Breve análisis de Pueblos y estados de la época moderna

Leopold von Ranke nació en Wiehe, Alemania, el 21 de diciembre de 1795. Fueuno de los más importantes historiadores del siglo XIX y considerado comúnmente como el padre de la historia científica.
 Rodrigo Alonso López Rodríguez | Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 

  1. El saber histórico y la formación académica de Leopold von Ranke.

  el   panorama histórico europeo de comienzos del siglo XIX fue itinerante; coronado Napoleón como Emperador de Francia en 1804, decidió lanzar su ofensiva contra las naciones que integraban, en su oposición, la Cuarta Coalición, de entre las que se hallaba el reino de Prusia. Así pues, para 1806, Napoleón invadió los estados germanos y hacia 1807 había logrado someterlos. Al percibir la vulnerabilidad ante la hostilidad extranjera dada la falta de unidad nacional, se generó una oleada de nacionalismo alemán que pugnaba por la conformación de un discurso histórico-identitario de integración, donde destacaron obras como los Discursos a la nación alemana del filósofo Johann Gottlieb Fichte, quien exhortaba a los estados germánicos a combatir a Napoleón pese a estar inmersos en el ambiente de lo que algunos llamaban “la triste época de la humillación prusiana”[1].

La necesidad del discurso histórico de integración nacional demandó a los estudiosos alemanes el perfeccionamiento de metodologías filológicas de crítica y análisis documental que les permitiesen lograr un acercamiento a las fuentes archivadas de la historia germana.[2] Por tal motivo, universidades como las de Göttingen, Halle y Berlín incursionaron en los estudios sobre filología, crítica documental, análisis de interpretación hermenéutica[3] y filosofía[4]. Por su parte, la presencia francesa en Prusia no hacía sino incrementar el sentimiento nacionalista germano que progresivamente, ante la actitud arrogante del propio Napoleón[5], halló en él un enemigo común que les incitaba a conocer a fondo el pasado germánico que, según la época, tenía sus orígenes en la Edad Media.

Ciertamente, “el estudio sistemático de la historia alemana fue el resultado de la terrible prueba de las guerras napoleónicas”[6]. En ese marco, hacia 1819 se fundó en Frankfurt la Sociedad para el Estudio de la Historia Alemana Antigua, donde concurrieron figuras notables como Savigny, Stein, Eichhorn, Grimm, los Humboldt, Niebuhr, entre otros quienes participaron en el riguroso análisis crítico del estudio, compilación y publicación de archivos medievales en lengua germana. Como resultado se logró la progresiva publicación de los Monumenta Germaniae Historica, cuyo lema, Sanctus amor patriae dat antimum, fue el emblema erudito de la unidad nacional alemana.[7]

Los estudios sobre la historia de la antigua Roma fueron prolíficos entre Savigny, Eichhorn, sin embargo, fue un historiador alemán de origen danés, “la primera figura dominante de la historiografía moderna”, Georg Barthold Niebuhr (1776-1831), quien emprendió la tarea de investigar, bajo los últimos avances de las preceptivas de crítica documental, el estudio sobre Roma, sus instituciones, política y sociedad, así pues, entre 1811 y 1832 fue publicando su investigación en tres volúmenes titulados Historia de Roma.

El carácter innovador de la investigación de Niebuhr no residía en lo mínimo en la aplicación crítica a la erudición documental, eso era un proceder común de la época visible en investigaciones como las de Savigny o Eichhon, que elaboraban una explicación jurídica o social del pasado romano. La obra de Niebuhr adquiere precisamente su importancia por la forma de comprender y exponer el pasado como algo humano, en esencia se trata de una exposición del sentido histórico del pasado romano, que dimana del componente histórico que es intrínsecamente constitutivo del hombre individual, su historicidad.[8] En la obra de Niebuhr, por tanto, se refleja el supuesto herderiana donde el humano, al ser un ser histórico, dimana de sí el carácter histórico de la realidad, en su caso, del pasado romano.

Niebuhr “sostenía con elocuencia la concepción herderiana de la diversidad respectiva a las individualidades históricas”[9], se trata de los orígenes filosóficos del historicismo[10]; asimismo, dado el carácter nacionalista del momento, Niebuhr impregnó en su obra una serie de comparaciones entre la Roma de la antigüedad y la Prusia de sus momentos, donde consignó su visión conservadora en favor de un Estado sólido que garantizase la seguridad e intereses nacionales.

