La derrota de América y los caprichos de la historia

"El Caballo Bicéfalo", Jose Clemente Orozco, Hospicio Cabañas.

Carlos Erasmo Rodríguez RamosFacultad de Derecho, UNAM

 

Introducción

Karl Von Clausewitz definió la guerra como un acto de violencia dirigido a someter al enemigo a nuestra voluntad.[1] La finalidad de la guerra, sigue Clausewitz, es el desarme, es decir, la anulación total de la capacidad del enemigo para resistirse. 

Si revisamos la historia de la humanidad aproximadamente del siglo XV en adelante es fácil ver que sólo una civilización ha impuesto su voluntad a las demás: la europea u Occidental, ¿por qué?

Es un hecho conocido que militarmente los españoles eran muy superiores a los mesoamericanos y que las enfermedades que trajeron diezmaron a las poblaciones indígenas, ¿por qué los españoles tenían armas de fuego y armaduras de acero y los indígenas no?, ¿por qué los europeos eran resistentes a esas enfermedades y los mesoamericanos no?, ¿por qué los mexicas no pudieron contraatacar con alguna enfermedad endémica que terminara con los españoles? Estas y algunas otras preguntas dan cuerpo al presente artículo.

Este artículo, además de dar respuesta a las interrogantes planteadas, busca despertar la curiosidad, la polémica y el debate en torno a temas que determinaron en gran medida la configuración del mundo actual. Para hacer todo esto nos será de mucha ayuda el gran libro de Jared Diamond Armas, gérmenes y acero.[2]

Puntos de partida iguales: los cazadores- recolectores

Es bien conocido que los homínidos que evolucionarían hasta convertirse en seres humanos se originaron hace miles de años en África. Los pormenores de este camino evolutivo son bastante conocidos actualmente; sin embargo, todavía se desconocen algunos detalles.  Baste decir al respecto que hace aproximadamente 48 mil años se dio lo que Diamond llama el Gran Salto Adelante: un cambio radical, no está claro si en los órganos que permiten la articulación de palabras o en las partes del cerebro relacionadas con el lenguaje, que permitió a los homínidos desarrollar el habla.

Jared Diamond, también autor de "Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen".
Jared Diamond, también autor de “Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen”.

Por ese entonces todos los grupos humanos eran cazadores-recolectores que iban de un lugar a otro.[3] Fue esta búsqueda de alimento lo que llevó a los primeros humanos a abandonar sus tierras de origen y poblar el planeta por medio de grandes migraciones. Las zonas cálidas continentales fueron las primeras en ser ocupadas, mientras las islas y las zonas frías tuvieron que esperar hasta el desarrollo de ciertas tecnologías como abrigos y embarcaciones rudimentarias.

Para cuando casi todo el mundo estuvo poblado, los seres humanos se encontraban en el mismo punto de partida: pequeñas agrupaciones de cazadores-recolectores que utilizaban utensilios rudimentarios de piedra y hueso. Las diferencias surgieron cuando se dio el acontecimiento que marcó el inicio de la carrera por la conquista del mundo: la agricultura.[4]

La conquista de las plantas y la ventaja inicial

Parece ser que el nacimiento de la agricultura está estrechamente relacionado con el excremento. Esta afirmación jocosa encuentra su justificación en la posibilidad de que el ser humano haya dado con la función de las semillas al ver que ahí donde antes defecaron crecían plantas con la fruta o vegetal que antes habían ingerido. Esto puede parecer extraño y por eso hay que tener en cuenta que las plantas, al estar ancladas al lugar donde echan raíces, han desarrollado cientos de formas curiosas de propagarse. Entre ellas se encuentra el tamaño de la semilla, a veces grande para ser escupida tras comer el fruto, a veces pequeña y resistente para ser ingerida y llegar a la tierra junto con el excremento.

A lo largo de los siglos nuestros antepasados fueron creando cultivos rudimentarios. En realidad, la agricultura no dio muchos beneficios a los primeros agricultores y muchos grupos tardaron todavía en abandonar la caza y la recolección. Este abandono se dio definitivamente tras dos sucesos: la domesticación de animales, de la que hablaremos más adelante, y la aclimatación de las plantas.

Esta aclimatación es un fenómeno a través del cual las plantas cambian para complacernos. El ser humano no nació en un paraíso donde los árboles estuvieran plagados de frutos sabrosos esperando ser tomados, de hecho muchos de los frutos que hoy consumimos no se parecen en nada a sus antepasados. La pregunta es inevitable, ¿por qué demonios las plantas iban a evolucionar para complacernos?

