo, y con el fenómeno de la globalización. ¿La democracia actual conservará las características esenciales del momento que la vio nacer? ¿Siquiera es importante pensar una democracia que conserve sus características esenciales? Se ha querido encontrar las diferencias entre la democracia de los antiguos y la nuestra en una dicotomía sencilla: menor población, democracia directa, mayor población democracia indirecta o representativa[5]. Esta dicotomía fácil, sencilla, digerible a primera vista es un ejemplo de lo que el sociólogo Boaventura de Sousa Santos ha llamado la razón indolente, característica del mundo occidental. Esta razón piensa con dicotomías que son fácilmente accesibles y cuando se niega una, necesariamente debe ser la otra debido a una aplicación de los métodos de la lógica. La dicotomía del mundo griego con el actual es útil sólo en la medida que se necesita justificar nuestro tiempo: “los antiguos eran menos, nosotros somos más, ellos podían ejercer una democracia directa nosotros no”. La noción más simple es pensarlo en términos cuantitativos y efectivamente así es como se hace. Pensar la cantidad es fácil en tanto que la cantidad ya existe, en cambio pensar la cualidad es más difícil, pues necesita una reflexión más profunda. La cualidad en un objeto que únicamente es accesible con el pensamiento, un objeto conceptual, como lo es la democracia, se alcanza mediante el estudio intelectual. La democracia debe ser pensada simplemente para existir.

Pero el pensamiento anterior, dicotómico, no le sirve a nuestra realidad, tampoco el pensamiento europeo, que aunque noble, no responde a los retos que enfrenta México. No necesitamos una justificación de lo existente, de lo que falla, necesitamos un pensamiento nuevo que revele una tercera vía. Volvamos a lo que nos retiene, pues no somos libres para pensar una realidad diferente, todavía no. El liberalismo con sus adjetivos y prefijos, la globalización, la democracia, los derechos humanos, el utilitarismo y demás doctrinas teóricas puede que sean los responsables. Señalarlos no es motivo de estudio de un escrito breve, se necesitarán libros, pero la hipótesis la dejo planteada. ¿Qué me hace pensar en ellos como responsables?

  1. Son teorías que condicionan el pensamiento y enmarcan las decisiones políticas. El revestimiento científico que las recubre las encuadra dentro del poder de la verdad para convencer. Los decididores, como decía Lyotard, antes de poder “decidir” deben adoptar un esquema teórico que les permita justificar sus “decisiones”. Lo que en un momento es pensamiento puramente político, científico o filosófico se concreta en acciones llevadas a cabo por los actores políticos asesorados por los decididores. Cada teoría tiene un punto de emergencia, Foucault lo expresa de mejor manera de lo que yo podría:

“4. Entstehung designa más bien la emergencia, el punto de surgimiento. Es el principio y la ley singular de una aparición. Del mismo modo que muy frecuentemente uno se inclina a buscar la procedencia en una continuidad sin interrupción sería un error dar cuenta de la emergencia por el término final. Como si el ojo hubiese aparecido, desde el principio de los tiempos, para la contemplación, como si el castigo hubiese tenido siempre por destino dar ejemplo. Estos fines aparentemente últimos, no son nada más que el actual episodio de una serie de servilismos: el ojo sirvió primero para la caza y la guerra; el castigo fue sometido poco a poco a la necesidad de vengarse, de excluir al agresor, de liberarse en relación a la víctima, de meter miedo a los otros. Situando el presente en el origen, la metafísica obliga a creer en el trabajo oscuro de un destino que buscaría manifestarse desde el primer momento. […].

La emergencia se produce siempre en un determinado estado de fuerzas. El análisis de la Entstehung debe mostrar el juego, la manera como luchan unas contra otras, o el combate que realizan contra las circunstancias adversas, o aún más, la tentativa que hacen —dividiéndose entre ellas mismas— para escapar a la degeneración y revigorizarse a partir de su propio debilitamiento. […].

