El villancico mexicano: revitalización de una larga tradición

Dr. Miguel Arturo Valenzuela Remolina* | Facultad de Música, UNAM

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Resumen

En este pequeño artículo se da cuenta de algunas experiencias comunitarias de revitalización del villancico mexicano por parte de dos importantes agrupaciones corales con sede en la Ciudad de México, éstas trabajaron en torno a la composición Siete nuevos villancicos, op. 20, serie 1, de Arturo Valenzuela, entre 2015 y 2016. También se señalan, de manera general, los antecedentes del género y su concepción actual.

Antecedentes[1]

Históricamente, el villancico (diminutivo de villano: el que habita en una villa) tiene su origen en una forma poética y musical española de finales del siglo XV, que consistía en varias coplas enmarcadas por un estribillo. Musicalmente, deriva de formas de danza medievales (como el virelai o la ballata), y se asociaba con temas rústicos o populares.

A mediados del siglo XVI, la temática de los villancicos viró hacia lo religioso, con lo cual el género se asoció con algunas festividades litúrgicas, dependiendo de las cuales los textos utilizados podían ser más o menos serios. Durante el siglo XVII, el villancico se volvió más importante incluso que el motete. Más adelante, durante los siglos XVIII y XIX, el género declinó artísticamente; sin embargo, tanto en España como en Latinoamérica conservó su popularidad. Actualmente la palabra villancico es sinónimo de canción navideña, aunque originalmente se utilizaba en otras festividades litúrgicas además de la Navidad.

El villancico fue utilizado para las mismas fiestas, tanto en España como en América. Se sabe que se cultivaba especialmente, y con grandes gastos, en las catedrales de México, Puebla, Lima y Bogotá. En este ámbito destacan los villancicos de Gaspar Fernandes encontrados en la Catedral de Oaxaca, que incluyen, como es típico del género, elementos populares y dancísticos regionales. Pero quizá los ejemplos más célebres son los ocho ciclos de villancicos de Navidad de Juan Gutiérrez de Padilla, compuestos para la catedral de Puebla a mediados del siglo XVII. Estos ciclos incluían jácaras, gallegos y negrillas. También destacan los villancicos (textos) de Sor Juana Inés de la Cruz, que fueron musicalizados en las catedrales de México y Puebla por maestros como Antonio de Salazar, M.M. de Dallo y Lana y Joseph de Loaysa y Agurto. Como era típico de los escritores de villancicos, Sor Juana no sólo compuso nuevos poemas, sino que tomó prestados y retocó otros aparecidos en fuentes ibéricas anteriores.

En los villancicos de Sor Juana se alude a danzas relacionadas con variados grupos étnicos de la época, tales como las negrillas, tocotines (algunos con mezcla de náhuatl y español), canarios, folías, cuatros, gaitas, puerto ricos y panderos. Es interesante que el tocotín, quizá acompañado por huéhuetl y teponaztli, fuera la única danza permitida dentro de la iglesia novohispana. En cuanto a los instrumentos musicales asociados al villancico, Sor Juana menciona los siguientes: trompeta, sacabuche, cornetto, fagot, órgano, chirimía, violín, tromba marina, contrabajo, cítara, vihuela, rabel pequeño, bandora y arpa, la mitad de los cuales está en desuso actualmente.

A finales de los siglos XVII y principios del XVIII, es importante mencionar a dos compositores que muestran la gran variedad del villancico americano de la época: Juan de Araujo, maestro de capilla de la Catedral de la Plata (actual Sucre) en Bolivia (por ejemplo sus vivas jácaras), y Manuel de Zumaya, maestro de capilla de las catedrales de México y Oaxaca, cuyos villancicos son ya verdaderas cantatas, aunque no fueran nombradas así. Este tipo de villancico, teatral y de influencia italiana, puede encontrarse también en compositores como Tomás de Torrejón y Velasco y José de Orejón y Aparicio, así como en  Ignacio Jerusalem.

El género del villancico sobrevivió en Latinoamérica hasta el siglo XIX e incluso actualmente puede verse su influencia en géneros devocionales modernos, tales como la adoración, la alabanza, el aguinaldo y el esquinazo.

