Raquel Castro Maldonado y la literatura juvenil (entrevista)

Raquel Castro Maldonado, ganadora del Premio Gran Angular en 2013
Cinthya Lycenia Ruiz García, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Rubén Yabzel Rivera Hernández, Facultad de Derecho, UNAM

 

Me llamo Raquel Castro Maldonado, soy escritora y guionista. Llevo 15 años escribiendo guiones de televisión y, desde 2010 a la fecha, escribo narrativa de manera formal; antes sólo lo consideraba un hobbie. También doy clases de guionismo, de escritura, tengo dos gatos, un esposo…

 

ESTEPARIO: ¿En qué momento decides escribir?

RAQUEL CASTRO MALDONADO: Escribir, desde niña: me gustaba mucho y era para mí como el hobbie; así como hay niños que juegan fútbol o videojuegos, lo mío era inventar historias. Me parecía algo muy lúdico y me costaba mucho trabajo tomarlo en serio; incluso, cuando empecé a escribir guiones —que fue en 1997—, yo decía: sí bueno, los guiones son trabajo, pero escribir es otra cosa: es mi juego. Pero más o menos en 2010, tuve una especie de crisis de vida: ¿a dónde estoy yendo? ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué hago lo que hago? Estaba muy cansada de hacer guiones porque la televisión es muy absorbente; trabajaba en una oficina de gobierno que empezaba a volverse repetitiva —con toda la cosa burocrática— y, pues, me puse a pensar qué era lo que realmente me gustaba hacer y lo que realmente me gustaba era escribir. Entonces dije, pues no sé sí lo vaya a hacer en serio, no sé si soy buena en esto, pero sí sé que soy tramposa, y que nunca lo voy a descubrir si no termino algo en serio.

En esa época dije: voy a escribir esta historia que traigo dándome vueltas en la cabeza desde hace años, voy a terminarla y a ver qué pasa. Ese fue más o menos el punto de inflexión: todavía no pensaba en que fuera a dedicarme a eso, pero sí darme el chance de terminarlo. A veces pienso que es muy cómodo no acabar las cosas, porque entonces nadie tiene que leerlas y nadie tiene que opinar y siempre te queda en el corazón la idea de no es que sea mala, es que no acabé. Pero en ese momento dije, para bien o para mal, no puedo seguir jugando. Y sigo jugando, porque lo sigo tomando como una actividad muy lúdica, muy entretenida, pero también pensando que no es de dejar las cosas inconclusas.

ESTEPARIO: Desde tu perspectiva como escritora, ¿a qué le llamarías literatura?

Yo creo que literatura es aquello que está escrito con el propósito de conmover. Bueno, con el propósito y que lo logra, porque a lo mejor yo tengo el propósito de conmover y no lo consigo. Conmover mediante la estética, porque también un acta del ministerio público de que te robaron la compu, pues sí me conmueve, pero no por la parte estética. Yo creo que cuando estás tratando de hacer literatura, cuando lees literatura, tiene que haber algo escrito que no solamente esté tratando de contar una historia o de describir un sentimiento sino que además esté tratando de usar la herramienta –que son las palabras- para hacerlo de una forma que no deje al lector impávido. Iba a decir que sea hermoso, pero no necesariamente debe ser hermoso: puede ser horrible, pero el chiste es que generes repulsión o asco o enojo, alegría o algo bonito. El chiste es que no te deje indiferente.

ESTEPARIO: Son como las emociones y los sentimientos llevados al límite, ¿no?

¡Yo diría! Esa es la parte bonita de este juego: tienes un set de herramientas muy limitado: o sea, ¿cuántas letras tenemos? veintisiete, tienes un conjunto de signos de puntuación muy limitado y es como alquimia, porque esos mismos elementos los vas combinando o recombinando, tratando de decir las cosas del mejor modo: una palabra y buscas el sinónimo, haces una trampa y pones primero el verbo y luego el sujeto para que suene distinto y sume diferentes sílabas porque hace una sinalefa… No sé, como que no es nada más contar una historia, es tratar de jugar con eso; que me imagino que es lo mismo que hacen los escultores, que dicen: ‘bueno, aquí tengo mi pieza de mármol, pero lo que quiero hacer es darle movilidad o darle ligereza…’ cosas que en sí el mármol no tiene.

ESTEPARIO: Con esta perspectiva tan amplia que tienes de la literatura, ¿Tú crees que existen obras publicadas que no merecen ser catalogadas como tal?

