Propuesta para evitar la decadencia de la ciencia jurídica

El Hecatónquiro | Columna

Gerardo Chávez Balderas

Esta reflexión surge de la controversia planteada en Las ataduras del derecho, artículo publicado por Iván Adelchi Peña en el portal Mexican Times el día 23 de enero de 2017.

 

La decadencia de la ciencia del derecho en el país no puede deberse únicamente a un problema en la educación universitaria. Planeo en estas breves palabras concentrarme en los siguientes tres puntos: el estudiante como un representante de la moral mexicana, el papel de la investigación científica en el país y el estudio de la tradición filosófica contemporánea.

El estudiante es un repositorio, como cualquier miembro de la sociedad, de una cultura que lo sobrepasa, desde esta cultura asimila valores y prejuicios, que le permiten hacer inferencias sobre su mundo e interpretarlo. Esto es la base de su toma de decisiones y enmarca sus intereses generales, si tomas a varias personas diciendo lo mismo tendrás una verdad común. Los maestros también forman parte de este sistema como miembros de la sociedad, claro está que como individuos reflexivos son capaces de formular una alternativa, pero si un maestro intenta cambiar radicalmente la forma de pensar de sus alumnos, los valores inculcados desde su cultura o su condición, llevarían al estudiante a oponerse eternamente o asimilarse. La mayoría opta por asimilarse. Las mentes rebeldes tienden a caer ante el peso de aquello que llaman realidad y la madurez es entendida como conformidad con esa interpretación de la realidad. Por lo tanto, es el pensamiento de los miembros de la universidad lo que la conforma y reproduce los mismos problemas endogámicos. La educación universitaria podrá pretender ser objetiva en cuanto a sus conocimientos, pero no en cuanto a lo que se decide que debe ser discutido o reflexionado. Si los intereses generales de los alumnos y profesores son predispuestos de manera externa a la universidad. ¿Cómo es posible que la educación universitaria sea el problema? La cuestión se encontraría fuera de ella y su resolución también, pues solo sirve y es reflejo de los intereses de su sociedad.

La investigación científica en el país no es una actividad prioritaria, sencillamente el individuo promedio ni siquiera sabe para qué sirve. Cuando he llegado a preguntar a algún amigo qué es ciencia llegan a contestarme “aquello que tiene un método”. Arrastran sesgos desde la preparatoria. Como sociedad, no hemos llegado a comprender el papel de la ciencia en el país y esto lo han explicado sus divulgadores de mejor forma a como lo haría yo. Lo que sí puedo agregar es que la ciencia no fue inventada en México, sus creadores en Europa saben muy bien para qué sirve. No es gratuito que el papel de la ciencia en los Estados Occidentales se haya afianzado después de la primera guerra mundial. La ciencia ayudó a ganar guerras y ayudó a incrementar el comercio. Ser científico en Europa carga el peso de ser un héroe —algo que con la baja autoestima de país derrotado por cuanto extranjero piso nuestro suelo, a excepción de algunas victorias nimias—, no tiene en nuestro país. En México no existe tal carga cultural, de ahí que no se tome en serio el papel de los científicos como entes creadores de ciencia. Es la creación de la ciencia como producto y no como actividad la que ayuda a la independencia intelectual de un país. En realidad, lo que se hace es importar teorías de los países que sí generan ciencia como producto y únicamente son probadas o aplicadas en nuestro territorio.

El desconocimiento de la tradición filosófica contemporánea por sí mismo no puede ser causa de la decadencia de la ciencia jurídica. En realidad yo lo acotaría porque su estudio, en general, incumbe a los filósofos y el científico y el filósofo desempeñan roles distintos. Eso no excluye que puedan unirse en un individuo. Lo que sí me parece grave es el desconocimiento de la filosofía de la ciencia en la formación de los científicos. Esta rama de la filosofía señala las bases para la comprensión no solo de la ciencia positivista, sino para la comprensión de otros modelos científicos. No es posible un cambio de paradigma sin la propuesta de un nuevo modelo y si existe una barrera mental acerca de lo que puede ser ciencia y que no, es imposible que una ciencia particular como la ciencia jurídica no entre en decadencia por falta de renovación. No hay propuestas creativas o nuevas para los problemas existentes, si se piensa que solo es posible un único modelo de ciencia. Los científicos deben poder explicar qué es la ciencia, cómo funciona, cómo se transforma y qué función tiene en la sociedad. Todos, problemas que se abordan desde la filosofía de la ciencia.

Si queremos motivar un repunte de la ciencia jurídica en el país podemos empezar por transformar la educación en las universidades. Esto no significa que la educación sea el problema, pero sí que puede formar parte de la solución. El cambio debería contener tres puntos importantes: mostrar la educación a los estudiantes no solo como un medio para ganarse la vida, sino como un medio de transformación individual, ampliar sus intereses generales más allá de las expectativas de la sociedad; crear conciencia sobre su papel como científicos y la importancia que el pensamiento teórico tiene dentro de su educación; enseñar filosofía de la ciencia para que los alumnos sean capaces de entender su actividad y defenderla de la ignorancia que sobre ella existe en México.

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