Sobre todos los dioses

José Luis Mejía Méndez

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM


 

 ÍNDICE DE SUICIDIOS DESPUNTA EN JÓVENES

Sensacionalista mañanero, 13 de diciembre, 2015

(Extracto de nota)

El día de ayer se suscitó la tragedia que, a pesar de lo común, ha dado la vuelta al mundo, si no por lo extraño del hecho acaecido, sí por la cantidad de jóvenes que murieron durante el evento. Hoy a eso de las 12 pm (hora local) cinco estudiantes del colegio de [el nombre es borroso, sólo se ve una C mayúscula y una g] se quitaron la vida en lo que parece ser un trato entre compañeros.

            La madre de uno de los finados nos comentó: “David me había dicho que estaba muy presionado con la materia del maestro [omitimos el nombre para proteger la identidad del profesor] pero jamás me imaginé que la presión llegara a tanto […] mi hijo tenía promedio casi excelente y tenía una beca de casi el cien por ciento… no podía perder esa beca”. Al revisar las cuentas de las diferentes redes sociales de los muchachos, la policía se dio cuenta de que esto era algo premeditado, los cinco jóvenes tenían notas altas y muchas exigencias académicas que llenar tanto en el seno familiar como entre sus amistades y habían hablado muchas veces acerca de encontrar una manera de quitarse la vida en caso de bajar su promedio a tal grado que perdieran la beca; sin embargo, no fue sino hasta el día de ayer, tras una larga plática que decidieron verse en casa de uno de ellos…

 

LOS JÓVENES DE HOY

Jovencitas, número especial del 13 de diciembre, 2015         

(Extracto de nota)

Cuando uno ve los índices de suicidios en escuelas de alta demanda se espanta, ¿cómo es que un número es más importante que la vida de una persona? ¿Por qué presionamos tanto a los jóvenes para que terminen la escuela con altas calificaciones? ¿Por qué los hacemos pensar que sin un alto número no hay vida por la cual luchar? Creo que es buen momento para reencausar las cosas… Al menos es eso lo que quiero pensar. Chicos, chicas que leen esta revista: no se rindan, la escuela no lo es todo, siempre hay más cosas por las cuales vivir; dejen de vivir para los demás y comiencen a vivir para ustedes.

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Desde el inicio de los tiempos, desde el inicio…

Darwin nos habla acerca de la selección natural y la supervivencia del más fuerte incluso desde antes de que el homo sapiens llegara a ser. Sí, esa es una manera de ver la existencia, el “inicio” que tanto buscan ustedes los hombres; pero no es la única. En la biblia Satán compite con Yahvé por el poder, la soberanía; Caín compite contra Abel por el favor de Dios. En otras culturas (la griega, por decir algo) también predomina este sentido de superación, algo que hoy llaman “progreso”, se busca convertir al otro en uno mismo por miedo a perder la identidad, se buscan descalificar las diferencias entre culturas, entre pensamientos, entre maneras de conocer. Se busca colocar al de enfrente la etiqueta “malo” y así ustedes creen pasar a ser los salvos, los elegidos, los que están bien.

Cada uno de ustedes cree estar en lo correcto. Son tan soberbios que no pudieron (o quisieron) evitar escribir en su propio libro sagrado que son dueños de sus acciones. Ja, ja, ja, sí, sí, ya quisieran. A veces me dan ganas de saltarles a la cara y gritarles que ustedes mismos se envenenan en su soberbia, que es ella misma y su afán por prevalecer los que hacen que no haya a quien dejar su huella, los que hacen que ustedes y su entorno se consuma en su vanidad. “Libre albedrío” ¿en serio?

Bueno, bueno, hagamos un pequeño recuento, ya hablé de Caín, de Satán, de Darwin… puras indeterminaciones que podrían resultar absurdas. Hablemos, entonces, de hechos. Segunda Guerra Mundial y el nazismo, la superioridad de una raza sobre las demás; imperio francés en la búsqueda por dominar Europa; guerra “santa”: mi religión, mi poderío es más grande, esa tierra me pertenece; imperio romano y su casi total poder sobre Europa y parte de Asia. Podríamos remontarnos al inicio de los tiempos y veríamos lo mismo en todas partes: Yo, yo, yo, yo; voy a ganarte, soy mejor que tú, tengo más poder que tú, soy más fuerte.