Sí… ¿Cómo decirlo? Así como tú un día puedes ir a comer en un restaurante de Postino, comer algo deliciosísimo, o puedes en tu casa prepararte -con todo cuidado- una comida bien saludable, también puedes ir un día al Mcdonald’s y comerte una porquería y por una vez que la comas no te hace daño. Así, hay libros que no porque tengan forma de libros son literatura, y hay muchos. Por ejemplo, a mí me gustaba mucho de chavita una serie de libros que se llamaba Nacida inocente, que eran las historias de una chavita que se escapaba de un reclusorio o de un reformatorio. Todos se enamoraban de ella porque era guapísima y todos trataban abusar de ella porque eran muy malos. Y ahora lo veo a la distancia y digo: ‘pues no, no era literatura, es el equivalente a lágrimas y risas’ -nada más que sin dibujitos- ¡Y no está mal! Pero no es literatura; como que podemos contar historias sin tener una aspiración estética mayor, o podemos tener la única aspiración de hacer rimas escandalosas –o medio cochinas- y eso no las vuelve poesía. Entonces sí, hay un montón de libros. Por ejemplo, hay gente que te dice «pues a mí solo me gustan los libros de autoayuda»; pues qué padre, pero no estás leyendo literatura.

ESTEPARIO: ¿Qué determina que una una obra sea catalogada como literaria y otra no? ¿Qué es lo que las hace distintas?

Yo creo que es mucho lo que platicábamos hace un momento de la intención estética, —y bueno, que se logre, porque de puras buenas intenciones no se vive— porque de veras hay obras que pueden tener historias muy emocionantes, y que una historia sea emocionante no la vuelve literaria. El otro lado de la moneda: que una obra no sea literaria no la vuelve mala, simplemente es otra cosa.

ESTEPARIO: Cabe resaltar –ahora que mencionaste los libros de autoayuda- hay otro tipo de libros como biografías, sagas literarias, estos títulos de superación personal, que actualmente se han convertido en emblemas de una especie de mercantilismo literario. ¿Cuál es tu opinión con respecto a este tipo de libros?

Fíjate, yo siento que tenemos un, ¿cómo decirlo?, un ecosistema donde pueden estar pastando diferentes bestias, y que estén juntas no las vuelve iguales ni las hace competir. El mundo editorial sería este ecosistema y las bestias somos los autores. En el sentido de que el que se publique un libro de autoayuda no me está quitando lectores a mí, ni me los está dando tampoco; como que perfectamente podemos coexistir diferentes tipos de autores y puede haber diferentes tipos de libros sin que unos les estorben a los otros, siempre y cuando estemos conscientes de que son diferentes cosas. A mí me parece que si una persona sabe mucho de finanzas y escribe un libro de finanzas que es interesante, ameno, claro y hace una lana vendiendo su libro está padrísimo, bien por esa persona; mil veces eso a que salga a asaltar gente al micro. Igual con las sagas, yo creo que el problema no es que haya sagas sino que haya gente que crea que eso es todo lo que se escribe, ¡ahí es donde empezarían los problemas!, que nos olvidemos que hay otros animalillos en este ecosistema y que a lo mejor dan menos al mercado pero están haciendo otras cosas.

ESTEPARIO: Y en el ámbito -hablando ya no de estos textos sino de la literatura como tal- de lo que tú me comentabas que concibes como literatura, obviamente ahí también hay una coexistencia de autores, entonces: ¿Qué elementos -además de esto de conmover al lector y que sea algo mucho más profundo- tiene que tener un texto para que pueda ser para ti de calidad por llamarlo de algún modo?

Que sea honesto, básicamente. Tú cuando lees te puedes dar cuenta cuando el autor lo que está pensando es en el cheque que va a recibir; me ha tocado platicar con gente que dice: «Yo cuando voy a escribir pienso en el publico meta, cuál venderá más». Eso a mí se me hace un poquito deshonesto si lo que está tratando de hacer es literatura; si está tratando de hacer libros que vendan nada más, está padrísimo. Yo creo que un autor que es honesto constantemente se está retando a sí mismo: está tratando de buscar la forma más eficiente, inteligente y retadora de usar sus herramientas; puede ser una historia del género que tú quieras o puede ser incluso un texto que no sea una historia, puedes tener un ensayo un poema y que digas: es que esto me conmueve, la forma en que logró poner en palabras este fulano estas cosas… ¡Wow! Yo creo que va un poco por ahí.

