Educar es no alienar

Gerardo Chávez Balderas
Facultad de Derecho, UNAM

ALIENARSE ES hacerse extraño al entorno, a aquello que está cerca de uno y que no necesariamente tiene un sentido material. Me alieno cuando no quiero ver o percibir, cuando destierro de mi mente las imágenes de quienes sufren y las remplazo por imágenes que muestran mi felicidad. Pero también hay un grado de alienación que escapa a mi voluntad, uno que se yergue detrás de mí y del cual debo temer más. ¿De dónde proviene este grado de alienación? Yo como humano dado en el mundo con una existencia finita, infinitamente pequeño ¡Cuántas cosas me son extrañas! Mi ignorancia es mi tragedia, pues soy un humano que ignora más de lo que sabe. Mi mente compuesta de una dimensión temporal carece de espacialidad e intenta suplir con esfuerzos esta carencia, la imaginación, la memoria, el inconsciente ¿no serán intrincadas elaboraciones para intentar suplir el espacio que no tienen mis pensamientos? Al recordar algo lo miro de frente y al mismo tiempo hay algo detrás que olvido. Sin embargo, la esperanza aún no decae, pues el ser humano inventó el lenguaje y pareciera que con él quiere estrechar la brecha de su ignorancia.

Estar alienado produce consecuencias negativas para el ser humano es fácil deducir estas consecuencias, pues ¿cómo no poder recordar algún momento en que nuestra ignorancia nos jugó mal? Infinitud de problemas a los que intentamos dar solución y cuando arribamos a puerto seguro podemos ya divisar una tormenta. La forma más grave de alienación se presenta cuando no puedo mirarla, carezco de conceptos para expresarla, es un gran mar oscuro que mi pensamiento no alcanza a contemplar. ¿Cuántos problemas no habrían sido resueltos si antes pudiéramos haberlos contemplado? La ignorancia lleva al ser humano a inventar mecanismos para reducirla: la religión, la ciencia, la adivinación pueden entrar en el mismo costal. La constante es la repulsión del ser humano por la incertidumbre, sin embargo, a veces ni siquiera sabemos que nos encontramos en ella.

SOBREVIVIR

Nietzsche en el Estado griego habla mal sobre el trabajo, pues este constriñe a mantenerse en la sobrevivencia y el arte no puede existir allí donde se lucha por la existencia. El arte es una fase posterior en el ser humano, en la cual éste puede dedicarse a conocer su interioridad, a responder aquellas preguntas que no lo hacen sobrevivir, sino vivir. El trabajo por sí mismo es un perpetuo recordatorio de que el humano no es un dios, es un mortal que lucha por su existencia día a día, ésta lucha que nos mantiene en la perpetua incertidumbre. La gran masa de trabajadores genera un excedente que es aprovechado por algunos en la sociedad, ellos con tiempo de más, pues no necesitan luchar por su existencia, pueden dedicarse a vivir su humanidad y no su animalidad. Todo ser vivo lucha por subsistir, pero no cualquiera hace arte, ciencia y filosofía. La expresión última de lo humano se encuentra en aquellas disciplinas en las que el trabajo ha dejado de ser necesario, pues sólo expresan lo que nos diferencia de otros seres vivos.

Con el tiempo, las sociedades industrializadas y tecnológicamente superiores han requerido inventar más necesidades. Su sistema económico depende del consumo, depende de aprovechar la necesidad del hombre por sobrevivir, un interés que va más allá del gusto, que se relaciona con el dolor y el sufrimiento y el principio del placer occidental que busca expulsarlo de la experiencia humana. A mayor cantidad de población es necesario más producción y también más necesidades. La invención de más necesidades genera nuevos mercados y nuevos mercados es la posibilidad de más ricos y más consumo. Las personas con posibilidades económicas superiores pueden depositar la necesidad de supervivencia en aquellos que consideran inferiores, y así transferir la incertidumbre que los acercan a las bestias que, al igual que ellos, sólo sobreviven. La cultura de la sociedad occidental ha fijado como meta el conseguir estar desligado de esta necesidad. La riqueza se desea por la comodidad que produce, el trabajo se detesta por la incomodidad y la reducción de la experiencia humana a lo más básico de su ser, negando cualquier intento por sobresalir.

