Intolerancia para los intolerantes

Karl Popper fue un filósofo de origen judío, nacido en Austria, autor de "La sociedad abierta y sus enemigos".

El escritorio de un descreído | Columna

Carlos Erasmo Rodríguez Ramos

 

 en  su Tratado sobre la Tolerancia, escrito a propósito del tormento injusto de Jean Calas, Voltaire elogia la forma particular en la que los romanos practicaban la tolerancia en un vasto imperio donde convivían todo tipo de religiones. En la época de Voltaire, fue la tolerancia la que puso punto final a las cruentas guerras europeas entre católicos y protestantes.

Posteriormente, con el advenimiento de los regímenes democráticos la tolerancia pasó a ocupar un lugar importante en la política. Todo aquel que quisiera participar de las vías democráticas de acceso al poder debe ser tolerante con los demás competidores en aras de que estos sean tolerantes con él.

Sin embargo; desde hace tiempo parece que la democracia ha pasado a ser sólo un cascarón donde caben todo tipo de ideologías, incluso aquellas antidemocráticas e intolerantes. Tal es el caso del Partido Nacionaldemócrata de Alemania y del Partido de la Libertad en Austria, agrupaciones de extrema derecha cercanas, hasta cierto punto, al fascismo.

Aunque estos partidos distan mucho de ser la primera fuerza política en sus respectivos países, la victoria de Donald Trump es una muestra de hasta donde pueden llegar. Con una campaña de mensajes de odio, Trump fue capaz no sólo de contender, sino de vencer en la que se considera una de las democracias más consolidadas del mundo.

Si los intolerantes son capaces de entrar y vencer en el reino de la democracia, ¿qué se debe hacer?

Karl Popper, en La Sociedad Abierta y sus enemigos, expone la llamada paradoja de la tolerancia en los siguientes términos: “La tolerancia ilimitada conduce a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante frente a las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia.”

Supongamos que Popper tiene razón y esto es lo que deberíamos hacer contra Trump y contra todo aquello que parezca intolerante. Decía Nietzsche que quien lucha contra monstruos debe a su vez cuidarse de no convertirse en uno. Entonces, ¿no sería fácil volverse en exceso intolerante como a veces lo son los amantes a ultranza de lo políticamente correcto y de los derechos humanos?, ¿no sería fácil convertirse en los intolerantes que acabarían con los tolerantes y la tolerancia?

Más que una paradoja, el asunto de la tolerancia parece un dilema. Tanto si decidimos ser tolerantes con todos o intolerantes con los intolerantes, parece ser que ambas vías pueden conducir a la destrucción de la tolerancia.

En este mundo donde los gritos de los intolerantes toman poco a poco las tribunas, ¿qué deben hacer los tolerantes?, ¿Debemos replantearnos la tolerancia? Y lo más importante, ¿hay lugar para la tolerancia en el futuro?

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