La Bandada de Grullas

César Uriel Hernández Espinoza* |  Centro Cultural Ollin Yoliztli

 

Una mañana de abril, Johan Julius caminaba por el bosque aledaño a Ainola. Le maravillaba la cristalina estampa del lago helado, el sonido de los chorlitos y las grullas que, en una cuasi perfecta formación, danzaban por entre los árboles del inmenso bosque. Esta postal, tan brillante, tan primaveral, tan vívida, tan intensamente tatuada en el alma de nuestro taciturno personaje quizás sea, junto con las escenas de infancia, sus idilios académicos y el amor de toda su vida, la columna vertebral de tres cuartas partes de su creación. Ainola. Su residencia, nombrada así en honor a su esposa, Aino Järnefelt. Sus recuerdos, su tiza en la pizarra musical. Su obra, el pilar fundamental del nacionalismo nórdico.

Johan Julius Christian Sibelius nace en el intrincado brazo nórdico (Gran Ducado de Finlandia) del Imperio Ruso en 1865. Hijo de un conocido médico de habla sueca y una ama de casa venida a más, fue un niño inquieto y un joven melancólico cuyos intereses superaban su siglo. Con la muerte de su padre, Johan Julius y su madre marchan hacia la ciudad cabecera Hämeenlinaa, donde inicia su periplo musical, bajo la guía de su tío Pehr Ferdinand, su primer maestro de violín. Su creciente interés y sus sobradas aptitudes musicales lo condujeron rápidamente a convertirse en un joven compositor de música de cámara y un impresionante violinista. Sus primeros resquicios musicales datan precisamente de los larguísimos inviernos en la casa de su abuela paterna, tocando con su media hermana Linda y su hermano Christian.

Para finales de la década de 1880, Johan Julius abandona la carrera de Leyes para convertirse en músico. Su prodigiosa técnica violinística y su interés por la composición lo llevaron a inscribirse en el Instituto Nacional de Música de Helsinki (hoy conocido como la Academia Sibelius). Poco después, viajó a Berlín y a Viena, donde escuchó las obras de Richard Strauss, Anton Bruckner, Richard Fuchs y otros grandes compositores. Indudablemente este hecho, además de escuchar y ver en vivo a su paisano Robert Kajanus dirigiendo sus obras con la Berliner Philharmoniker, marcaron buena parte de sus enseñanzas como músico, siendo sus estudios llevados paralelamente en Berlín y Viena. Y mientras tanto, en Helsinki, el propio Robert Kajanus fundaba la orquesta de su país, la Orquesta Filarmónica de Helsinki.

El ascenso de nuestro personaje fue relativamente rápido. Con una carrera sólida y con obras en franco crecimiento, se convirtió rápidamente en uno de los compositores más importantes de su país. Con la caída del imperio ruso y con la llegada de la soberanía a los territorios liberados, se inicia, aunque tardíamente, el periodo de crecimiento nacionalista en toda la Europa Oriental. Por ello no es coincidencia ubicar a nacionalistas tardíos como Smetana, el propio Johan Julius, el Tchaikovsky maduro, entre muchos otros en el contexto de finales del Siglo XIX. La obra de nuestro compositor rápidamente brincó murallas y fronteras: estrenó obras en Austria, Alemania, Estados Unidos, etc.

Finalizaremos este breviario biográfico de Sibelius comentando que quizás el trabajo de Sibelius sea valorado especialmente por su riqueza tonal, su maravillosa manera de enfatizar expresivamente cada idea planteada en sus obras. Sus poemas sinfónicos, algunas piezas para instrumentos solistas, música de cámara, ópera, conciertos, son una clara prueba de su ascenso y de su genio compositivo, sin embargo, son sus siete sinfonías la punta de lanza de su producción, no sólo desde el punto de vista nacionalista, sino desde un serio punto de vista histórico, pues sus partituras literalmente reinventan la producción sinfónica en términos estrictos del Siglo XIX y son una suerte de pioneros en el Siglo XX.

¿Por qué es importante conocer la obra de Sibelius? Porque es, quizás, el único compositor nórdico que, aún en nuestros días, ha generado revuelo con sus aventuradas partituras. Un compositor del contemporáneo con una madurez romántica y una amplísima gama de posibilidades tímbricas, armónicas, melódicas, y que, lamentablemente, no se ha difundido tanto como mereciera. Salvo su segunda sinfonía, su concierto para violín, sus poemas sinfónicos y piezas sueltas, su obra no se toca, o se toca muy poco en las orquestas americanas. ¿Su complejidad? ¿Su efusividad de tonalidad distendida a la que nuestros correctos oídos no pueden acostumbrarse? Tal vez sean ambas, pero merece decirse un poco sobre cada una de estas sinfonías, que, indudablemente, son la punta de lanza de su obra.