Mientras que el trigo cultivado en Mesopotamia fue aclimatado aproximadamente en el 7500 a. C., el maíz, más caprichoso frente a nuestros designios, lo fue por el 3500 a. C., lo que da al Viejo Mundo una ventaja inicial de 4000 años

Todo se debe a que las plantas, como todo ser vivo, buscan la propagación y perpetuación de su especie. En persecución de este objetivo las plantas se reproducen constantemente y como resultado los nuevos sujetos, producto de distintas combinaciones de genes, son parte de una infinidad de variedades de la misma especie. El ser humano seleccionó las variedades que por sus características se adaptaban más a sus intereses, es decir, aquellas con frutos más jugosos, más resistentes, con tiempos cortos de cosecha, entre otras. Una vez elegida, el ser humano procuró su conservación y reproducción para, posteriormente, hacer una nueva selección de sujetos. Tras realizar cientos de veces el mismo proceso el ser humano generó los frutos y cereales que hasta hoy en día consumimos. Esta selección bien podría ser un remoto antecedente de la ingeniería genética de nuestros días.

Hay que señalar que la agricultura sólo se desarrolló de manera independiente en pocas regiones: Mesopotamia, China, el este de Estados Unidos, los Andes y Mesoamérica. Los cultivos aclimatados en estas regiones llegaron a las demás gracias a la difusión de conocimiento que abordaremos más adelante.[5]

Es importante señalar esto porque da la casualidad que los cultivos de Eurasia eran más propensos a ser aclimatados. Mientras que el trigo cultivado en Mesopotamia fue aclimatado aproximadamente en el 7500 a. C., el maíz, más caprichoso frente a nuestros designios, lo fue por el 3500 a. C., lo que da al Viejo Mundo una ventaja inicial de 4000 años.[6]

¿Por qué esto constituye una ventaja? Porque el desarrollo de la agricultura trajo consigo el nacimiento de lo que llamamos “civilización”. Con el excedente de las actividades agrícolas fue posible alimentar a personas no involucradas con la producción de alimentos. Estas personas se convirtieron poco a poco en técnicos especializados en toda clase de cosas, desde soldados y escribas hasta sacerdotes pertenecientes a una élite encargada del gobierno. Además el modo de vida sedentario, nacido de la necesidad de permanecer junto a los cultivos, tuvo como consecuencia un crecimiento demográfico. En las agrupaciones de cazadores- recolectores las parejas sólo podían reproducirse cada tres o cuatro años debido a que ese tiempo era el requerido para que su hijo pudiera abandonar el regazo de su madre y caminar junto con la horda en la caza o en la recolección. Esto dejó de ser así con la vida sedentaria, donde una familia podía cuidar fácilmente a varios niños de brazos.[7]

Caballos, ganado, gérmenes

Pocas cosas fueron tan temidas por los antiguos americanos como los jinetes españoles. Un hombre a caballo podía atacar desde una posición ventajosa a alguien a pie y por si esto fuera poco aquel enorme animal podía arrollar, patear y hasta morder.

Por un extraño capricho de la naturaleza los mesoamericanos carecían de este tipo de armamento bélico por la sencilla razón de que todos los grandes mamíferos de la zona estaban extintos.[8] En Eurasia, por el contrario, se encontraban todos los grandes mamíferos que fueron domesticados por el ser humano: la oveja, la cabra, el cerdo, el caballo, entre otras.

Una vez domesticados el ser humano los utilizó para cubrir sus necesidades. Algunos eran una fuente importante de carne o lana mientras que otros servían como animales de transporte o de carga.

Debemos apuntar que un descubrimiento puede llegar a impactar otro. En este caso la domesticación de animales tuvo un fuerte impacto en la agricultura ya que permitió el uso del tiro con animales y el de excremento como fertilizante.

Todo lo anterior provocó un nuevo aumento de la población, una dieta más rica en proteínas y el acortamiento de grandes distancias utilizando al caballo como medio transporte, uso que perduró hasta después de la Primera Guerra Mundial.

La domesticación de estos animales también trajo un extraño regalo a los habitantes de Eurasia: un sistema inmunológico más resistente.

Los gérmenes, al igual que las plantas, buscan su propagación y su sobrevivencia y ven en cualquier animal un medio idóneo para lograr sus objetivos. Los gérmenes desarrollaron distintas formas de infección como la ingesta de carne infectada, el contacto con fluidos infecciosos, los piquetes de insecto, entre otras.

