TV UNAM y las taras de la erudición

 En el esquife | Columna

Adolfo Ulises León

 

TV UNAM necesita construir una audiencia y para eso debe prescindir de la erudición. Por años, y con justa razón, los académicos e intelectuales pensaron en la televisión como un medio capaz de convertir todo lo que tocaba en espectáculo. Las consecuencias de ello son amplias, van desde la manipulación política hasta la disminución de las capacidades cognitivas de los televidentes. Lo anterior llevó a hacer de la televisión pública un proyecto que contrarrestara la frivolidad, ya como un refugio de la alta cultura o bien con una misión teórica dirigida a educar y construir ciudadanía. Aunque bienintencionadas, estas ideas terminaban mordiéndose la cola e ignorando que precisamente la manera de producir contenidos en la televisión comercial podía ser un punto a su favor. Es decir, un ejercicio intelectual “serio” necesariamente requiere decodificar, la realidad política está construida por abstracciones y para comprenderlas uno necesita concentración y diálogo. Si la televisión sólo exige pasividad y su fuerza radica en la imagen no hay lugar en ella para interpelar al espectador sobre “altas” cuestiones. La televisión es entretenimiento y si esto se tiene claro sólo entonces podemos pensar en cómo generar contenidos de calidad. Con lo anterior, no digo que sea imposible educar o construir ciudadanía desde la televisión, digo que no lo es de manera en la que se intenta y que sólo son viables hasta cierto punto.

Por otra parte, con la llegada del internet, cada día la televisión pierde presencia en la construcción de la opinión pública y en el mercado del entreteniendo. Pensemos en Netflix o Clarovideo, estos monstruos que dan al espectador total libertad, o en los youtubers, que han demostrado que los jóvenes no sólo somos un arquetipo telenovelesco y que una cara bonita no es requisito para mediatizarse. Lo mismo ocurre con lo noticioso, ya sea por memes o transmisiones en vivo, uno se informa al instante en redes sociales. Para mí, los últimos reductos de la televisión tradicional son las transmisiones deportivas —y eso también está por verse: los juegos de Río o los partidos del Chivas, por ejemplo, optaron ya por el internet— y la producción de grandes series como Game of thrones. ¿Por qué? Repito, la televisión es entretenimiento y su mayor mérito está en contar historias.

En México la televisión pública tiene un gran referente: Canal Once. Sin duda, uno de sus grandes aciertos es que su programación hay contenidos para todos. ¿Quién no recuerda con cariño caricaturas como Los cuentos de la calle Broca o Mona la vampira; o Bizbirije, esa idea tan inteligente que logró que muchos niños abrigáramos el sueño de ser periodistas? Hay series buenísimas, Soy tu fan, XY. Para las inquietudes más inmediatas, Diálogos en confianza. Para personas de la tercera edad, Añoranzas. Para animarnos el apetito, La ruta del sabor. De debate político, Primer Plano, Espiral. De testimonio, Aquí nos tocó vivir. Dirigidos a la comunidad politécnica: A la cachi cachi porra o las transmisiones de los partidos de los Burros Blancos. En fin, la lista podría seguir y sólo queda un certeza, Canal Once se arriesgó, apostó por la creatividad y al día de hoy es una televisión que compite de tú a tú con la televisión comercial.

Si bien sería injusto compararlas, creo que TV UNAM sí tendría que aprender de los cincuenta y siete de experiencia de Canal Once. El pasado 04 de agosto, cuando Nicolás Alvarado presentó lo que sería su proyecto de programación, cometió el mismo error que Juan Ramón de la Fuente en 2007 al anunciar la señal digital de TV UNAM: “este proyecto no pretende competir con la televisión comercial […] No vamos por el raiting. Vamos por el sector de la sociedad mexicana que quiera sintonizarnos”. Por su parte, Alvarado — pueden verse sus declaraciones en la Gaceta no. 4801— dijo que el objetivo principal del canal era el de transmitir “lo que hace la Universidad en el campo de la ciencia, la cultura y el conocimiento”. Para ello, el polémico erudito propuso como cartas fuertes los siguientes programas: Voces Cátedra Bergman, El Colegio Nacional, Refracción, Puntodoc, Gabinete de las curiosidades. Si bien en el discurso las propuestas suenan interesantes, pues la mayoría apuntan a la interdisciplinariedad, en los hechos cualquiera que los haya visto se dará cuenta de lo aburridísimos que son. El formato es el esnobismo, dos o más personas hablando y entendiéndose entre ellos, en locaciones cuadradas y poco iluminadas. Subordinando las necesidades culturales de los televidentes por las propias. Yo me pregunto ¿dónde están los contenidos infantiles, dónde están las historias, dónde los testimonios, en fin, dónde está el entretenimiento?

Insisto. Contar historias siempre será más efectivo que dar largas explicaciones. Por ejemplo, uno aprende más sobre andamiaje legislativo y administrativo viendo House of Cards que escuchando a un doctor en Derecho Constitucional; lo mismo ocurren con Modern Family que, al asumir como un hecho cotidiano la adopción en familias homoparentales, facilita la asimilación; la Ley y el Orden —más allá de la idealización de un sistema judicial— interpela a los espectadores sobre cuestiones penales.

TV UNAM tiene que producir series que respondan a nuestras inquietudes sociales y, aunque la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión impone un freno al financiamiento, puede valerse de las coproducciones al igual que Canal Once. Tiene que contar historias para niños, además de que se puede educar de manera más efectiva esta audiencia también a largo plazo, al convertirse en adolescentes o adultos, tendrán en TV UNAM un referente como ocurrió en mi generación respecto a Canal Once. Tiene que dar espacio para testimonios, de lo contrario se cierra una gran puerta para que todo tipo de personas se sientan identificadas. Su comunidad es importante pero no lo es todo. Lo sé, sonaré arriesgado, pero ¿por qué no encontrar la manera de trasmitir los partidos del Pumas en TV UNAM? Por último, quizá lo más importante y lo más difícil, TV UNAM tiene que participar en la construcción de opinión pública. Sé que una tradición de sectores radicales en la universidad se alebresta cuando ésta intenta politizarse, sin embargo debe correrse el riesgo: hacer un noticiero y llevar a los actores políticos a mesas de discusión que compartan académicos y estudiantes.

El puesto de director de TV UNAM continúa vacante y por ahí escuché el entusiasmo con el que la comunidad de la Facultad de Derecho propone uno de sus profesores: Alfonso Ocho Hofmann. Aunque no he tenido un trato directo con él, estoy al tanto de su proyecto estudiantil Grado Cero. No demerito su trabajo pero por las preocupaciones en sus contenidos (sobre todo de carácter filosófico) y el abuso de formatos tradicionales me temo que seguirá el mismo camino que Nicolás Alvarado. Quizá me equivoque.

La pregunta que dejo al aire, para dirigir TV UNAM ¿hay un perfil creativo en la universidad incapaz de sucumbir a las taras de erudición?

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