Revista Iboga. El programa de TV que sexualizó a estas niñas

Revista Iboga

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EN LA antigua África, los pueblos utilizaban la tabernanthe iboga para sus rituales mágicos y místicos. Con un pasón de la planta, podían ver a sus ancestros y llegar a nirvanas inimaginables. Ya en nuestro mundo moderno, se utiliza para curar a los adictos de sus terribles padecimientos. Iboga es adictiva, irreverente, psicodélica… la revista de arte y cultura pop a la que le vale el lenguaje educado y correcto. Menos importan los términos ñoños, especializados o técnicos, queremos que todo sea peladito y en la boca: fácil de entender, divertido y que nos deje con un buen sabor de lengua.


El programa de TV que sexualizó a estas niñas

por Ilse Castillo

¿HAS VISTO el programa Dance Moms? La verdad, es que si hay algo que reconocerle, es que las niñas tiene mucho talento y bailan increíble. Sin embargo, este tipo de programas -a parte de que las que se llevan el show son las mamás entre chismes y diretes- deja mucho que desear, ya que es claro que estas adorables bailarinas pierden más que la infancia, extravían un sueño que para colmo ni es suyo, sino el frustrado “hubiera” de sus madres que ven hacia la sexualización de sus cuerpos como entrada segura al éxito.

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Es real, aunque por mucho tengan doce años, las pubertas usan ropa más ajustada y más maquillaje que yo. Y no es que me asuste, porque en esta cochina vida se ve de todo; pero estas niñitas por muy talentosas, merecen respeto. Pareciera que la letanía diaria de los derechos de los niños y las niñas -como si no bastara la segregación lingüística en tan aferrado documento- quedó ahogado en el grito de la masas y del rating. Seamos sinceros, ¿no creen que detrás de algunas pantallas de televisión, no hay hombres -perversos unos, asquerosos otros y trajeados y normalones muchos- queriendo arrancarles la ropa para ver el cuerpo púber de las jovencitas que bañadas en polvo traslúcido y en bronceador de lata se contenean por el escenario?, y es que aunque suene horrible y para muchos sea tabú, esto es exactamente lo que está sucediendo en la televisión de paga. Ah, pero en sus ediciones para la cobertura abierta, como Pequeños Gigantes o Princesitas, no están exentos de culpa: menos producidos, pero con el mismo trato, llevan a las niñas como bolas de cañón para los ojos pederastas del prime time de los fines de semana.

Piénsalo bien, niñas de 12 años vestidas como mujeres carece de toda coherencia. Las etapas que se ven brincadas por el éxito inmediato y el proceso -díganmelo a mí que soy mujer- tan nada fácil de la adolescencia no deja lugar a la duda sobre por qué acaban perdiendo el suelo. No predigo las cosas, pero hemos visto casos claros, donde los niños no pueden con la fama y terminan en el consumo de drogas o con 40 mil operaciones antes de los 25. ¿Les suena, verdad?

Por supuesto que el futuro de aquellas niñas es incierto, pero  es claro que la aparente normalidad del programa está tan pintada como sus rostros nerviosos.  La realidad apunta a los puños y las mandíbulas apretujadas de las madres, que ven en la fama de sus hijas la exégesis de su frustración. Si lo principal es el baile, entonces la maroma y el teatro son nada mas  una cortina para que las señoras echen chisme y se tiren a matar capítulo a capítulo.

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