MARIHUANA: la industria silenciada por el arquetipo colectivo

Rubén Zarco Novelo*

Es bien sabido que México tiene una política policiaca y desinformativa férrea en contra de la comercialización de estupefacientes, opioides y otras sustancias cuyos alcaloides tienen repercusiones importantes sobre el sistema nervioso; pero la joya de la corona en cuanto a importancia comercial sigue siendo la Marihuana, cáñamo o cannabis sativa o índica, cuyo agente activo es el tetrahidrocannabinol, compuesto químico conformado por cuatro moléculas de hidrógeno unidas a un cannabinol; pero esto no es el centro de la discusión.

El presente artículo pretende ser una herramienta de reflexión y catalizador de la discusión científica y social orbitante alrededor de la marihuana y su ilegalización mediante estereotipos y prejuicios xenófobos y racistas, apoyados por los grupos de poder que dominaban en ese entonces; veamos:

Históricamente la planta del cáñamo o “marihuana”, se ha venido utilizando milenariamente con fines de desarrollo económico, fines medicinales y lúdicos por las culturas antiguas, no requiriendo de ninguna regulación, puesto que las condiciones fisiológico/biológicos de dicha planta, la hacen muy resístente y prolífera en casi cualquier clima.

El cáñamo tiene una historia de uso honorable. Su fibra, aceite y otros componentes tienen más de 5 mil usos industriales, entre los que destacan la confección de tela, sogas, redes, papel, biocombustible, etc.

La primera referencia directa a un producto derivado del cannabis como agente psicoactivo data del año 2737 antes de Cristo, en los escritos del emperador chino Shen Nung, el cual se enfocaba en sus propiedades como medicamento para el reumatismo, la gota, la malaria, y extrañamente, para el déficit de atención.

En la India sin embargo se usó de forma recreativa. Los musulmanes también lo usaron de forma recreativa puesto que el consumo del alcohol les está prohibido por el Corán. Fueron los musulmanes quienes introdujeron el hachís, cuya popularidad se propagó rápidamente en Persia (Irán) y en el norte de África en el siglo XII.

Por otro lado, en la Europa céltica, antes de la conquista romana, tenía grandes extensiones de tierra dedicadas al cultivo de cáñamo.

Ahora bien, qué mejor que retomar la historia de México; veamos:

Después de la caída de Tenochtitlán en 1521, Hernán Cortés mandó a importar diversas especies de flora y fauna conocidas para fomentar el desarrollo de la economía de la Nueva España, entre las que destaca la planta del cannabis o cáñamo.

En 1545, el rey Carlos V autorizó el cultivo de cáñamo en todo el territorio de las Indias Occidentales, y ordenó se enseñara a los indígenas a hilarlo y tejerlo. Este hecho histórico derriba el mito popular de la eterna prohibición de la marihuana, toda vez que la misma corona española reconocía el valor de la fibra vegetal del cáñamo como materia prima fundamental, para así consolidarse como el primer imperio del mundo moderno.

Cabe señalar que los esclavos africanos traídos por los españoles contribuyeron al mestizaje de la sociedad naciente, al compartir con “indios”, el conocimiento ritual-medicinal del cáñamo que practicaban ancestralmente en África, y que retomaron en el Nuevo Mundo.

Así, el cáñamo se incorporó a la medicina tradicional indígena como remedio espiritual, ante la gran mortalidad derivada de las enfermedades traídas por los conquistadores. Fue en estos momentos en que el cáñamo adquirió su nombre universal de marihuana. Un nombre femenino porque a las curanderas se les llamaba María o Juana, y las prácticas médicas, supersticiosas y mágicas, fueron actividades desplegadas generalmente por mujeres.

En el siglo XVIII, los jesuitas, el sector “progresista” de la Iglesia Católica, difundieron el uso medicinal del cáñamo en el noreste de México. No fue sino hasta 1772, que el sabio novohispano José Antonio Álzate hace la primera defensa del uso medicinal de la marihuana en su periódico Asuntos Varios, oponiéndose a las medidas regresivas de la Iglesia (medicinalmente hablando).

El uso no médico del cannabis en Europa Occidental fue introducido probablemente por las tropas de Napoleón cuando volvieron de la campaña de Egipto a principios del siglo XIX, aunque ya era conocido en el siglo XVIII, y en 1735 Carolus Linnaeus le asignó el nombre científico de cannabis sativa.

Su consumo estaba relegado a pequeños círculos intelectuales como el famoso Club des Haschischiens, fundado en 1840 por ilustres escritores franceses como Balzac, Baudelaire, Dumas, Gautier, Delacroix. También en esa década se inició un amplio uso terapéutico en Estados Unidos a partir de las investigaciones de los médicos W. B. O`Shaughnessy, Jacques J. Moreau y Fitz Hugh Ludlow.