ESTEPARIO: Hablando todavía de este tipo de libros que has mencionado diferentes ¿Cómo estos libros pueden beneficiar o perjudicar de cierta manera a los lectores?

Los libros son herramientas; las herramientas no tienen una carga moral: un martillo puede servirte para arreglar o para romperle la cabeza a alguien, depende de cómo lo uses. Yo creo que el libro en sí mismo ni te ayuda a ser mejor persona ni te hace peor persona. La gente que lee no es moralmente superior a la que no lee; la gente que lee literatura no necesariamente tiene vidas más plenas que la que lee sagas de Chris nacida inocente. Yo creo que en ese sentido tendríamos que empezar haciendo a un lado todos esos prejuicios, sobre todo esa cosa tan chocante de: «yo leo entonces soy superior a ustedes, pobres mortales», porque mucha gente alucina los libros y alucina a la gente que lee por eso, porque siente que de entrada la están confrontando en mala onda. Ya ves que decían que el asesino de John Lennon era muy fan de El guardián entre el centeno, o que este otro muchacho Manson le gustaba mucho leer Mi lucha de Hitler; no sé, probablemente es gente que ya traía el cableado medio raro y que no fueron los libros lo que lo hicieron. También te puedo decir que hay libros de autoayuda que si te llegan en el momento preciso, ¡hasta te ayudan! Entonces, ¿cómo saber? Cada lector es distinto.

ESTEPARIO: Estos libros para las personas que son grandes lectores, pero ya no en el ámbito solamente de estos libros sino de lo que tu mencionas que tiene de especialidad la literatura, generalmente catalogan a estos libros como malos, como lo que no se debe leer, lo que no nos sirve… ¿Tú crees que eso sea justificable o no? ¿Por qué?

A mí me da un poquito de risa que de repente hacen juicios sumarios sin haber leído: “Ese libro es una porquería”, “¿Ya lo leíste?”, “¡No!”. A lo mejor sí es una porquería pero ¿cómo lo sabes? O a lo mejor sólo es una porquería para ti, que llevas tantos años leyendo y estás entrenado para leer cosas mucho más difíciles, pero para alguien que apenas comienza a lo mejor es justo lo que necesita. Entonces, pues si se me hace un poco aventurado estar haciendo juicios sumarios. Por otra parte, creo que otro mito es que un libro malo te va llevar a leer libros buenos, o sea, dicen: «Pues es que las chavas que ahorita leen Crepúsculo, mañana leerán Drácula» ¡No es cierto! Se van a leer crepúsculo y después no leerán nada, pero… ¿Quién dijo que el objetivo de toda la gente debe ser leer?

ESTEPARIO: Sobre esto que dices que un ser humano no puede pasar de algo bueno a algo malo o que hay lectores que apenas comienzan, hay otros más avanzados… ¿Cómo crees tú que debería ser el desarrollo de un buen lector? Es decir, ¿crees que de niños hay que darle a leer algo a las personas para que posteriormente sean buenos lectores?

Es un trabajo complejo que no debe ser sólo de los papás o de los maestros, sino de toda la comunidad. Si tú le das un gran libro a un niño, pero a la hora  de dárselo le dices: vete a leer a tu cuarto porque es hora de mi telenovela“. Lo que estás haciendo es castigarlo, no premiarlo. Va a entender que el libro es una obligación. Hay una cosa que me gusta mucho comentar: yo nunca he visto un cartel que diga ¡Juega videojuegos 15 minutos al día! o ¡Come chocolate tres veces a la semana!” Es decir, lo que te gusta hacer no necesitas que te lo pongan en carteles. ¿Por qué te tienen que decir Lee media hora al día? ¿Qué logramos con esas medias horas de lectura?: que la persona piense “qué flojera, me toca leer mi media hora”. Entonces, lo ideal sería que el niño viera que la gente adulta a su alrededor lee, que lo disfruta y que se le dieran libros adecuados a su desarrollo y a su edad; porque además, un niño de siete años que ha leído desde los cinco, está mucho más despierto que un niño de siete años que no ha leído nunca. Entonces, también pensar en eso y que además conforme vaya creciendo se le siga respetando el derecho de leer por gusto, porque la parte más triste es que estamos logrando niños lectores y de repente acaba la adolescencia y les decimos: ya no puedes leer por gusto tienes que ir por las tortillas tienes que hacer esto, tienes que hacer lo otro, y te pones a leer cosas de la escuela y ya…, eso es horrible es como arruinar un trabajo que se logró en los casos que se logró.