La emergencia es pues, la entrada en escena de las fuerzas; es su irrupción, el movimiento de golpe por el que saltan de las bambalinas al teatro, cada una con el vigor y la juventud que le es propia. Lo que Nietzsche llama la Entstehungsherd del concepto de bueno no es exactamente ni la energía de los fuertes, ni la reacción de los débiles; es más bien esta escena en la que se distribuyen los unos frente a los otros, los unos por encima de los otros; es el espacio que los reparte y se abre entre ellos, el vacío a través del cual intercambian sus amenazas y sus palabras, […]. Nadie es pues responsable de una emergencia, nadie puede vanagloriarse; ésta se produce siempre en el intersticio.”[6]

La emergencia de la teoría procede de luchas intelectuales, luchas que fueron libradas allende el mar y que respondían a intereses que nunca hubo en nuestro país, pero de manera imprudente, irreflexiva, en México las adoptamos como si ostentaran la solución a nuestros problemas. Desconocer el punto de emergencia puede provocar que trabajemos para intereses y libremos luchas que no son necesarias aquí.

  1. Es difícil predecir, mas no prever, las consecuencias a largo plazo y más cuando predecirlas ni siquiera es un objetivo[7]. Prever es el establecimiento de reglas generales que nos puedan dar la idea de un pretendido futuro; predecir es el anticiparse a un resultado concreto bajo una proposición prevista. De todos es sabido como las ciencias sociales fallan en la predicción, aun cuando pueden prever y explicar ciertos sucesos, como ha ocurrido con las crisis económicas que azotan a los países globalizados actualmente. Se puede construir una regla general sobre los supuestos ciclos de crisis, pero decir el día y fecha concreta en que ocurrirán es diferente. Mi proposición inicial incluía otro punto: ¿puede que la predicción no sea un objetivo de, al menos, la ciencia económica? Unas palabras de Frederich Engels pueden servir para aclarar mi punto:

“La ciencia social de la burguesía, la economía política clásica, sólo se ocupa preferentemente de aquellas consecuencias sociales que constituyen el objetivo inmediato de los actos realizados por los hombres en la producción y el cambio. Esto corresponde plenamente al régimen social cuya expresión teórica es esa ciencia. Por cuanto los capitalistas producen o cambian con el único fin de obtener beneficios inmediatos, sólo pueden ser tenidos en cuenta, primeramente, los resultados más próximos y más inmediatos. Cuando un industrial o un comerciante vende la mercancía producida o comprada por él y obtiene la ganancia habitual, se da por satisfecho y no le interesa lo más mínimo lo que pueda ocurrir después con esa mercancía y su comprador. Igual ocurre con las consecuencias naturales de esas mismas acciones. Cuando en Cuba los plantadores españoles quemaban los bosques en las laderas de las montañas para obtener con la ceniza un abono que sólo les alcanzaba para fertilizar una generación de cafetos de alto rendimiento, ¡poco les importaba que las lluvias torrenciales de los trópicos barriesen la capa vegetal del suelo, privada de la protección de los árboles, y no dejasen tras de sí más que rocas desnudas! Con el actual modo de producción, y por lo que respecta tanto a las consecuencias naturales como a las consecuencias sociales de los actos realizados por los hombres, lo que interesa preferentemente son sólo los primeros resultados, los más palpables. Y luego hasta se manifiesta extrañeza de que las consecuencias remotas de las acciones que perseguían esos fines resulten ser muy distintas y, en la mayoría de los casos, hasta diametralmente opuestas […]”[8]

Este comportamiento sigue sucediendo hasta la actualidad. Los economistas enarbolando la bandera del neoliberalismo y globalización, pueden prever, pero no predecir sucesos a largo plazo. ¡Qué más importa si yo, científico, sólo busco con mis conocimientos asegurarme un sueldo! ¿La verdad? La olvidé hace mucho cuando los lujos y el poder de mi cargo fueron más valiosos, ahora sólo busco darles ganancias a aquellos que se encargan de pagar las cuentas (!).

  1. Son discursos que se utilizan en las luchas políticas y su implantación necesariamente beneficia a alguien. El ejemplo más claro es el discurso de los Derechos Humanos que es utilizado tanto por el Estado como por el pueblo. Es de todos conocido que el Estado es el único que viola derechos humanos, pero también que en la actualidad estos derechos pretenden ser ampliados para proteger al individuo de agentes privados. ¿Qué reside en el fondo de este asunto? Las palabras son armas y los discursos se usan como cañones en las guerras ideológicas. Michel Foucault en las primeras lecciones de Defender la Sociedad demuestra cómo la teoría de la soberanía, el discurso de la guerra perpetua, el discurso del racismo y otros, fueron usados para argumentar a favor de posturas dispares. Uno y otro grupo dentro de la sociedad usaban el mismo discurso y las victorias eran definidas al tomar el bastión de la verdad. En la actualidad los derechos humanos son el ejemplo más claro, pero los demás pensamientos a los que me referí también cumplen esta función, tal vez, en círculos más cerrados.

