¿Qué papel juega la poesía hoy en día dentro de la universidad?

"Un poeta imaginando", (1989), Juan Ramón Martínez Vega. Técnica: tinta sobre cartulina bristol.
Alejandra Medina Mora Fernández* | Lengua y Literatura Hispánicas, FFyL, UNAM

 

¿POR QUÉ el arte y particularmente la poesía merecen un espacio en las aulas de la Universidad? ¿Por qué lo merecen en las calles? ¿En la vida? ¿En los seres humanos? ¿Por qué hoy más que nunca?

La vida moderna está privatizando el pensamiento, la individualidad del ser ha sido usurpada por los sistemas de producción, y por lo mismo, hoy más que nunca debemos replantearnos la esencia del ser y no formar sólo máquinas; mujeres y hombres prácticos al servicio empresarial, al servicio del sistema, al servicio del capitalismo, al servicio del imperio. Formemos mujeres y hombres con sentido social, con responsabilidad y preocupación colectiva. Hombres y mujeres completos: que piensen, que sientan, que sueñen, que sepan hacer.

El arte y en este caso, especialmente la poesía tiene dos vivas funciones frente al ser humano: es capaz de transformar y de hacer vivir.

En el primer sentido, dejando un poco de lado la vieja discusión sobre si la poesía puede o no tratar temas de coyuntura social y política, —pues considero que la poesía no puede y no debe mantenerse al margen de ello, ya que bien ha afirmado Roque Dalton en sus principios ético-estéticos: “el poeta es una conducta moral, debe escribir como piensa y vivir como escribe”— tenemos una responsabilidad humana de construir en comunidad, el poeta debe una existencia irreductible; al decidir por sí, también decide por los miembros de la sociedad, ya que uno actúa como quisiera que actuara la humanidad. Es ahí donde yace la irrevocabilidad del poema, la responsabilidad de escribir y de vivir como se escribe. Contra esa certeza nadie puede intervenir, es la posibilidad de renacer no en el yo, sino en el nosotros. Así, la historia de sangre y de dolor; por ejemplo, la lucha y rebelión que encarna América Latina ha sido reflejada en una postura poética que reivindica y resignifica el valor, no sólo de los hijos de América, sino del ser humano: José Martí, Roque Dalton, Otto René Castillo, Pablo Neruda, César Vallejo, Nicolás Guillén, Mario Benedetti, Juan Gelman (por nombrar algunos) que no han callado, que no han engendrado el “silencio cómplice” en términos de Martin Niemöller, Bertolt Brecht o del mismo José Martí: la poesía y la palabra, recordemos, no son en definitiva el arma de los neutrales.

En el segundo sentido, la poesía es capaz de hacer vivir, pues el arte en general contribuye a mantenernos vivos, el arte inquieta y sensibiliza. El arte ayuda también a preservar la espiritualidad que es tan esencial para nosotros. En otras palabras: el arte con vitalidad es el arte que más vale la pena, el arte es el elixir de la “eterna juventud”.

¿Por qué replantearnos el valor de la Universidad en este proceso formativo de poetas, de escritores, de analistas y críticos de la realidad? en concreto, ¿de seres humanos no desprendidos de lo humano? Justo porque la Universidad debe ser un espacio que eduque y forme para la vida democrática, justa, digna, libre, plural e incluyente; es, a su vez, un espacio propicio para la organización; para la construcción de reflexiones críticas y sólidas; para la creación de puentes dialógicos/discursivos; para conocer y cuestionar nuestra realidad; para generar propuestas, compromisos y acciones responsables orientadas a la defensa ético-estética del ser humano; para actuar de manera consciente y solidaria; y resignificar el valor de lo humano y aprender a edificar en ésta, nuestra sociedad, el tan estético pronombre nosotros. Pero además de lo anterior, nos corresponde recuperar la responsabilidad que tenemos de construir el sentido de la palabra tan bella y tan significativa que es humanidad; esto significa también ser (en su doble aspecto: verbo y sustantivo) humano (consecuentemente, “humano” también cobra un doble aspecto, pues cuando “ser” es verbo, “humano” es sustantivo y cuando “ser” es sustantivo, “humano” es adjetivo).

Miguel Hernández sostiene con absoluta razón en el terreno del arte lo siguiente: “entiendo que todo teatro, toda poesía, todo arte, ha de ser, hoy más que nunca, un arma de guerra. De guerra a todos los enemigos del cuerpo y del espíritu que nos acosan, y ahora, en estos momentos de renovación y revolución de tantos valores, más al desnudo y al peligro que nunca.”[1] Entonces, tomar partido desde el arte, “partido hasta mancharse”[2] es una trinchera de lucha también imprescindible, ya que el lugar de la cultura frente a un horizonte tan nebuloso como éste es trascendental, “no sólo como herramienta para el combate, sino como parte de una concepción de ser humano diametralmente opuesta a la de los enemigos.”[3] Pues “esta lucha pone en juego la cultura, y con ella la libertad, la independencia, la dignidad humana […] es querer además que con esta victoria sean salvados el destino humano de la cultura, la libertad y la independencia de todos los hombres y de todos los pueblos.”[4]
Estepario.logo.E

Ale *Es Licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM. Estudió también en el Institut d’études politiques, Sciences Po, de París. Actualmente cursa la licenciatura de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Asimismo, imparte un taller de creación literaria para niños en la casa hogar “Amanecer”. Ha publicado un libro de Derechos Humanos titulado “Derechos humanos y restricciones: Los dilemas de la justicia” y ha participado en las antologías de poesía: Poetas Latinoamericanos de la editorial argentina Imagínate y Lluvia de versos de la editorial española Carpa de sueños.

 


 Notas al pie
[1] Miguel Hernández, en su nota previa a Teatro en la guerra, 1937. Citado en: Garrido, Mariano, Poesía como un arma, Ocean Sur, Cuba, 2009.
[2] Celaya, Gabriel, La poesía es un arma cargada de futuro, de Cantos iberos, 1955.
[3] Garrido, Mariano, Introducción de Poesía como un arma, Ocean Sur, México, 2009, p. 7.
[4] Citado en: Ibíd., p. 12.
Referencias
Celaya, Gabriel, La poesía es un arma cargada de futuro, de Cantos iberos, 1955.
Garrido, Mariano, Introducción de Poesía como un arma, Ocean Sur, México, 2009.
Miguel Hernández, en su nota previa a Teatro en la guerra, Citado en: Garrido, Mariano, Poesía como un arma, Ocean Sur, Cuba, 2009.