ESTEPARIO: Regresándonos un poquito, algo que decías que me llamó mucho la atención sobre Crepúsculo, muchas veces la gente ni siquiera lee estos libros que juzga de por sí como malos… ¿Por qué piensas que hay algunas obras que son más rentables para la industria cinematográfica? Porque yo creo que mucha gente cuando ve una película y piensa que es mala dice pues es que a lo mejor el libro es igual, ¿tú qué piensas?

Yo creo que independientemente de la calidad del libro, hay un montón de factores que se conjuntan para que pasen cosas: si el libro era el favorito del director de cine que está de moda y tiene dinero y decide producirlo, le fue bien; si el editor o al agente literario de ese autor es muy movido y tiene lazos en Hollywood, ya la hicieron; si era un año en que estaba súper de moda hacer películas sobre gente que es vieja y se hace joven, -tú te acuerdas: ‘¡Ay, Benjamin Button!’-, consigue los derechos y ya la hizo. Como que esto tan azaroso… –por otra parte tenemos que en México no hay industria del cine, entonces se pone más complicado el asunto-. Querer hacer una película en Estados Unidos sobre un libro mexicano implica que el libro sea traducido, que les llegue, que haya derechos, entonces está bien complicado. Siempre se corre ese riesgo que dices, que si la película es mala la gente asuma que el libro es malo también, pero siempre queda también la cuestión de que la memoria de los lectores suele ser una memoria más larga que la memoria de los espectadores. Por ejemplo ¿Cuántos Peter Parkers van? Yo odié Alicia en el País de las Maravillas –la de Burton- la odié: me parece una película horrenda. Lo que me queda a mí como buena ondita es que sé que en pocos años van a hacer otra porque los espectadores olvidan y los lectores no, entonces yo soy muy optimista en ese sentido.

ESTEPARIO: Y bueno, sabemos que tú no escribes especialmente para un público, no es tu intención escribir solamente para un público, pero hablando particularmente de tu trayectoria como escritora de literatura infantil, es decir para niños, para adolescentes, ¿Qué temáticas son las que definen tu obra y de dónde surgen? ¿Por qué tu interés para escribir especialmente para este público, niños y adolescentes?

Pues mira, curiosamente no tenía un interés especifico en escribir para niños y adolescentes, se dio. Lo que tengo es un interés muy marcado en el humor y en la maravilla de lo cotidiano: esos son los temas que a mí me encantan. Me gusta hacer reír a la gente, me gusta que lo que escribo tenga ese tono ligero, chacotero, buena ondita, y me gusta mucho pensar que en cada cosa que hacemos puede haber una sorpresa, una maravilla, algo esperándonos. La gente que dice: «mi vida es aburrida» a mí me parece muy triste, digo: caray estás esperando el micro imagínate que en lugar de llegar el microbús, no sé… bueno, a mí me pasó una vez: me subo a un microbús que según iba para la casa de mi papá, me equivoqué de micro, llego y me dicen «aquí baja», bajo y había un arco que decía Bienvenido a Zacatitlán, y yo: ‘¿Dónde estoy?’, busco en las bolsas y traía tres pesos, era todo lo que tenía. Dices, ¡Wow! aquí empieza una aventura. Ese tipo de cosas a mí me gustan mucho y me gusta mucho a partir de las cosas reales, hacer lo fantástico. ¿Qué hubiera pasado si…? La vida solita como que es medio sosa, entonces a partir de estas historias darle otra cosa… Casualmente es un tono que gusta mucho para la literatura infantil y juvenil, entonces pues ahí me quedé -o por lo menos ahí he estado últimamente-, y lo que me encanta es que los niños y los adolescentes son lectores muy exigentes; me siento constantemente retada, también me siento cuestionada, así de repente una chavita me escribe por Facebook: «oye no me gustó que en tu libro hablen mal de Green Day porque es mi banda favorita», le digo: oye, a mí también me gusta mucho, pero a la personaja no le gusta y no la podemos obligar. Pero yo digo ‘¡qué chido!’, te enteras de que te están leyendo, se hace un diálogo… Eso está muy bonito.

ESTEPARIO: ¿Qué influencia tiene el contexto social actual en lo que escribes?

