La perrera de tu vientre

Jorge Volpi. Escritor mexicano, en 1999 ganó el Premio Biblioteca Breve por su novela "En busca de Klingsor"
[reseña] Jesús Briseño Vázquez

La mujer como droga en Las elegidas de Jorge Volpi

De la perrera de tu vientre surgió
un can del infierno que nos persigue
a todas hasta la muerte:
ese perro, que tuvo dientes antes que ojos
para afligir a los corderos y lamer su dulce sangre;
ese turbio destructor de la obra de Dios;
ese sobresaliente y grandioso tirano de la tierra,
que reina en ojos encendidos de almas que lloran,
tu vientre le dejó suelto,
para que nos acosara hasta nuestras tumbas.
William Shakespeare, Ricardo III

I. La ficción del a barbarie

Dentro del vientre de una mujer ve la luz lo mejor de la humanidad: la vida. Sin embargo, envilecida por una lujuria insaciable, esa región sagrada de la feminidad se trastoca en una tierra baldía, un páramo arrasado por los miembros escamosos y enfermos de hombres que actúan como “perros que no más ven a otra se le enciman” . En Las elegidas, Jorge Volpi narra en verso los bajos fondos del tráfico de mujeres, una terrorífica actualización de la esclavitud sexual con resonancias bíblicas a la historia de Abraham, que por sobrevivir en suelos faraónicos, se valió de la hermosura de su mujer Saraí, aduciendo que ella era sólo su hermana, con lo que Abraham consiguió salvar su pellejo y lucrar con el cuerpo profanado de ella, entregándola en prenda al mismísimo rey de Egipto.

En el México actual, todo fenómeno relacionado con la violencia ha sacudido de tal manera nuestra percepción de la realidad, que cualquier hecho ilícito (narcotráfico, trata de blancas, homicidios a traición, secuestros y más) es visto como parte de nuestra cotidianeidad, a veces con pasividad, otras con indignación, pero siempre como resultado de la impunidad galopante de nuestro sistema político y de impartición de justicia, aunado a la gradual descomposición de la familia mexicana. Y esta novela es un testimonio crudo, de entre miles y miles, que lo confirma: el horror adquiere diferentes caras —lo sabemos todos— desde la del enfebrecido violador hasta la cínica y odiosa del asesino, pero pensar que también es la del hermano y la del padre, nos constriñe a una paradoja que rebasa por mucho los límites de nuestra insana tolerancia. Así es, a lo largo de esta novela, aparecen en coro las voces de mujeres obligadas por sus maridos, primos, hermanos y padres proxenetas a mancillar la dignidad de su cuerpo y, aún más, la de su existencia.

Todo comienza en el pueblo de Tenancingo, Tlaxcala, donde se piensa no tan descabelladamente, en vista de nuestra anulada capacidad de asombro, que desde épocas inmemoriales, precolombinas, las mujeres de ese lugar eran arrojadas a los abismos del placer ajeno, tributándolas a machos voraces. Narra Volpi: “Así ha sido por los siglos de los siglos / los padres lo enseñaron a sus hijos / los hijos a sus hijos y éstos a sus nietos / una razón tan antigua como el mundo / cuando una madre engendra una morrita / la piedra del mundo se renueva / —Tenancingo cumple con su ley inexorable— / la hembra habrá de servir a los varones / aprenderá a ser dulce y abnegada / a coser y desvenar los chiles / a obedecer a sus hermanos y a sus primos / a ofrecerse a sus hermanos y a sus primos / a saciar las ansias de su padre / a preservar el silencio sacrosanto / luego vendrán otros varones / vecinos, parientes, turistas, visitantes / los que pagan y los aceptan un regalo / así es desde el principio de los tiempos” . A partir de aquí, pero en fechas contemporáneas, la historia se desdobla alrededor del acomplejado Chino, hombre servil, macho sediento de poder, marido y hermano impostor de la Salvina, mujer engañada por su propia familia con la promesa de un futuro mejor al otro lado de la frontera, fuera de Tenancingo, pero acarreando al tortuoso fantasma de la trata (aunque después se convierta en feroz explotadora), vejada en cuerpo y alma por hombres iracundos, ebrios de añoranza por un México traicionero, que llegaron de mojados hasta aquellos sitios, “las tierras de leche y miel”, para someterse de sol a sol como jornaleros pizcando fresas en los sembradíos californianos. Todo bajo la funeraria sombra del león mayor, primero, la del seboso padrote con el mote de “Gringo”, luego, la de su séquito delincuencial en disputa interna por el negocio y, al final, como toda historia moderna de terror mexicana, la de un cártel de narcotraficantes ávidos de dominio y venganza.