Ahora bien, cada una de las acotaciones que hasta aquí he elaborado sobre el contexto histórico, filosófico e historiográfico del pensamiento alemán de entre siglos XVIII y XIX no son meramente accesorias, sino que cada uno de los parámetros históricos, ideológicos y teóricos ya acotados tuvieron una presencia importante en la conformación de las estructuras heurísticas y hermenéuticas de la conciencia histórica de nuestro autor: Leopold von Ranke. Se tratará aquí la forma en que, dentro de la ontología, el historicismo y la teoría de las ideas de Herder y Niebuhr influyeron en la producción de Ranke, y de cómo finalmente las bases ontológicas del pensamiento histórico del autor se reflejan dentro de su metodología.

Ranke, proveniente de una familia burguesa luterana[11], nació en Wiehe, Sajonia, el 21 de diciembre de 1795. Desde chico se adentró en la lectura de las tragedias griegas de Sófocles, por lo que al entrar a la Universidad de Leipzig para estudiar teología no abandonó los estudios clásicos, consignó buena parte de su tiempo al aprendizaje de las metodologías de análisis filológico de Savigny, con quien tiempo después formó amistad. Asimismo en ese período se adentró en las filosofías de Kant, Fichte, Schelling, Hegel, pero sobre todo, en la de Herder, en quien encontró, como después lo reafirmará en su lectura de Niebuhr, el interés por el carácter diverso y el sentido histórico intrínseco en los pueblos.

El interés de Ranke por los estudios históricos no surgió “a causa de los acontecimientos del día, como con Niebuhr y la escuela patriótica, sino por sus deberes profesionales”[12]. Entre 1811 y 1817, Ranke se adentró en una profunda lectura de la historiografía en general, sin embargo, su expectativa no fue buena, pues no halló en ella sino una masa indigesta de hechos tergiversados por interpretaciones que buscaban adaptar el pasado a enseñanzas abstractas que desfiguraban lo sucedido.

En su lectura de los clásicos, halló únicamente admiración en la obra de Tucídides al ver en ella uno de los mayores hitos de la historiografía humana al decir, en otro momento, que “Tucídides, verdadero creador de la historiografía, sigue siendo a su modo, una figura insuperada e insuperable”[13], asimismo, no fue sino a partir de la decisiva lectura que hizo de la Historia de Roma de Niebuhr, que Ranke quedó atrapado y decidido a consignarse en los estudios históricos, al afirmar que “debía a Niebuhr el convencimiento de que también podían existir historiadores en el mundo moderno”.[14]

La lectura que Ranke hizo sobre Tucídides y Niebuhr resulta importante para comprender el componente ontológico de la conciencia histórica del autor, pues justamente de la lectura de Tucídides surge la idea de que en el devenir histórico existen “tendencias y directrices dominantes […] que dan sentido al relato histórico por la conexión que ellas establecen entre los dispersos acontecimientos”.[15] Por su parte, de la lectura de Herder y Niebuhr se conforma la idea de que hay un valor ontológico histórico en cada época individual, cuyo sentido histórico fue dotado a través de la realización de los “bienes” que dichas “grandes tendencias históricas” habían se habían fijado como meta en su momento.[16]

En 1817, Ranke redactó un Fragmento sobre Lutero desde donde continuó sus estudios sobre historiografía. A partir de 1820 percibió contradicciones entre los distintos relatos del siglo XV, “al leer a Guicciardini y a Paulo Jovio vio que sus diferencias eran demasiado grandes para poder conciliarse y resolvió despejar las dudas estudiando otras grandes autoridades del período. Hecho esto, decidió escribir su propio relato de la época”[17], así surgió en 1824 la Historia de los pueblos románicos y gemánicos, que fue escrita más para la satisfacción y como guía del autor, que para el público en general, lo cual ciertamente da cuentas del porqué a lo largo de la obra, el hilo de la narración sigue los intereses del autor, dejando ocasionalmente vacíos temporales para saltar a otros asuntos por narrar. Fue gracias a esa obra que los hermanos Humboldt le ofrecieron al poco tiempo una cátedra en la Universidad de Berlín.[18] La vida de Ranke transcurrió en las aulas de clases y seminarios, asimismo mantuvo una estrecha relación con la monarquía prusiana, la cual le otorgó por sus servicios el agregado “von” en 1854, más allá de ello, Ranke se mantuvo al margen de la política, pues prefirió ahondar en sus arduas y extensas investigaciones hasta el 23 de mayo de 1886, donde murió en Berlín a la edad de 90 años.