Yo creo que uno no se puede sustraer de lo que está pasando en el mundo, nunca. Creo que es más lo que tienes que hacer de esfuerzo para sustraerte, que para admitir que está ahí; pero también creo que un peligro que se corre cuando se está muy consciente de esas cosas es que te vuelvas un panfleto, y yo no quiero volverme un panfleto. Temo que si escribes justo de lo que está pasando en este momento, dentro de seis meses ya no se entienda; entonces yo podría escribir ahorita –rápido, rápido- una novela sobre el hijo del chapo para niños: ‘Mi papá estaba en la cárcel, pero ya regreso…’ y que padre, y a lo mejor sí, la escribo hoy en una sentada, mañana se la vendo a una editorial y por ser el tema de moda, vende y le va re bien. Y en seis meses, en un año, en diez, ¿quién se va a acordar de esto? Creo que no vale mucho la pena.

Con todo, hay temas que para mí son muy importantes y que trato de tocar todo el tiempo, sobre todo los que tienen que ver –y creo que son temas sociales de mucha importancia también entre nosotros- la equidad de género, la tolerancia a la diferencia, para mí eso es vital: que el niño o el adolescente lector vea que puede haber un personaje gay sin que diga «Ay, mira, el gay» o sea, se llama Pedro, y da la casualidad que entre sus 20 características, una es que es gay. Yo peleo mucho por esa parte de que vayamos alcanzando nuevos lugares de igualdad, donde haya chavas protagonistas, donde las mujeres no estén supeditadas a los hombres, donde no sea el rol: Tiene que cocinar porque es la niña, y creo que esa es mi trinchera. Creo que además agregarle deuda externa y banco mundial sería un poco aventurado; pero si hiciera falta para una historia lo metería, claro.

ESTEPARIO: Si tú tuvieras que decir qué tipo de textos son recomendables para que un lector los tome en cuenta en su vida cotidiana, es decir, de cualquier edad: un niño, un adolescente, un adulto, ¿qué textos recomendarías?

Yo creo que depende mucho. A mí me gusta pensar en los lectores como… Cuando recomiendas libros eres como un sastre y tienes que tomarle la medida a la persona: «A ver, ¿cómo qué tipo de historias te gustan? ¿Te gustan los finales tristes o felices? ¿Te interesan las historias de piratas o de zombies? ¿Eres cursi-romántico-empedernido o eres cinicón?», para a partir de ahí poder recomendar, porque los textos que a mí me fascinan, estoy consciente que otra persona los puede leer y decir: «Mñeh… Pues eso le gusta a Raquel, qué padre». Yo, lo que sí recomendaría sería por ejemplo leer a Jorge Ibargüengoitia, seas cínico o seas más del tipo chacotero. Creo que con el paso de los años lo que hace Ibargüengoitia se ha vuelto al mismo tiempo histórico sin dejar de ser literario, es muy divertido pero al mismo tiempo te deja ahí como la angustia existencial de: ‘Chin: las cosas que pasaban y pasan’. Y sí, se lo daría a leer desde chavitos de fines de la primaria hasta mi abuelita.

ESTEPARIO: En lo personal, ¿tú te recomendarías? Es decir, ¿cómo te sientes como escritora? ¿Qué perspectivas tienes a futuro?

