La insoportable dialéctica de la educación: entre lo individual y lo colectivo

"El águila", Facultad de Derecho.
Diego García Venegas
Facultad de Derecho, UNAM

¿CUÁNTAS VECES nos hemos encontrado en una discusión política en donde parece que nunca habrá consenso, hasta que en un momento del debate todos encuentran un escape al problema la educación? Que si la educación es la forma de cambiar la sociedad, que si es la única forma de escape, de emancipar a la población, etc… Pareciera que todos coinciden en que la educación es el camino a seguir para salir del estancamiento en el que nos encontramos. Una de las reformas estructurales del sexenio de Enrique Peña Nieto, que más ha dividido la opinión, fue la reforma constitucional que creó el Sistema Nacional de Evaluación Educativa a cargo del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que muchos dicen es la reforma que México necesitaba, mientras que otros grupos, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se resisten, defendiendo sus propios sistemas y métodos de enseñanza. Contra ésta estandarización hay voces que plantean formas de educación diferentes, no sólo las que vienen de la CNTE. Las escuelas normalistas por ejemplo han resultado ser un verdadero obstáculo a los modelos educacionales que se han querido imponer. Otro ejemplo está en la Escuela Zapatista de Liberación Nacional que el 27 de julio de éste año sacó un comunicado con la información del segundo nivel en la que pidieron, como si de una forma de evaluación se tratara, algo insólito para nuestro pensamiento universitario acostumbrado a dar siempre respuestas. Lo que pidieron fue justo lo opuesto, preguntas. ¡Seis preguntas que dentro del modelo zapatista son más importantes que las respuestas!1

Pero así, cuando nos referimos a educación, cada quien lleva agua a su propio molino; cada quien entiende la educación a su forma y a su manera de entender el mundo, y por tanto la forma de cambiarlo. Hay quienes defienden la educación privada como el mejor camino para desarrollarse y generar capacidades que permiten a los egresadoscompetir” en el mundo exterior. Incluso entre los que defienden la educación privada, hay posturas distintas encontradas; el movimiento iberoamericano surge como respuesta al panamericanismo que derivaba de la famosa Doctrina Monroe, que pugnaba por una América para los Americanos. Hay, claro, los que defienden la educación pública a capa y espada, envolviéndose en el artículo tercero de la Constitución2 y quienes opinan que universidades públicas, como la UNAM 3y el IPN entre otras, son las que deben llevar la batuta en las políticas sociales en el país, pues una de las razones de la crisis actual en la que estamos sumergidos fue el exceso de tecnócratas que vinieron a aplicar modelos políticos sin tomar en cuenta las condiciones materiales existentes. Por supuesto, estas son ideas vagas y abstractas, ya que ni todos los que usan saco y corbata son, ni los que usan jeans no lo son.

Todos coinciden en que la educación es la clave para “mover” a México, pero pocos expresan como debe ser esa educación y qué fines son los que se deben perseguir. Es necesario entender que la educación no es buena ni mala por sí, está cargada de una ideología particular que le imprime quién la imparte. Así, la educación del Estado imparte educación que sigue sus propios fines, que no siempre (casi nunca) coinciden con los intereses del pueblo. También la educación privada sigue fines particulares. A la educación privada muchas veces se le critica por servir a intereses empresariales, ya que el perfil de sus egresados se hace en función de los requerimientos de las compañías. Sin embargo, en los últimos años, tal vez décadas, la crítica se ha hecho extensiva a las universidades públicas, ya que lejos de formar en los universitarios una conciencia social y un pensamiento crítico, permite que el mismo modelo estatal que fomenta la desigualdad y la violencia se reproduzca. Y podríamos con esto, tal vez debatir horas, acerca de si la educación persigue un fin social o común, o si al contrario la educación busca el crecimiento personal, el desarrollo de habilidades individuales y propicia la competencia entre individuos, lo que se puede presentar señores y señoras, como la eterna lucha entre capitalistas y socialistas, individualistas y colectivistas, en esta esquina los rudos y en esta otra los técnicos.

En mi opinión la tendencia en las universidades públicas apunta hacia el interés individual, hacia el modelo basado en el mito de que el éxito y los puestos relevantes de las empresas están hechos sólo para aquellos que “se esfuerzan muy duro” y que a base de su trabajo escalan puestos en la jerarquía de su oficina. Querrán algunas pruebas de que la educación del siglo XXI reproduce el modelo individualista y capitalista, basado en los “esfuerzos individuales” y en los “proyectos personales”, más que en el trabajo colectivo y la persecución de un fin social, me remito a mi propia experiencia: a los cinco años de carrera dentro de la Facultad de Derecho de la UNAM, pareciere que el tema de la justicia ha quedado relegado a la facultad vecina, pues recuerdo pocas clases en donde se haya discutido el tema o en donde se nos haya pedido que opináramos con respecto a la situación de injusticia del país; pareciera que los abogados nos tomamos demasiado en serio la idea de la neutralidad del derecho; pareciera darse por supuesto, que el abogado moderno debe ser indiferente a los problemas que aquejan la sociedad. Por eso no es de sorprenderse que fuera nota la histórica participación de la facultad de Derecho el año pasado en torno a los 43 desaparecidos en Ayotzinapa, no porque fuera la primera en levantar la voz, mejor dicho, porque no suele hacerlo muy seguido.3 Recuerdo realmente pocas manos alzadas, poca participación e involucramiento. Pocos espacios para opinar del mundo, para contar nuestras vidas, para relatar experiencias, y descubrir nuestra propia creatividad. Mejor acudimos a otros espacios: la filosofía, la literatura o las actividades extramuros para vaciar nuestra frustración personal, “… a la facultad no se viene a hacer amigos, se viene a hacer contactos…”, con la complicidad de algunos maestros, que repiten la frase “justicia para los muertos, leyes para los vivos”.

