La educación socialista y la UNAM: Polémica Caso-Lombardo

Ciudad Universitaria, década de 1960.
Carlos Erasmo Rodríguez Ramos
Facultad de Derecho, UNAM

Introducción: un viejo problema y una vieja solución

ES COMÚN que donde sea que se discutan las problemáticas del país o del mundo, tarde o temprano se termine hablando de educación. En una charla entre amigos, en el salón de clases o incluso en grandes debates, suele aparecer como el viejo gran problema y como la vieja gran solución. Así, la solución de todos los problemas parece reducirse a una sola cuestión: debemos reformar la educación.

Aunque muchos coinciden en que la educación debe reformarse, muy pocos coinciden en la forma en la que debe ser reformada. En una época como la nuestra, donde es recurrente la idea de que los modelos establecidos ya están agotados, un sector de la población ve la única alternativa posible en el establecimiento de lo que han dado en llamar “educación socialista”.

Para no entrar en dificultades sobre lo que esta expresión puede significar, aquí entenderemos el término como aquella educación tendiente a generar una sociedad sin clases y que se sustenta sobre los postulados del pensamiento de Marx y Engels.

En una sociedad tan desigual como la mexicana, no resulta sorprendente que quienes proponen esto señalen que la UNAM, baluarte de la educación pública, debe implementar este modelo. Lo que no saben es que ya ha habido un intento de implementar ese modelo en nuestra Universidad y esto desembocó en la famosa polémica entre Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano.

Es mi intención en este breve artículo arrojar un poco de luz sobre la noción de “educación socialista” explorando el intento mexicano de implantarla y refiriendo brevemente el caso de la educación en la Unión Soviética.

Contexto: Cárdenas y la reforma al tercero constitucional

Al finalizar la Revolución Mexicana, los caudillos vencedores buscaron, por razones sobre todo políticas, explicaciones de esta cruenta guerra civil que les permitieran legitimarse en el poder. Así, encontrados a las dos concepciones más importantes de la revolución: la concepción sonorense representada por Calles, centrada en el progreso económico promovido por el Estado, orientada hacia la propiedad privada, antirreligiosa y simpatizante, hasta cierto punto, del fascismo; y la concepción cardenista centrada en la justicia social tutelada por el Estado, orientada hacia la propiedad colectiva, inclinada a adoptar dogmas socialistas y simpatizante, en no pocas cosas, del comunismo.[1]

Es bien sabido cual concepción triunfó: Cárdenas, respaldado por importantes sectores de la sociedad que veían la solución a todos los problemas en las doctrinas marxistas ampliamente difundidas al terminar la revolución por grupos como la Casa del Obrero Mundial, no dejó ni siquiera que el Jefe Máximo de la Revolución se cambiara el pijama y lo montó en el avión que lo sacaría del país.

Lombardo Toledano; a su derecha, Lázaro Cárdenas.
Lombardo Toledano; a su derecha, Lázaro Cárdenas.

Con esta maniobra, maniobra, que rompió con el viejo esquema de quitar al enemigo político de en medio bañándolo con plomo, Cárdenas despejó el camino para seguir el proyecto que desde el primer día de su mandato había comenzado: el establecimiento de políticas moderadamente socialistas. Entre éstas se encuentra, además de la agrupación de las masas obreras bajo el mando de la CTM, maniobra precursora de la maquinaria electoral del PRI, la famosa reforma al artículo 3º constitucional expedida el 13 de diciembre de 1934.[1] Con esta reforma, el primer párrafo del precepto constitucional queda como sigue:

La educación que imparta el Estado será socialista y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para la cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social.

Esta reforma, que sólo sobrevivió en el régimen de Cárdenas, fue motivo de muchas críticas de parte de los sectores moderados y conservadores de la sociedad y pretendía ser el fundamento constitucional de una de las aspiraciones del mandatario: la transformación de la institución burguesa conocida como UNAM.

