Guerras Floridas

Jesús Briseño Vázquez │ FFyL UNAM

Un tipo de guerras rituales

Lo primero para analizar a las Guerras Floridas es en tener una noción de la cosmogonía de los mexicas, ya que su vida espiritual era tan intensa que para lo que nosotros puede ser considerado una ficción sobrenatural, para ellos era la realidad misma. Así pues, cosmogonía proviene del griego kosmos que es universo y de gignomai que es nacer, en referencia a los mitos como origen del mundo. En concordancia a ello necesitamos pasar de una lectura racional para trasladarnos a una sensitiva, es decir, apreciable para los sentidos pero no necesariamente lógica, sino ciertamente mítica. A su vez, esto da pie a dos grandes áreas en las que se funda la cosmogonía mexica: por una parte, la naturaleza más próxima o visible, y por la otra, lo que no se puede apreciar por los sentidos. Dentro de la primera se encuentra todo lo corpóreo y terrenal: los hombres, las plantas, los animales y los elementos. Dentro de la segunda está todo lo sagrado que se asienta en el más allá como en un inframundo sombrío. Lejos de ser ámbitos aislados, tienden entre sí una correlación íntima. Sucede que los dioses prehispánicos no eran inmortales, al contrario, su ciclo de vida los avejenta como al resto de mortales. Esto se debe a que ellos forman parte de los dos mundos, del terrenal y del sagrado: son la naturaleza misma, con sus transformaciones, nacimientos y decesos. Al morir a la perceptibilidad de los sentidos, los dioses tienen que morar en un espacio etéreo para recobrar fuerzas y renacer como naturaleza de nuevo. Cuando reviven vuelven a agonizar, por lo que necesitan de las ofrendas humanas para alimentarse. Quizá por ello el sacrificio es un acto de fe: al inmolarse, los hombres alcanzan un estado divino y pasan a formar parte de los dioses. Sin embargo, como en casi todas las religiones, los dioses son volubles y terribles. Cuando el temporal de lluvias se retrasaba o cuando las guerras traían más estragos que glorias, los mexicas empleaban más sacrificios para ganarse el favor del dios correspondiente, aunque esto no conllevase a solventar con toda certeza la situación de conflicto. (1)

La urgencia por aprovechar la naturaleza antes de su inexorable fin o por revertir una situación adversa a la comunidad explica el sentido ritual de la vida del mexica, pues toda ceremonia es una comunicación con los dioses, responsables de mantener en vilo al mundo. La muerte, por medio de las guerras o de los sacrificios, aseguraba la renovación del universo. Bajo este tenor podemos analizar el fenómeno conocido como Guerras Floridas o Xochiyaoyotl (del náhuatl xochi– ‘flor’, yao– ‘guerra’ -yo-), llevadas a cabo en el mandato de Moctezuma I, gobernante que antecedió por cincuenta años a Moctezuma Xocoyotzin en el tempestivo advenimiento español. Un largo periodo de hambrunas azotó a la región entre los años de 1450 y 1454, por lo que el señorío azteca en Tenochtitlán convino con Tlaxcala instaurar estas contiendas ceremoniales con el objeto no de derrocar otra ciudad o matar enemigos directamente, pues estas son guerras sui generis, sino de “recaudar” sacrificios humanos de los más insignes guerreros, apaciguando con ello la ira divina. (3) Estas guerras eran calendarizadas en un lugar establecido y con un número reducido de combatientes. Cuando los cautivos llegaban ante la gran pirámide de Tenochtitlán, eran sacrificados en una piedra especial, llamada téchcatl, se les extraía el corazón al filo de la obsidiana, en honor de Huitzilopochtli, y se comían el cadáver para después empalar su cabeza en el tzompantli o hilera de cráneos como un trofeo. (2)

Ahora bien, el espectro de la realidad mexica no queda limitado a la cosmogonía solamente, sino que aunado a ello se debe analizar el empleo político de las creencias que volvieron a la guerra una práctica tan temible. Siguiendo con las Guerras Floridas, no sólo se trataba de apresar guerreros, al mismo tiempo los aztecas trataron de hacer palidecer a sus enemigos menguando sus fuerzas, infundiéndoles terror y advirtiéndoles el riesgo de oponérseles, llegando al punto escalofriante de invitarlos a mirar en primera fila el sacrificio de sus propios soldados. Esto se explica de la siguiente manera. Desde la formación de los grandes señoríos hasta su expansión, dominio y hegemonía bélica en contra de potencias similares, tuvieron que pasar varios años en los que lentamente se iban fusionando el sentido político y mitológico, la evidencia está en que los barrios o calpulli eran centros de población diferenciados de otros, como los calmecac, por un factor esencial: el conocimiento. Quiénes poseían la sabiduría de los calendarios rituales y de los protocolos sagrados, tenían el fundamento ideológico para propiciar campañas sanguinarias. (3) Los mexicas eran hombres que a la vez que trabajaban la tierra, eran obligados a batallar contra otros pueblos. Así, los que vivían de sus cultivos estaban inmersos dentro de una ficción política donde ellos eran parte de un engranaje de matanzas necesario para complacer a las deidades. Bajo la misma lógica, no es de extrañar que los mexicas se vieran a sí mismos como elegidos por las divinidades y con ello enarbolaran una ideología galopante que les sirviera como pretexto para invadir y someter pueblos reticentes a su autoridad por medio de la guerra.

Conclusión

Los museos son templos de la historia. Al recorrer las exposiciones no podemos menos que resoplar de alivio por la distancia entre el espectador y una piedra de sacrificio. Echar un vistazo a estos objetos extraídos de su contexto histórico implica su evidente desuso, hasta que, como suele suceder, la imaginación se desboca y a detalle recrea las maniobras de un sacerdote desalojando el ensangrentado corazón del enemigo, en ofrecimiento sagrado a los dioses. Sin embargo, ese vértigo es mínimo en comparación al acontecido durante la época en que la cosmogonía mandataba a los hombres el sacrificio periódico en pago por su propia vida. Sin la muerte no podemos volver a nacer. En efecto, mitología y sentido político se fusionan a tal grado, que ningún fenómeno puede desvincularse del otro si se quiere entender a cabalidad no sólo las Guerras Floridas, sino sus rituales.

Estepario.logo.E

 


Bibliografía
1.- López Luján, Leonardo. El sacrificio humano entre los mexicas. Arqueología mexicana, págs. 25, 26, 29, 30.
2.- Olivier, Guilhem. Sacrificio humano, mito y poder entre los mexicas. Letras libres, 2010, p. 1
3.- López Austín, Alfredo. Cuerpo humano e Ideología. UNAM, 2012, p. 89

 

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