Como señalé al inicio de este apartado, hoy en día, en los países de habla hispana se utiliza el término villancico para designar, de manera general, una canción popular navideña, a lo cual hay que agregar que este amplio conjunto de composiciones puede responder a diversas épocas, estilos y procedencias.

El contexto de creación de Siete nuevos villancicos, op. 20, serie 1 (2015)

La poetisa

Los siete poemas que musicalicé en esta obra son de la autoría de Tere Remolina (Toluca, 1929 – Cd. de México, 2008). Narradora y poeta, se formó originalmente como Química Farmacéutica Bióloga por la UNAM y como Doctora en Ciencias por la Universidad de París (Sorbona). Fue profesora e investigadora del Instituto Politécnico Nacional, y en ese contexto ganó en 1985 el Premio Mexicano de Tecnología. Colaboró en publicaciones infantiles como Cocolitos (1984), El señor Tlacuache (1989), así como en el periódico La Tribuna y el suplemento “Gente Chiquita” del periódico Reforma, entre otros. Con el grupo CUICA (Cultura Infantil como Alternativa) escribió cuentos, adivinanzas, poemas y antologías. Es autora de los poemas Un barco velero, Suite hípica y Animales musicales (“La elefanta”, “La víbora” y “Los gatos”), que fueron adaptados en composiciones corales para niños, realizadas por el autor de este artículo.

En cuanto a premios literarios, se hizo acreedora al tercer lugar en el Premio Antoniorrobles 1983, por el cuento Un ciempiés descalzo. En 1984 ganó el mismo premio, ahora con Un cambio de piel. En ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Cuento para Niños Juan de la Cabada 1984, por Cinco plumas de colores y otros cuentos. En 1998 obtuvo la mención honorífica en el Premio FILIJ de Cuento para Niños, por El rey y los borregos. Sus obras han sido editadas por las editoriales Naroga y Amaquemecan, así como por el CONACULTA y el Instituto Mexiquense de Cultura, quien publicó sus últimas dos colecciones de cuentos: Cuentos de animales (2007), y de manera póstuma, De los dinosaurios a la era espacial (2009). Retomando mis propias palabras, como prologuista de esta última colección de cuentos.

La temática de la obra literaria infantil de Tere Remolina incluye a “los animales y su inmenso amor por ellos; la ciencia, en especial la ecología, los seres fantásticos y la historia, tanto de los pueblos como de las pequeñas historias familiares. Como lo podrá apreciar el lector, el estilo de Tere es ágil y directo, pues combina sabiamente los diálogos con las descripciones. Además, sus cuentos están hechos de un solo trazo, ya que gustaba de trabajar por inspiración.”[2]

Los poemas

En 1992, Tere Remolina hizo de mi conocimiento que junto con la escritora Becky Rubinstein (también integrante del grupo CUICA ya mencionado), habían escrito sendas colecciones de siete villancicos y me solicitó musicalizarlos, o como decían en tiempos de Sor Juana, ponerlos en metro músico.

Los poemas me parecieron encantadores, tanto por su carácter popular, como por su capacidad para evocar los temas navideños. Los títulos son los siguientes: “A mecer al niño”, “Cascabelito”, “Balan los borregos”, “Vamos a Belén”, “Campanas de Plata”, “Mil Luceros” y “Dale a la piñata” (en el caso de la serie a cargo de Tere Remolina), y: “El villancico”, “Los Reyes magos”, “La casa de Belén”, “Las campanas suenan”, “Apaguen las luces”, “Piñata” y “La Flor de Nochebuena” (en el caso de Becky Rubinstein).

Los textos incluyen diversos tipos: arrullos, juegos, piezas descriptivas (de la peregrinación de los pastores, de la cabalgata de los Reyes magos o del Nacimiento), piezas de posada (por ejemplo, la piñata) y piezas con fuerte contenido metafórico (en relación con el villancico, el Niño Dios o la flor de Nochebuena).