Cuando un país está en guerra no se puede decir que la haya iniciado o se defienda para perder. Todo contendiente en una guerra busca implementar por las armas su punto de vista. No es diferente en el plano intelectual, salvo que se busca implementar una opinión. Ahora, el sujeto que expresa la opinión no se encuentra separado de una vida cotidiana, se encuentra inmerso entre los entes: otros humanos, objetos, pensamientos. La vida cotidiana le ofrece la posibilidad de establecer relaciones de simpatía u odio y éstas forman la base para muchas de sus opiniones. El ser humano opina, hace juicios sobre el mundo, para hacerlo necesita material que le permita pensar y un interés sobre esa materia, necesita enfocarse y el mayor grado de enfoque se consigue cuando se beneficia de ello. Todo filósofo, científico, técnico y persona de a pie tiene un interés e intentar fingir o esconderse detrás de una supuesta objetividad que se logra solo en un libro: no engaña a nadie. Ejemplos hay muchos: Hobbes escribió sus libros con una pretensión política, de igual modo Locke y Rousseau que menciono por ser populares, ya cité más arriba a Foucault para dar un ejemplo moderno. El científico siempre busca los intereses de alguien y si no lo hace de manera consciente, las consecuencias a largo plazo que no han sido previstas pueden beneficiar al más insospechado. ¿No será que al defender teorías y pensamientos extranjeros secretamente trabajamos para su beneficio?

  1. Su adopción y generalización paralizan el pensamiento novedoso, único que puede resolver los problemas del país. Me parece que este tema quedará mejor explicado en el siguiente apartado.

Newspeak

El apéndice sobre los principios del Newspeak es un breve ensayo, que escribió George Orwell, que en un primer momento parecería estar refiriéndose sólo a la lengua ficticia de su libro 1984, pero que pronto revela alusiones a su época. Este es un idioma dirigido que pretende deshacer las alusiones que se ocultan entre las palabras y limitar el pensamiento. El lenguaje es visto como peligroso y mientras menos vocabulario, menos pensamiento diferente. Este lenguaje es la máxima alusión al poder que se oculta en la palabra y el Estado, en la novela, pretende controlar el último resquicio de libertad humana, el pensamiento. Los crímenes pueden ser cometidos por el pensamiento, pero cuando el Newspeak sea perfeccionado, no habrá posibilidad de pensar algo en contra del régimen establecido. Lo interesante de este lenguaje es que se concibe como enteramente parcial, de ningún modo es neutral, pero cuando todas las formas de disidencia desaparezcan y no sea pensable algo ajeno al sistema, habríamos que preguntarnos si la no neutralidad tiene sentido. Existen en esta lengua tres diferentes vocabularios: A, B y C; vida cotidiana, política y ciencia respectivamente. Me interesa precisar algo del vocabulario B.

Las palabras en el vocabulario B tienden a reducirse a una sola palabra con la menor cantidad de sílabas. El uso de acrónimos borra la referencia a las instituciones y al ser una nueva palabra se encuentra desligada de otras referencias políticas. Los conceptos son erradicados y sin ellos ciertos pensamientos son imposibles.

“Incluso en las primeras décadas del siglo veinte, las palabras y frases acortadas habían sido una de las características distintivas del lenguaje político; y había sido señalado que la tendencia a usar abreviaciones de este tipo fue más marcada en países totalitarios y en organizaciones totalitarias. Ejemplos de aquello son las palabras Nazi, Gestapo, Comintern, Inprecorr, Agitprop. En el principio la práctica había sido adoptada como por instinto, pero en el Newspeak fue usado con un propósito consciente. Se percibió que al abreviar así un nombre uno estrechaba y sutilmente alteraba su significado, al deshacer la mayoría de las asociaciones que de otro modo se unirían a él. Las palabras Communist Internacional, por ejemplo, hacen referencia a una imagen compuesta por una hermandad universal humana, banderas rojas, barricadas, Karl Marx y la Comuna de París. La Palabra Comintern, por otro lado, sugiere simplemente una organización fuertemente unida y un bien definido cuerpo de doctrina. Se refiere a algo casi tan fácilmente reconocible y limitado en su propósito, como una silla o una mesa. Comintern es una palabra que puede ser pronunciada casi sin pensar, mientras que Communist International es una frase sobre la cual uno está obligado a entretenerse al menos por un momento. De la misma forma, las asociaciones traídas a la mente por una palabra como Minitrue son menos y más controlables que aquellas traídas por Ministry of Truth.”[9]

