dos tradiciones laicas (I): Estados Unidos

[artículo] | Carlos Erasmo Rodríguez Ramos

  en uno de los textos de Piedra de toque que se incluyen en La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa respalda la decisión del gobierno francés de prohibir el uso del velo islámico en las escuelas públicas. El Nobel peruano reconoce que dentro de las sociedades abiertas debe haber cabida a todo tipo de creencias; sin embargo, argumenta que permitir el uso de esta prenda puede constituir una conquista del integrismo islámico que busca infiltrarse no sólo en las escuelas sino en todas las instituciones francesas.[1] Sostiene que en nombre de la libertad, el islam, como cualquier otra religión, debe renunciar a los maximalismos de su doctrina para ganarse un lugar dentro de la Sociedad Abierta.

La postura de Vargas Llosa representa una concepción bastante difundida de lo que supuestamente debe ser la laicidad: una especie de religión de lo secular que busca inhibir las creencias religiosas, desterrarlas para siempre del espacio público y someterlas en todo momento y circunstancia al arbitrio del Estado.

Vargas Llosa, como muchos otros, no se da cuenta de que esta postura, supuesta guardiana de los valores de la Sociedad Abierta, constituye en realidad una negación de ellos, una negación del derecho del otro a ser diferente y a vivir bajo sus propios términos. Sin embargo, por mucho que esto sea cierto, no podemos dejar de reconocer que sus temores tienen sustento. Una religión que llegue a ponerse por arriba del Estado puede llegar a destruir las libertades.

Estando entre un Estado que en nombre de la libertad persigue a la religión y el riesgo de que la religión use las libertades concedidas para imponerse, ¿Cuál es el punto medio? ¿Es posible armonizar la vida en democracia otorgando la máxima libertad posible a las creencias religiosas? ¿Qué prácticas religiosas son admisibles? ¿Cuál debe ser el papel del Estado?

En el primero de esta serie de tres artículos, exploraremos estas y otras cuestiones desde una aproximación a la tradición laica de Estados Unidos, que resulta interesante por ser radicalmente diferente a la nuestra. Para ello, nos apoyaremos en el libro de Martha Nussbaum intitulado Libertad de conciencia. Contra los fanatismos.[2]

Los pilares de la tradición y las dos clausulas

Con la paz de Westfalia se puso fin a las guerras entre católicos y protestantes en Europa, reconociendo el derecho de cada Estado a proclamar como oficial la religión de su preferencia y la obligación de respetar la religión de los demás. Aunque esta proclamación de la tolerancia entre países sirvió para acabar con los conflictos bélicos por motivos de fe, no sirvió de nada para las minorías que habitaban dentro de cada país.[3] Esas minorías eran a menudo perseguidas, hostilizadas o relegadas a una especie de ciudadanía de segunda clase. Ejemplo de esto es el caso de Francia, donde tras la revocación del Edicto de Nantés, decreto que autorizaba la libertad de conciencia, Luis XV volvió a poner en vigor las ordenanzas contra los protestantes.[4]

Esta situación impulsó a cientos de personas a buscar un lugar donde pudieran ejercer sus creencias libremente. Muchos pensaron que ese lugar era el Nuevo Mundo, concretamente el territorio que posteriormente se convertiría en Estados Unidos. Ahí, poco a poco se formaron colonias con personas de credos tan distintos como protestantes, católicos, anglicanos y judíos.

Aunque al principio el ambiente hostil hizo que los colonos se cerraran en torno a su religión para sobrevivir [5], poco a poco, tal vez debido a que ningún grupo religioso era lo suficientemente grande para imponerse a los otros, las colonias proclamaron la tolerancia entre sí del mismo modo que lo hicieron los europeos en Westfalia.