Se trata de cosa muy distintas. Por un lado mi satisfacción personal, que es algo muy íntimo. Soy una persona creyente, no religiosa. Hay una parte de la Biblia, en Lucas,  que me gusta mucho, cuando a la virgen María le dicen que va a tener un hijo y ella responde que se guarda esas cosas en su corazón. Para mí , ese “te guardas las cosas en tu corazón” es bien importante: lo realmente importante me lo guardo en mi corazón. Y por otra parte está la cuestión de la autopromoción y todo eso que a mí se me hace de muy mal gusto. Si alguien me dijera Oye, recomiéndame una autora para chavos, yo no le diría. Ay, yo, yo, yo, prefiero que sean los lectores los que me recomienden en caso dado. Y cuando alguien me dice: Oye, leí tu libro y me encantó, me lo guardo en el corazón y digo:”Ay, qué chingón”; es algo que a lo mejor no está del todo bien, porque también he visto como hay gente que hace de la autopromoción una maestría y de repente dices: “¿Ese se va a Londres? ¿Ese que tiene medio libro publicado, en serio?. Bueno, con medio libro supo hacer relaciones públicas… En fin, aunque suena a lugar común, la única persona con la que compito es conmigo misma. Cada que escribo hago mi mejor esfuerzo. No creo poque haya que competir con los otros autores; si Mónica Brozon vive de escribir y publica 4 libros al año y tiene 100,000 lectores, a mí me encanta la idea porque me encanta que los chavos lean y me encanta lo que escribe Mónica, pero yo no compito con ella; mi competencia es que en este párrafo donde estoy tratando de que el personaje hable de que se siente triste y solo, cuando lo leas digas Ah, sí, se siente triste y solo” y no que digas Ah, Raquel quería que el personaje parezca que se siente triste y solo. Además, tengo cuatro libros publicados, se me hace muy pronto para hablar de trayectoria, consistencia o de una voz propia, creo que habrá que esperar y dejar que el tiempo vaya haciendo el juicio correspondiente. Mientras, tengo bien claro que si me dan a escoger entre entregar un libro escrito de un maquinazo y que me lo paguen muy bien, o entregarlo dentro de seis meses bien escrito aunque no me paguen, pues me voy por la segunda. No voy a ser rica nunca, ya sé, ¿pero qué le hacemos? Yo diría: habrá quien me lea, le guste y me recomiende, y habrá quien me lea y diga: ¿y esta cosa esperpantosa, horrenda, qué es? Y no lo tomaría a mal… Pero que no me lo digan en mi cara porque lloro.

ESTEPARIO: Pienso que deben haber ciertas dificultades en esta labor de escribir ¿Qué otras barreras además de ti misma, como decías, has experimentado o tenido?

Creo que la única barrera que yo he tenido ha sido mi propio miedo. Va sonar medio sangrón que lo diga así pero de verdad, con el primer libro del que les platicaba que dije: ‘bueno ahora hay que escribir y terminar y ver qué pasa.’, lo metí al premio Gran Angular, se ganó el premio y lo publicaron a los cuatro meses. Y ahí anda el libro pululando y yo estoy muy satisfecha con eso, muy contenta. Después de eso, los siguientes libros que he escrito en general pues lo que ha pasado más bien es que hay un editor diciéndome: « ¿ya mero?, ¿ya?, ¿te apuras?, ¿cuándo sale?», y no que yo esté buscando una editorial que me publique. Sé que he tenido buena suerte en ese sentido -que no es lo más usual-, estoy muy emocionada por eso y muy agradecida porque sé que no es sencillo; pero, por ejemplo, estos editores nunca me han dicho: «quita tu personaje gay o métele sexo o ‘sácale sexo o quítale palabrotas o métele más»… En general creo que no he tenido esos problemas.

El otro obstáculo que se relaciona mucho con el primero pues es que yo no vivo de esto, entonces tengo que hacer otras cosas para sacar la lana con la que se compran las croquetas de los gatos, y de lo que sobra de las croquetas pues algo para uno; es un poco como tener una doble vida: eres Bruce Banner y Hulk… ¡y sacarle tiempos a la escritura porque tienes que hacer otras cosas también!; por suerte las otras cosas que hago también me gustan mucho, entonces no es tan doloroso. Creo que el mayor problema de la mayor parte de los escritores es ese miedo; de repente tengo amigos que se quejan de que: ay, es que no me publican’, y les digo: ‘-a ver, imagínate: soy un agente, voy a ir a ver mañana al editor de Anagrama y ya me prometió que va a publicar los tres textos que yo le lleve, dame tu manuscrito. -no tengo…’ ¡Güey! De veras, empieza a quejarte de que no te hacen caso las editoriales cuando tengas el libro terminado, ¡no te brinques pasos! Creo que eso pasa mucho o que de repente te dicen: «oye, no sabes poner comas» y uno en vez de buscar un manual y ponerse a aprender a poner comas: ‘Es que no entienden mi arte’ y te enojas y guardas tu libro y ya no quieres volver a ver editores. Como que en general el enemigo es uno mismo.

ESTEPARIO: Si habláramos de un ideal del papel de la literatura en nuestros días, tanto para lectores como para escritores como para la gente que no lee jamás, ¿Cómo sería para ti el ideal de la literatura?

