Falacia del mundo mejor

"The even evolving city". Christoph Niemann es un liustrador alemán. Puedes seguir su trabajo en la cuenta de instagram: @abstractsunday

El Hecatónquiro | Columna

Gerardo Chávez Balderas

ESTÁ DE MÁS decir que nuestra sociedad actual es individualista y que la mayoría de los problemas sociales quedan sin solución. La complejidad del mundo en el que nos encontramos con las interminables redes económicas, sociales, de poder, etc. no ayuda a encontrar el lugar en el que el individuo pueda poner algo de su parte para resolverlos. Nos vemos enfrentados a un gran enigma y constantemente se llama a la intervención de los elementos de la sociedad. Por supuesto esto no siempre es posible, la rutina diaria no da para tanto. Las largas jornadas laborales junto con el gran tiempo de transporte, en las grandes ciudades como la nuestra, impiden que sea posible pensar más allá de los problemas cotidianos y se suele llegar a soluciones simples. La concentración en una sola tarea deja de lado la capacidad reflexiva para participar. La preocupación y la presión social llevan inexorablemente a que el individuo intente encontrar alternativas, pero falla por su falta de comprensión de la complejidad de los problemas. Si antes existían movimientos sociales que señalaban claramente el camino a seguir, nuestro presente se ve afectado por el excesivo relativismo.

Las políticas públicas tienden a mostrarnos prácticas a corto plazo que prometen la manera en que la población puede participar desde su alienación. Se nos dice que es posible cuidar el agua usando un vaso al lavarse los dientes, que el medio ambiente mejorará si cuidamos de un jardín frente a nuestra casa, que hagamos pequeños esfuerzos confiando en que los demás también lo harán. Gradualmente esos esfuerzos se sumarán y provocarán un cambio. No hay nada más alejado de la verdad y a todas estas series de recomendaciones e ideas las llamo “Falacias del mundo mejor”.

El escenario que se pinta es un mundo con menos problemas sociales y construido por el esfuerzo de cada uno de nosotros. Es un lugar que permanece igual en cuanto a todas aquellas prácticas que realizamos constantemente en nuestra cultura. Seguiremos utilizando el agua de presas, pero esta no acabará; continuaremos utilizando automóviles con gasolina, pero el aire no estará contaminado; viviremos en armonía con los animales y los seguiremos explotando para conseguir sus productos.

La falacia llega a ser más sutil cuando se apoya en el deseo de ayudar: “Yo elijo ser abogado para ayudar a los demás”, “yo quiero ser médico para curar personas”, “yo acudo a una marcha para detener la corrupción” y así interminables frases que pueden escucharse en cualquier ámbito social. ¿Quién podría decirle a la persona que enarbola estas palabras que su deseo está mal? Es un hecho socialmente aceptado y su expresión lleva consigo la integración del individuo.

Estas ideas no solo son falaces por su error de lógica, sino porque sirven como escape. La intención del individuo se diluye en la complejidad de la realidad y se le oponen las acciones de los demás. Muchas veces lo único que ocurre es que el pequeño esfuerzo no se suma, sino resta; no resuelve, sino provoca. En derredor se obtiene una pequeña gratificación. La persona que ayuda a otra a pagar menos impuestos y recibe los halagos y la gratitud de la otra, puede verse tentada a pensar que hizo un bien, ¿pero será verdad? Puede que un día algún científico piense que el descubrimiento en bioingeniería y el regalar la patente para bajar el precio de su descubrimiento realice algún cambio, pero ello no modifica en nada la manera en que su descubrimiento será utilizado. El individuo solo ve y busca las consecuencias frente a él, valora su efectividad de acuerdo a su muy subjetiva impresión. La satisfacción que le proporciona y las sonrisas que obtiene le hacen creer que puso un grano de arena más en la gran playa del mundo mejor.

Es así que el mantenimiento de esta falacia provoca todo lo contrario a su intención, pues perpetúa la existencia del mismo estado de cosas. Nuestra realidad se mantiene en un equilibrio entre las fuerzas que la destruyen y los pequeños actos que se realizan para mejorarlo. No todos los buenos esfuerzos consiguen su objetivo y no necesariamente pueden sumarse. Pensar que las acciones pequeñas se reúnen para lograr grandes actos es pensar en términos matemáticos, algo que no se sostiene, pues las características de los objetos formales y las acciones son disímiles.

Cada momento de crisis es un momento de oportunidad para el cambio y solución de los grandes problemas que nos aquejan. Pero lo que normalmente sucede es que las crisis son desaprovechadas porque no existe un fundamento ideológico que sea alternativa y dirija los esfuerzos a un solo punto. Las marchas en la Ciudad de México son ejemplo de ello, si no se plantea el establecimiento de una nueva práctica social se convierten en los 5 minutos de odio. Hay muchos problemas que no pueden resolverse únicamente por pedir que se realice la acción dicotómica. ¿Qué puede lograrse al pedir menos corrupción si no se señala la manera de conseguirlo? Las manifestaciones han perdido su capacidad de hacer política, puesto que solo piden soluciones y no llevan consigo el germen de la solución. Los participantes son de la misma calaña que aquellos que cuidan un jardín fuera de su casa y esperan, que sin dejar de usar su automóvil y aparatos electrónicos, el medioambiente mejore.

¿Lo anterior significa que no debemos realizar actos cotidianos para mejorar nuestro mundo? En lo más mínimo. La intención de señalar la falla en este razonamiento es para otorgarle a esos actos su justa medida, es un prejuicio que debe ser deshecho. La necesidad de esto estriba en que es necesario volcar los esfuerzos al cambio en las ideas. Los grandes cambios sociales ocurren y son mantenidos cuando existe una sinergia entre la voluntad de un cambio y el apoyo de ideas nuevas que interpreten la realidad de una manera diferente. Solo la generación de un pensamiento teórico, que surjan de nuestra experiencia social, puede tener éxito en cambiar la realidad.

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