La música

Cuando recibí los textos de Tere Remolina y de Becky Rubinstein, en 1992, me puse a la tarea de musicalizarlos; realicé ambas series en un estilo musical sencillo, cercano al de la lírica infantil mexicana, en una versión a una sola voz y con indicaciones de acordes por medio de letras. Las dos colecciones fueron registradas en septiembre de 1992 en la Dirección General del Derecho de Autor (hoy elevado a nivel de instituto). Durante mucho tiempo las composiciones permanecieron en esa versión original.

Comenzando en diciembre de 2014, durante 2015 realicé paulatinamente una versión de mayor complejidad a partir de los siete poemas de Tere Remolina, obra que titulé en su conjunto: Siete nuevos villancicos, op. 20, serie 1. La serie dos se refiere a los textos de Becky Rubinstein, cuya composición inicié recientemente, en diciembre de 2016, y está en curso.

Siete nuevos villancicos, op. 20, serie 1, es una versión para coro infantil a dos voces con acompañamiento de piano, realizada a partir de las melodías originales de 1992, antes descritas; sin embargo, para fines didácticos, cada pieza se acompañó de una versión más sencilla, a una sola voz y acompañamiento de guitarra. A continuación transcribo parte de mi prefacio a la edición de la obra:

“La versión para una sola voz y guitarra, está dirigida a los más pequeños o a los coros infantiles en formación inicial”. […] “Por su parte, la versión para dos voces y acompañamiento de piano tiene mayor ambición artística, pues no sólo presenta canto al unísono, sino también a dos voces (si bien la mayoría de las veces en el estilo popular de intervalos paralelos). Si se comparan ambas versiones se verá que las segundas tienden a ser más largas (debido mayormente a las introducciones, interludios o finales realizados por el piano) y pueden contener variaciones en la armonización, para hacer más interesante precisamente una forma más grande. En ambas versiones se ha procurado una extensión vocal que no implique un gran desarrollo técnico.”[3]

Las agrupaciones corales

Dos notables agrupaciones corales se vieron involucradas en el trabajo en torno a Siete nuevos villancicos, op. 20, serie 1: el Coro de Niños de la Schola Cantorum de México, en 2015, y las diversas agrupaciones englobadas en el Programa de Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música de la UNAM (Coro de introducción al canto coral; Coro preparatorio 1; Coro preparatorio 2; Ensamble Juvenil, y de manera principal, el Coro de Concierto), en 2016.

El Coro de Niños de la Schola Cantorum de México, fundado y dirigido artísticamente por el profesor Alfredo Mendoza M., es una prestigiosa agrupación con una trayectoria de 25 años. En su portal de internet se lee: “Preparamos programas en los que intervienen solistas y coros (infantil, mixto, femenino o masculino). Tenemos un extenso repertorio, con el cual nos presentamos en recitales, conciertos sinfónicos y óperas. Hemos realizado múltiples grabaciones discográficas, varias de ellas en colaboración con solistas y grupos de talla internacional. Nuestro Coro Infantil ha visitado veintitrés estados de la república mexicana y ha participado en festivales internacionales en América, Asia y Europa”.[4] Para apreciar la actividad de este coro, recomiendo ver el video https://youtu.be/sJMHjDEHeEw, así como las numerosas entradas de esta agrupación en YouTube.

Por su parte, el Coro de Concierto del Programa de Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música de la UNAM (antes llamado Coro de Niños y Jóvenes cantores de la Escuela Nacional de Música), es una agrupación de igual prestigio. El Coro de Niños Cantores de la Escuela Nacional de Música de la UNAM fue fundado por el maestro Alfredo Mendoza en 1980, pero desde hace 23 años (1993) ha estado a cargo de la maestra Patricia Morales Barrera. Como se mencionó, el nombre cambió a Coro de Niños y Jóvenes cantores de la Escuela Nacional de Música, el cual tuvo mucho tiempo, y actualmente se le denomina Coro de Concierto del Programa de Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música de la UNAM.