Desde 1850 y hasta 1942, el cannabis estuvo incluido en la farmacopea y, empresas farmacéuticas como Parker-Davis, Lilly, Squibb y Burroughs-Wellcome comercializaban preparados que la contenían.

Durante la década de los veinte, proliferó el uso de marihuana en Estados Unidos debido a la Ley Seca y a la exposición de los soldados a la sustancia durante las campañas en América Central y Caribe.

Ahora bien, como podemos desprender del breviario cultural realizado en líneas anteriores, las virtudes medicinales, industriales y recreativas de la marihuana o cáñamo, siempre han sido reconocidas por las culturas primigenias por su utilidad en la vida cotidiana; pero en este momento surgen las dudas siguientes: ¿en qué contexto social se ilegalizó por primera vez la marihuana en América?, ¿cuál fue su sustento ideológico?, ¿quiénes impulsaron la ilegalización del cáñamo? Encontremos en la historia la respuesta a estas interrogantes.

El cannabis se extendió al hemisferio occidental en el siglo XVI cuando los españoles lo importaron a América para emplear su fibra en la confección de cuerdas, velas (para navíos), aceite para lámparas y papel.

Para 1611, en las colonias inglesas de Jamestown, Virginia y Nueva Inglaterra ya se cultivaba también el cannabis, aunque el principal destino del cultivo durante el periodo colonial era la producción de cuerdas, existen datos de que los colonos conocían ya sus propiedades psicoactivas.

Pero Estados Unidos estaba relacionado con el cannabis desde su nacimiento, de hecho, la propia Constitución de los Estados Unidos (1787) está escrita sobre papel de cáñamo. De sus padres fundadores -John Adams, Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson, James Madison y Geroge Washington- varios de ellos basaban su patrimonio en las plantaciones de cannabis.

Incluso, Benjamin Franklin fue dueño de una fábrica que hacía papel de cáñamo. Y dejaron un claro testimonio escrito sobre su opinión respecto al derecho inalienable del individuo para gobernar su cuerpo y su mente.

En su Historia General de las Drogas (Espasa, 1998), el escritor Antonio Escohotado cita estas palabras de Jefferson:

“No parece suficientemente erradicada la pretensión de que las operaciones de la mente, así como los actos del cuerpo, están sujetos a la coacción de las leyes. Nuestros gobernantes no tienen autoridad sobre esos derechos naturales, salvo que se los hayamos cedido […]”

Aun así, el uso recreativo del cannabis no era evidente en los Estados Unidos hasta la primera década del siglo XX, cuando los trabajadores emigrantes trajeron consigo sus cigarrillos de marihuana.

En los primeros años del siglo XX, la emigración de mexicanos a los estados del oeste produjo serias tensiones; la revolución mexicana de 1910 se dejó sentir en los estados fronterizos, con escaramuzas entre el ejército del General Pershing y Pancho Villa. Años más tarde la contratación de mexicanos como mano de obra barata, por parte de las explotaciones agropecuarias de mayor tamaño, propició conflictos con explotaciones de menor tamaño. Con la llegada de la Gran Depresión, la situación se complicó seriamente.

Los mexicanos trajeron con ellos la costumbre de fumar cannabis, y este parece el motivo por el que California aplicó su primera ley prohibicionista, ilegalizando “preparaciones de marihuana o hierba loca”.

Otros estados se sumaron rápidamente a esta “fiebre ilegalizadora”, incluyendo Wyoming (1915), Texas (1919), Iowa (1923), Nevada (1923), Oregón (1923), Washington (1923), Arkansas (1923) y Nebraska (1927). Estas leyes, estuvieron principalmente redactadas con la población mexicano-americana en mente. Cuando Montana ilegalizo el cannabis en 1927 el periódico Butte Montana Standard, reprodujo el comentario de un legislador:

“Cuando uno de estos jornaleros toma un poco de esto… se cree que acaba de ser elegido presidente de México, por lo que empieza a ejecutar a todos sus enemigos políticos”.

En Texas un senador afirmó: “Todos los mexicanos están locos, y es esta hierba lo que los vuelve locos”.

Latinoamericanos y músicos afroamericanos de Jazz, fueron señalados como la causa del “problema” en los estados del este; el cannabis y el Jazz viajaron de la mano desde Nueva Orleans a Chicago y luego a Harlem, donde el cannabis se convirtió en una parte indispensable de la escena musical, siendo incluso mencionada con palabras en argot (muggles,reefer…), en los hits musicales de la época: “Muggles” de Louis Armstrong,“That Funny Reefer Man” de Cab Calloway y “Viper’s Drag” de Fats Waller, son 3 de las más conocidas.