Y no soy el único quejoso. Son varias voces dentro de la Facultad, maestros y alumnos que critican el modelo de enseñanza de la facultad, la falta de compromiso de varios maestros y el plan de estudios cargado hacia una ideología neoliberal en donde abundan las materias que ponen énfasis en la idea de la voluntad individual. Y eso podemos comprobarlo en la pésima imagen generalizada que proyectamos los abogados, en la idea de que el abogado “transa”, es aquel, coyote, que se encuentra afuera del ministerio público dispuesto a meter un amparo para librar de la noche en el “torito” a mucha gente alcoholizada que paga lo que sea por sus servicios. Son muy comunes los gestos con las manos, los comentarios de “abogangsters”, y chistes acerca de lo corruptos y ladrones que somos cada vez que se enteran que estudio derecho. Pareciera que el perfil de abogado que sale de las universidades tanto públicas como privadas está impregnado de individualismo, “…para ser abogado primero hay que parecerlo…”, se inclina más hacia el éxito personal, hacia saber cobrar y combinar una corbata que hacia la búsqueda de una sociedad más justa, que hacia la defensa de los otros. Por tanto si se quiere inclinar la balanza se debe empezar a actuar.

Antón Makárenko, pedagogo ruso.
Antón Makarenko, pedagogo ruso.

Un modelo de educación del que podemos aprender o al menos encontrar una alternativa, es el modelo de educación comunista. Uno de sus principales representante es Anton Makarenko quien gozaba de gran reconocimiento en la extinta Unión Soviética. Para el pedagogo ruso, a quién le interesaba los jóvenes sin hogar, inmersos en la marginación y en la delincuencia, el objetivo de la educación debía dirigirse hacia la colectividad. Una dosis de pensamiento colectivo le vendría bien a una sociedad atrofiada de tanto individualismo. El modelo que el planteó era que en vez de que instruyeran conciencia, se formaran costumbres que él llamaba “correctas”, costumbres con las cuales obremos siempre bien, no porque pensemos en ello, sino porque ya no podemos actuar de otra manera. Es en las costumbres donde la educación institucional se delata como portadora de un mensaje individualista, como muestran los deslices de personajes supuestamente progresivos dentro de la política mexicana, que defienden en teoría un discurso social, pero en la práctica y en lo oscuro actúan como cualquier otra persona “instruida”, mas no formada. Lorenzo Córdova y el caso de su conversación intervenida nos vino a revelar el mundo de la academia que pretende cambiar la sociedad, pero en la práctica sólo reproduce la misma mentalidad de aquellos que imponen el proyecto para todos. Porque formar “costumbres” resulta mucho más difícil que formar conciencias. El ser humano comprende, tiene conciencia de lo que debe hacer. Pero cuando actúa, lo hace de otra forma, especialmente cuando se mueve en secreto, sin testigos. Es esto una prueba exacta de la conciencia, ¿la actuación en secreto?5

Makarenko incluso va más allá: plantea una acción ideal basada en un ejemplo. Un caso ocurrido en un incendio en Moscú: un joven iba en el tranvía cuando vio a una muchacha en el cuarto piso, el joven se metió en el fuego, la sacó y desapareció, nadie pudo encontrarlo. No hubo tiempo para la foto, el alarde, la exhibición pública del acto, y la exaltación del heroísmo. El joven hizo lo que tenía que hacer porque era lo correcto, porque su costumbre así lo dictaba, caso contrario del comunero que ensucia con sus botas el piso recién limpiado, resplandeciente, cuando queda solo, sin testigos, cuando nadie lo ve. Lo mismo lo vemos a diario con aquellos que dicen defender “derechos humanos” y en sus acciones diarias fomentan la violencia, el machismo, la discriminación. Por eso lo más complicado es formar la costumbre, el hábito, usar el conocimiento para transformar la realidad, “la praxis”.