Podemos hablar de alienación en el sentido de que el trabajador no sabe las consecuencias de su trabajo y podemos decir que hay más personas que lo conocen, pero el razonamiento fallaría al asegurar lo segundo porque en última instancia ¿quién conoce todas las consecuencias de sus actos? Este problema está relacionado con la previsión del futuro, sin embargo, el futuro es inexistente. No es posible prever lo inexistente. Problema aparte es saber el grado de control y conocimiento que se tiene sobre las consecuencias del trabajo. Algún trabajador podrá saber que la consecuencia más inmediata es sobrevivir, tener suficiente dinero como para pagar sus necesidades diarias. Otro trabajador podrá administrar el trabajo de los demás y saber cómo éste forma parte de un todo más grande. La cadena puede continuar y a quién llegaremos ¿a los estadistas?, ¿al gobierno?, ¿a los grandes industriales? ¿Podrá alguno de ellos saber en su totalidad qué ocurre? Tal vez ni siquiera lo desean, pero quién sí lo desea, pues se dedica a ello o así lo pretenden, son los científicos.

La supuesta pretensión científica de conseguir la verdad y de usar métodos objetivos para alcanzarla, asegura que el científico es una persona dedicada a la comprensión. Ellos deberían ser los menos alienados de la sociedad, pero ejemplos sobran de lo contrario. El mundo ha sido dividido para su estudio en diversas ciencias, cada una como rey de un reino goza de autonomía para estudiar su objeto, mas el mundo no está dividido, en la vida cotidiana todo interactúa entre sí. La división de las ciencias genera un aumento en la extensión, pero no en la comprensión del mundo: esto genera incertidumbre al momento de plantearnos cómo funciona, incertidumbre que no se acaba solamente al aumentar los conocimientos sobre objetos sin importancia. Los estudios científicos, en la actualidad, se hacen para cumplir una cuota de investigación o para desarrollar nuevos mercados que generarán más ganancia y el científico que desarrolla su actividad por amor a la humanidad sólo recibe una gratificación individual; su esfuerzo se diluye en un sistema en el que su intención no tiene lugar. Los científicos que desarrollan su actividad pensando en alcanzar la verdad son los más ingenuos, pues no alcanzan a comprender las consecuencias de sus acciones. Ellos también están alienados.

ALGÚN RESPONSABLE: LA COMPLEJIDAD

Si no son los políticos, los científicos o las personas en general que incluye, comerciantes, profesionistas, técnicos, empleados y cualquier otro que viva en la sociedad, ¿quién no está alienado? En realidad no hay nadie que no lo esté, hay grados de certeza, pero pleno conocimiento, no. Por otro lado, la incertidumbre en la que nos encontramos sí tiene beneficios para alguien. El científico se beneficia del grado de alienación del técnico; el técnico, del ignorante que necesita sus servicios y así en diferentes momentos el más alienado es el más explotado: preservar los grados de alienación es necesario para preservar un modelo económico que se beneficia de ello. Pero el responsable de que la alienación exista es la complejidad: la alienación que produce el trabajo no se debe a la división del mismo, sino a la complejidad del sistema en el que se encuentra. Un ser gigante e invisible que a cada momento nos sale al paso y nos pregunta enigmas. La ironía está en que no usa lenguaje para preguntar y ni siquiera le importa si contestamos, somos nosotros los que queremos explicarnos sin saber que ya somos parte de él.

La complejidad es más grande que el ser humano que es finito y a éste no le gusta la incertidumbre que genera. El lenguaje intenta reducir por completo la complejidad y en su intento por alcanzarla se hace complejo así mismo. Es una particularidad del ser humano el intentarlo y su mayor arma, pero hemos fracasado, pues cada vez nos encontramos con más problemas y cualquier solución ha acarreado unos cuantos cientos más. Tal vez llegue el momento en que un ser vivo diferente desarrolle capacidades que le permitan sobrellevar la complejidad, nosotros, hasta ahora, no. Nuestra mejor arma fracasó cuando debió estudiarse a sí misma.