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Roger Williams y la tribu Narraganset. Encabeza el artículo una pintura de Howard Chandler Christy

De las 13 colonias, sólo Rhode Island proclamó la tolerancia para todos en el interior. Esto se debe a Roger Williams, su fundador, un teólogo nacido en Inglaterra que desde muy pequeño fue testigo de los excesos de la ortodoxia anglicana. Williams, además de ser recordado por su experimento de tolerancia en el ámbito público, también es reconocido por sus reflexiones sobre la consciencia y la religión. Conocedor de muchos credos, incluyendo el de los indígenas norteamericanos, la consciencia era para Williams una cualidad propia del ser humano que hacía posible la búsqueda de sentido. Al ser esta cualidad parte esencial de lo que nos hace humanos, Williams veía que la conciencia de todos, su búsqueda por el sentido y las conclusiones de esa búsqueda debían ser respetadas por igual.[6] Esta idea del respeto a la libertad de consciencia es el primer gran pilar de la tradición estadounidense.

El otro pilar de la tradición surge años después, durante la época de la Independencia de las 13 colonias. Entre aristocracia colonial existía una gran de fascinación por la cultura romana.[7] Por ello, muchos de sus integrantes, ávidos lectores de Cicerón, Séneca y Marco Aurelio, compartían fuertes postulados estoicos entre los que resaltaba su simpatía por el cosmopolitismo y la creencia en la igual dignidad del hombre. Esta moral estoica y el rechazo a la organización estamental europea que obligó a muchos a emigrar hizo que la idea de la igualdad entre los ciudadanos ocupara un lugar central en la política de entonces, por lo que llegó a constituir el segundo pilar de su tradición laica.[8]

El tema religioso surge en la vida jurídica de Estados Unidos hasta la promulgación de la Carta de Derechos donde en la primera de las diez enmiendas constitucionales se establecía que “El Congreso no podrá hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de la religión, ni prohibiendo la libre práctica de la misma…”.[9]

De este extracto, los intérpretes señalan que la Constitución estipula dos cláusulas religiosas: la de establecimiento y la de libre ejercicio. Aquí debemos mencionar que, debido a las particularidades de su sistema jurídico, la Suprema Corte de Estados Unidos jugó un papel muy importante en la construcción de su tradición laica.

La cláusula de establecimiento

Como ya hemos visto, los pilares de la tradición son el respeto a la conciencia y la búsqueda de la igualdad. En este orden de ideas, el establecimiento de una religión como oficial sería una amenaza a la igualdad porque supondría una desventaja para quienes no profesan ese culto, además de ser una declaración que ataca la libertad de conciencia de las personas.

Aunque en un principio se interpretó que la prohibición de la cláusula se refería en específico a proclamar una religión como oficial en la ley, la Corte Suprema de Estados Unidos pronto se dio cuenta de que esta interpretación no era suficiente. No importa si no se proclama textualmente una religión oficial en la ley si en la práctica hay un gran número de leyes y usos que equivalen a un establecimiento.

Tal es el caso de las plegarias obligatorias en escuelas públicas, de la lectura de los diez mandamientos en cualquier versión, del uso de símbolos religiosos por el Estado y de un sinfín de prácticas más que vulneran o excluyen a quienes profesan religiones distintas a la mayoritaria.

En muchas ocasiones la Corte Suprema de Estados Unidos se ha pronunciado para evitar este tipo de establecimiento aunque no siempre es fácil separar lo religioso de lo que ya constituye una tradición en un país cuya historia está estrechamente relacionada con distintos credos. Tal es el caso de las palabas In God We Trust en la moneda, un uso que viene desde finales de la Guerra Civil. Para determinar esto, se han establecido distintos criterios, siendo el más acertado el de la juez O’Connor.[10]

En este punto es importante mencionar que para la tradición estadounidense, el no establecimiento difiere en muchos aspectos de la idea de la separación de la Iglesia y el Estado. Nussbaum y algunos jueces la Corte creen que esta expresión es ambigua y engañosa, ¿Qué se quiere decir con esto? ¿Qué todo lo religioso quede fuera de la esfera de competencia del Estado? ¿Qué las Iglesias no cuenten con las ventajas que les reporta disfrutar de los servicios estatales?

