Elogio a las mujeres abogadas

Jesús Briseño*

CREO CON toda certeza que si le hubiesen preguntado a las mujeres abogadas de hoy en día cuál debería ser el símbolo más adecuado para representar la Justicia, todas ellas, en un grito aguerrido y unánime, responderían que el de una mujer sin vendas en los ojos. La razón es sencilla: para saber lo que se juzga primeramente hay que conocerlo. Entiendo que la imparcialidad sea un presupuesto subjetivo a todo juzgador, pero una mujer vendada a mi juicio no representa imparcialidad, sino una aplicación mecanizada y deshumanizada del Derecho. Y las mujeres de hoy en día no quieren más vendas ni ataduras, al contrario, nadie mejor que ellas para mirar a los ojos de quien juzgan, para mirar de frente a la realidad.

Por otra parte reducir este elogio sólo a las abogadas sería incurrir en discriminación. Sin embargo, no es así. Al referirme a las abogadas hablo de todas las mujeres absolutamente fieles a sus ideales. Y esto es así porque no hay mujer que no defienda la justicia desde el ardiente centro de sus entrañas. Entiendo que en la actualidad existan mujeres en lo particular que no entren dentro de esta visión, me refiero específicamente a la niñera que en nombre de una religión recientemente degolló a una niña, paseándose con su cabeza bajo el efecto de psicotrópicos por las heladas calles de Moscú. Aquí hablo a título personal: no hay mujer en mi vida que no tenga como vocación secreta la de detener el paso del tiempo y hacer del mundo un lugar habitable, por no decir humano. Desde mi abuela Gloria, pilar de una familia de cuatro hijos criados sin la ayuda de su cónyuge, hasta mi madre Myrna, mujer forjada al calor de mil batallas.

Debo decir que no deseo imitar al célebre poeta Manuel Acuña, quién al hablar de Rosario en su Nocturno, invocó la figura de su madre como una sombra protectora, pues de antemano sé lo tanto que las mujeres -y hombres- pueden tener diferencias con sus suegras. Digo esto como chascarrillo y porque quiero elogiar a las mujeres desde una perspectiva libremente sensual, es decir, desde la poesía.

En primer lugar arrojaré a la mesa una declaración sumamente polémica: las mujeres más hermosas de nuestra Universidad son las mujeres de la Facultad de Derecho. Claramente me refiero a la hermosura en sus dos aspectos: espiritual y físicamente. No hay día que no me asombre la soberana belleza de una verdadera abogada. Es la mezcla electrizante entre valentía y seducción lo que me vuelve loco. Es a la sombra del Águila en la entrada de la Facultad, por la penumbra de los pasillos de nuestro recinto, pero particularmente en las aulas de clase, donde yo me siento increíblemente afortunado por encontrarme a su lado, mirándolas alzar la mano en noble multitud como mil antorchas de esperanza, escuchándolas participar con lúcida inteligencia y a corazón abierto, sin tapujos ni mojigaterías, hablando de lo nefasto del Derecho Romano en cuanto a que jurídicamente se les podía considerar objetos sin derechos políticos, o esgrimiendo argumentos contra el machismo, una de las causas por la que fenómenos delictivos tales como los feminicidios y la trata de blancas sean aberraciones sociales que, enquistadas ya, arrasen en auge sangriento la dignidad de las mujeres a escala mundial y penosamente nacional,

Creo que al igual que las mujeres, la poesía ha sido discriminada en los últimos tiempos. Y sin embargo, estoy totalmente seguro de que tanto las mujeres como la poesía son la expresión más sublime de la que podemos ser testigos, pues son equivalentes. Sin afán de poner en un pedestal hipócrita a nadie, es de hacer notar que las mujeres son las verdaderas musas del arte. Sin Dulcinea, Don Quijote sólo hubiese sido un viejo loco enfebrecido de libros, a lo mucho caballero lanza en astillero, confinado a la muerte y la miseria en el rincón más solitario de La Mancha. Sin Beatriz, Dante no hubiese tenido razón ni motivo de recorrer el Infierno entero, pasando por debajo de las mismísimas podridas fauces del diablo, en busca de la redención que sólo el amor a la amada puede otorgar. Es más, siguiendo la opinión del pintor de la película As Good as It Gets, (donde actuó el legendario Jack Nicholson) por las mujeres es que los hombres comenzaron a pintar en las cuevas, mostrándolas desnudas y puras a los ojos del futuro.