El ideal de la literatura sería algo que le hable a cada lector, que tuviera… Imagínate un libro maravilloso que persona que lo abriera encontrara algo que le hable directamente y que le conmueva; que no importa si has leído poquito o si llevas años y años leyendo y ahora solamente lees a los alemanes porque lo demás no te llena. Que encontraras este libro y al abrirlo dijeras: « ¡Ah!» Pero yo creo que sí tenemos una cosa así: es el Libro de la imaginación de Edmundo Valadés; yo diría que ese libro tiene por ahí un textito para cada lector sin importar su nivel de experiencia lectora o su preparación. El ideal sería además que como lectores no estuviéramos esperando que nos haga mejores personas, que nos resuelva la vida o que nos dé herramientas para ser más productivos, sino que de veras nos dejáramos embelesar.

ESTEPARIO: ¿Qué relación crees tú que tenga la literatura con la educación formal en cualquier ámbito? Es decir, hay gente que se dedica especialmente al estudio de la literatura, pero por otra parte hay personas que se dedican al ámbito de las ciencias y jamás tocan textos de literatura.

Yo la verdad —y a lo mejor es una postura un poco impopular— creo que la literatura es una de las muchas herramientas que puede haber. A lo mejor tienes un ingeniero que no lee, pero que va a la ópera; o que escucha música de cámara; o que cuando ve los cuadros de Remedios Varo se pone a llorar. Para mí eso está bien, pues el chiste del arte es que te conmueva. El problema que tenemos es que haya generaciones enteras de gente que no se conmueve por nada; si es la literatura lo que los logra conmover, qué padre –porque además es lo que a mí me gusta- pero si en vez de la literatura fuera el performance, el ballet… ¿Qué sé yo?; dudo mucho que sea el reggaetón, la verdad. Lo dudo. Pero, suponte que hubiera un reggaetón sublime… -aunque sí he visto de repente videos de chavas que bailan reggaetón y que dices: «wow con esta chava, ve que dominio del cuerpo»; -no sé si toda la gente que vea los videos piensa en el dominio del cuerpo, pero bueno…-. Volvemos a lo de hace rato, si tú le impones al ingeniero, al médico, al estudiante de matemáticas: ‘tienes que leer porque eso es lo que te va a hacer mejor persona’, el subtitulo es: eres mala persona. ¡Lo estás insultando! Mejor dile: «eres humano, tiene que haber algo que te conmueva, encuéntralo, explóralo». A lo mejor son las fotos de gatitos, pues bueno, cada quién, ¿no?

ESTEPARIO: Para terminar con esta entrevista quisiéramos preguntarte: A lo largo de la historia ha habido generaciones de escritores, épocas que se marcan por alguna brecha en la literatura. ¿Crees tú que actualmente haya una generación de escritores, gente que esté marcando una época para la literatura?

Yo siento que sobre todo a partir de la explosión de internet, no podemos ver las líneas como líneas temporales. Por ejemplo, las afinidades ya no se dan por el año en que naciste, sino más bien por el tipo de cosas que lees, que escuchas, que ves, que oyes. De repente lees un libro de un autor que vive en Nueva Zelanda, pero porque lo viste en una revista web es fácil llegar a él para ti; en cambio al escritor que está al lado de ti no lo has leído porque no está en internet, sino en libro y te da flojera comprarlo. Además estamos muy pegados en el tiempo, necesitaríamos que pasaran unos treinta años para poder ver quiénes de los que están escribiendo ahorita siguen escribiendo, y luego cuáles de esos libros siguen en la mente de los lectores, de los críticos, de quien tenga que leer. Yo me acuerdo mucho, en la casa de mi papá teníamos libros de Luis Spota. ¿Quién es Luis Spota? Era famosísimo, era popularísimo; se murió y se acabó, y si le hubiéramos preguntado a gente de ese momento, ¿qué autores crees que van a perdurar?, seguro te decían que Spota. Entonces, se me hace muy interesante esa parte. Es soberbio pretender aquí y ahora quiénes van a llegar a, porque además, ¿qué tal que cae un meteorito y nos borra a todos?, que ahorita que están tomándole fotos a Plutón, despierta un plutoniano y nos manda un arma nuclear. Se me hace un poco ocioso estar tratando de ver eso; yo creo que las generaciones se están haciendo ya más transversales y en lugar de ser los nacidos entre el 70 y el 75 o entre el 70 y el 80 o lo que sea, va a ser más bien los autores que exploraron la literatura wierd, los que están haciendo minificción en Twitter, los que se reunían en un café los viernes en la tarde y se revisaban sus textos y se publicaban entre ellos… (Bola de mafiosos). Quién sabe cómo vaya a ser.