Aquello que Orwell observó en los totalitarismos ya no forma parte sólo de éstos. Los partidos políticos, actuales, han adoptado esta técnica, los nombres de sus partidos tienen un tono eufemístico y amigable, además de tender a reducirse a una palabra que encierra otros contenidos. El uso del lenguaje en la política del México actual tiene a los asesores de marketing, imagen, redacción y demás que diseñan una forma “amigable” de presentarse al público. El análisis que Orwell realizó sobre el uso del lenguaje en los totalitarismos ha sido adoptado como práctica común en las democracias, las instituciones y los conceptos son llenados de otros contenidos. Es fácil introducir adjetivos a diestra y siniestra, en ellos se introducen referencias a otros pensamientos. Orwell pensaba que el método, por cierto más efectivo, era la reducción del lenguaje, pero también se le puede ampliar o volver inaccesible para las mayorías. En nuestro presente, las universidades controlan el acceso a este lenguaje, sin embargo, la mayoría de las personas no tienen acceso a él. La privatización de la educación se avecina como una avalancha y pareciera que no nos damos cuenta de las posibles consecuencias y contradicciones: generar una clase intelectual identificada con la cantidad dinero que posee, en un país democrático que supuestamente busca la igualdad. La única manera de mantener en un país a intelectuales que sobrepasen la media de la igualdad y mantener el adjetivo democrático es al dividir los intereses de los intelectuales. Unos atienden al interés de la mayoría y otros a las minorías, si nuestro gobierno no busca desaparecer las clases al menos que continúe proveyendo armas a los dos bandos.

Así, el lenguaje científico se ostenta como inaccesible para aquellos que no acuden a la universidad, los conceptos científicos borran del lenguaje, en aras de la objetividad, las referencias a lo político. El proceso de división de las ciencias por su objeto, reduce el lenguaje de los propios científicos. El científico en principio no debería cuestionarse por su propia ciencia o acerca del qué de la ciencia, pues ya no sería científico: sería un filósofo. Para darnos cuenta en un plan de estudios hacia donde se inclina la balanza, si a formar científicos o técnicos, sólo hace falta ver la cantidad de materias de filosofía de la ciencia que incluyen en sus planes de estudio. La multidisciplinariedad y la intradisciplinariedad no bastan en un mundo que necesita creadores: hace falta, en nuestro México, además ser filósofo. Si queremos pensar la democracia con nuevos ojos hay que hacerlo de manera amplia, pues amplia es la sociedad que engloba.

Para cerrar esta parte comparto un pensamiento de Gilles Deleuze:

“El filósofo es un especialista en conceptos, y, a falta de conceptos, sabe cuáles son inviables, arbitrarios o inconsistentes, cuáles no resisten ni un momento, y cuáles por el contrario están bien concebidos y ponen de manifiesto una creación incluso perturbadora o peligrosa”[10]

“El filósofo es el amigo del concepto, está en poder del concepto. Lo que equivale a decir que la filosofía no es un mero arte de formar, inventar o fabricar conceptos, pues los conceptos no son necesariamente formas, inventos o productos. La filosofía, con mayor rigor, es la disciplina que consiste en crear conceptos. ¿Acaso será el amigo, amigo de sus propias creaciones? ¿O bien es el acto del concepto lo que remite al poder del amigo, en la unidad del creador y de su doble? Crear conceptos siempre nuevos, tal es el objeto de la filosofía. El concepto remite al filósofo como aquel que lo tiene en potencia, o que tiene su poder o su competencia, porque tiene que ser creado. No cabe objetar que la creación suele adscribirse más bien al ámbito de lo sensible y de las artes, debido a lo mucho que el arte contribuye a que existan entidades espirituales, y a lo mucho que los conceptos filosóficos son también sensibilia. A decir verdad, las ciencias, las artes, las filosofías son igualmente creadoras, aunque corresponda únicamente a la filosofía la creación de conceptos en sentido estricto. Los conceptos no nos están esperando hechos y acabados, como cuerpos celestes. No hay firmamento para los conceptos. Hay que inventarlos, fabricarlos o más bien crearlos, y nada serían sin la firma de quienes los crean. Nietzsche determinó la tarea de la filosofía cuando escribió: “los filósofos ya no deben darse por satisfechos con aceptar los conceptos que se les dan para limitarse a limpiarlos y a darles lustre, sino que tienen que empezar por fabricarlos, crearlos, plantearlos y convencer a los hombres de que recurran a ellos. Hasta ahora, en resumidas cuentas, cada cual confiaba en sus conceptos como en una dote milagrosa procedente de algún modo igual de milagroso”, pero hay que sustituir la confianza por la desconfianza, y de lo que más tiene que desconfiar el filósofo es de los conceptos mientras no los haya creado él mismo (Platón lo sabía perfectamente, aunque enseñara lo contrario…). Platón decía que había que contemplar las Ideas, pero tuvo antes que crear el concepto de Idea. ¿Qué valor tendría un filósofo del que se pudiera decir: no ha creado conceptos, no ha creado sus concepto?”[11]

