Escribo para olvidarte

Epistolar | Iván Adelchi Peña

 

“Lágrimas metidas,
en una botella de cristal, que navegan
en el mar sin saber a dónde llegarán”

 

Así inicio esta pequeña carta que sólo desea contar mi historia, de cómo el sinsentido, de cómo la sinrazón acabaron con mi amor. Hoy, al igual que muchos otros días, me encuentro roto, infalible, imposible de reparar. No logro entender cómo tanto amor, tanto sueño pueden ser parte de las relaciones humanas. ¿Cómo es posible que fracasemos tanto respecto de nuestros sentimientos?

Dado que tengo muchos sentimientos agregados, anexados, imposibilitados, no logro entender cómo me he vuelto tan sensible, tan loco e incomprendido. Lo que deseo es sacar el sentimiento, la pulsión no resulta… Sobre todo, porque no logro olvidarla, no logro quitarme sus besos, sus ojos, su aroma y hago de mis recuerdos el lugar idóneo para saberme feliz; la imaginación, el único espacio donde me siento feliz. La realidad parece pesada, me da extrañeza y extranjería.

Sin duda, a su lado era enormemente feliz, no cabía de la felicidad, no veía defecto alguno, cosa que pareciera imposible era posible en el imaginario. No creo saber más de la vida, ni de su certeza, sólo sé y entiendo la nada presente ante mí. Creo que también esta historia se reproduce mucho y más en esta época, donde los sentimientos son tan poco vividos, tan poco explorados y tan anestesiados. Sentir, yo creo que eso es lo que más extraño de tenerla, de sentir con tanta fuerza, que daba apariencia de ser imparable. Para mí, todo esto es una forma de entenderme, de reconocerme, de dolerme y saberme que ella me hacía humano.

Desde su partida, tengo nuevamente el valor de vivir, creo que gracias a su partida hoy soy mejor y peor para sentir, porque parece —por el momento— que no tengo la posibilidad de sentir algo más fuerte por alguien que no sea ella. Pero siempre la agradeceré tanto amor, cariño, tantas noches de hacernos el amor, de tantas formas que nos dijimos “Te amo”…

Quería contarte un poco de mi historia y mi historia está marcada por el olvido, por su ausencia y aprender a vivir esa misma ausencia de ella. No creo que exista algo más profundo que el amor y si alguien me pregunta si lo volvería hacer, claro que volvería amar de esa forma, tan fuerte, tan contundente, tan entregado, un amor bonito, como dicen.

No soy un escritor, ni lo pretendo ser, sólo escribo como un alivio del alma, como una forma integral de sanar, porque no logro entender mi mundo sin las letras, con cada una de sus formas, variantes, formulaciones; pero creo, sobre todas las cosas, que las palabras son una cosa bestial y miren cómo lo digo, cuando no logro olvidar tantos “te quiero”, tantos hermosas palabras que con su voz emanaban, hasta la grosería más apestosa parecía un destello de belleza.

Trato, día a día, de olvidar o por lo menos vivir con tanto amor que tengo para ella. Y bueno, tú te preguntarás ¿y qué pasó? Yo no creo que sea relevante, no creo que la historia sea interesante, no es diferente de otras peleas, rupturas, engaños y dramas amorosos que la gente vive a diario. Lo que importa son los sentimientos, esa ruptura existencial, ese desgarramiento que es que te toquen; hoy, no logran entender que lo que importa es que los amantes se besen, que las personas sueñen, que los recuerdos más profundos se dan entre las sábanas de un hotel o de una cama, que los amantes se toman, se rozan y que el amor nos transforma, nos hace vibrar, como seres de lo posible. Yo como un loco empedernido, por ello escribo para olvidar… Esto implica la memoria y así, nuevamente eres posible, nuevamente estás aquí, me apropio de tu cuerpo, te tomo de la mano o te cuido el sueño. Sólo vivirás en los recuerdos.

Por ello inicio esta carta con esa frase, buscando, esperando que algún día la leas y sepas que cada recuerdo, cada sentimiento nunca lo olvidaré y esta carta pretendo que sea una serie de lagrimas metidas en una botella de cristal, que navegan en el mar, sin saber a dónde llegarán…

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