El intento mexicano. Polémica Caso-Lombardo: la libertad de cátedra contra el materialismo histórico

En medio de este torbellino ideológico, muchos académicos empezaron a preguntarse cuál era el papel que las Universidades debían desempeñar. Estas inquietudes se manifestaron en el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos con el establecimiento de la mesa de trabajo sobre la “Posición ideológica de la Universidad frente a los problemas sociales del momento. Importancia social de la Universidad en el momento actual”.[2]

El Congreso, que estaba formado por académicos de numerosas universidades del país, buscaba discutir temas de importancia para estas instituciones y fue en su seno donde dio inicio la polémica entre Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano.

Como era de esperarse, los integrantes de la mesa de trabajo proponían que se debía implementar a nivel nacional un sistema de educación socialista que educara y condujera a la sociedad a “la sustitución del régimen capitalista por uno que socialice los instrumentos y los medios de producción económica”.[3]

En las conclusiones del congreso también se plasmó que la historia sería enseñada como la evolución de las instituciones dando preferencia al factor económico. Por otro lado, la ética debía ser enseñada como una norma de conducta individual que sirviera al advenimiento de una sociedad sin clases.

Formuladas las conclusiones, se dio la palabra a quienes quisieran hacer observaciones. De todos ellos, el único que se opuso a esos postulados fue Antonio Caso, cuestionando seriamente las conclusiones.

Para Caso, la universidad es una institución de vital importancia para la difusión cultural, la docencia y la investigación. Por esto, consideraba peligroso que la universidad adoptara como propia determinada postura ideológica, científica y filosófica. Si la Universidad llegara a hacerlo, la difusión cultural se convertiría en propaganda, la educación en adoctrinamiento y la investigación, privada del aire de la libertad que le es tan necesario, se convertiría en otra cosa. Así, era necesario mantener por sobre todas las cosas la idea de la libertad en la difusión, en la docencia y en la investigación. En esta última sobre todo, para evitar ignorar puntos de vista que pueden resultar útiles y no encasillar la investigación en el estrecho molde de doctrinas que también pueden resultar falibles.

Vicente Lombardo Toledano, miembro de la mesa y entonces director general de la Escuela Nacional Preparatoria, responde a Caso en defensa de las conclusiones del congreso. Para él, México se encuentra en una encrucijada histórica donde el único camino admisible es la modernización y la única modernización que puede garantizar una buena condición de vida a los mexicanos es la sostenida por las doctrinas socialistas, donde el materialismo histórico es la forma adecuada de entender la sociedad para poder cambiarla. Para Lombardo, la libertad de cátedra resultaba indeseable porque dejaba la puerta abierta a enseñanzas anticuadas y superadas que anclaban al mexicano al pasado.[4]

Terminadas las intervenciones, el congreso aprobó por mayoría la propuesta de Lombardo y así parecía que la Universidad estaba a punto de adoptar las políticas socialistas. Hubiera sido de este modo de no ser por los grupos conservadores de la Universidad, encabezados por Manuel Gómez Morín y Rodolfo Brito Foucher, que a través de distintas artimañas lograron la expulsión de Lombardo de la universidad,[5] dando muerte, para bien o para mal, a este intento de implantar el socialismo en nuestra Máxima Casa de Estudios.

Aunque la polémica entre ambos pensadores no terminó ahí, los argumentos esgrimidos posteriormente sólo ampliaban o precisaban los aquí mencionados. Para poder dar la razón a uno de los dos y poder imaginar que posiblemente hubiera pasado, es necesario revisar brevemente el caso de un país que sí adoptó este modelo: la Unión Soviética.

El modelo de la URSS: Makarenko y Lysenko

La educación fue, a finales de la revolución rusa, un tema ignorado por los líderes bolcheviques pues era considerada una herramienta burguesa para moldear las mentes de burgueses y trabajadores. Poco a poco, los líderes del experimento soviético comenzaron a percatarse de la importancia de la educación en la formación de una sociedad sin clases.