Crear conceptos amplía nuestro lenguaje y un lenguaje más amplio amplía nuestra comprensión de los problemas sociales: aporta nuevas soluciones.

A manera de conclusión: “Matar a una democracia”[12]

Hace poco que llegue a la selva, este lugar húmedo de caras tristes, de cuerpos azotados por la pobreza y la violencia, el abandono es atroz, no parece un lugar donde vivan personas. La humedad permea mis fosas nasales y el sudor de mi rostro hace parecer que me he mojado a propósito, pero lo peor es el hedor. En la mañana me informaron que la Democracia había escapado, le llevo el rastro desde entonces, ahora el cenit no me deja pensar, pero huele a Democracia, su olor lo invade todo. La gente me dice lo que sabe; todos quieren que esto termine rápido, la gente humilde jamás ha visto una Democracia y no les interesa, no saben lo que es, pero tienen miedo de los destrozos que ha causado.

En mi camino encontré sus huellas, rastro más seguro y cómodo que el olfato. Las huellas pasan por la mitad de un comercio partido en dos, la familia llora, me reconocen como representante del orden colonial, miran mi título y me piden que acabe con la bestia: “haré lo que pueda” dije. Seguí las huellas y mandé a traer a mi ayudante; para cuando él llegó un horrible espectáculo había frente a mí: gran cantidad de personas muertas. ¿Cómo habían muerto? Algunas estaban enterradas en grandes fosas, otras seguramente muertas de hambre, unas cuantas habían perdido sus miembros al caer de la bestia, todas muertas. Pido mi rifle mientras cubro mi nariz con la mano: el hedor era repugnante.

Hace tiempo cuando trajeron la Democracia prometieron un mundo mejor “ha funcionado en el viejo mundo, funcionará aquí”, “es producto de las ideas más novedosas, es la libertad que buscamos”. Hace dos siglos que la alimentamos, pero ahora que ha escapado todo lo que veo es muerte y sosiego, ¿por qué si iba a cambiar nuestro mundo, ahora causa esto? Me he acostumbrado al olor, el calor, ahora, es el insoportable.

Las personas han visto mi rifle y la noticia se esparció como el fuego, “van a matar a la Democracia” gritan. Al poco tiempo mil voces zumban alrededor de mí, mis manos han comenzado a sudar, estoy nervioso por lo que tenga que hacer. El pueblo trajo consigo sus cuchillos, antes ya han intentado apuñalar al animal, pero ahora saben que un pensador trae un arma, esta vez tiene que caer y ellos hundirán el cuchillo en la carne y al menos ese día comerán un poco de los que se les ha negado. Las huellas salen del pueblo y la multitud se ha duplicado, hasta este momento no había querido pensar en el momento en que la encontrara; no sé por qué pedí el rifle, sentí temor y necesitaba algo para protegerme, ahora parece que todos me pedirán que lo haga.

Allí está, a lo lejos, pastando, sus ojos me tranquilizan, serenos. ¿Cómo pudo haber causado eso? No sé qué habrá sucedido, alguna ideología perturbó su mente, tal vez un pervertido concepto de libertad con el cual alguien la azuzó. No quiero hacerlo, pero dos mil personas se impacientan, han comenzado a pedir que piense. Levanto mi rifle y busco puntos débiles, argumentos falaces y contradicciones, veo algunos, pero aun así no quiero disparar. Traigo a la memoria la gente muerta, los niños con hambre, la prostitución, el analfabetismo y todavía no siento el coraje necesario. Me pierdo en pensamientos con el rifle al lado de mi nariz. Alguien grita “piensa en la corrupción”, eso me hacía falta, justo eso, un elemento más.