2. Hermenéutica: la estructura ontológica de la conciencia histórica de Ranke a través de su obra, la noción de hecho histórico y su relación con la Historia Universal.

 

  la  filosofía de Herder representó, en cierto modo, un completo cambio ideológico que legó al pensamiento histórico de Ranke, y en lo general, a la conciencia histórica de los años consecutivos a él, la posibilidad de optar por comprender el devenir histórico como el desenvolvimiento humano de fuerzas espirituales históricas que dimanaban de la capacidad creadora del hombre para hacerse y definirse a sí mismo en el tiempo, y no ya, como era de esperarse, como un desenvolvimiento mecánico de las fuerzas naturales del progreso.

Herder “rompió el encanto del pensamiento analítico y el principio de identidad que habían mantenido el pensamiento de la Ilustración sometido al análisis causal en del pensamiento histórico”[19], y no sólo eso, sino que, como Meinecke lo refirió[20], en virtud de la individualidad que el historicismo implicaba, Herder entendió que “toda generalización abstracta es, por lo tanto, impotente con respecto a la historia, y ninguna norma genérica ni universal puede comprender su riqueza. Cada condición humana tiene su valor particular; cada fase individual de la historia tiene su validez y necesidad inmanente”[21].

Lo acotado por Cassirer sobre Herder, fue comprendido por Ranke, quien en sus conferencias Sobre las épocas en la historia moderna sugirió que dentro de cada “fase individual”, o época, existe un valor intrínseco que se refleja en los progresos y creaciones del espíritu humano del momento, sin embargo, la importancia de la época no recae en las creaciones, sino en la capacidad creadora inherente al ser del período:

Toda época tiene un valor propio, sustantivo, un valor que debe buscarse, no en lo que de ella brote, sino en su propia existencia, en su propio ser. Es esto lo que da a la historia, y concretamente al estudio de la vida individual dentro de ella, un encanto especial, lo que hace cada época deba ser considerada como algo con validez propia y que encierra un interés sustantivo innegable para la investigación[22]

La conferencias tituladas Sobre las épocas en la historia moderna son uno de los trabajos más densos de la historiografía rankeana, pues es donde el autor desarrolla la su noción de “ideas directrices” o “grandes tendencias rectoras”, de entre cuya relación dimana la noción de progreso humano que propone Ranke, así como el sentido histórico de cada hecho y su carácter dual: la continuidad y lo inmutable.

En primer término, la noción de progreso de Ranke surge, en un tono parecido al Sturm und Drang de Herder, como una reacción de rechazo a las nociones de progreso establecidas por las filosofías de la historia de su momento, fuesen en su versión mecanicista ilustrada, o en su versión espiritual idealista, Ranke percibió que ambas formas ajustaban la explicación del desarrollo histórico humano a un único referente cosmopolita de progreso teleológico, donde, en consecuencia, aquellas sociedades que no diesen muestras de empatar en sus tradiciones históricas con los cánones del cosmopolitismo, quedaban relegadas, por consiguiente, en la incivilidad o la barbarie.

Lo anterior se aclara cuando Ranke, en el texto ya referido, dialoga con el rey Max, quien al sugerir a la providencia como sentido de la historia, Ranke responde:

Es una hipótesis cosmopolita, no susceptible a demostración histórica. Tenemos, por ejemplo, la profecía de la Sagrada Escritura según la cual llegará el día en que sólo habrá un pastor y un rebaño, pero, hasta hoy, no ha resultado ser éste el rumbo dominante en la historia universal […].[23]

Por su parte, otro elemento ante el que Ranke reacciona, es contra las filosofías idealistas alemanas, es específico contra la filosofía de la historia de Hegel, quien según Ranke incurría en dos errores, el cosmopolitismo y la reducción de lo histórico a una especulación metafísica del mismo. Hegel, al hacer del devenir histórico el continuo desenvolvimiento autoconsciente del espíritu humano cuya evolución e impulso de perfectibilidad reside en la progresiva realización de su libertad a través de la razón, le atribuía a la historia de los pueblos.[24] A criterio de Ranke, la filosofía hegeliana no es sino un esquema cosmopolita que vicia la explicación histórica del pasado al sujetar a las sociedades a un mismo esquema teleológico: el de la aprehensión espiritual de sí de la conciencia histórica humana, cuyo concepto radica en la libertad.