Nussbaum también señala que esta expresión ha sido utilizada comúnmente en contextos anticatólicos, sobre todo durante las grandes migraciones provenientes de Europa del sur y del este a mediados del siglo pasado. El discurso de la separación Iglesia- Estado a menudo venía acompañada de la idea de que los católicos no son aptos para la vida en democracia debido a su obediencia al Papa y a las instituciones clericales. [11]

La cláusula de libre ejercicio

La cláusula no se limita a establecer que los creyentes pueden optar por la religión de su preferencia, también establece que pueden ejecutar libremente los actos que constituyen su culto.

Teniendo en cuenta que las leyes son dictadas por la mayoría y que ésta muchas veces comparte una religión, es probable que las leyes se hagan sin tomar en cuenta los cultos de la minoría, lo cual significaría poner a las minorías en una situación de desigualdad en caso de que los dictados de su religión entren en conflicto con la ley. Por estas razones, muchas veces se pone a los creyentes en una situación parecida a la de Antígona: obedecer las leyes del Estado equivale a desobedecer las leyes que se consideran divinas, eludir el castigo terreno significa hacerse merecedor del castigo eterno.

Teniendo en cuenta esta situación, a través de numerosos casos la Corte Suprema ha dado en conceder adaptaciones, es decir, excepciones al cumplimiento de normas generales por motivos religiosos, esto con el fin de poner en situación de igual a quienes ven en algunas leyes estatales una carga para el libre ejercicio de su religión .[12]

El criterio que se aplicaba para conceder o no una adaptación era el llamado test Shebert,[13] donde el Tribunal sólo podía negarla si demostraba que su otorgamiento constituía una amenaza real y evidente a la seguridad nacional. Sin embargo, esto cambio debido al caso Smith[14], donde se establece que antes de aplicar el test Shebert es necesario determinar si la actividad que busca la adaptación no viola leyes estatales.

Entre los más relevantes está el caso de los Testigos de Jehová, quienes consideran idolatría el prestar juramento a la bandera y quienes eran castigados por incumplir estas normas. También está el caso de los cuáqueros, quienes debido a su pacifismo se rehúsan a prestar el servicio militar. En ambos casos se concedieron adaptaciones.

La amenaza a la tradición y el “consenso entrecruzado”

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Martha Nussbaum

 

 

Aunque en muchos sentidos la tradición laica estadounidense es ejemplar, no podemos olvidar que sus conquistas han sido una batalla contra grandes y numerosos grupos. No podemos dejar de señalar que en Estados Unidos, a pesar de todo, la intolerancia religiosa está latente, lo que ha llevado a persecuciones brutales contra distintos grupos.

Tal vez la más memorable sea la que se emprendió contra los mormones, una religión nacida en territorio estadounidense, fundada por Josep Smith, quien era profeta y líder del culto. Los mormones fueron perseguidos por muchos grupos religiosos con la participación directa o indirecta de los gobiernos estatales. Finalmente, esto desembocó en el asesinato de Josep Smith.[15]

Esta intolerancia, al parecer renovada por la inmigración de musulmanes a Estados Unidos, pone de manifiesto una pregunta esencial, ¿Es posible que las religiones convivan pacíficamente en una sociedad?

Muchos dan una respuesta negativa. Giovanni Sartori, uno de los grandes pensadores en temas de democracia, llegó a declarar que el islam es incompatible con Occidente con argumentos bastante similares a los que utilizaban quienes descalificaban a los católicos.[16]

Respecto a este punto, en realidad los musulmanes llevan mucho tiempo viviendo en la democracia estadounidense pues el islam ha estado fuertemente arraigado en la comunidad afroamericana desde inicios del siglo pasado.[17]

Nussbaum, junto con John Rawls, creen que es posible que las religiones en armonía a través de lo que llaman el consenso entrecruzado, esto es, convenir en compartir una concepción ética independiente que impere en el ámbito político renunciando al mismo tiempo a toda aspiración de dominio. Esta concepción ética debe implicar un ambiente adecuado para todos los que comparten el espacio público.[18]

Si todo esto es posible es algo que aún está por verse.

