venenos animales

la paradoja entre la vida y la muerte

[artículo] | Alejandro Carbajal Saucedo, Claudia Lizbeth Moctezuma González y Ariana Chávez Méndez

 

  la   naturaleza ha provisto a los seres vivos con diferentes herramientas para sobrevivir y una de las más sorprendentes son los venenos. Existe una gran variedad de organismos capaces de producirlos, desde los más obvios como las serpientes, arañas y alacranes hasta plantas y hongos.

Los venenos de animales son mezclas complejas de moléculas que paralizan o matan a sus presas ya sea para defenderse o alimentarse. Su producción se lleva a cabo en glándulas especializadas y son depositados a través de estructuras como colmillos (serpientes), aguijones (alacranes y abejas), espinas (peces) o por contacto el simple con la piel (anfibios).

Considerando lo anterior, es lógico pensar que los venenos deben tener cierta especificidad, es decir, un alacrán que come pequeños artrópodos como grillos o arañas, debe producir un veneno específico para estas presas, mientras que el veneno de una serpiente que se alimenta de roedores y otros mamíferos, debería de ser muy potente contra ellos pero no necesariamente contra artrópodos. Entonces, ¿por qué el veneno de un alacrán o de una serpiente puede sañar a los seres humanos?, ¿acaso nos ven como “un gran bocado andante”?

La verdad es que no. Lo que sucede es que los componentes de los venenos tienen diferentes “blancos de acción” que actúan a distintos niveles (celulares y tisulares) en los organismos. Muchos de estos “blancos de acción” son muy similares entre especies debido a la historia evolutiva. Por ejemplo: entre el ser humano y otros mamíferos, como los ratones, las proteínas que se encargan de coagular la sangre son altamente similares por lo que son afectadas casi al mismo nivel por un mismo veneno. En otros casos, es una suerte de coincidencia que ciertos componentes o toxinas tengan tan buen efecto en nuestro organismo.

Esto nos lleva a aclarar un punto muy importante que tal vez no sea tan conocido: no todos los venenos de los animales son tóxicos para el ser humano. De la vasta diversidad de arañas que hay en el mundo, sólo cuatro géneros son considerados de importancia médica para el ser humano y de ellos sólo dos se encuentran en México: Loxosceles1 (araña violinista) y Latrodectus2 (viuda negra). Los venenos que producen otras arañas pueden causarnos irritación, dolor e inflamación pero no la muerte. De manera similar sucede en el caso de los alacranes. Algunas especies provocan sólo un intenso dolor mientras que otras pueden provocar la muerte. A simple vista resulta muy complicado diferenciar a las especies tóxicas de las no tóxicas, de ahí que haya muchos mitos alrededor de la picadura de alacrán y sus remedios.

tarantula
Tarántula de rodillas rojas

Existen arácnidos cuya apariencia es tan impresionante y amenazadora que pueden inspirar películas de terror, como en el caso de la típica tarántula “de rodillas rojas”, cuya mordedura seguramente nos ocasionaría dolor pero no la muerte. Siendo justos, los colmillos de un perro son más grandes y su mordida podría ser mucho más dolorosa.

Esto empieza a darnos una perspectiva un poco distinta de lo que usualmente viene a nuestra mente al escuchar “animales venenosos”. Ahora ¿qué pensarían al saber que los venenos de los animales también han dado lugar a medicamentos que actualmente consume por lo menos alguno de nuestros conocidos?

Este es el caso del captopril3, una molécula aislada del veneno de la víbora brasileña, Bothrops jararaca, la cual actúa como un regulador de la presión arterial y es ampliamente utilizado para el tratamiento de hipertensión, uno de los grandes problemas de salud pública en México,  donde el 25.5% de la población lo padece (Encuesta Nacional de Salud, 2016). De esta molécula se derivaron otras con fines similares que se continúan utilizando hoy en día como el enalapril, lisinopril, perindopril y ramipril. Otro caso es el de la molécula tirofibán utilizada en tratamientos preventivos de infarto cardiaco, que fue aislada del veneno de una serpiente africana (Echis carinatus)4.