Todo ese esquema, para Ranke, además de cosmopolita, era una especulación abstracta y vacua de todo contenido histórico, pues en primera instancia, es una imposibilidad humana hablar en detalle de una finalidad histórica si no se ha visto la conclusión y término del desarrollo de la Historia Universal, sólo Dios es capaz de realizar esa proeza, en cambio, el hombre sólo puede aspirar a comprender partes históricas que se desprenden de dicha finalidad, como lo pueden ser algunos hitos o tendencias históricas que se fijasen a sí mismas la realización de algunos objetivos, pero siempre en el marco acotado de algún período histórico. Según se ha visto, Ranke critica abiertamente la posición hegeliana, que sobreimprime a los hechos históricos un “plan universal” previamente trazado en la mente del filósofo. Finalmente, los filósofos caen en el error de percibir el presente como la coronación de todos los tiempos, el pasado absolutamente en función de la actualidad. Frente a la especulación filosófica, el objeto del historiado se caracteriza por su concreción empírica.[25]

Ranke señala que las “ideas rectoras” son un poder histórico que se encarna en distintas entidades temporales, tales como grandes personajes, épocas, instituciones, religiones o sociedades, las cuales, al fijarse un objetivo e intentar realizarlo, propulsan el cambio y la continuidad histórica. La explicación de que unas sociedades sean más avanzadas que otras, afirma Ranke, depende del “poder espiritual” y el potencial creativo con que cada “tendencia rectora” se esfuerce en lograr sus fines.

Hay elementos de la gran evolución histórica que aparecen plasmados en la nación romana o en la germánica; aquí, manifiéstase desde luego el poder espiritual que va desarrollándose de etapa en etapa. Más aún, no puede negarse que a través de toda la historia actúa una especie de poder histórico ejercido por el espíritu humano; un movimiento que arranca y de los tiempos primitivos y que puede seguirse a lo largo de la historia con ciertas características de continuidad.[26]

Por tal motivo, no se trata de un progreso uniforme aplicable a todas las sociedades de la historia humana, sino que Ranke supone que existe sólo el progreso como un cambio histórico impulsado por el “espíritu humano” que ejerce un “poder” en un período determinado, cuya representación es una “tendencia histórica” o “idea rectora”. Así pues, Ranke propone una histórica de múltiples progresos en ritmos distintos dependiendo de la fuerza con que el espíritu humano despliegue sus “tendencias rectoras”, que protagonizan con sus acciones el curso del cambio y el movimiento histórico de la humanidad a través del cumplimiento de las relaciones entre sí por el cumplimiento de sus fines: “En cada época de la humanidad se manifiesta, por tanto, una gran tendencia dominante, y el progreso no consiste en otra cosa sino en que cobre cuerpo cada período histórico un cierto movimiento del espíritu humano que destaca ora una tendencia ora otra y se manifieste en ella de un modo peculiar”[27], del movimiento de esas se genera el progreso contextual a un período específico, es decir, es múltiple, sobre el que Ranke anota “Desde este punto de vista, es innegable la existencia de cierto progreso; pero no nos atreveríamos a afirmar que este progreso se presente en línea recta; más exacto sería representarlo como un río que va abriéndose paso a su modo por entre los obstáculos que tratan de cerrarle el camino”.[28]

Ahora bien, para Ranke, el valor histórico de cada época consiste en un principio de vida humana que dimana también de la fuerza creadora que cada “tendencia rectora” tuviese, cuya potencialidad creativa queda demostrada en los progresos del espíritu humano, en el desarrollo del saber y de la cultura:

Junto a la historia particular de los distintos pueblos y por encima de esa historia, reivindicamos como principio específico de la historia general el principio de la vida común de la humanidad, que une a las naciones y las domina, aunque sin dejarse absorber por ellas. Tal vez podría definirse este principio como la formación, el mantenimiento y la expansión del mundo de la cultura; pero no entiendo por cultura lo que por lo general entienden quienes circunscriben su horizonte a las ciencias y las artes. No, el mundo cultural abarca también la religión y el estado, el libre desarrollo de todas las fuerzas, proyectado hacia un ideal.[29]

Las creaciones espirituales de cada “tendencia rectora” representan, a manera de efectos secundarios, el resultado singular y temporal de cada una de las acciones desarrolladas por las “tendencias rectoras” en su intento de cumplir una meta que en su momento éstas mismas establecieron, el cumplimiento de dicha meta es, para Ranke, la realización de la época misma dentro de su propio marco histórico y temporal, es decir, no se trata meramente de una teleología generalizada para toda la historia en su conjunto, sino sólo de objetivos realizables en períodos históricos determinados a través de los cuales se proyectan los avances del conocimiento humano.

