Los foros en la civilización del espectáculo: la era del “digo lo que quiero porque puedo”

Foro romano
Carlos Erasmo Rodríguez Ramos
Facultad de Derecho, UNAM

Introducción

POCAS COSAS hay en el mundo que sean tan poderosas como las palabras. Tienen tal fuerza que, si son usadas con habilidad, pueden llevarnos a hacer cualquier cosa. Prueba de ello son los discursos de odio que incitan a la violencia y el asesinato, o los libros que con su simple lectura cambian para siempre la forma en la que vemos el mundo. Las palabras crean y destruyen al mundo y a sus habitantes. No es de extrañar que, en la novela distópica Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, el comandante Beatty mencione: “Un libro es un arma cargada en la casa del vecino”.

En un proceso dialéctico, el ser humano, en el momento en que hace uso de esta herramienta, comienza a tener conciencia de sí y del mundo, es decir, que esta arma se nos otorga en el momento en que nos volvemos nosotros. Un arma así, tan poderosa y al alcance de todos, encuentra sus límites en el uso de lo que en este artículo llamaremos foros.

Utilizaremos la palabra foro en una acepción mucho más amplia que la que originalmente tiene. Por foro entenderemos todos esos espacios y objetos que tienen el propósito de hacer llegar un mensaje a un gran número de personas.

Mucho se puede decir de la definición arbitraria y del uso indiscriminado que vamos a darle a esta palabra. Sin duda hay conceptos similares en la teoría de la comunicación y en la filosofía. También es innegable que para ser tomado como un concepto y una definición seria debe pasar por varias críticas y cumplir varios requisitos. Sin embargo, aquí no se pretende eso. El uso de esta palabra con su nueva acepción es sólo para facilitar la comprensión de las ideas esbozadas en este artículo.

Foros: censura y calidad de los contenidos

A lo largo de la historia, el ser humano ha desarrollado cientos de foros distintos. Las pinturas rupestres, la imprenta de Gutenberg y los espectaculares que hoy en día nos deslumbran con imágenes en movimiento son ejemplos de foros que cumplen la función fundamental de transmitir un mensaje, aunque cada uno de ellos tenga sus particularidades y haya unos más efectivos que otros. A pesar de las diferencias, todos tienen un denominador común: el grupo de personas que puede colocar un mensaje en los foros es limitado y para hacerlo deben cumplir con ciertos estándares establecidos por la persona o personas que pueden disponer del contenido del foro, directa o indirectamente. Podríamos decir que interviene en un foro de forma directa cuando se introduce o modifica un mensaje propio o ajeno, y de forma indirecta cuando, por diversos factores, una persona ajena al foro puede prohibirlo o destruirlo.

Un ejemplo que podría servir para aclarar lo dicho es el caso de una imprenta del siglo XVI y el Índice de Libros Prohibidos por el Tribunal del Santo Oficio. La imprenta edita un libro prohibido, entonces miembros del Tribunal queman toda la edición. El libro es el foro en el que el autor y los trabajadores han intervenido directamente, mientras que el Tribunal del Santo Oficio intervino indirectamente en su prohibición y destrucción. Siguiendo el supuesto, tras el trago amargo, la imprenta se lo pensará dos veces antes de publicar ideas prohibidas y esas ideas quedarán, quien sabe por cuánto tiempo, fuera del foro.

Es interesante analizar esto porque podemos ver que la censura no es más que la destrucción de un foro (en el ejemplo: de la edición del libro) o la negativa de incluir determinados mensajes en él.

Esta discriminación de los contenidos siempre se ha dado. A pesar de que es fácil ver las consecuencias negativas que tiene, también hay consecuencias positivas que no fácilmente salen a la luz: a través del control y la discriminación de los mensajes, muchas veces se conservó la calidad del contenido.

Esto no se puede enunciar como una generalidad. Sin embargo, es cierto en gran medida, sobre todo debido a la dificultad que antaño había para colocar un mensaje en algún foro. Si querían decir algo para que todo mundo lo oyese, debía de ser algo que valiera la pena para no desperdiciar todo el esfuerzo necesario para ello. A pesar de que dicha discriminación se hacía con base en un canon o en alguna ideología, no hay que perder de vista que muchas veces dichos criterios eran más morales que estéticos, lo que daba lugar a la censura.

Aunque actualmente todas estas cosas siguen operando más o menos igual pues muchos de los foros que operaban en ese entonces lo hacen ahora, ha habido cambios significativos que valdría la pena analizar. La globalización y las nuevas tecnologías son un ejemplo claro de ello. Sin embargo, prescindiremos de ello para enfocarnos en uno de los más importantes: el advenimiento de las redes sociales.

