Versos de protesta

La trinchera | Columna

Jesús Briseño Vázquez

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Has muerto, camarada,
en el ardiente amanecer del mundo.
Elegía a un compañero muerto en el frente, Octavio Paz

 

El poeta es ciudadano del mundo en tanto la poesía sea su patria. La nacionalidad investida por nacer a la sombra de cierta bandera es fruto del azar. En cambio, la lengua y las lecturas del poeta son su verdadera genealogía. Además si tal poesía tiene un carácter universal no se demerita aunque aborde temas propiamente sociales como la guerra o una manifestación política.

Octavio Paz realizó un poema titulado Elegía a un compañero muerto en el frente. La historia del poema es memorable. Cuando el bardo era todavía un adolescente uno de sus más entrañables amigos, el catalán José Bosch, lo despertó políticamente a través de su carisma y con panfletos en boga de la doctrina socialista traídos de Europa. Paz no tardó en ir a marchas a favor de la causa presidencial vasconcelista y también organizo huelgas, llegando incluso a parar a la cárcel.

Años después Pablo Neruda convocó a varios intelectuales del orbe con el fin de formar una resistencia lúcida frente a la barbarie de las balas durante la Guerra Civil Española, incluido el joven Octavio Paz quien en un principio se le hacía ridículo recitar poemas entre hambrientos, malheridos, cadáveres y edificios destruidos.

Convencido de no alistarse al frente, se le asignó la tarea de leer en público uno de sus poemas, la susodicha Elegía con una dedicatoria especial a José Bosch acaecido en combate hacía poco a causa de la guerra civil que se libraba. Cuando inició, un espanto de muerte lo cimbró al reconocer entre los presentes a un viejo amigo: José Bosch. Pensó haber visto un fantasma. Sus manos temblaron y ya no fue capaz de articular palabra alguna. A la salida un espectro lo interceptó, era su camarada pero a diferencia de cuando lo conoció tenía un aspecto maldito y desarreglado. Quería que Paz le consiguiera un pasaporte para fugarse de los que lo asechaban. Jamás lo volvió a ver.

La marcha por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa del 20 de noviembre fue tan singular que dentro de cualquier vagón del metro se respiraba un aire de camaradería mientras, restregados contra los tubos y casi saliéndonos por las ventanas, gritábamos al unísono consignas y cánticos. Para decepción mía, la timidez me impidió sacar el papel arrugado donde la Elegía de Paz me recriminaba su silencio. Para mi sorpresa, todos cantaban un verso similar en una de las consignas más populares de los movimientos sociales en honor al Che Guevara: “no has muerto, camarada”. Entre otras cosas en común hacían homenaje al compañero caído.

Algo similar le sucedió al mismo Neruda. Un buen día unos hombres, probablemente después de trabajar y muy proclives al regocijo, cantaban un poema suyo acompañado de la guitarra. Extrañado, el poeta les preguntó de quién era. Ellos no lo sabían. Creo que la única manera en que la poesía es útil en aspectos políticos como una manifestación es cuando pasa al dominio coral de los marchantes. La idea de que un hombre monopolice la palabra con un altavoz en mano es deleznable si lo mueve el egoísmo. Un poeta no puede recitar sus creaciones en una manifestación para ser aclamado por todos.

La persona más consciente del poder político de la poesía en la actualidad es Madonna, la sensual y arrojada cantante. Conocida más por su música, su sentido de la moda y por sus irreverencias de tinte sexual, ella encarna la libertad de la mujer como ser independiente y a la vez erótico. Con la llegada del misógino Donald Trump a la Casa Blanca, el primer grupo social en reaccionar fue el femenino. Ante los consejos deplorables del presidente norteamericano de “agarrar a las mujeres por sus partes”, la inconformidad no se hizo esperar. Varias celebridades encabezadas por la disidente rubia tomaron parte en una de las más grandes marchas sucedidas en Washington. Su discurso franco incluyó la cita de un poema que W.H. Auden hizo en las vísperas de la II Guerra Mundial: “debemos amarnos los unos a los otros o morir”. Ella escogió el amor. Sin embargo, fiel a su monstruosidad y en respuesta a dicho mensaje, Donald Trump twitteó que Madonna “es asquerosa”.

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