Para Ranke, las “tendencias rectoras” no consisten en entidades metahistóricas especulativas al estilo de las interpretaciones filosóficas del idealismo, más bien se entienden dichas entidades como representaciones concretas del componente abstracto de la naturaleza espiritual humana, las cuales impulsan y tienden a la realización de los objetivos que se éstas mismas se fincan.

El partir de lo individual a lo general, es decir, de las épocas individuales a la Historia Universal le permite a Ranke afirmar que el sentido de la historia estriba en la conexión y relación de las distintas épocas que se da a través de su realización histórica mediante los intentos humanos por alcanzar sus fines dentro de su propio marco temporal, fines que, a criterio de Ranke, van siempre en favor de la estabilidad y el bienestar del hombre, de ahí que afirmase que “la historia universal es la historia de una cadena interminable de luchas en torno a los supremos vienes de la humanidad; el movimiento histórico-universal es un algo vivo que va abriéndose paso y progresando poderosamente gracias a su propia fuerza”.[30]

Para la teoría histórica de Ranke, las “grandes tendencias rectoras” figuran un carácter doble que se refleja en el curso de la Historia Universal, en primera instancia está el carácter contingente del cambio histórico que dimana de la relación, choque o superación entre las mismas “tendencias rectoras” al intentar, como se ha visto, alcanzar sus fines, en segunda instancia está el carácter inmutable de la historia, la cual, al haber sucedido, no tiene la posibilidad de cambio. Cada hecho histórico guarda un carácter único y distinto de los otros, lo cual genera su propio valor histórico, que es inmanente y sólo igual a los progresos humanos de cada época.

El movimiento histórico que se observa a través de la sucesión temporal de épocas es, para Ranke, el escenario protagonizado por la actuación de las “tendencias rectoras”, de tal manera que el cambio histórico consiste, según el autor, “sencillamente, en que las grandes tendencias espirituales que dominan la humanidad tan pronto se superan las unas a las otras como se entrelazan entre sí”.[31]

El problema epistemológico al que Ranke se enfrenta, es que si un hecho histórico es sólo igual a sí mismo, no poseería aparentemente ningún elemento que pudiese establecerle una similitud con el resto de los hechos, de tal manera que la historia sería una masa inconexa de aconteceres y épocas dispersas. Ranke no deja muy en clara la solución, sin embargo, supone que ésta se encuentra en la noción de “continuidad histórica”. La continuidad no está claramente visible en el devenir histórico, precisamente porque es la labor del historiador la que debe trazar dicha continuidad para hallar el sentido y forma total de la Historia Universal, es decir, “la continuidad” es lo que el historiador debe reconstruir a través de los hechos históricos que “encuentra” en su investigación.

Francisco Vásquez, estudioso del tema, sostiene que Ranke resuelve el problema a través de la noción de “continuidad histórica”, que consiste en el supuesto de que:

Presente y pasado se conectan en una relación de identidad que hace posible el nexo histórico de los acontecimientos […]. En Ranke […] esta continuidad de presente y pasado adopta la forma de un postulado teórico; la noción de “continuidad” se convierte prácticamente en una “a priori” de la investigación histórica. […] baste con decir que en Ranke la “continuidad” es verdaderamente la forma de existencia de la cultura occidental, que fundamenta esa actitud conciliadora, ireneica, que tiende en Ranke a limar las asperezas entre las distintas épocas, privilegiando sus solidaridades sobre sus diferencias.[32]

Solo en una visión panorámica de la obra de Ranke, podría comprenderse que en efecto, una de las labores del historiador consiste en reconstruir la conexión que existe entre la continuidad histórica producto del movimiento del espíritu humano generado por las grandes tendencias rectoras. La “continuidad” constituye una a priori teórica que el historiador establece para rastrear la conexión temporal entre épocas, de ahí que Ranke dijese que el progreso histórico “es un movimiento que arranca ya de los tiempo primitivos y que puede seguirse a lo largo de la historia con ciertas características de continuidad”, y que a su vez, la historia mantiene “grandes ideas inmutables y eternas”.