Durante este periodo, los Estados Unidos estaban bajo la Ley Seca (1919 a 1933). La prohibición del alcohol fue un tema muy debatido y discutido a todos los niveles, mientras que las leyes relativas a las drogas fueron aprobadas sin ningún tipo de debate y el total desconocimiento del público en general. La prohibición del alcohol fue llevada adelante mediante una enmienda a la constitución.

El Harrison Act (1914), había fijado penalizaciones de impuestos federales para opiáceos y cocaína. El planteamiento general es importante; en aquella época se consideraba que el Gobierno Federal no tenía la competencia constitucional de ilegalizar el alcohol o las drogas, dado que todos los ciudadanos tenían la libertad de configurar su propia personalidad sin que el Estado debiera de interferir en ello.

Es por esto que la prohibición del alcohol requirió de una enmienda constitucional. El poder judicial utilizó la décima enmienda[1] [2] para bloquear los intentos del Congreso de regular cuestiones locales, considerándose que la regulación de la práctica médica estaba por encima de las competencias del Congreso.

Siendo imposible ilegalizar las drogas a nivel federal, se tomó la decisión de utilizar los impuestos federales para restringir su uso. Con el Harrison Act, se impusieron impuestos sobre el uso legal de cocaína y opiáceos, supuestamente para recaudar fondos que el Gobierno Federal necesitaba. Los que infringían la ley, se las tenían que ver con el Departamento del Tesoro. En 1930, se creó una nueva división del Departamento del Tesoro, el FBN (Federal Bureau of Narcotics/ Oficina Federal de Narcóticos). La persona elegida para dirigir esta oficina fue Harry J. Anslinger; esto supuso el comienzo de la guerra total contra el cannabis.

Harry J. Anslinger consiguió la estimable y poderosa ayuda de William Randolf Hearst, (en quien está basado el personaje principal de la famosa película de Orson Welles “Ciudadano Kane”). Este, dueño de un emporio económico que incluía una gran cadena de periódicos, tenía poderosos motivos para apoyar la prohibición del cannabis, por lo que utilizo sus periódicos como altavoz de las tesis más amarillistas, creando lo que hoy se conoce como “alarma social”, es decir, construcción de estereotipos sustentados en miedo y prejuicios.

Hearst odiaba a los mexicanos principalmente por prejuicios racistas y porque había perdido 800.000 acres de superficie boscosa en México a manos de Pancho Villa[3].

Sus fuertes inversiones en el sector maderero con el fin de producir papel para sus periódicos, convertían al papel de cáñamo en una alternativa realmente peligrosa para sus intereses. Por último, la publicación de artículos sensacionalistas narrando fabulas de mexicanos enloquecidos por una diabólica hierba, vendía periódicos y le reportaban enormes beneficios. Algunas perlas periodísticas del San Francisco Examiner afirmaban que:

“Está llegando por toneladas a este país, el mordaz y terrible veneno, que además de aniquilar y desgarrar el cuerpo, destruye el mismo corazón y alma de todo ser humano convertido en su esclavo. La marihuana es la vía más rápida al sanatorio. Fume usted cigarrillos de marihuana durante un mes y lo que una vez era su cerebro, no será más que un almacén de horribles espectros”.

“El HASHIS convierte al más apacible y educado de los hombres, en un asesino que mata por el placer de hacerlo”.

A este dúo, se unió la empresa “DuPont”, quien en ese entonces ya había patentado y registrado el Neopreno (1930), Nylon (1935) y el Teflón (1937), los tres productos derivados del petróleo, donde los dos primeros productos competían directamente en el mercado con el hilo de cáñamo por su fuerza, resistencia y flexibilidad.

Por otro lado, las farmacéuticas nunca estandarizaron ni identificaron la dosificación del cannabis para uso medicinal; es probable, que siendo el cannabis una planta fácilmente cultivable por uno mismo, se percataran de que no había gran provecho económico que sacar de esta medicina, vieron que monopolizar la producción y venta de cannabis era bastante difícil, por no decir imposible.

Como se puede apreciar, precisamente en ese momento histórico, el cáñamo, a nivel industrial, contaba con grandes competidores comerciales, los cuales, aprovechándose de la situación social promovida por los medios sensacionalistas interesados, propició su ilegalización mediante estereotipos xenófobos y racistas.

Toda esta conjunción de elementos, creo el escenario ideal, para que después de 2 años de planificación secreta, Anslinger presentara su proyecto de ley ante un comité del Congreso; el plan fue presentado completado con un voluminoso álbum de recortes, principalmente editoriales sensacionalistas publicadas por los periódicos de Hearst, historias de locos asesinos armados con hachas bajo los efectos del cannabis, salpimentados con el ya prevalente racismo; dio como consecuencia la MARIHUANA TAX ACT de 1937; piedra angular de la ilegalización de la marihuana a través de penalizaciones pecuniarias y privativas de la libertad a consumidores, productores, confeccionadores, comercializadores y transportistas del cáñamo.