Una forma para empezar a actuar es trabajar los defectos: parece un lugar común, un consejo sacado de cualquier libro de superación personal, pero entendiendo el sentido de éste actuar práctico, que la educación popular sólo se puede dar en la conjunción de teoría y práctica, es cuando adquiere relevancia el tema de los defectos. Makarenko se pregunta: ¿por qué deben haber defectos? El hombre puede perfeccionarse, y si tiene veinte virtudes y diez defectos, exigirle que sean cinco, y después tres, hasta que sólo quede (ning) uno. Admito que es más fácil decirlo que llevarlo a cabo. La ética que propone Makarenko es una de serias exigencias hacia el otro, y solo eso dará lugar a que se desarrolle, ante todo la exigencia hacia uno para que, entonces, así pueda transformar su entorno. La puntualidad por ejemplo, aspecto que resalta mucho Makarenko es la preocupación constante por la colectividad. La ética comunista se enfoca en la felicidad de millones de personas, y no sólo en la nuestra. La lógica individualista dice quiero ser feliz, los demás no me incumben; la lógica colectivista, quiero ser feliz, pero el mejor camino es actuar de forma que los demás sean dichosos.”6

Este modelo de educación comunista, contra-hegemónico lo ha usado la educación popular para pelear contra el individualismo. Por eso se dice que la educación popular no es neutral: está cargada de ideología política, igual que la educación oficial, sólo que la primera lo declara abiertamente. ¿Pero que es educación popular? Existe la creencia común de que la educación popular es toda aquella educación que se hace en las zonas más lejanas y rurales de los países, o que se realiza para la gente pobre, o para los sectores más oprimidos y desposeídos de la sociedad. También se cree que las dinámicas y técnicas de enseñanza, alegres que hacen reír a la gente es educación popular. Sin embargo, “para que la educación sea popular no es suficiente estar en lo popular. La educación es popular porque se hace para, con y por lo popular“.7 La educación popular debe orientar su “para qué” o “porqué” a la transformación de la realidad, y su metodología depende del sentido político y filosófico de lo que vamos a hacer. Es justamente su orientación ideológica lo que diferencia a la educación popular de la que imparte el Estado que reproduce el modelo de jerarquías verticales de las empresas, donde una persona dicta hacia otras que sólo copian lo que se dice sin hacer un análisis. En cambio, la educación popular atiende a las demandas reales de la población: parte de la realidad y de las necesidades específicas de cada sector o grupo y trabaja en función de ellas, incluso si velar por esa necesidad va en contra del Estado mismo.

De entrada, entonces, la educación popular debe buscar la transformación de las estructuras sociales. Y para cambiar éstas es necesario que la educación se imparta en una forma distinta a la que está establecida. Por eso la educación popular es colectiva, es decir, construye el conocimiento en la discusión y en el diálogo de muchos puntos de vista, y no a través de dogmatismos de estrado. “Alguien construye conocimientos cuando en lugar de solo escuchar o leer, o memorizar datos, pregunta, investiga, experimenta, discute, hace cambios”. Es un proceso dialéctico, donde se aprende y enseña al mismo tiempo.

Es necesario combatir la educación individual con un modelo de educación distinta. La crisis actual del paradigma moderno (¿o alguien puede decir que no estamos en un momento de crisis?) va ligado a una crisis de los modelos educativos. Si queremos transformar la sociedad es importantísimo hacerlo desde la educación.

Me despido, no sin antes dejar una pregunta: ¿se puede ser educador popular dentro de una Institución del Estado? Parece una pregunta sencilla. La realidad sin embargo, puede que nos presente ciertas complicaciones.


Notas

1.- “O sea que como quien dice, se trata de que usted se dé cuenta de que lo que les interesa a l@s zapatistas no son las certezas, sino las dudas. Porque pensamos que las certezas inmovilizan, o sea que un@ queda tranquil@, content@, sentad@ y no se mueve, como que ya llegó o ya supo. En cambio las dudas, las preguntas hacen que un@ se mueva, que busque, que no esté tranquil@, que esté como inconforme, como que no le pasa el día o la noche. Y las luchas de abajo y a la izquierda, compas, nacen de las inconformidades, de las dudas, de la intranquilidad. Si un@ se conforma es porque está esperando que le digan qué hacer o ya le dijeron qué hacer. Si un@ está inconforme, está buscando qué hacer.” http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2015/07/27/segundo-nivel-escuela-zapatista/
2.- “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado –Federación, estados y municipios– impartirá educación preescolar, primaria y secundaria. La educación primaria y la secundaria son obligatorias. la educación que imparta el estado tendera a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentara en el, a la vez, el amor a la patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia…” CPEUM
3.-El Artículo 3 del Estatuto General de la Universidad Nacional Autónoma de México establece que el “propósito esencial de la Universidad, será estar íntegramente al servicio del país y de la humanidad, de acuerdo con un sentido ético y de servicio social, superando constantemente cualquier interés individual.”
4.- “Dicha facultad no se sumaba a un paro desde que estalló la huelga de 1999, donde incluso fue la última en cerrar sus puertas. Nota de octubre 22 del 2014, http://eleconomista.com.mx/distrito-federal/2014/10/22/facultad-derecho-se-suma-paro-48-horas
5.- Makarenko , Anton. La colectividad y la Educación de la Personalidad. Trad. Castul Pérez. Moscú: Progreso, 1977, p.23.
6.-Ibídem. P.29
7.-Aldana Mendoza, Carlos (Comp). Educación Popular y los Formadores Políticos. Guatemala: Instituto Centroamericano de Estudios Políticos, 2002, p.7.