Las Siete Sinfonías

La Primera Sinfonía de Sibelius fue compuesta en el desarrollo musical de nuestro compositor: iniciada en 1898 y terminada en 1899, año en que se estrenó su primer bosquejo bajo la audaz batuta de su compositor con la Filarmónica de Helsinki. De este primer bosquejo sólo se conserva el opus, pues en una seria revisión, Sibelius compuso la obra que hoy escuchamos como Sinfonía No. 1 en Mí Menor Op. 39 y que de hecho fue (re)estrenada por Robert Kajanus y la Filarmónica de Helsinki en Berlín en 1900. Esta obra que inaugura su ciclo sinfónico tiene una deliciosa riqueza tímbrica, presente indudablemente en la rapidez y la proyección de la orquestación de nuestro trigenario compositor.

De la Segunda Sinfonía en Re Mayor podemos hacer ecos de grandilocuencia y tildarla de importante y de liberal, pues su estreno se dio en el marco de la búsqueda cultural de Finlandia. Su estreno se dio en Italia en 1902 por la Filarmónica de Helsinki y su revisión fue reestrenada en Estocolmo hasta 1903. Cabe mencionarse que durante toda la obra se presenta especialmente un motivo musical con el mismo ritmo, melodía y orquestación presentes en otro motivo de la 4a Sinfonía de Anton Rubinstein.

El caso particular de la 3a Sinfonía en Do Mayor, estrenada hasta 1907 por la Filarmónica de Helsinki y el propio compositor dirigiendo su obra, es parecido a un descanso musical. Contrariamente al heroísmo y riqueza tímbrica de sus predecesoras, la Sinfonía No. 3 permanece, según críticos de sus tiempos, austera y simple. La realidad de esta sinfonía es que permanece dentro de un delicioso esquema clásico que lleva a paráfrasis musicales de temas totalmente clásicos muy parecidos a Beethoven. Su duración es menor, pues sólo cuenta con tres movimientos.

Curiosamente, la 4a Sinfonía en La Menor alberga una historia interna mucho más compleja que las dos anteriores. Paralelamente a que extirparan un tumor de su garganta, los ánimos y recursos de Sibelius fueron cambiando desde este punto de su vida. Su 4a Sinfonía, estrenada también por la Filarmónica de Helsinki en 1911, presenta una búsqueda de esquemas contemporáneos, además de una intensa introspectiva y reflexiva expresión que hace esta sinfonía ser una de las más íntimas de su ciclo, pese a no contar con grandes y heroicos pasajes como las primeras dos sinfonías de su ciclo.

Tuvieron que pasar cuatro años para que Sibelius tomara las riendas de algo nuevo. Su 5a Sinfonía fue un homenaje a sí mismo, pues fue encargada por el gobierno de Finlandia para ser estrenada en su cumpleaños 50. En este homenaje personal, estrenado en 1915 con la Filarmónica de Helsinki, Sibelius reitera una revolución personal, pues el nuevo estilo compositivo contemporáneo hace titubear su pluma. La decisión debe ser inminente: continuar innovando el estilo sinfónico o tomar las nuevas corrientes contemporáneas (sobre todo con referencias contemporáneas en su sinfonía estrenada en 1915). Sin embargo, tres años después, retoma su estilo romántico extendido para estrenar hasta 1919 su versión definitiva de la 5a Sinfonía en Mí Bemol Mayor.

Como hemos visto, la tónica de todo el ciclo sinfónico de Sibelius es simplemente la innovación su estilo, además de la orquesta que lo estrenó por completo. Y ya hablamos de Sibelius y de sus obras, ahora hablemos del motivo principal de el presente pseudoartículo, que es más una atenta invitación informada.

El autor recomienda:

– Ciclo (1-7) Chamber Orchestra of Europe; Paavo Berglund.

– Ciclo (1-7) Boston Symphony Orchestra; Sir Colin Davis

– Ciclo (1-7) Helsinki Philharmonic; Leif Segerstam

– (1, 2 y 4). Philharmonia Orchestra; Vladimir Ashkenazi.

– (1, 2, 3 y 5). Oslo Philharmonic Orchestra; Mariss Jansons

– (1, 2, 5) Berliner Philharmoniker; Herbert von Karajan.

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Referencias:
Arnold, Gerald. (1947). Sibelius. A Symposium. Lindsay Dummond Limited. 
Ekman, Karl (1972). Jean Sibelius, his Life and Personality. Greenwood Press.
Sadie, Stanley (Ed) (2001) The New Grove Dictionary of Music and Musicians. Apartado “Sibelius”. Oxford University Press.
Sitios web consultados:
www.sibelius.fi

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*César Uriel Hernández Espinoza es Estudiante de Dirección de Orquesta de la EMVM/CCOY. Director Titular de la Orquesta Sinfónica Juvenil del INJUVE, colaborador y conductor en espacios de Opus 94.5 FM
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