Inhalo profundamente y al soltar el aire… ¡Bum! El humo blanco impide mi vista y el hedor ha sido reemplazado por el olor a pólvora, un olor que se queda en la garganta, que sabe a metal. La gente prorrumpe en gritos de júbilo, pero alcanzo a oír uno que otro sollozo. Corren hacia el cadáver que aún respira y se agita en el pasto. Me acerco para contemplar mi obra, cierro delicadamente sus ojos, acaricio su trompa y digo: “Descansa, pequeño elefante, todo estará bien”… ¡Bum!


[1] Chomsky, Noam y Foucault, Michel, La naturaleza humana: justicia versus poder, Katz editores, España, 2012, Trad.Leonel Livchits, pp.53-54
[2] Rousseau, Jean Jacques, El contrato social, trad. de Leticia Halperin Donghi, Buenos Aires, Losada, 2003, colección biblioteca de obras maestras del pensamiento p. 149
[3] Aristóteles, Política, trad. de Manuela García Valdés, Madrid, Gredos, 2007, p.123-124.
[4] Rousseau, Jean Jacques, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, trad. de Leticia Halperin Donghi, Buenos Aires, Losada, 2003, colección biblioteca de obras maestras del pensamiento p. 254-255.
[5] Bobbio, Norberto, Liberalismo y democracia, trad. de José F. Fernández Santillán, México, FCE, 2012, pp. 32-38. Por supuesto Bobbio es crítico, pero revela esta dicotomía. De ahí que me refiera aquí a él.
[6] Foucault, Michel, Nietzsche, la genealogía, la historia, 2ª. Ed., trad. de Julia Varela y Fernando Álvarez Uría, Madrid, Las ediciones de la piqueta, 1979, en Microfísica del poder, p.15-16.
[7] Horkheimer, Max, Acerca del problema del pronóstico en las ciencias sociales, trad. Edgardo Albizu y Carlos Luis, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2008, en Teoría crítica, pp. 43-49. De este escrito tomo la diferencia entre prever y predecir, aunque estoy consciente de que no surge aquí y no es único de Horkheimer.
[8] Engels, Frederich, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, Editorial progreso, Obras escogidas en dos tomos, tomo II, pp. 86-87
[9] Orwell, George, Animal farm; 1984, Harcourt Inc., 2003, Estados Unidos de América, p. 380-381. Decidí hacer la traducción al español yo mismo, por eso agrego en esta nota el pasaje en inglés. En algunas palabras decidí usar el término en inglés cuando lo creo necesario para mantener las alusiones deseadas por Orwell, así traduzco: Comuna de París, que no vuelve a aparecer en esta cita, pero no Minitrue. “Even in the early decades of the twentieth century, telescoped words and phrases had been one of the characteristic features of the political language; and it had been one of the characteristic features of political language; and it had been noticed that the tendency to use abbreviations of this kind was most marked in totalitarian countries and totalitarian organizations. Examples were such words as Nazi, Gestapo, Comintern, Inprecorr, Agitprop. In the beginning the practice had been adopted as it were instinctively, but in Newspeak it was used with a conscious purpose. It was perceived that in thus abbreviating a name one narrowed and subtly altered its meaning, by cutting out most of the associations that would otherwise cling to it. The words Communist International, for instance, call up a composite picture of universal human brotherhood, red flags, barricades, Karl Marx, and the Paris Commune. The word Comintern, on the other hand, suggests merely a tightly knit organization and a well defined body of doctrine. It refers to something almost as easily recognized, and as limited in purpose, as a chair or a table. Comintern is a word that can be uttered almost without taking thought, whereas Communist International is a phrase over which one is obliged to linger at least momentarily. In the same way, the associations called up by a word like Minitrue are fewer and more controllable than those called up by Ministry of Truth
[10] Deleuze, Gilles y Guattari, Felix, ¿Qué es la filosofía?, 10ª edición, Trad. Thomas Kauf, Barcelona, Anagrama, 2013, p. 9
[11] Ibídem, pp. 11-12.
[12] Permítaseme inspirarme en un escrito de Orwell y escribir otro relato que se ajuste a mis deseos. Es arrogante intentar querer superar a un gran escritor, pero ese no es mi propósito, pues sólo quiero tomar la imagen y aquello que rodea la muerte del elefante. Recomiendo que para su mejor comprensión se lea “Matar a un elefante” de George Orwell y se me perdone este atrevimiento literario.