Esta agrupación también ha desarrollado una extensa y extraordinaria labor, tanto formativa como artística, con recitales propios, participaciones en óperas y conciertos sinfónicos y numerosas giras nacionales e internacionales. En su portal de Internet se lee: “Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música de la UNAM es un grupo artístico representativo de la institución, cuyos propósitos son la difusión de música coral escrita para voces blancas y la formación de jóvenes cantores capacitados para interpretar obras de diferentes estilos y épocas. En especial, se ha tenido gran interés en el rescate y estreno de música coral para niños realizada por compositores mexicanos del siglo XX”.[5] Para una mayor apreciación de está agrupación, recomiendo ver el video https://youtu.be/PvIdV-W79Fo (participación en el programa de TV 11: Conversando con Cristina Pacheco, del 12/2/2016), así como las numerosas entradas de este Coro en YouTube.

Las actividades desarrolladas en 2015

Mientras terminaba de componer Siete nuevos villancicos, op. 20, serie 1 entré en contacto con el maestro Alfredo Mendoza para ver la posibilidad de que estrenara la obra el Coro Niños Cantores de la Schola Cantorum de México. El maestro aceptó y la agrupación comenzó a estudiar la pieza en los meses anteriores a las vacaciones de verano de 2015. A finales de agosto, el maestro Mendoza me informó que “Las obras, en su versión a dos voces y piano fueron leídas antes de las vacaciones. En esta semana se reanudó el trabajo. Yo calculo que a fines de septiembre ya las cantarán decentemente. […] Me parece que quedan muy bien con sus voces y que está a nuestro alcance darles la expresión correcta”.[6]

En ese mismo correo, el maestro Mendoza me planteó la posibilidad de participar en el estreno como pianista o como director, así como su intención de incluir la obra (tanto la partitura como la grabación de la misma) en una antología didáctica de música coral muy importante, titulada Método Educanto, auspiciada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).

Eventualmente, todas estas actividades y proyectos se realizaron. Primero se llevó a cabo la grabación de los Siete nuevos villancicos en la Sala Angélica Peralta de la Escuela Superior de Música del INBA a comienzos de noviembre de 2015 (bajo la dirección musical del maestro Rodrigo Michelet Cadet, director asociado de la Schola Cantorum, el acompañamiento al piano de la maestra Carmen Betancourt y mi supervisión como compositor). Un detalle curioso es que la última pieza (“Dale a la piñata”) sólo la pude terminar tres días antes de la grabación; sin embargo, aun tratándose de la pieza más larga y compleja (una especie de quodlibet[7] en el que se retomaban las melodías principales de las seis piezas anteriores, a manera de síntesis y conclusión), ¡los niños y niñas la estudiaron, perfeccionaron y grabaron!

El estreno absoluto de Siete nuevos villancicos tuvo lugar el 19 de diciembre de 2015, en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (con aforo completo de casi 700 personas), bajo la dirección de Rodrigo Michelet Cadet y mi propio acompañamiento al piano. Tanto esta actividad como todas las anteriores contaron con la dirección ejecutiva de la maestra Pilar de la Garza, quien ha sido desde hace muchos años una pieza clave en el desarrollo de los muy diversos proyectos de Schola Cantorum, A.C. En la siguiente liga se puede acceder al video completo de este estreno, que como puede verse tuvo una gran acogida, con interrupciones de aplausos entre cada una de las piezas (https://youtu.be/3rJWejh8r90).

Como se planeó, tanto la partitura como la grabación fueron incluidas en el segundo volumen del Método Educanto durante el año 2016. Actualmente la obra está lista, aunque aún no se ha anunciado la fecha de su presentación y publicación. Dicho sea de paso, esta magna antología, dirigida por el maestro Alfredo Mendoza, representa una importante aportación cultural, tanto en lo general, como específicamente para la formación coral infantil y juvenil.

Las actividades desarrolladas en 2016

En 2016 tocó su turno al Coro de Concierto del Programa de Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música de la UNAM, dirigido por la maestra Patricia Morales, a colaborar en torno a Siete nuevos villancicos. Como compositor tenía un gran interés en que esta importante agrupación conociera e hiciera su propio estreno de la obra. Afortunadamente, la maestra Patricia Morales se mostró entusiasmada ante la propuesta, por lo que de inmediato le entregué la partitura.