Ahora bien, en sentido lato, Ranke aclara que la tarea del historiador consiste en aspirar a desentrañar y comprender dichas tendencias rectoras, al decir que “la misión del historiador consiste en ir desenmarañando las grandes tendencias de los silgos y en desenrollar la gran historia de la humanidad, que no es sino el complejo de estas diversas tendencias”.[33]

3. Heurística: la relación entre ontología y epistemología en la investigación histórica.

  el  supuesto epistemológico del que Ranke parte para determinar qué es susceptible al análisis histórico, como se ha visto, tiene su base en la ontología, pues como Ranke mismo afirmo, “la misión del historiador” estriba en el estudio de las épocas históricas; ahora bien, cabe preguntarse, ¿qué criterios heurísticos abstractos se desprenden de tal afirmación? Como se verá, la imaginación histórica de Ranke despliega en ese supuesto un proceso de dotación de un componente histórico-ontológico a los sucesos factuales individuales que por sí solos no poseen sentido histórico alguno sino hasta que se les identifica en su relación con las “ideas rectoras” de la Historia Universal, que son las que les confieren individuales dicho valor.

Lo anterior queda claro en un fragmento que Ranke escribió hacia 1860, en el que declaró que “el estudio de los particulares, incluso de un solo detalle, tiene su valor, si se hace bien […] pero […] el estudio especializado, además, ha de relacionarse siempre con un contexto más amplio […]”.[34]

Así pues, Ranke asimila y comprende el valor histórico como aquello que de historicidad del pasado, la cual es la condición de posibilidad para que algún hecho sea susceptible a los estudios históricos. De ahí se desprende el supuesto de que no todo lo pasado sea apto o esté dispuesto a ser historiable, de tal manera, Ranke asume que sólo los hechos históricos que tengan bien definida su relación con la Historia Universal pueden ser estudiados. De no hallar en los hechos la relación con el todo que les dota de historicidad, la investigación, en consecuencia, se saturará de datos superfluos por la carencia de valor y sentido histórico. Fue ese el error que precisamente Ranke le adjudicó a gran parte de la historiografía previa a él, el no hallar el sentido histórico del pasado, lo cual le conllevaba a ser “masas indigestas de notas, de exposiciones, de hechos mal comprendidos”.[35]

La aplicación de los referentes epistemológicos y ontológicos señalados es clara en la Historia de los papas en la época moderna, en donde Ranke, a través de una abrumadora erudición, declara que “Sólo puede interesarnos [de los papas] su desarrollo histórico y su acción sobre la historia universal”[36], ya que cualquier tipo de desarrollo no-histórico sería, para la investigación de Ranke, superficial, pues a criterio del autor, los estudios históricos únicamente debe interesarse por el pasado que “se afirma con su significación universal”.[37]

Las bases ontológicas y epistemológicas más generales de la conciencia histórica de Ranke aquí expuestas, no variaron significativamente a lo largo de toda su producción historiográfica, lo cual, en muchos sentidos, habla de que el autor poseía una sistemática claridad en su imaginación y metodología histórica. Incluso, pese a estar inmerso en un turbulento contexto histórico, Ranke siempre mantuvo una postura indiferenciada a las vicisitudes políticas de su época, indiferencia que se refleja en la narrativización clara, ordenada y homogénea de los temas que fueron de su interés.

Ranke mostró siempre un rechazo a todo tipo de historiografía que tuviese por intención adaptar el pasado a una a priori filosófica o teórica, es decir, criticó todo discurso que sujetase los hechos históricos a esquemas teleológicos o intentasen buscar en él enseñanzas y lecciones para el presente y el futuro, de ahí que Ranke declarase con modestia en su Historia de los pueblos románicos y germánicos que “se ha dicho que la historia tiene por misión enjuiciar el pasado e instruir al presente en beneficio del futuro. Misión ambiciosa, en verdad que este ensayo nuestro no se arroga”[38]. En respuesta, según determinó la interpretación posterior, Ranke optó por afirmar que “Nuestra pretensión, es más modesta: tratamos, simplemente, de exponer cómo ocurrieron, en realidad, las cosas”[39]. En primer término, la traducción es errónea, pues el texto íntegro afirma:

Alemán. Inglés. Español.
Man hat der Historie das Amt, die Vergangenheit zu richten, die Mitwelt zum Nutzen zukünftiger Jahre zu belehren beygemessen: so hoher Aemter unterwindet sich gegenwärtiger Versuch nicht: er will bloß sagen, wie es eigentlich gewesen. To history has been assigned the office of judging the past, of instructing the present for the benefit of future ages. To such high offices this work does not aspire: It wants only to show what actually happened.[40] A la historia se le ha asignado el deber de juzgar el pasado, para instruir el presente en beneficio de las épocas futuras. Un deber tan alto al que este trabajo no aspira. Mi intención es más modesta: se trata sólo mostrar lo que esencialmente sucedió.[41]

 