La de Volpi es una poética de la desolación —por no decir desgarrada visión del mundo—, ya que a diferencia del formato de la novela tradicional, narrar una historia desde la poesía brinda al autor el don de intensificar la angustia de sus personajes en cada escena, envolviéndolos en el corazón de atmosferas que la poesía vuelve sombrías, escalofriantes, casi siempre nauseabundas no obstante que la trama se ve fragmentada y distendida en tiempo como efecto estético de los poemas, haciendo valer en cada uno la hibridez armonizada entre la sordidez del habla diario y las proyecciones soeces del infierno: la descripción de la aridez del congal improvisado en medio de un páramo donde los mojados descargan su frustración dentro de mujeres con el rímel corrido; la del “cementerio de condones” y los cadáveres podridos de muchachitas sin vela ni entierro, a la intemperie entre la maleza y la resolana; la del tugurio El Mantarraya con su hedor a semen no obstante sus instalaciones impolutas, lustrosas como la avaricia; la de la mirada estratosférica y, a veces, en plano secuencial de las niñas en flor de Tenancingo, saliendo de la escuela secundaria a la secreta, pero evidente casería furtiva de sus próximos dueños, hombres viscerales que las miran con lujuria rampante; la de la cosificación de la mujer que al ajarse y desgastarse no es menos que agua residual según los padrotes y otros machos imbéciles; la de la actual mujer de Lot que en lugar de salarse queda petrificada por la brutalidad de la muerte bajo el asedio de cuernos de chivo en un zafarrancho de balas; la de todas las esclavas teniendo un momento de fraternidad al bañarse arrejuntadas y encueradas en pleno día, pero en su mayoría las de la soledad de las prostitutas enervadas por las drogas que contra viento y marea deben satisfacer todo tipo de escorias, desde ancianos menguados, muchachillos pícaros, hasta brutos golpeadores y, lo peor, hombres inconsolables que lloran a su vera.

II. La perrera es México

Puestos de relieve aspectos de fondo y forma literarios, es menester atajar las fronteras de la ficción para dimensionar una mirada más integradora: el Diagnóstico Nacional sobre la Situación de Trata de Personas en México de la ONU de 2014 señala que un fenómeno delictivo tan complejo como este reúne en primer término factores individuales y sociales que, posteriormente, son canalizados a las garras del crimen organizado en pos de redituar un mayor provecho, perfeccionando así un modus operandi cada vez más infalible y siniestro que supera con creces la capacidad de gobernar del Estado mexicano. Por ejemplo, como factores individuales nos referimos al perfil vulnerable de la víctima que puede manifestarse en una baja autoestima, bajos niveles de escolaridad, falta de información, pobreza y características socioeconómicas adversas, discapacidad, violencia familiar, discriminación y adicciones. Como factores sociales encontramos la falta de empleo, problemas macroeconómicos, violencia social y discriminación, demanda de turismo sexual, migración y más. Por ello, en concordancia a estos datos, podemos señalar que las víctimas, inmersas dentro de un tráfico ilegal, nacional o internacional, son los componentes adictivos de un negocio dañino que escala fronteras bajo las narices de autoridades omisas o cómplices: en otras palabras y metafóricamente hablando, las mujeres se vuelven mercancía de consumidores que ven en ellas la droga que necesitan para colmar sus bajos instintos.

Ahora bien, ¿por qué sucede así?, ¿por qué México, siendo un Estado de Derecho, es tan susceptible de desencadenar oleadas de violencia tan devastadoras a lo largo de su territorio y en considerables núcleos de su sociedad?, ¿cuáles son los resultados, las cifras que nos revelan el caos? Al menos, para este delito en particular, el diagnóstico de la ONU atina en darnos respuestas que, bien vistas, podrían tomarse en cuenta para cualquier otro fenómeno delictivo en auge: una descomposición de las instituciones estatales, empezando por un poder legislativo incapaz de tipificar a conciencia el delito de trata de personas, lo que trae como consecuencia una complicación innecesaria en la aplicación de la ley al hecho, pues los juzgadores sancionan con base en otros delitos como el lenocinio. También la falta de preparación de los agentes encargados de identificar y atender a las víctimas del delito de trata. La irresponsabilidad de los diferentes órdenes de gobierno que destinan mayor empeño en delitos conexos tales como los que atentan contra la salud. El contubernio entre autoridades y delincuentes, facilitando con ello la siembra del terreno venenosamente fértil de la impunidad. La falta de conciencia jurídica dentro de la sociedad que permitiría identificar casos de trata para la formulación de denuncias oportunas, no hechas entre otras muchas otras cuestiones por miedo a represalias, contra la sociedad o las mismas víctimas .

Las cifras mundiales al respecto son duras: según estimaciones de OSCE/UN.GIFT, los casos de trata de personas en los cuales las víctimas cruzan fronteras internacionales asciende a más de 500,000. Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), considera que en 2005 había 2.4 millones de personas en posible situación de trata de personas con fines de explotación laboral, de éstas 217,000 se encuentran en la región de América Latina y el Caribe . En gran contraste, según información de la PGR, las averiguaciones previas de todas las entidades del país reportan un total de 423 por trata de personas en el período en cuestión, las instancias federales abrieron 201 averiguaciones sobre el mismo delito, lo que significa que de los 629 casos de trata de personas registrados en México en 2009-2011, en ambos fueros, el 32% correspondieron a actuaciones del Gobierno Federal .

Para acabar este pequeño ensayo es necesario recordar la función social de la literatura no como espejo absoluto de la realidad, sino a la manera que Balzac señaló: la literatura como historia privada de las naciones, es decir, como la voz agonizante de las personas que en este sanguinario momento histórico viven a la sombra del anonimato y sólo son visibles en cifras lapidarias. La ficción nos ayuda a entender la tragedia de las personas que constituyen esas cifras.

Estepario.logo.E

 


Bibliografía
LÓPEZ TORRES, Nuria. (2015) “Traficadas. El negocio de la trata de mujeres en México” España: El País, 2015, 6 de marzo. Recuperado de http://elpais.com/elpais/2015/02/03/planeta_futuro/1422991449_085843.html
VOLPI, Jorge. Las elegidas, México: Alfaguara, 2015. p. 73.
UNODC. Diagnóstico Nacional sobre la Situación de Trata de Personas en México. 2014.
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