Del narcotraficante a la narco-cultura

Jonathan Keven Eduardo Acosta Ramírez
Facultad de Filosofía y Letras U.N.A.M.

 

¿Qué es “narco” y qué es “cultura”? Me pregunto antes de comenzar a referirme a ambas palabras en conjunto, pues considero necesario tener pleno conocimiento de qué se va a hablar para evitar confusiones. El prefijo “narco”, al menos aquí, es un recorte de la palabra “narcotráfico”; la palabra cultura, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua española, en su versión electrónica, como un “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” Entonces, al unir las dos palabras y formar la palabra “narcocultura”, doy por hecho que me voy a referir a un grupo heterogéneo de personas que simpatizan con algunos rasgos que corresponden al narcotraficante.

Veamos ahora, a grandes rasgos, qué es la narcocultura. Una cultura, como nos dice la RAE, es un conjunto de costumbres y de cualidades que caracterizan, en este caso, a un grupo social. Este grupo social se define por una forma de vestir, de actuar, escuchan los mismos grupos musicales, admiran a personajes que tienen cualidades parecidas, etc. En resumen, las personas adheridas a esta subcultura, convergen en esta de forma de ser. Estos gustos tienen un punto en común, una figura en específico a la que admiran: la figura del narcotraficante. De la admiración, aquí, es de donde deriva la adopción del modo de ser. Las personas que tienen estos gustos en común, como ya mencioné, tienen un “código” de vestimenta, que si bien no es un rasgo enteramente necesario que los caracterice, sí es un distintivo. El conjunto de ropa que adoptan es propia de las personas que viven al norte de México, situación que no es coincidencia, pues la gran mayoría de los narcotraficantes que han surgido en México, han sido de esa zona. Van ataviados con sombrero, pantalón de mezclilla, botas vaqueras (que también pueden cambiar por zapatos o tenis), camisas de manga larga o un polo. Si bien la forma de vestir es un distintivo, también se caracterizan por la música que escuchan: los corridos, género que ya existía en México antes de la aparición de la narcocultura. Estos relataban los sucesos que se dieron en el periodo de la revolución en México, pero los actuales presentan una modificación, una variante. La variación que presentan los corridos actuales radica en que ya no narran las hazañas de los personajes revolucionarios y sus logros o derrotas, sino que ahora cuentan las historias de los narcotraficantes más famosos, de tráfico de drogas, de las balaceras en las que participan, de las fiestas y del desarrollo de las mismas, entre otros temas que circundan el medio del narcotraficante. Estos son los ya tan famoso narcocorridos.

Lo anterior es sólo lo referente a los individuos que se encuentran adheridos a tal subcultura, pero cabe destacar que en su gran mayoría no son los narcotraficantes mismos, ya que estos llevan un modo de vida totalmente diferente. El narcotraficante es en la actualidad una figura muy conocida, sabemos a qué se dedican y tenemos una idea clara de las prácticas que lleva a cabo. En un sentido muy lato, el narcotraficante se dedica a comerciar con estupefacientes. Pero decirlo de esa manera parece un intento por querer obviar todas las demás actividades que giran en torno a esta figura. No es sólo el hecho de traficar con narcóticos ilegales, su actividad atraviesa desde lo más básico hasta lo más complejo. Este también se ocupa de conseguir los materiales necesarios para procesar las sustancias y de alguien que lo haga, articulan una organización muy compleja de personas armadas (sicarios) que se encargan de protegerlo a él y a su territorio, entraman redes de corrupción a nivel estatal y federal. En pocas palabras, urden una red muy enmarañada de actos ilegales para cumplir con el cometido principal, traficar drogas a gran escala. Es de entender que todo esto derive en el hecho de producir dinero, que a su vez, les otorga poder debido a las exorbitantes cantidades que esta actividad produce cada año. Son estos, en mi opinión, los rasgos más atractivos de aquellos que gustan de la narcocultura: el dinero y el poder, debido al gran abanico de posibilidades que otorga el poseerlos.

Después de haber definido a grandes rasgos tanto al narcotraficante como a las personas que gustan de la narcocultura, se hace evidente que existe una gran diferencia entre ambas figuras. La segunda utiliza medios ilegales para vivir, hace de la ilegalidad su modo de vida y está completamente inmerso en ella; la primera figura admira a la segunda y aspira a poseer lo que es propio de los narcotraficantes, cuestión que no es baladí, pues sin ahondar demasiado en los problemas que esto trae, se hace visible uno que desde mi perspectiva es el que más consecuencias ha acarreado, el aumento de la violencia. El hecho de que haya gente que los admire, no solamente implica que se intenten adoptar ciertos rasgos de su forma de vida. La figura del narcotraficante ha sido hasta cierto punto aceptada y en ciertas partes del país ha llegado a ser asimilada a tal grado que ya no es vista como algo que afecte a la propia población, sino que se les defiende y se les ve como protectores, lo que ha permitido que los enfrentamientos entre grupos rivales hayan aumentado y que las víctimas de tales encuentros ya no sean solamente los miembros de los grupos que se enfrentan, sino que también lo son ahora las personas que se hallan en el fuego cruzado.

El problema del narcotráfico y de todo lo que gira en torno a él, ha ido creciendo de manera exponencial y ha acarreado más consecuencias de las que podríamos haber esperado. Una de esas consecuencias es la narcocultura, que va más allá de la caricatura que presenté renglones arriba, pues la propia visión que presento aquí no alcanza a vislumbrar todo lo que se encuentra detrás de este fenómeno. ¿Será posible que dentro de poco tiempo desaparezca esta pseudocultura? Eso es una cuestión que va muy de la mano con el narcotráfico, es decir, que mientras continúe a gran escala el tráfico de drogas, no desaparecerá la narcocultura y auguro que con el tiempo irá aumentando el número de individuos que gusten de ella y, por ende, se adhieran.

Estepario.logo.E


[1] http://dle.rae.es/?id=BetrEjX

[2] http://eleconomista.com.mx/sociedad/2013/01/08/economia-detras-narcotrafico

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