Así pues, lo que Ranke intentó decir, a criterio de lo ya visto, es que lo susceptible a ser narrado no es “lo que realmente sucedió”. El indicar que la pretensión es consignar “lo que en realidad sucedió” puede llevar al supuesto de que la investigación histórica se arroga el estudiar la totalidad de lo real, lo cual, además, es un absurdo dada la inconmensurabilidad del pasado. Narrar por lo tanto “lo que realmente sucedió” implicaría consignar incluso hasta lo que carece de significación histórica por parte del “todo universal”, que implicaría recaer en el error que afanosamente Ranke denunció, el de producir “una masa indigesta de hechos mal comprendidos”. La traducción de “eigentlich” según lo aclara Andreas Boldt[42], puede entenderse no sólo como “esencialmente” o también como “característicamente”, que en inglés, “characteristically” puede tener como sinónimos “centralmente”, “aproximativamente”, “sustancialmente”, entre otros.

En última instancia, lo que el análisis aquí ha desarrollado es un breve estudio sobre las bases ontológicas de la conciencia histórica de Ranke y cómo éstas reflejan sus implicaciones metodológicas y heurísticas en la estructura epistemológica del pensamiento del autor. En el ámbito de la teoría, Ranke no deja de ser denso, y en ocasiones confuso, pues no aclara ni matiza muchas de las nociones que en su “imaginación histórica” conforman y propulsan el devenir histórico humano, ciertamente, los motivos plausibles que encuentro estriban en la renuencia misma de Ranke a ahondar con abundancia en la reflexión teórica a razón precisamente para evitar incurrir en las abstracciones idealistas que tanto criticó a lo largo de su producción historiográfica.

La densidad que Ranke muestra en el desarrollo de su teoría, que fundamentalmente explica en sus conferencias Sobre las épocas en la historia, no aparece en el resto de su producción historiográfica, incluso cabe aclarar, que el autor no deja de ser sistemático al momento de reflexionar, pues aclara cuáles son para él las entidades históricas que mueven el discurrir humano singular, que dan cuentas de un devenir histórico sistemático que procede mediante relación, choque o superación de dichas fuerzas.

Incluso la claridad de la estructura de la conciencia histórica de Ranke es tal, que al momento de narrativizar el contenido documental que ha previamente analizado y procesado en su “imaginación histórica”, ofrece al lector un discurso en extremo realista donde las entidades que habitan en el texto y su narración se relacionan de forma ordenada y clara. La claridad de la narración historiográfica de Ranke muestra su filiación conservadora, pues según lo visto, en la historia no se halla un caótico desorden humano sino un continuo, ordenado y estable desarrollo sustentado por el rígido poder de los Estados y Naciones que regulan el comportamiento del hombre en el tiempo, se trata de un orden histórico (factual), historiográfico (narrado) e historiológico (en la conciencia del autor) donde cada hecho tiene su razón de ser en el marco de la inmensa Historia Universal.