¿Qué tiene que ver el desarrollo del sistema inmunológico con la domesticación de los animales? Gran parte de las enfermedades epidemiológicas que afectan al ser humano evolucionaron a partir de gérmenes que sólo estaban presentes en los animales. El caso del SIDA es muy representativo de esto. Cuando nuestros antepasados comenzaron a convivir de cerca con estos animales algunos gérmenes que residían en ellos se adaptaron para poder hospedarse en el cuerpo del ser humano. Algunas de estas enfermedades altamente infecciosas acabaron con muchísimas vidas pero con el paso del tiempo el cuerpo del ser humano se adaptó al germen y éste al cuerpo del ser humano. Esto último resulta evidente si tomamos en cuenta que si un germen acaba con todos sus portadores está también acabando consigo mismo. Es por esto que cuando los europeos llegaron a América eran portadores de gérmenes altamente contagiosos y nocivos a los que eran más resistentes.[9] Los nativos americanos al no estar en contacto con estas especies animales agrupadas en grandes concentraciones nunca estuvieron expuestos a ese caldo de cultivo y por lo tanto nunca desarrollaron resistencia a esas enfermedades.[10]

Por esta misma carencia de grandes mamíferos nunca se desarrollaron enfermedades endémicas americanas que generarán una epidemia mortal para los invasores.

Se calcula que antes del “descubrimiento” de América la población del continente ascendía hasta aproximadamente 20 millones. Después del ataque de los gérmenes traídos por los europeos la población se redujo hasta un 95%.[11]

Los caprichos de la geografía y la difusión del conocimiento

Ya explicamos el surgimiento de algunas ventajas de los europeos pero aún nos falta una, igual de importante que las demás: el desarrollo de la tecnología.

Pareciera ser que los 4000 años de ventaja que obtuvieron en un inicio los habitantes de Eurasia bastan para explicar las diferencias tecnológicas con el Nuevo Mundo pero en realidad la respuesta no es tan simple.

Contrario a la idea popular, los inventos no surgen de la nada en las mentes de grandes genios. En realidad, este desarrollo tiene que ver más con la difusión e innovación de tecnología ya creada que con su creación en sí. Como prueba de ello sólo es necesario revisar los cientos de inventos que sólo encontraron utilidad después de haber sido mejorados o adaptados para cubrir necesidades que nunca fueron planteadas por sus inventores originales (el motor de combustión interna, por ejemplo).

Si nuestra afirmación es correcta, ¿por qué en Eurasia el intercambio de ideas y de tecnología fue más propicio que en Mesoamérica? Es simple: geografía.

Si trazamos una línea recta a través de Eurasia que pase por la mayor cantidad de Tierra posible nos daremos cuenta que va desde Francia hasta Rusia y tiene por extremos los océanos Atlántico y Pacífico.

Esta línea, en apariencia irrelevante, fue determinante para la historia humana. Esta gran extensión de tierra por la que pasa nuestra línea tiene un clima similar en la mayor parte de ella. Esto se debe a que debido a la inclinación del eje terrestre los rayos del sol impactan con la misma intensidad en lugares que comparten la misma latitud. Esto es cierto siempre y cuando no intervengan otros factores (presión atmosférica, viento, humedad, entre otras).

Según Jared Diamond, la facilidad para aclimatar cultivos e facilitar el intercambio tecnológico entre civilizaciones tiene que ver con la latitud que compartan éstas.

Este clima compartido posibilitó la rápida difusión de la agricultura y de distintos cultivos capaces de crecer en el clima de esa latitud. Baste como ejemplo el famoso clima mediterráneo presente en las costas al sur de Europa, en el Delta del Nilo, en Mesopotamia y en parte de Etiopía. Tras esta difusión de cultivos, varias civilizaciones distintas nacieron en el eje este-oeste de Eurasia en intervalos de tiempo relativamente cortos.

Este surgimiento de sociedades distintas es un supuesto necesario para el intercambio y la innovación tecnológica; sin embargo, para que esto fuera posible era necesario que el contacto entre ellas se diera. Este contacto se llevó efectivamente a cabo pues no había barreras geográficas importantes que lo impidieran y se contaba, como ya mencionamos, con el uso del caballo. Recordemos como ejemplo de ello a la famosa ruta de la seda. Es importante mencionar que algunos grupos que estaban cerca de este gran eje de intercambio tecnológico no pudieron participar de él por grandes barreras geográficas: los centro africanos separados por el Sahara y los mongoles separados por el desierto Gobi. Actualmente en ambos lugares subsisten comunidades de cazadores- recolectores nómadas.