A comienzos de noviembre de 2016, la maestra Morales me escribió un correo diciendo: “Estoy comenzando a reportarme contigo para informarte de los avances del concierto en el que presentaremos los Villancicos. Ya están todos leídos y casi memorizados. En cuanto pasen dos compromisos que tenemos con la orquesta […], te solicitaría que nos fueras a escuchar. […] Aprovecharé este concierto para que las cuatro agrupaciones preparatorias presenten 10 minutos de repertorio propio y finalizaremos con los Villancicos a cargo del Coro que ahora llamo de Concierto. […] El total de alumnos que se presentará es de 86 […]. Felicidades por los villancicos. Todos están hermosos y disfrutamos mucho cantándolos. Se me olvidaba. Estoy solicitando un permiso especial para tener un convivio después del concierto”.

Le pedí a la maestra Patricia Morales participar en el concierto como pianista en la interpretación de mi propia obra, a lo cual accedió. De esta forma, durante las dos semanas previas al concierto ensayamos en cinco ocasiones en las instalaciones de la Facultad de Música, con la asistencia de algunos de mis alumnos de la cátedra de Solfeo y adiestramiento auditivo como público.[8] Este proceso de estudio fue muy agradable para mí, dada la calidad del coro y del trabajo de la maestra Morales. Los ensayos consistieron básicamente en acordar las velocidades (y variaciones de las mismas) en cada pieza, así como algunas cuestiones de expresión, pero esencialmente todo funcionó muy bien debido a la experiencia de las integrantes (actualmente el Coro de Concierto está conformado por puras niñas y adolescentes) y al trabajo tanto de la maestra Patricia Morales como de la maestra encargada específicamente de la técnica vocal, Rebeca Samaniego.

Aunque la interpretación de los villancicos estaría a cargo sólo del grupo principal (de concierto) como cierre del evento, la maestra Morales tuvo la feliz idea de presentar como encore la repetición de la primera y la última pieza (“A mecer al Niño” y “Dale a la Piñata”), pero con la participación de todas las agrupaciones (Coro de introducción al canto coral; Coro preparatorio 1; Coro preparatorio 2 y Ensamble Juvenil), además del público en general, mediante la repartición de la letra de ambas piezas junto con el programa de mano.

El concierto se llevó a cabo el sábado 10 de diciembre de 2016 a las 18:00 horas, en la Sala Xochipilli de la Facultad de Música de la UNAM, con un lleno total de más de 300 personas. Participaron también las maestras Tania Hernández, encargada del Coro de Introducción al Canto Coral; la maestra Patricia Carbajal, dirigiendo el Coro Preparatorio 1; la maestra Patricia Morales, a cargo del Coro preparatorio 2, el Ensamble juvenil y el Coro de Concierto y el pianista José Alfonso Álvarez, todos con el apoyo de América Cabiedes como coordinadora logística.[9]

Siete nuevos villancicos fue también bien acogida por el público en esta nueva interpretación. Resultó especialmente emotivo el momento final, en que el público fue invitado a pasar al escenario (que quedó a reventar) a cantar los villancicos primero y séptimo. La actividad culminó con un convivio en el patio principal de la Facultad, en concordancia con el carácter popular de Siete nuevos villancicos y otras piezas interpretadas durante la velada. El video de esta actividad, por reciente, aún no está disponible en línea, pero al menos incluyo a continuación unas fotografías que muestran tanto el momento de ejecución de la obra, como el momento culminante, cuando el público sube al escenario a cantar junto con los niños y los jóvenes. 

 

 Reflexiones finales

La revitalización en nuestro medio de un género con raigambre popular y gran tradición, como lo es el villancico, sólo es posible mediante la conjunción de muy diversos esfuerzos que comprenden tanto la educación musical, como el trabajo artístico de las agrupaciones, la composición de las obras y el apoyo de instituciones y padres de familia. Como quedó señalado en la exposición precedente, todos estos elementos confluyeron de manera sinérgica en la valoración y disfrute, por parte del público, de nuevas propuestas del género que se enlazan con una añeja tradición.

El impacto cultural y artístico de actividades de este tipo, así sea apreciable por una proporción pequeña de nuestra población, representa ya una postura axiológica que comprende diversos aspectos: el aprecio por nuestras tradiciones, el gusto por el trabajo disciplinado y en equipo, así como la valoración de manifestaciones artísticas de buena calidad, alejadas de la lógica comercial que suele sacrificar la calidad de las mismas y representa frecuentemente la única opción accesible a muchas personas.