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Notas al pie
[1] George Peabody Gooch, Historia e historiadores en el siglo XIX, Ernestina de Champoucrín y Ramon Iglesia (trad.), México, FCE, 1977, (Sección de Obras de Historia), p. 24.
[2] Marialba Pastor (coord.), “Estudio Introductorio”, en Cientificismo Alemán. (Antología de textos), México, UNAM:FFyL/DGAPA, 2012, p. 16.
[3] Por parte del teólogo Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher (1768-1834).
[4] Por parte la obra de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831).
[5] Napoleón, tras haber enfrentado y derrotado a los rusos en Eylau a fines de 1807, declaró que “Prusia ha muerto […] ha desaparecido del mapa de Europa”; Gooch, op. cit., p. 71.
[6] Idem.                         
[7] Ibid, p. 72.
[8] Pastor, “Estudio Introductorio”, en op. cit., p. 20.
[9] Barthold C. Witte, Barthold Georg Niebuhr. Una vida entre la política y la ciencia, Juan Faber (trad.), Barcelona Editorial Alfa, 1987, p. 106.
[10] Friedrich Meinecke, El historicismo y su génesis, José Mingarro y Tomás Muñoz (trad.), México, FCE, 1982, (Sección de Obras de Historia), p. 12.
[11] Pastor, “Estudio Introductorio”, en op. cit., p. 26.
[12] Gooch, op. cit., p. 84.
[13] Leopold von Ranke, “Sobre las épocas en la historia”, en Pueblos y estados en la historia moderna, Wenceslao Roces (trad.), México, FCE, 1979, (Sección de Obras de Historia), p. 62.
[14] Gooch, op. cit., p. 84.
[15] Juan A. Ortega y Medina, Teoría y crítica de la historiografía científico- idealista alemana (Guillermo de Humboldt-Leopold von Ranke), México, UNAM: IIH, 1980, p. 52.
[16] Lo anterior es explícito sólo en la obra de madurez de Ranke, donde en la Historia Universal desarrolla con precisión su el supuesto de que en cada época histórica reside una “tendencia rectora” que en el intento de alcanzar sus objetivos, que en palabras de Ranke son “los bienes de la humanidad”, va desprendiendo progresivamente una “fuerza creadora” que genera la vivacidad histórico-espiritual de cada período que se traduce factualmente a través de los avances en el saber humano y la culturales; Ranke, “Historia Universal”, en op. cit., p. 475.
[17] Gooch, op. cit., p. 84.
[18] Algunas de sus obras: un primer volumen de Príncipes y pueblos de la Europa meridional titulado Los otomanos y la monarquía española en los siglos XVI y XVII (1827); Historia de Servia y de su revolución, (1829); junto con Savigny y Niebuhr, Ranke edita la Revista Histórico-Política para contrarrestar los ideales liberales provenientes de Francia, donde destacó su artículo titulado Las grandes potencias (1832-1836); un segundo volumen de Príncipes y pueblos de la Europa meridional (1834); Historia de los papas en la época moderna (un libro en 1834 y dos en 1836); tercer y cuarto volúmenes de Príncipes y pueblos (1836); Historia de Alemania en tiempos de la Reforma (1839-1847); Nueve libros sobre la historia de Prusia (1847-1848); Historia de Francia (1852-1861); Ranke da diecinueve conferencias Sobre las épocas en la historia moderna (1854); Historia de Inglaterra (1859-1866); entre muchas otras obras y estudios menores, Ranke elaboró en 1880 su Historia Universal, la cual no concluyó dada su muerte, sin embargo, sus alumnos, con borradores y notas de clase, la terminaron en 1888; véase Ortega y Medina, op. cit., pp. 66-76.
[19] Ernst Cassirer, apud., Hayden White, Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, Stella Mastrangelo (trad.), México, FCE, 2014, (Sección de Obras de Historia), p. 79.
[20] Meinecke, op. cit., p. 12.
[21] Cassirer, apud., White, op. cit., pp. 79 y 80.
[22] Ranke, “Sobre las épocas en la historia”, en op. cit., p. 59.
[23] Ibid, p. 61.
[24] Georg Wilhelm Friedrich Hegel, “III. El curso de la Historia Universal”, en Filosofía de la historia universal, 2 vóls., José Gaos (trad.), Buenos Aires, Losada, 2010, vol. 1., p. 158.
[25] Francisco Vásquez García, “II. Saber histórico y ciencias auxiliares en el siglo XIX”, en Estudios de teoría y metodología del saber histórico, Cádiz, Universidad de Cádiz, 1988, pp. 23 y 24.
[26] Ranke, “Sobre las épocas en la historia”, en op. cit., pp. 57 y 58.
[27] Ibid, pp. 58 y 59.
[28] Ibid, pp. 59.
[29] Ibid, “Historia Universal”, pp. 474 y 475.
[30] Ibid, p. 475.
[31] Ibid, “Sobre las épocas en la historia”, p. 58.
[32] Francisco Vásquez, op. cit., p. 24.
[33] Ranke, “Sobre las épocas en la historia”, en op. cit., p. 60.
[34] Ranke, apud., White, op. cit., p. 163.
[35] Ortega y Medina, op. cit., p. 53.
[36] Ranke, “Historia de los papas en la época moderna”, en op. cit., pp. 104 y 105.
[37] Ibid, p. 105.
[38] Ranke, “Historia de los pueblos románicos y germánicos”, op. cit., p. 38.
[39] Idem.
[40] Traducción de Fritz Stern, The varieties of history from Voltaire to the Present. Nueva York, Vintage, 1973, p. 57.
[41] La traducción es una aproximación mía, tomé de base los dos extractos, en alemán e inglés.
[42] Andreas Boldt, Perception, “Depiction and Description of European History: Leopold von Ranke and his Development and Understanding of Modern Historical Writing”, en eSharp, núm. 10, Glasgow, University of Glasgow, núm. 10, invierno, 2007, p. 13, en: http://www.gla.ac.uk/media/media_64280_en.pdf [Fecha de consulta: 05/12/2016].