Estando así las cosas es necesario decir que la Europa medieval y posteriormente la del Renacimiento fueron herederas de infinidad de inventos provenientes de civilizaciones distintas, en particular dos: China y los califatos árabes.

Europa es entonces resultado de la suma de milenios de investigación realizada por distintos pueblos. Esto explica por qué los europeos tenían armas de fuego: la pólvora, inventada en China, fue utilizada por los árabes en cañones rudimentarios y posteriormente llevada a Europa, donde se elaboraron los primeros mosquetes.[12]

La geografía no fue tan amable con América. Si hacemos el ejercicio de trazar una línea similar a la de Eurasia nos daremos cuenta de que el eje resultante va de norte a sur.[13] Esto quiere decir que al desplazarnos sobre ella en cualquier dirección estamos cambiando de latitud. Así, es muy poco probable que un cultivo aclimatado en una zona sobreviviera al ser trasladado a otra. Una prueba de ello es la gran cantidad de especies de maíz que tenemos. Esa variedad no refleja, como el orgullo patriotero quiere hacer ver, una gran biodiversidad natural, en realidad  es prueba del número de veces que el ser humano tuvo que aclimatar el maíz en las distintas regiones. Todos esos colores de maíz son prueba de nuestra mala suerte geográfica.

Contrario a la idea popular, los inventos no surgen de la nada en las mentes de grandes genios. En realidad, este desarrollo tiene que ver más con la difusión e innovación de tecnología ya creada que con su creación en sí.

Dadas las circunstancias no surgieron varios grupos distintos en el mismo periodo si no en periodos distintos. Esto trajo consigo que los más desarrollados sometieran a los demás. En nuestro país esto llevó a una homogenización cultural donde cada grupo tenía rasgos distintivos importantes aunque en el fondo guardaban características semejantes.[14]

Estas semejanzas inhibieron la innovación y creación de nuevas tecnología que por lo común eran compartidas por todos. Hay que mencionar aquí las sobresalientes excepciones de los conocimientos astronómicos mayas y del gran dominio de la metalurgia por los indígenas de Oaxaca.

Por si esto fuera poco, Mesoamérica se encontraba geográficamente aislada del mundo: separado por océanos de Eurasia, de las poblaciones del Mississippi por los desiertos del norte del país y de los incas por el clima de la región que hoy es Panamá.

Mesoamérica no sólo tenía 4000 años de desventaja sino todos los cientos o miles de años más que tardaría en desarrollar por sí misma toda la tecnología que estaba a disposición de los europeos.[15]

 

Conclusiones

Como hemos visto muy a grandes rasgos en este artículo la victoria final de Europa no fue más que la confirmación de una ventaja de miles de años en el desarrollo de distintas tecnologías. Más allá de las destrezas o defectos de los líderes de ambos bandos, esta victoria se produjo como resultado de estos factores y de algunos otros que quedaron sin mencionar.[16]

Espero que el artículo despierte en el lector la curiosidad hacia este tipo de temas y sirva como invitación a la lectura de la obra de Diamond, que abunda en estos temas y en muchos otros que no fueron mencionados. El debate y las lecturas de este tipo son importantes para nuestra comprensión del mundo frente a la confusión sembrada por la infinidad de discursos que tratan de explicar la desigualdad actual, entre ellos los racistas y los indigenistas.

Dadas las circunstancias, no fue posible explorar los aspectos políticos, sociales, económicos y hasta jurídicos que empujaron a los europeos a emprender la conquista del mundo. Falta mucho por decir acerca de las causas que llevaron a ser al mundo como es hoy en día.

Teniendo en cuenta todo lo dicho, podemos afirmar, por ridículo que pueda parecer, que el resultado de una guerra, ese desarme del que hablaba Clausewitz, dependió más en estos casos de las condiciones previas a la batalla que de la batalla en sí. Así, la historia de la humanidad se nos presenta como un montón de curiosas casualidades susceptibles de ser explicadas racionalmente.