Pero más importante aún, es que las mujeres han sido las grandes líderes del mundo a pesar de que en algunos casos han sido sojuzgada con fines ruines, tal es el caso de la valerosa y sacrificada en la hoguera Juana de Arco, quién no obstante su genio militar, fue sometida a un juicio inquisitorial para afrentar junto con ella a toda una Francia en aquellos momentos bajo el yugo inglés, o de la rutilante inteligencia Sor Juana Inés de la Cruz, quien al final de su vida, por culpa de recalcitrantes ataques provenientes del clero, llegó a despreciarse tanto a sí misma al grado de declararse “la peor del mundo”. Así mismo son vitales Madame Curie o Hipatia de Alejandría, atrincheradas en disciplinas exactas en contra del anquilosado prejuicio de que las mujeres no pueden llevar a cabo labores en los campos que tengan por fundamento las matemáticas.

Pues bien, para concluir he de referirme a una mujer quién yo considero injustamente menospreciada por razones frívolas, supuestamente críticas e iluminadoras pero que no pasan de ser ramplonas y soberbias: Frida Kahlo. Más allá de si está sobrevalorada en cuanto a su arte, más allá de si es un capricho comercial y pirotécnico de consumo para extranjeros, más allá de todas esas consideraciones insulsas, creo firmemente que cualquier persona que dignifique su doliente vida por medio de su arte (reitero, sea bueno o malo) merece toda dignidad y honor. Hay quienes ante las vicisitudes de la vida optan por doblegarse o quitarse la vida, y hay otras que hacen más llevadera su existencia, como es el caso de Frida Kahlo. Todos tendremos defectos, pero quien esté libre de culpa que tire la primera piedra. El ejemplo que proviene del arte de su dolor, es una muestra de coraje auténtico.

PD: Como celebración del Día Internacional de la Mujer y como primer texto de mi columna, quiero dejar advertido al amable lector que desde esta trinchera quiero hablar desde la perspectiva que la poesía puede aportar al mundo de hoy en día. Por ello agregaré en lo posible a mi columna algún poema de mi autoría. Con ello sustento La trinchera como un pequeño bastión para expresiones marginales en la sociedad actual. Dicho lo anterior, les comparto mi poema Atardecer contigo en homenaje de amor a las mujeres en su día.

Atardecer contigo

La agonía de la tarde relumbra

y arde la vastedad convulsa del cielo,

no hay más que el sudor de estas palabras,

más que mujeres derramadas en el sol,

pero mis ansias esparcen la noche sobre mis huesos,

la agonía de mirarte es mi zozobra secreta,

es mi solitaria caverna de gritos,

esta tarde que golpea el presentimiento de olvidarnos

hace nacer sobre la hierba luciérnagas o deseos.

Sí amada, me olvidaré para olvidarte,

polvo será la presencia de mi sangre

si antes no te amo,

navajas de calor y fugas del ocaso,

pájaros que abren los ojos del sol antes de morir;

yo no soy esta tarde, sólo soy el reflejo de sus llamas,

pronto cavaré mi corazón en la luna…

Sí amada, no darte mis latidos

es crucificar los días en la languidez de mis labios oscuros,

por eso, esta tarde prefiero devorar todas las nubes,

lamer entera la humedad y la luz,

desmoronar, uno a uno, los resplandores púrpuras del infierno:

amada que anocheces, tú eres esta tarde y este tiempo.

Estepario.logo.E

*Es estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAM

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