Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Reseña | Redacción

 

Si entendemos que los verdaderos poetas poseen el don de incendiar las fibras más íntimas del espectro sentimental humano tan sólo con su voz, entonces no es de asombrarse que Pablo Neruda se asemeje a una gran ola que lo avasalla todo con su demoledora fuerza expresiva, y así, Veinte poemas de amor y una canción desesperada es el título obligado a leer por cualquier enamorado sin importar su edad o sexo. En este poemario, escrito en 1924 a la turbulenta edad de veinte años, se vierten con versos finos y ardientes los temas universales de siempre: 

El amor: Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Desde mi boca llegará hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma. 

La muerte: Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. 

La soledad: Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. 

La embriaguez: Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.

El erotismo: Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. Ah silenciosa!

Honor a quien honor merece. La principal militancia de un poeta se haya en su obra, y a partir de ella, el compromiso principal que el autor adquiere es el de escribir bien, en consecuencia, no cabe la menor duda de que con este libro el bardo chileno no sólo demostró dominar la forma clásica de escribir poesía, sino que fue una verdadera revolución la que encabezo a manera de guerrillero de las letras. Esta es la primera victoria del más laureado, y tal vez, del más genial poeta americano de todos los tiempos, conseguida con justicia en el arduo y cristalino campo de batalla de la literatura mundial llevando siempre consigo lo más importante de sus poetas predilectos, ya sea el espíritu del titánico e incandescente Rubén Darío, la honestidad del transparente y plural Walt Whitman, o la rebeldía de su propio guía en el Infierno, Arthur Rimbaud, de quien citó estos celebres y esperanzadores versos cuando en 1971 ganó el Premio Nobel: “Y al alba, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las esplendidas ciudades”. Es verdad que la poesía de Pablo Neruda sólo es comparable con la de los más grandes, y por ello, quien leyere este libro podrá encontrarse así mismo en cada poema como si éstos fuesen espejos de fuego, como si cada palabra fuese un fruto cargado de inconmensurable lirismo y sensibilidad que seguramente dejarán al lector un melancólico sabor de éxtasis en su alma.

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