Estepario.logo.E

 


[1] Clausewitz, Karl Von, On war, trad. del alemán por Routledge, Estados Unidos, Penguin Books, 1968, p. 101. Clausewitz era un militar prusiano que tenía más de filósofo que de soldado y dedicó el trabajo citado a dar una explicación teórica de la guerra.
[2] Diamond, Jared, Armas, gérmenes y acero, trad. de Fabián Chueca, México, De Bolsillo, 2013. Este libro es un estudio antropológico que plantea las mismas preguntas que planteamos en este artículo; sin embargo, no sólo se limita a lo que hoy es México sino que también aborda los casos de África, Asia y Oceanía. Todas las cuestiones tocadas en este artículo, o por lo menos la gran mayoría, son agotadas en el libro tanto por material bibliográfico como de campo.
[3] Ibídem, pp-45-47.
[4] Ibídem, pp.41-78. La primera parte del libro da cuenta detallada de la evolución del ser humano y del posible orden de las migraciones.
[5] Ibídem, pp. 107-121. Actualmente se discute si hubo otras regiones que desarrollaron la agricultura de manera independiente. Tal es el caso de las islas de Oceanía, el África Occidental, Etiopía y el Amazonas.
[6] Smith, Bruce, Reassessing Coxcatlan Cave and the early history
of domesticated plants in Mesoamerica. Véase en: http://www.pnas.org/content/102/27/9438.full.pdf
[7]    Diamond, Jared, op. cit., nota 3, pp. 97- 203. La segunda parte del libro da cuenta detallada de todo lo expuesto en esta parte del artículo.
[8] Ibídem, p. 203. Las razones de esta extinción masiva no están del todo claras. Se especula que pudo deberse a un gran cambio climático o a la caza desmesurada del ser humano. Probablemente esta extinción ocurrió en el Pleistoceno.
[9] Ibídem, p. 237. Algunos de los factores que contribuyeron al desarrollo de estas enfermedades fueron la gran concentración poblacional, la falta de higiene en las ciudades y la facilidad con la que los seres humanos podían transportarse de un lugar a otro.
[10] León- Portilla, Miguel de, La visión de los vencidos, México, UNAM, pp. 99-108. Véase en: http://axayacatl.edu.mx/historia/wp-content/uploads/2013/10/LeonPortillaMiguelLaVisiondelosVencidos.pdf. Comúnmente se cree que durante el asedio a Tenochtitlán los mexicas fueron azotados por una epidemia de viruela que, además de diezmar sus fuerzas y su moral, terminó con la vida de Cuitláhuac, sucesor de Moctezuma Xocoyotzin.
[11] Diamond, Jared, op. cit., nota 3, pp. 225-248.
[12] Ibídem, pp. 275-303.
[13] Ibídem, pp. 205- 222.
[14] León- Portilla, Miguel de, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, 6ª ed., México, Fondo de Cultura Económica, 2005. El ejemplo más importante de lo dicho puede ser el culto a Quetzalcóatl, llamado Kukulcán en el mundo maya. Se dice que este culto tuvo su auge en Tollan- Xicocotitlán, una civilización que alcanzó tal prestigio entre los antiguos mexicanos que todos buscaron emularla. Hay que recordar que la organización política, las armas, la forma de combatir y la tecnología de las civilizaciones prehispánicas variaron poco de un grupo a otro.
[15] Un ejemplo importante e ilustrativo de lo dicho es el de la escritura. La escritura y todas las ventajas que conlleva ya estaban arraigadas en Europa mucho antes de la conquista. De hecho, la mayoría de los sistemas de escritura de Occidente comparten ancestros en común constituyendo otra prueba importante del intercambio cultural y tecnológico del Viejo Mundo. En Mesoamérica esto no era así. Algunos especulan que al momento de la conquista, los mexicas y los mayas ya empezaban a desarrollar una especie de alfabeto. Los pueblos nahuas, por ejemplo, comenzaron a utilizar el símbolo del “agua” (atl) como representativo del fonema “A”, el símbolo de “camino” (otli) como “O”, etc. Es probable que de no haberse dado la conquista Mesoamérica hubiera desarrollado su propio alfabeto. Garibay, Ángel María, Panorama literario de los pueblos nahuas, México, Porrúa, 2001, pp. 29-31.
[16] Un factor sin duda importante que no fue explorado en este artículo es el ideológico. El impacto de las enfermedades, de los caballos y de los armas de fuego en la psique de los indígenas fue de vital importancia para lograr una victoria tan rápida. También lo fue el haber tomado a los invasores por dioses que regresaban y la habilidad política de Cortés para explotar en su favor las tensiones políticas del mundo prehispánico. Véase: León- Portilla, Miguel, op.cit., nota 11.
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