Por lo tanto, pareciera que, en el imaginario colectivo estadounidense, tan sumergido en ideas xenófobas y racistas, se implantó de manera tal la satanización del cáñamo, que terminaron construyendo todo un aparato de coacción y prohibición absoluta a nivel internacional de dicha planta; todo a través de estereotipos que se arraigaron en la mente de la población, gente que dejó de preguntarse el porqué de la ilegalización y únicamente asumieron como propios los arquetipos construidos.

Al ser observadores en nuestra realidad actual, podemos observar que las políticas prohibicionistas de las sustancias psicotrópicas siguen encontrando su sustento en estereotipos, afirmando que el consumo de una determinada sustancia aumenta el riesgo material a que el consumidor cometa delitos dolosos en contra de la comunidad.

Ahora bien, en el contexto del tráfico de marihuana de México a Estados Unidos actual, podemos observar que el productor (en el estricto sentido) del cáñamo para usos lúdicos en México es, generalmente, una persona que fue orillada a cultivarla, ya sea por la variante del ingreso, puesto que los otros cultivos no se venden a buen precio; o por la variante de la delincuencia organizada, quienes se apoderan (por las buenas o por las malas) de tierras para la producción de estupefacientes.

O bien, tenemos también el perfil de otro participante activo en el tráfico de drogas: “el traficante”, quien muchas veces también surge de lugares marginales y que, al ser deslumbrado por los arquetipos de la televisión y el éxito, se enfrenta a su realidad eminentemente rural y con oportunidades muy limitadas de crecimiento, con la finalidad de sostener a una familia o simplemente para encuadrar en el estereotipo de éxito planteado por los medios masivos de comunicación.

El fenómeno psicosocial plasmado en el perfil del traficante de drogas en México, es un perfil generado por la pobreza, la falta de oportunidades y empleo, y de crisis de expectativas de vida del sujeto, el cual, mediante la T.V. estadounidense y las novelas mexicanas, encuentra la figura del macho alfa agresivo, con gran acumulación de dinero y camionetas, y claro, mujeres; ¿será una gran casualidad que así se defina el estereotipo de éxito del “narcotraficante”?

Como podemos observar, en los procesos sociales orbitantes entorno a la prohibición de la marihuana o cáñamo, siempre ha existido una constante: la criminalización del consumidor mediante estereotipos racistas y xenófobos, consumidor que se enfrenta directamente al imaginario colectivo creado mediante información falseada y financiada por sujetos económicos relevantes, quienes generalmente representan el estrato social conservador y extremista.

Entonces, podemos concluir que las políticas prohibicionistas de la marihuana en México se generaron por influencia directa de Estados Unidos, por sujetos que defendieron sus intereses comerciales y su moral retorcida, mediante la creación de arquetipos sociales sustentados en miedo e ignorancia, donde etiquetaban a los afroamericanos y latinoamericanos como criminales drogadictos violentos; haciendo a un lado su utilización milenaria, tanto lúdica, medicinal e industrial.

Estepario.logo.E

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Citas al pie

[1]“Los poderes no delegados a los Estados Unidos por la Constitución, ni prohibidos por ella a los estados, están reservados a los estados o al pueblo

[2]La premisa detrás de la enmienda es la de que el verdadero autogobierno es llevado a cabo de la mejor manera a escala estadual y local. En estos niveles de gobierno, el pueblo puede directamente participar en el gobierno, monitorear a aquellos a quienes se les encomendó el poder, y hacer que sus voces sean escuchadas.

[3]El 20 de julio de 1923 el líder de la revolución fue asesinado mediante una emboscada en la que estuvo involucrado el presidente de México, que quería librarse de él, y su cadáver fue profanado. Una de muchas leyendas, dice que la cabeza de Villa fue adquirida como un trofeo por William Randolph Hearst


 

Referencias

http://www.revistaescenarios.mx/la-desconocida-historia-de-la-mariguana-en-mexico-2/

http://www.narconon.org/es/informacion-drogas/marihuana/historia-marihuana.html

http://www.lamarihuana.com/historia-de-la-marihuana-en-el-mundo/

https://www.lamota.org/es/blog/eeuu-historia-cannabis/

https://www.dinafem.org/es/blog/historia-de-la-ilegalizacion-del-cannabis/

http://www.gamba.cl/2012/07/marihuana-la-historia-de-una-prohibicion-fraudulenta/