A la complejidad se le han dado varios nombres: entropía, imposibilidad, infinitud, inconmensurabilidad y en la lucha del ser humano contra ellos ha generado conceptos, elementos del lenguaje, grandes armas para partirla en pedazos. El propio hombre al formar parte del mundo es un factor más de la complejidad y su actividad necesita ser pensada, sin embargo, por más pensada que ésta sea, la propia actividad de pensar también necesita pensarse, ¿será posible caer en una reducción al absurdo?, ¿tendremos que inventar otro motor inmóvil? La complejidad es un río que puede desbordarse en cualquier momento y contra el cual no es posible construir un dique e incluso ni siquiera es un río: es un océano. El mundo actual está siendo rebasado por la complejidad y los problemas cada vez necesitan más esfuerzos sólo para ser comprendidos.

LA EDUCACIÓN COMO NUEVA ARMA

Nos es imposible deshacernos de la alienación, pero puede ser disminuida y una herramienta al alcance de nuestras sociedades es la educación. Sin embargo, la educación estatal no está respondiendo a las necesidades de nuestra sociedad, las grandes instituciones que garantizan nuestro acceso a la educación tienen una óptica errada. No deberíamos ser educados para saber, sino para no ser ajenos al mundo que nos rodea. La línea que sigue la educación actual sólo persigue preparar a las personas para su ingreso al campo laboral, las nuevas formas de titulación buscan egresar mayor cantidad de personas que contribuyan al crecimiento económico del país. Esto supone que el principal beneficio para la sociedad es el crecimiento económico y en aras de este objetivo estamos sacrificando la educación de las nuevas generaciones. Ciertamente no sería mala idea el crecimiento económico si pudiera demostrarse que es lo mejor para la sociedad, pero los actuales gobernantes siguen los consejos de los economistas que recomiendan mantener la economía en buena forma para vivir mejor. Esta “máxima”, “proposición social”, se mantiene como suprema y en orden a ella se toman todas las decisiones respecto a la educación. No es de extrañarse que la educación se encuentre subordinada a la economía cuando culturalmente el más alto valor se ha ostentado como “el sueño americano”. La población vive para consumir, para comprar el último celular o el automóvil que les dará estatus en su colonia: no es de extrañar que la educación pretenda servir a esos intereses.

La educación es un instrumento más, la manera en que “las sociedades se reproducen”, siempre está subordinada a aquello que la sociedad quiera lograr. Por sí misma no cambiará nada y menos con la orientación incorrecta, en realidad, la educación cambia cuando la sociedad cambia y no al revés. Pero existe una manera en que la educación puede, de manera indirecta, convertirse en la “herramienta” para generar un cambio en la sociedad: disminuyendo la alienación. Ésta sería la mejor forma de sí, pues la población comenzaría a dejar de ser apática frente a su entorno. Al despertar a las personas de su letargo la educación puede sentar las bases para generar nuevas soluciones. En cada etapa educativa lo ideal sería que se enseñe a alienarse menos, jamás podrá conseguirse desaparecer la alienación, pero los estudiantes menos alienados de su mundo tienen el poder para transformarlo.

El ser humano es una boya que se mece en un mar embravecido y a la distancia, de vez en cuando, se alcanza a ver la luz de un faro. Se siente reconfortado cuando ve la luz, sólo para que desaparezca momentos después, a veces lejos; a veces distante. Kant intentó asegurar el faro, acabar con las discusiones, intentó encontrar un método seguro para encontrar su luz; el fracaso llegó cuando el peso, la complejidad, del mundo se impuso sobre sus ideas. Él se encontraba alienado de las opiniones posteriores como ahora yo me encuentro y los pensadores después de él demostraron que ese faro es más difícil de sostener de lo que se pensó. ¿La educación podría ayudar a calmar las aguas?