Los foros en la civilización del espectáculo: la era del “digo lo que quiero porque puedo”

El advenimiento de las redes sociales es el cambio más significativo de todos por una razón muy simple: cualquiera puede introducir mensajes en ese enorme foro, lo único que se necesita es tener internet y crear una cuenta. Así, intempestivamente, los individuos de este siglo XXI somos arrojados, de una esfera en la que nuestros mensajes difícilmente salían de nuestro entorno, a otra donde podemos ser leídos y escuchados por cientos de personas que ni siquiera conocemos.

Es interesante observar los efectos que esto tiene en los individuos. Ante este nuevo foro, muchos no tienen nada que decir pero sienten la necesidad imperiosa de decir algo, de ser observados, de participar; y por esto terminan por hablar de lo que más conocen: ellos mismos. Pero las redes sociales tienen algo mágico: son tan impersonales y personales a la vez que uno puede mostrar lo que es sin necesariamente serlo, sólo hace falta una publicación, una imagen (editada o no) o un video.

George Orwell
George Orwell

A raíz de todo esto, debería hacerse un estudio estadístico del incremento exponencial de revolucionarios, poetas, activistas, defensores de los derechos animales, modelos, políticos, filósofos, bohemios, pintores, escritores, fotógrafos, sabios, iluminados y prácticamente cualquier cosa que acomode a nuestros contactos amantes del juego de las apariencias. Paradójicamente, así se puede conocer más a las personas. Orwell, respecto de la insufrible y pretenciosa autobiografía de Salvador Dalí, intitulada Diario de un genio, menciona que se puede conocer más al pintor por lo que dice que supuestamente fue su vida que por lo que de verdad fue. Lo mismo ocurre aquí. Se sabe más de ellos por lo que desean ser que por lo que en realidad son.

Teniendo en cuenta esto, es altamente posible que en todos estos casos de activistas, poetas, políticos, etc.; ocurra lo mismo que con el pianista negro en El guardián entre el centeno de J. D. Salinger. Este pianista toca todas las noches en un bar de moda en Nueva York y es considerado un virtuoso por todos los asistentes y por él mismo. Holden, el protagonista de esta novela, se da cuenta de que a pesar de todo ese reconocimiento el pianista es malo. En esta cultura del like vale más aparentar que ser y todos los que vean desde afuera a todos estos pianistas hinchados de pretensión, junto con Holden, exclamarán: “Lo más triste es que nunca sabrá que es un mal pianista y por eso nunca podrá hacer un esfuerzo por mejorar”.

De todos estos malos pianistas, tal vez los que resultan más preocupantes son aquellos que se dedican al activismo y al proselitismo en redes sociales. Como cualquiera puede acceder a este foro, cualquiera puede emitir opiniones políticas, por más infundadas que sean. Puesto que no hay ningún tipo de restricción, la calidad de los contenidos tiende a bajar siendo ya de por sí complicado mantenerla cuando hay controles en el acceso al foro (tan sólo véase el caso de los comentarios mesiánicos y esclarecedores de Fernández Noroña).

Si bien es cierto que por la cantidad de información que circula en redes sociales todos los comentarios pasan y se diluyen rápidamente en el torrente informativo, también es cierto que esos comentarios pueden tener efectos en alguien. Esto puede desembocar sin duda en un deterioro de la calidad de la opinión pública. Quien dude de esto no tiene que hacer más que ver los comentarios de las publicaciones que contengan algún mensaje político: sale a relucir inmediatamente lo informada y crítica que es la generalidad mexicana. Esa es la auténtica Vox Populi.

Otra cosa que vale mencionar es que en redes sociales no hay responsabilidad. Cualquier puede arrojar algo al torrente informativo y esconderse detrás del anonimato que representa su perfil. Si no hay responsabilidad y si el poder de colocar mensajes en los foros está fuera de control no es de extrañar que la información falsa, descontextualizada y tendenciosa abunde en nuestros días. Es la era del digo lo que quiero porque puedo.

Conclusiones

En este breve artículo, cuando menos débil y cuestionable en muchos puntos, lo único que he hecho es tratar de explicar una serie de fenómenos a través de la noción del foro con el fin de provocar en el lector la reflexión en torno a estos temas.

Se concluye pues, con una aseveración y una recomendación: si todo lo que decimos tiene repercusiones, si asumimos que las palabras son actos, entonces somos responsables de lo que decimos. Es por esto que antes de disparar una palabra en un foro tan grande como son las redes sociales, es necesario pensarlo dos veces. Nunca se sabe dónde va a parar una palabra perdida.