Carlos Fuentes: el estudiante de derecho

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  t   odos conocen a Carlos Fuentes por su obra literaria. Obras como La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz ocupan un lugar importante dentro de la literatura nacional. Para entender estas obras es necesario conocer al hombre que empuñaba la pluma.

Muchos datos de la vida de Fuentes son bastante conocidos: sus primeros años transcurridos en una vida itinerante debido a la labor diplomática de su padre, su acercamiento temprano a las letras y el descubrimiento del México real en contraste con el México que le relataba su padre. Si bien lo anterior es importante, hay un evento de igual importancia en la vida de Fuentes en el que pocos han reparado: los días que pasó en la entonces Escuela Nacional de Jurisprudencia de la UNAM, que con una iniciativa aprobada por el Consejo Universitario el 29 de marzo de 1955, pasaría a ser la Facultad de Derecho.

La estadía de Fuentes en la Escuela Nacional de Jurisprudencia transcurre en los primeros años de la década de 1950. En ese entonces la Escuela se encontraba todavía en el centro histórico de la Ciudad de México, pues aunque Ciudad Universitaria fue inaugurada en 1952 por el Presidente Miguel Alemán, habrían de pasar dos años más para que la construcción del nuevo recinto universitario se terminara y las clases se trasladaran a las nuevas instalaciones.

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Fuentes estudia derecho por presión familiar y por consejo de Alfonso Reyes, hombre a quien Fuentes considera su mentor. No es difícil imaginar cual fue la primera impresión del futuro escritor: un ambiente desconocido y hostil, lejos de sus amadas letras.

Fue en el año de 1952 cuando Fuentes conoce a Víctor Flores Olea, a Sergio Pitol y a Porfirio Muñoz Ledo. Inmediatamente traba amistad con todos ellos y se une a Medio Siglo, la revista de estudiantes de la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Fuentes empezó a fungir como Presidente del Comité Directivo de Medio Siglo.

La revista inicia por sugerencia de Mario de la Cueva, quien posteriormente habría de apoyar a los estudiantes en su esfuerzo cultural.

Medio Siglo agrupó a muchísimos universitarios que habrían de destacar en el ámbito nacional, tales como Javier Wimer, Enrique González Pedrero y Miguel de la Madrid. Varios profesores, entre ellos José Campillo Sainz, concuerdan en que Medio Siglo contaba con textos de buen nivel académico a pesar de ser una revista de estudiantes. En sus páginas se hablaba de Hesse, de Joyce y de Faulkner. Incluso había en ella dos formas de concebir la política: una moderada representada por Carlos Fuentes y Víctor Flores Olea, y otra más radical representada por Javier Wimer y Porfirio Muñoz Ledo.

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Después de clases, estos jóvenes solían caminar por las calles del centro histórico, acompañados por José Campillo Sainz y Manuel Pedroso, dos profesores quienes orientaban a los jóvenes en la realización de la revista.

Uno de ellos, Manuel Pedroso, exiliado español y antiguo profesor en la Universidad de Sevilla, influiría de manera considerable en Fuentes a través de recomendaciones literarias que el joven escritor leía de inmediato. En alguna ocasión, para hacer más llevadero el derecho al joven Fuentes, el profesor Pedroso le aconsejó: “Busca el Código Napoleónico en las novelas de Stendhal, busca el Código Mercantil en las novelas de Balzac, y busca el Código Penal en las novelas de Dostoievski”.

Fue en la Escuela Nacional de Jurisprudencia y en específico en Medio Siglo, donde Fuentes, a través del contacto con sus compañeros y sus profesores, desarrolla muchas de las ideas tanto políticas como literarias que habría de plasmar posteriormente en sus novelas. De hecho, la época de la vida de Fuentes comprendida entre los años 1946 y 1955 marca, según la mayoría de las biografías del escritor, la transformación de Fuentes en intelectual. Esto es tan cierto que Fuentes, antes de identificarse con el Boom, se identificaba con lo que él y sus compañeros llamaban la generación de Medio Siglo. Es por estas fechas cuando, durante su estadía en Ginebra Fuentes se relaciona más con el ámbito profesional de su carrera trabajando en la oficina de México ante Naciones Unidas.

Fuentes es entonces algo que se repite como una constante en la literatura universal: un estudiante de derecho que precede al escritor. Forma parte de una larga lista en la que figuran nombres como Flaubert y Dostoievski. Esto no debe sorprendernos pues el derecho, al abarcar todo el conjunto de la vida social, exige a sus estudiosos una formación tendiente a lo universal, abarcando temas como la ética, la política y la economía. Es esta formación lo que muchas veces ha proporcionado a los escritores el fondo de sus historias y abre la puerta a todas las inquietudes del escritor.

Las vivencias de Fuentes en la Escuela Nacional de Jurisprudencia fueron indispensables en su formación como escritor. He aquí un escritor que se formó en muchos aspectos a través del estudio del derecho y de las cátedras en la institución que después sería nuestra  Facultad de Derecho.