Breve estudio de la enfermedad que azota nuestra Facultad

El escritorio de un descreído | Columna

Carlos Erasmo Rodríguez Ramos

 (Lea por su seguridad y bajo su propio riesgo)

 es  increíble como la enfermedad pasó tanto tiempo oculta a los ojos del ser humano, sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que no hubo civilización que no fuera víctima de sus estragos. Aunque en la antigüedad varios pensadores ya intuían su existencia, fue hasta hace poco tiempo que se descubrió este virus implacable. A partir de entonces se han hecho grandes avances en su estudio, pero todavía estamos lejos de comprender la magnitud de este mal debido a sus extrañas características.

La primera de ellas es que sus portadores sufren una disminución grave de sus facultades mentales. Una teoría señala que la enfermedad produce una involución en el sistema nervioso de los infectados pues el enfermo también se vuelve agresivo e intolerante. Paradójicamente, el daño cerebral hace que los enfermos lleguen a formarse extrañas ideas que los relacionan con aquellos que padecen el mismo mal. Debido a lo anterior se da la última característica, la más monstruosa e increíble de todas: los enfermos se agrupan con la única finalidad de contagiar a los no infectados.

Esta temible enfermedad recibe entre nosotros el nombre de politiquería y son especialmente vulnerables a ella las personas con las siguientes características: soberbia, ignorancia, incapacidad para reírse de sí mismo, afán protagónico y desconocimiento del hecho de que si se cierra la boca un momento se produce un agradable silencio. Si tienes por lo menos alguna de ellas, debes alejarte inmediatamente de los focos de infección.

Se ha dado en llamar focos de infección a los puntos de reunión de los infectados. Estos focos abundan en todo el planeta y en algunos países, como el nuestro, los más grandes reciben el nombre de partidos políticos; sin embargo, también hay focos en menor escala. Desgraciadamente, en nuestra facultad abundan y han recibido nombres de lo más variado, quedando patente que si algo tienen estos grupúsculos es originalidad para inventar nombres horribles. Es una broma cruel del destino que siendo este mal tan contagioso, las circunstancias ayuden a su propagación. La polémica en torno a los espacios ocupados en la Universidad, la reciente elección del nuevo director de nuestra Facultad y la carrera de payasos para elegir a los representantes del estudiantado han reanimado la actividad de los focos de infección.

En medio de esta peligrosa situación es necesario protegernos y para ello debemos conocer los síntomas. El primero es que los portadores empiezan a manifestar excesiva simpatía por bandos y posturas. Se cree que cuando la enfermedad es grave, las cosas comenzarán a caer hacia arriba antes de que un infectado cambie su opinión. Debido a esto y como resultado de este nuevo brote han surgido detractores y defensores de cuantas posturas pueda concebir la mente más imaginativa. Los que se dedican al estudio de esta enfermedad aún no han dado con las causas ni orígenes de tantas posturas e incluso, en tan encarnizada polémica, ellos mismos se han contagiado de politiquería, por lo tanto no diremos nada en torno a este tema. El hecho de que las posturas que defienden la ocupación del Justo Sierra y de los salones de nuestra facultad parezcan salidas de una mala lobotomía es algo que no discutiremos aquí.

Posteriormente, los enfermos despiden por la boca torrentes de palabras sin sentido con la finalidad de ganar adeptos. Esta es la principal forma de contagio y el mínimo contacto con este fluido puede llegar a tener consecuencias irreparables. Es algo parecido a cuando los zombies muerden a alguien; sin embargo, numerosos estudios han demostrado que el 99% de los no infectados prefiere ser mordido hasta la muerte a escuchar discursos por más de 10 minutos. Con base en esto, distintas asociaciones dedicadas a la protección de los redundantemente llamados Derechos Humanos se han declarado en contra del discurso como forma de tortura.

Volviendo al tema, aunque los infectados insisten en llamar a este vómito “discurso”, los expertos en politiquería lo denominan diarrea oral, por lo asqueroso e incontenible que resulta. Los enfermos van más allá y llaman arte a la forma particular en que despiden este asqueroso fluido, denominándola oratoria. Uno de los espectáculos más repugnantes de los que se da cuenta en los estudios sobre politiquería son los llamados “concursos de oratoria”. Los expertos desconocen la naturaleza de estos eventos pero todo parece apuntar a que el ganador es aquel que logra una mejor imitación de Adolf Hitler.

Al ser la diarrea oral la principal vía por la que se transmite la politiquería, los expertos, preocupados por la salud de los no infectados, recomiendan diversas acciones para evitar el contagio.

La primera de ellas es, como ya se dijo, evitar los focos de infección. Más vale bajar y subir escaleras, aguantándose las ganas de ir al baño, que arriesgarse a pasar por el D-201. Si es imposible evitar el contacto con los focos de infección, se recomienda utilizar audífonos protectores con cualquier tipo de música. Esto evitará que cualquier partícula de diarrea oral ingrese a nuestro cerebro a través del oído. En el caso de los estudiantes de Filosofía y Letras, se recomienda utilizar una escafandra en las inmediaciones del auditorio Justo Sierra.

Si no puedes evitar los focos de infección y careces de audífonos, la mayoría de los expertos considera que estás condenado a todos los malestares reseñados en este temible estudio. Pero en realidad hay una esperanza, una vacuna que puede revertir todo. Muchos expertos piensan que dicha vacuna es un mito que en caso de ser verdad acarrea numerosas consecuencias a quién tiene la osadía de utilizarla, como demuestran los ejemplos históricos de Sócrates y Jesús. Esta vacuna se llama cuestionar y además de librarte de un posible contagio, puede ayudar a la curación de los enfermos no graves de politiquería.

Dicen los especialistas que para cuestionar no se necesita leer incontables libros de temas que tal vez no entiendes ni compartir en Facebook que los estás leyendo y que los comprendes a la perfección. Tampoco se necesita apegarse a ninguna teoría ni a ningún autor en específico pues estas prácticas llevan en sí el origen de la politiquería. Lo único que se requiere es un poco de sentido común y volver a ser un niño, curioso y sin prejuicios que siempre se pregunte a sí mismo y a los demás ¿por qué?, ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Dónde?, ¿Quiénes? Y cuantas preguntas sean necesarias para que tú y tus semejantes comprendan a la perfección tus ideas y las de los otros. Este método también requiere la paciencia y el temple necesario para aguantar torrentes de diarrea oral y fue llamado mayéutica. Ante esta vacuna, los enfermos de politiquería se exasperan y terminan por tacharte de necio o de ignorante, pero no importa, estarás salvado. En estos casos extremos, la enfermedad es irreversible y ya no hay nada que hacer.

Espero este breve estudio les sirva. No teman más a la mala política y siempre, en nombre de la humanidad, ayuden en lo posible al restablecimiento de estos enfermos.

Doy por terminado este breve estudio, no sin aconsejarles que lo cuestionen también, pues puede que de tanto estudiar la politiquería me haya infectado sin darme cuenta.

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