Otro ejemplo de medicamentos derivados de los venenos de animales son los antibióticos. En los venenos de algunos insectos5, arácnidos6 y ciempiés7 se han encontrado moléculas antimicrobianas cuyos mecanismos de acción son distintos a los antibióticos tradicionales, presentando ventajas sobre estos últimos, ya que poseen una alta potencia de acción y bajos niveles de resistencia por parte de los microorganismos. Esto ha generado una nueva herramienta para lidiar contra las infecciones.

Por si fuera poco, los venenos de animales también han ofrecido una opción de tratamiento para el dolor crónico. Tal es el caso del fármaco ziconotide8 que es derivado de una toxina aislada del veneno de un caracol marino. Este fármaco no genera adicción por uso prolongado, es muy potente comparado con analgésicos tradicionales y no produce tolerancia, es decir, no se requieren cantidades cada vez mayores para surtir el mismo efecto.

Artritis, cáncer, problemas de coagulación, trombosis, problemas cardiacos, Alzheimer, manejo de heridas después de intervenciones quirúrgicas, entre otras, son sólo algunas áreas de oportunidad en las que los componentes de los venenos de animales, pueden tener aplicaciones terapéuticas9,10,11. En el mundo, hay una gran cantidad de investigadores analizando los venenos y tratando de comprender sus mecanismos de acción para encontrar nuevas opciones de tratamientos.

No obstante, la diversidad de organismos venenosos es muy amplia así que aún hay mucho por hacer. Paradójicamente los venenos que matan también pueden salvar nuestra vida.

Cuando la mayoría de las personas escuchan “animales venenosos” es común que venga a su mente la imagen de algún ser maligno que saltará de entre las sombras y los matará dolorosamente. Deseamos que después de leer esta pequeña nota, se considere que ese ser vivo poco comprendido puede encerrar el secreto que el día de mañana ayude a salvar más vidas.

Estepario.logo.E


Notas al pie
  1. Vetter, R. S. (2008). Spiders of the genus Loxosceles (Araneae, Sicariidae): a review of biological, medical and psychological aspects regarding envenomations. Journal of Arachnology, 36(1), 150-163.
  2. Nicholson, G. M., & Graudins, A. (2002). Spiders of medical importance in the Asia–Pacific: Atracotoxin, latrotoxin and related spider neurotoxins. Clinical and experimental pharmacology and physiology29(9), 785-794.
  3. Smith, C. G., & Vane, J. R. (2003). The discovery of captopril. The FASEB Journal17(8), 788-789.
  4. Slagboom, J., Kool, J., Harrison, R. A., & Casewell, N. R. (2017). Haemotoxic snake venoms: their functional activity, impact on snakebite victims and pharmaceutical promise. British journal of haematology.
  5. Gundappa, S. (2008). Insects as Sources of Antimicrobials: In Vitro Screening of Extracts of Dung Inhabiting Insects for Antimicrobial Activity(Doctoral dissertation, University of Agricultural Sceinces).
  6. Garcia, F., Villegas, E., Espino-Solis, G. P., Rodriguez, A., Paniagua-Solis, J. F., Sandoval-Lopez, G., & Corzo, G. (2013). Antimicrobial peptides from arachnid venoms and their microbicidal activity in the presence of commercial antibiotics. Journal of Antibiotics66(1), 3.
  7. Peng, K., Kong, Y., Zhai, L., Wu, X., Jia, P., Liu, J., & Yu, H. (2010). Two novel antimicrobial peptides from centipede venoms. Toxicon, 55(2), 274-279
  8. Schmidtko, A., Lötsch, J., Freynhagen, R., & Geisslinger, G. (2010). Ziconotide for treatment of severe chronic pain. The Lancet375(9725), 1569-1577.
  9. Cifuentes, J. L., & Cupul, F. G. (2010). Venenos: armas químicas de la naturaleza. Fondo de Cultura Económica.
  10. Chellapandi, P. (2014). Structural, functional and therapeutic aspects of snake venom metalloproteinases. Mini-Reviews in Organic Chemistry11(1), 28-44.
  11. Henninot, A., Collins, J. C., & Nuss, J. M. (2017). The Current State of Peptide Drug Discovery: Back to the Future? Journal of Medicinal Chemistry.

 

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