Aunque Marx y Engels nunca se ocuparon en particular del problema de la educación y de la pedagogía, de sus obras se pueden extraer ideas generales de la educación que bastan para formar un sistema de educación socialista. Este sistema fue formulado finalmente por Anton Makarenko.

Él, consciente de que en la doctrina marxista lo más importante es la producción, creó un sistema educativo que mezclaba la educación técnica con la educación teórica con el fin de prepararlos para incorporarse en las labores de producción de la nueva sociedad sin clases. Esta idea, que al parecer influyó en la creación del Instituto Politécnico Nacional, se estableció a través de pequeñas comunidades que trabajaban en conjunto y que educaban los valores de las doctrinas marxistas a través de una férrea disciplina.[6]

Poco a poco este sistema se fue adoptando en toda la Unión Soviética y los líderes del partido comunista consideraron a Makarenko como el pedagogo del régimen. En este aspecto, cabría ver este modelo como una buena propuesta, a reserva de las duras medidas disciplinarias y despojándolo de su cubierta socialista, por ser una educación que ayuda a desarrollar muchas habilidades en el individuo.

El problema con el régimen soviético aparece en la investigación. La URSS adoptó como suyos los postulados marxistas y con ello también todas sus instituciones educativas. Las universidades en la Unión Soviética funcionaban, como proponía Lombardo, con base en las doctrinas marxistas. No tardaron en aparecer las consecuencias negativas que preveía Caso.

La situación que mejor lo ilustra es la de Trofim Lysenko, un científico de la URSS que se oponía a la investigación sobre cultivos transgénicos por ir en contra de los postulados del materialismo histórico. Las ideas de Lysenko se granjearon el respaldo de los líderes del partido y pronto la investigación sobre transgénicos fue prohibida.

Con el aumento de la población, poco a poco la URSS fue incapaz de dar abasto a la población y se hizo necesario importar desde Estados Unidos, país que ya había logrado importantes avances en el desarrollo de transgénicos, los granos necesarios.[7]

Además de decenas de consecuencias como esta, también es necesario mencionar el asesinato y la tortura de cientos de científicos cuyos hallazgos o líneas de investigación eran considerados contrarios al régimen.

Conclusiones

Con lo dicho anteriormente parece quedar patente que la adopción de determinadas ideologías en las Universidades tiene consecuencias desastrosas. La idea de una reforma en la educación debe tener como base la libertad para poder discutir, criticar y modificar lo que ya está establecido. De otra manera, la universidad moriría asfixiada.

Aunque pareciera que la educación socialista es cosa del pasado, lo es en la acepción que manejamos en el presente artículo y, haciendo uso de la libertad de pensar y criticar, tal vez sea posible rescatar algo.

Aquellos que sostienen la necesidad de modificar la educación deben ser conscientes de que no es tarea fácil y que se debe poner mucha distancia entre la universidad y las cuestiones políticas.

En esta época, donde se va a elegir al Rector que ha de encabezar a nuestra Máxima Casa de Estudios por los próximos cuatro años, es necesario reflexionar en torno a estas cuestiones para evitar el peor mal que puede asolar las instituciones educativas: la politización de las instituciones mismas.


[1] Krauze, Enrique, La presidencia imperial, México, Tusquets, 2009, pp. 19-21.
[2] El decreto está disponible en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/ref/dof/CPEUM_ref_020_13dic34_ima.pdf
[3] Idealismo vs. Materialismo. Polémicas filosóficas, México, Centro de Estudios Filosóficos y Sociales Vicente Lombardo Toledano, 2008, p. 20.
[4] Íbidem, pp. 24-25.
[5] Íbidem, pp. 26- 58.
[6] Íbidem, pp. 22-23.
[7] Abbagnano, N. y Visalberghi, A., Historia de la pedagogía, trad. de Jorge Hernández Campos, México, Fondo de Cultura Económica, 1979, pp. 680- 683
[8] En el prólogo de la obra Von Hayek, Friedrich, Camino de servidumbre, España, Alianza Editorial, 2005.