Los cañones y la soberanía: una breve interpretación de la Obertura 1812

Piotr Ilich Chaikovski

Gabriela Martínez | Facultad de Música, UNAM

 

“N o hay mal que por bien no venga”, ese es un dicho mexicano que siempre me ha generado conflicto, porque independientemente de mi concepción de la moral, del bien y de la utopía (desear con ahínco una sociedad justa, pacífica y colmada de felicidad), la frase más que gustarme, es cierta. Un claro ejemplo es la cuestión de la guerra y el dolor, temas explotados por el arte donde no cabe duda que la capacidad del ser humano es zanquilarga a las necesidades de expresión.

El dolor es una cosa amplia y en términos artísticos le debemos mucho: qué sería de este mundo sin el grito de Munch, o tal vez algo más actual, sin el calentamiento global, no se hubiera hecho ese excelente performance del pianista Ludovico Einaudi en el Ártico. Insisto, es un tema que me genera conflicto, porque en mi esencia, la construcción de un mundo mejor siempre está en vuelo, empero la imaginación humana es ilimitadamente impresionante: los artistas son capaces de enfocar cualquier tipo de tragedia en  belleza.

Algo así pasa con la Obertura 1812 de Piotr Ilyich Tchaikovsky, una obra emblemática de la independencia, la guerra y la zaragata patriótica.  Tchaikovsky fue uno de los grandes compositores del siglo XIX, nació en Votkinski, fue criado por una institutriz suiza, era romántico por antonomasia, corren los rumores que era homosexual, inclusive dicen que se suicidó por un amor no correspondido, le tocó vivir la dinastía de los Romanov y se unió a la gama de artistas nacionalistas junto con el Grupo de los Cinco, Glinka, Dvorak, Bártok, entre otros. El nacionalismo es una subcorriente del romanticismo en la cual hay un intento  de resaltar las características patrióticas (por decirlo de alguna forma) de una determinada sociedad, por lo que se utilizaron recursos “folclóricos[1]  para denotar la riqueza cultural que se hallaba en un lugar, el claro ejemplo de esto fue con Béla Bártok, uno de los iniciadores de la llamada Etnomusicología, él utilizaba rasgos de las danzas populares para la creación de su música[2]

En el caso de Tchaikovsky  con la obertura 1812, quiso hacer una representación del triunfo de los rusos en el intento de invasión de la Grande Armée de Napoleón Bonaparte.  La peculiaridad en dicha obra es la capacidad del compositor para representar a la soberanía de un Estado, el toque que le da esta perspectiva es sin duda el tempo alla marcia, pero lo que le da ese plus, a mi criterio, son los cañones que deben ser disparados.

Por otro lado, tenemos a la soberanía. Es bien sabido, que por cuestiones didácticas, al Estado se le define en las carreras de ciencias sociales como un ente ficticio, conformado por territorio, sociedad, gobierno y en algunos casos, agregan a la soberanía. La soberanía se entiende, en algunas cátedras impartidas en las facultades de derecho,  de manera general y falaz[3], como el poder que tienen los Estados de autodeterminación. En otras palabras: “La soberanía es una característica propia del poder del Estado y consiste en dar órdenes que, por su carácter, son definitivas para hacer sentir su poder en el orden interno del Estado; a la vez, es una forma de reafirmar su independencia frente a otros Estados”. [4]

¿Cómo podemos escuchar a la soberanía? (pregunta tan más extraña, pero no menos que el concepto de Estado). Mi respuesta siempre ha sido, escuchar la Obertura 1812. ¿Qué nos dice? Lo primero que se me viene a la mente es Paul Kahn, un investigador estadounidense en el área filosófica y jurídica. En términos muy generales, él tiene una la idea innovadora acerca de cómo se entiende al Estado de Derecho, éste se refleja y es creado a partir de las mitificaciones que se hacen a través de la cultura, así que se pregunta “¿Dónde podemos encontrar un lugar para el estudio libre del derecho en una cultura totalmente permeada por el Estado de Derecho?[5] Si partimos de la idea de que la música es una de las máximas formas de expresión cultural del ser humano, tenemos que 1812 hace una mácula cínica a la estrategia militar de Napoleón, inclusive hay partes en las que se hace referencia a la melodía de la Marseillaise, himno nacional francés[6]. Pero más allá de la burla, son esos hipnotizantes cañones: la fuerza de las armas son indispensables en la estrategia militar.

Junto con la pólvora, el cañón tiene origen en oriente, específicamente en China y a partir de ahí, ha jugado un papel importante en el desempeño de una guerra: grandes máquinas de fuego y rueda que propician una muerte fulminante: en el último segundo de nuestras vidas, nos vemos envueltos en una capa de humo y de repente, el círculo que dibuja la bala que acribilla, aparece como un fantasma y lo único que se viene a la mente, es que ya no importa nada, eso es el final.

En general, los ritmos acentuados de los compositores rusos tratan de manumitir cualquier intento de opresión externa: vapulear el intento de dominar. Tchaikovsky no le bastó eso, conquistó el sentido de su propia obra con los cañones y la melodía final (sol, do, re, mi, re, do, re, miiii, dooo, dooooooo. Sol, do, re, mi, re do, re, miiiii, doo, dooooo). Cabe aclarar que los cañones son un emblema de orgullo, basta visitar el museo de las intervenciones o recordar cuando se trataba de definir en el siglo XVIII cuál era la distancia del mar territorial (hasta donde llegaba la bala del cañón).

Ergo, las armas quedan en primer plano de la perspectiva de 1812: al final de cuentas una mitificación para crear una percepción de lo que se es, aunque esto no sea forzosamente cierto (en términos de Paul Kahn). Porque al final de cuentas y lo curioso, es que los rusos “ganaron” no precisamente por sus cañones, si no por el clima de su inminente espacio geográfico. Ese fue su éxito, no su estrategia militar.

Estepario.logo.E


[1] El término folclor en ocasiones denota una discriminación, al referirse a un tipo de música popular de ciertas comunidades. Es por eso que lo pongo entre comillas. No obstante también es un término acuñado por los antropólogos para referirse a lo originario. Dada su utilización en varios sentidos, me atrevo a utilizar el término folclor pero entre comillas.
[2] Para que quede más claro el ejemplo, se me hace pertinente recomendar que se escuchen las Danzas folclóricas rumanas de dicho compositor.
[3] La soberanía un componente, al mismo tiempo, dentro de lo que se entiende por Estado, pero también se define diciendo que es un poder del Estado, lo que a mi criterio es un argumento ilógico. Así lo llegan a definir algunos profesores.
[4] GUERRERO GONZÁLEZ, Joel, “El concepto de soberanía en nuestra historia constitucional”, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, http://bibliohistorico.juridicas.unam.mx/libros/2/721/32.pdf, p. 504
[5] KAHN, Paul, El análisis cultural del derecho, Biblioteca Yale de estudios jurídicos, Ed. Gedisa, 2001, p. 47
[6]  Cosa que es bien sabida, no es nada nuevo referirse a la burla que hace Tchaikovsky a los franceses con su propio himno nacional.

Referencias
GUERRERO GONZÁLEZ, Joel, “El concepto de soberanía en nuestra historia constitucional”, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, http://bibliohistorico.juridicas.unam.mx/libros/2/721/32.pdf
KAHN, Paul, El análisis cultural del derecho, Biblioteca Yale de estudios jurídicos, Ed. Gedisa, 2001, p. 47
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