Diálogos de la vejez

José Luis Mejía Méndez
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Pero nosotros, carne envejecida
[…], nos quedamos atrás[…]
¿Qué es un viejo sino árbol sin frondas? […]
Es como un sueño diurno que camina
ESQUILO, Agamenón

 I

Si hoy por fin terminara,
cayera el último grano de arena;
si se abriera un surco rojo accidental
en esta piel llena de surcos;
si bajo este negro cielo en que se oculta la luna,
  sobre este césped ya seco y entre este
viento yo muriera ¿qué dejaría en esta tierra
de males fecundos?
                ¿Lágrimas de quién?

Mis memorias morirían conmigo, mi pasado.

¿Cuántas risas he sembrado?

Una vela más se apaga y otras muchas refulgen
             por vez primera.

La vida es un experimento; si hoy muriera,
moriría ignorante.

He vivido tanto
               y no sé nada de la vida.

Sólo sé que si hoy muriera,
                 mañana seguiría siendo otoño.

II

La gente está llena de sueños e ilusiones
todo el día lo gasta en el mañana en planes

La gente está llena de temores
le aterra no cumplir sus sueños
ya no siente el viento
ni mira el mecer del follaje pensando
en otros vientos
                                        otras hojas

La gente vive en sueños de un porvenir imposible
             no sabe que la vida es morir mil veces

III

El viejo agonizante recuerda sus miles de ayeres.
Medita acerca de las decisiones ya inmutables
que tomó.

Mira cientos de rostros de gente a la que nunca
conoció, casi está seguro de ello.

El viejo toma la cuchara que tiembla en sus
manos antes de caer

—Ay, papá, te dije que no comieras solo.

El viejo se detiene, se levanta e intenta
caminar, lo toman de la mano y
se da cuenta:

             Se irá del mundo igual, como llegó:
                         la realidad lo supera, no sabe
                              nada del mundo
                                               y no puede sostener
                                                             una cuchara.

IV

Tu vida la viviste entre clamores
            calurosos, de enojo y pasiones.
Sentiste tanto y tan fuerte.

La nieve en tu cabeza trajo
la calma        el declive                  el frío,
el dios en tu cabeza decidió ayudarte,
enfriarte en tu cansancio con un
invierno eterno en tus cabellos,
sin tormentas;
            pero con él vinieron grietas
y soledad
                       en un pasado perpetuo
en los recuerdos en que mueres.

Tus gotas
            testigos del dolor de saberte
                       perdido
se atoran ya en los surcos
            de tu piel, red de ríos infinita.

Jamás tendrás el placer de ver cómo
   una lágrima cae de tu rostro al suelo
                                                                 otra vez.

     Entonces llega la lluvia.

V

La vejez es instante escurridizo, lucidez,
es recuerdos difusos de ayeres que tal vez
nunca se dieron, nunca cedieron,
la vejez es lágrimas apenas
que caen a penas,
que se vuelven presa en las cárceles
de cuencos en una piel antes vacía.

La vejez es parásito habitando un cuerpo añejo,
y el viejo,
el viejo es ráfaga de viento, apenas polvo,
es otoño pasajero,
es una vida larga ya inasible.

Es como un sueño diurno que camina.