[1] Vargas Llosa, Mario, La civilización del espectáculo, pp. 26-27 de la versión en línea disponible en http://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/ecoescuela/clubdelectura/files/2013/08/La+Civilizacion+Del+Espectaculo.pdf

[2] Nussbaum, Martha C., Libertad de conciencia. Contra los fanatismos, trad. de Alberto E. Álvarez y Araceli Maira Benítez, México, Tusquets, 2010.

[3] Ibídem, p. 46. El principio reconocido era cuius regio, eius religio (“de quien sea la región, será la religión”).

[4] Voltaire, Tratado sobre la tolerancia, trad. de Mauro Armiño, España, Tecnos, 2010, pp. 9-11. Una de estas ordenanzas dictaba que sólo el matrimonio católico era reconocido por el Estado, siendo inválido el matrimonio entre protestantes. Esto convertía a los hijos de estos matrimonios en bastardos incapaces de heredar.

[5] La obra El Crisol de Arthur Miller ilustra muy bien ese periodo a través del conocido caso de las brujas de Salem.

[6] Nussbaum, Martha C., op. cit., pp. 45-80

[7] Asimov, Isaac, La República Romana, trad. de Néstor A. Míguez, España, Alianza Editorial, 2011, pp. 53-54. Prueba de ello es la “Sociedad de los Cincinnati”, en honor a Lucio Quincio Cincinato.

[8] Nussbaum, Martha C., op. cit., pp. 85-92

[9] Ibidem, pp. 105-112. En esta parte del libro se hace un análisis detallado de la redacción de la Primera Enmienda y el importante papel que James Madison jugó en ella.

[10] Ibidem, pp. 277-278. Los cuatro criterios que propone la juez O’Connor son los siguientes: Historia y ubicuidad, hace referencia al tiempo que la manifestación ha estado presente y su grado de integración con la tradición; ausencia de culto u oración, la práctica no debe obligar a nadie a realizar ninguna especie de culto; ausencia de referencia a una religión particular, como en el caso de la frase In God We Trust  que puede apelar a cualquier religión teísta; y contenido religioso mínimo, la referencia debe ser muy limitada.

[11] Ibidem, pp.  221-227. Aunque no es el tema de este artículo, en nuestro país la frase se ha empleado de manera similar, como una forma de afirmar la autonomía del Estado frente a las instituciones religiosas: Adame Goddard, Jorge, “Estado laico y libertad religiosa”, en Monero- Bonnet, Margarita y Álvarez de Lara, Rosa María (coords.), El Estado laico y los derechos humanos en México: 1810-2010, México, UNAM- IIJ, 2012, pp. 27-28.

[12] Ibidem, pp. 123-127.

[13] Ibidem, pp. 142-154. En el caso en cuestión, la señora Shebert apelaba la decisión del Estado de no darle prestaciones por desempleo siendo que había rechazado trabajos adecuados. El fondo de la cuestión era que todos esos trabajos exigían asistir los sábados, día sagrado para el culto que profesaba la señora Shebert.

[14] Ibidem, pp. 154-166. En este caso, el señor Smith buscaba obtener una adaptación para el consumo de peyote que constituía parte esencial de sus ceremonias al ser nativo americano. El Tribunal negó la adaptación en lo que es considerado por Nussbaum como un retroceso en la materia.

[15] Ibidem, pp. 187-191

[16] Sartori, Giovanni, ¿Qué es la democracia?, trad. de Miguel Ángel González Rodríguez, María Cristina Pestellini Laparelli Salomon y Miguel Ángel Ruiz de Asúa, México, Santillana, 2008, pp. 380-392.

[17] De hecho figuras estadounidenses importantes como Malcolm X y Muhammad Ali eran musulmanes.

[18] Nussbaum, Martha C., op. cit., p. 366

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