Más allá del asunto mismo del género del villancico, las actividades antes reseñadas reafirmaron mi creencia en la nobleza de la actividad coral (especialmente cuando está dirigida a niños y jóvenes) como un potente recurso de formación humana que abarca dimensiones personales, sociales y estéticas. El sueño de Luis Sandi, y otros muchos maestros en nuestro país, de un México que cante más, y por este medio, la música y las demás artes se ennoblezcan y progresen, sigue estando pendiente en la educación general. El ejemplo de las dos agrupaciones de las que hemos hablado aquí (así como de otras muchas muy dignas, aunque claramente insuficientes) nos señala el camino. Ojalá que algún día valoremos a los verdaderos héroes de nuestra cultura que desde luego no son los que se consideran actualmente.

Termino simplemente expresando mi gratitud por haber podido colaborar con personas que llevan mucho tiempo luchando por la formación de nuestros niños y jóvenes y por el engrandecimiento del arte musical de México. Para ellos, toda mi admiración y respeto. Y para los lectores el deseo de que este escrito, que intenta combinar la historia en sentido tradicional con un enfoque de micro historia, haya resultado de interés. Creo que será más posible que así sea, si se complementa su lectura con los videos e información extra sugeridos en el cuerpo del escrito.

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foto-arturo-valenzuela-jpeg*Dr. Miguel Arturo Valenzuela Remolina.  Originario de la Ciudad de México, realizó la Licenciatura en Piano en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, con el maestro Aurelio León Ptacnick, y posteriormente la maestría en Enseñanza Superior (Facultad de Filosofía y Letras, UNAM), y el doctorado en Música (ENM, UNAM). Como profesor de tiempo completo del área de Solfeo y Adiestramiento auditivo en la Escuela Nacional de Música, reparte su tiempo entre la docencia, el concertismo, la dirección musical, la composición y la investigación.  En el campo de la composición, ha escrito obras corales, para voz y piano, piano solo, piano y violonchelo, cuarteto de cuerdas y orquesta sinfónica. Ha compuesto por encargo del Foro Internacional Songbridges, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y del Sexteto Vocal Femenino Túumben Paax. En 2007, su primera obra sinfónica, titulada Obertura festiva Alma Mater, recibió su estreno absoluto por parte de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México.  Entre los premios que ha recibido, se encuentra el primer lugar del concurso de piano celebrado en la ENM en 1982, así como tres primeros lugares en concursos nacionales de composición coral (uno en 1986 y dos en 2001). En 2001 recibió el máximo reconocimiento que otorga la UNAM a su personal docente joven: la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos, en el área de creación artística y difusión de la cultura.

 


 

Citas al pie

[1] La información histórica ofrecida en este apartado proviene de la entrada “Villancico”, en la versión online de The New Grove Dictionary of Music and Musicians, consultada el 20 de diciembre de 2016 (elaborada por Isabel Pope y Paul R. Laird.
[2] Fragmento de mi prólogo a De los dinosaurios a la era espacial. Instituto Mexiquense de Cultura, 2009.
[3] Fragmento del prólogo a Siete nuevos Villancicos, op. 20, serie 1, a partir de poemas de Tere Remolina. Música de Arturo Valenzuela. Edición personal del compositor, México, 2015.
[4] http://scholacantorum.org.mx/index.php/coros/
[5] http://www.ninoscantoresfam.mx
[6] Comunicación vía correo electrónico del día 30 de agosto de 2015.
[7] Quodlibet (en latín: “lo que se quiere”). Es una forma musical que combina diferentes melodías en contrapunto, usualmente temas de carácter popular. En otras palabras, una especie de popurrí, pero con algunos temas simultáneos, en lugar de secuenciales.
[8] Entre ellos, la editora de la sección cultural de esta revista, Gabriela Martínez Delgado, quien me invitó a participar en ella.
[9] Aunque no participó musicalmente, es importante mencionar también a la pianista repasadora, Cecilia Cirión, que en este caso realizó el trabajo fuera de escena.