Dice la biblia, palabra de dios para muchos, que el génesis fue la creación de todo… es ahí en donde cualquiera que sea observador se da cuenta de que es una vil contradicción, de que esa serie de libros no podría haber sido escrita jamás por inspiración divina. Yo les voy a decir algunas cosas, algunas verdades que probablemente no entenderían si no se las susurran al oído y toman sus manos en tono de confianza, de soporte para que no se vuelvan locos. La verdad es que el Armagedón comenzó en lo que para la biblia es génesis: Y entonces Dios procedió a hacer al hombre a su imagen, según su semejanza. Imaginemos por un segundo que los cristianos tienen razón, imaginemos que Dios existe y que nos creó a su imagen, en tal caso ¿cómo se supone que esperemos del humano otra cosa que no sea guerra, destrucción, la imposición del fuerte sobre el débil? Como dice Daniel Fragoso en “15:11:13”.

De ahí que exista un mito que habla de Dios
y su instinto asesino descrito en la Biblia
donde mató a 2 millones 270 mil 365 personas;
el mismo mito dice que el Diablo sólo acabó con 10
     humanos.

Pero sabemos que la Biblia también es literatura
y que la literatura registra algo sobre la pérdida
     de la memoria.

No, no había modo, no podría ser de otra forma. Pero qué les digo, mortales, incluso estoy en los corazones de aquellos que se juran ateos, de aquellos que dicen ser hombres de ciencia y de aquellos que huyen de las decisiones jurándose agnósticos.

Ustedes ni siquiera lo saben, pero hacen lo que yo les hago hacer, los griegos no estaban tan equivocados al jurar que hacían las cosas porque los dioses se habían apoderado de ellos, aunque sin que ustedes lo sepan, yo soy todos y cada uno de esos dioses.

¿Qué? ¿Acaso esa cara demuestra duda ante lo que digo? ¿No te bastan los varios ejemplos que ya te di?

Ellos sólo son diferentes manifestaciones de lo que yo puedo lograr con un poquitito de voluntad. Tampoco estaban tan equivocados al pensar en que la fatalidad es inevitable, es sólo que ustedes en su soberbia han olvidado que son polvo. Creen que pueden elegir su “destino”, que pueden cambiarlo, pero no se dan cuenta de que ya está decidido, que solamente hay tres caminos: el primero es para los que no pueden conmigo, para gente como esos cinco mocosos que se quitaron la vida o para esos padres que en 1929 y 2008 se aventaban desde los edificios tras la crisis o que asesinaban a su familia para después suicidarse o terminar en las calles viviendo de las sobras de los demás, sabiendo que no serían nada para los demás si no tenían las cosas que sólo mediante mí pueden tener; el segundo es para aquellos que me rinden el mejor culto, para aquellos que lo logran y trabajan y ganan dinero y se compran casa y se pierden a sí mismos con tal de cuadrar en el mundo en el que el que no compite es el loco; el tercer destino es justo ese, el de aquél que en verdad no cree en mí pero que sufre las consecuencias de ello, aquel que no compite pero al final se ve obligado a apartarse, está apestado en un mundo en el que soy la norma, en un mundo en el que si no me adoras no puedes ser parte. ¿Acaso no ven lo limitado de los caminos? ¿No se dan cuenta de su inevitable fatalidad? El que no compite, no sobrevive… ¿acaso el que compite sobrevive?

A veces los miro y pienso como Ramón Ibarra:

Apiádate, Señor, de los que tienen hambre.
La sombra de su árbol irascible
aún da frutos salados.

Apiádate de la liviandad de sus huesos
de su pulso de niño
desvelado bajo la piel.

Apiádate de su carne:
no sirve para alimentarse ellos mismos.
Mátalos, Señor, lánzales una piedra,
un rayo, una manada de leones ahítos,
arrójales un sol de ácidos letales,
abre el polvo a sus pies.

Dales, Señor, una muerte de héroes olvidados
a mitad del camino
justo cuando vas
         presto
a alimentar a tus hienas.

Pero luego recuerdo otra verdad: no hay señor a quien rogarle, sólo estoy yo. No pueden huir de mí, porque yo soy su diosa sin importar a qué dios crean servir. Soy su Diosa desde siempre y para siempre, y ustedes me rinden culto aun sin saberlo, aun cuando creen que todo eso que hacen lo hacen para ustedes mismos. Claro, claro, perdonen, creo que no me he presentado como es debido, mi nombre es Competitividad y soy La Diosa sobre todos los dioses.

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