La falta de identidad del cine mexicano

[artículo] | Flavio Gallardo Aceves

 

 m  éxico es uno mayores consumidores de cine alrededor del mundo. De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE) en un estudio de la taquilla mexicana (que denominaron Resultados Definitivos 2015), los ingresos de México al cine en el año 2015 fueron de 13,793 millones de pesos (14.8% más ingresos que el año anterior), eso nos convierte en el décimo país con mayor taquilla del mundo (con una recaudación de 1,045 millones de dólares) y en el cuarto lugar de mayor número de boletos vendidos (con 296 millones de boletos vendidos). Estos datos relucen la gran importancia que tiene el cine en nuestro país: el mayor acercamiento a la cultura que tiene el mexicano es a través del séptimo arte.

Si tomamos esta afirmación como cierta, sería importante ver qué es lo que el mexicano realmente ve conforme al cine nacional. Dentro del mismo estudio de CANACINE mencionado con anterioridad, veremos que las cinco películas mexicanas más taquilleras de 2015 fueron Un Gallo con muchos huevos (167.8 millones de pesos), El Gran Pequeño (148.3 millones de pesos), A La Mala (126.6 millones de pesos), Don Gato: El Inicio de la Pandilla (54.1 millones de pesos) y Gloria (34.9 millones de pesos).

Sin embargo, de estas cinco películas, sólo Un Gallo con Muchos Huevos y A La Mala recuperaron su inversión. Esto arroja una conclusión preocupante en cuanto al contenido cinematográfico que se consume en México: sólo han sido comedias las que lograron superar un ingreso mayor a los 100 millones de pesos y recuperar el costo mismo de la producción.

Este último dato nos da pauta a un punto de reflexión acerca de lo que el mexicano consume de la industria cinematográfica. El cine mexicano que vende en la actualidad es un acto vacío de comedia. Esto no significa que existan otro tipo de manifestaciones dentro del cine mexicano, sino que la apuesta en el séptimo arte mexicano está en la producción de comedia sin sentido. El contenido de estas obras no se puede ver más que como un producto consumible, sin valor cultural, sin una verdadera aportación.

No se trata de decir que todo lo que salga en pantalla debiera de ser intelectual o ser cien por ciento educativo, sino que es lamentable que lo que realmente ve el mexicano, en lo único en lo que se puede identificar la sociedad (porque al final, el cine es un arte y como tal es una forma de manifestación que tiene como fin último que una persona pueda identificarse con ella misma) es con chistes mediocres y comedias de situación irreales o cursis. El mexicano, por tanto, no se comprende, o se comprende dentro de algo vacío. El cine mexicano está en una fuerte crisis de identidad.

El séptimo arte en el país no está cumpliendo con su función como arte y se limita a venderse como un producto superficial. nuestra realidad cultural se encuentra, tristemente, desvanecida, y a pesar de que el consumo del cine en México abra una nueva puerta para la cultura, para lo único que ha servido este ávido deseo de cine ha sido para dejarnos en la misma oscuridad, en la misma ignorancia. ¿Hace falta un nuevo enfoque en el cine mexicano? ¿Es necesario apostar por un cine que tenga identidad?

Nota del EDITOR: originalmente este artículo debió publicarse en el mes de noviembre de 2016. Por la omisión y la demora se ofrece una disculpa a su autor y a nuestros lectores.

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