historia de arrimados

V.S. Naipaul es un escritor trinitense (1932), en 2001 ganó el Premio Nobel de Literatura
[reseña] | Una casa para el señor Biswas, de V.S. Naipaul
.Antonio C. Zavala

 

  la   historia del señor Biswas está ambientada durante la primera mitad del siglo XX cuando Trinidad y Tobago pertenecía al imperio británico. Mahun Biswas nació en una familia hindú, al morir su padre la familia se fragmenta y desde ese momento él trajina de una casa a otra. Trabaja como rotulista, capataz y periodista. Todo ese tiempo sólo tiene una idea fija: hacerse de una propiedad. Al final de sus días casi lo consigue, invierte sus ahorros, pide préstamos y lo estafan. La casita que adquiere rebosa de vicios ocultos, la escalera está sobrepuesta, los ventanas no abren, el baño no tiene desagüe… A primera vista podría parecer alguien que fracasa porque una confianza ciega en sus capacidades hace que no se esfuerce lo suficiente, porque sus temporadas de letargo sobrepasan su sentido de planeación o porque encuentra en la ironía la única respuesta a la afrenta. Sin embargo, para todos aquellos que, en algún momento de nuestra vida, crecimos en una casa que no fue de nuestros padres, rodeados de familiares y a veces de extraños, el señor Biswas es el depositario de ese cúmulo de emociones que podríamos llamar propias de los arrimados y que, si tuviéramos que agruparlas en una categoría amplia, ésta sería la humillación. Pero no se trata de la humillación súbita, sino del duro proceso que lleva a interiorizarla, que comienza por desconocer la privacidad y termina, en el extremo, por permitir que otros dirijan las motivaciones de la vida.

Al finalizar la novela, en esos pocos meses que la familia del señor Biswas vive en soledad, en un espacio donde son libres de elegir qué flores plantar, cuando no hay horarios para defecar o los gritos de los otros dejan de perturbar su sueño, sólo entonces se percatan de que una casa propia permite dar coherencia a su memoria. Es decir, por fin pueden ordenar cada etapa de su vida, reflexionar sobre ella y dotarla de significado, en la calidez de un hogar consiguen por fin dar tregua a sus recuerdos y hacerlos incapaces de herir.

Al leer la historia del señor Biswas vino a mi mente el recuerdo de El collar. Escrito por Guy de Maupassant, el cuento relata la vida de Mathilde, una mujer bellísima y refinada que, a su pesar, posee una vida mediocre. Para reconfortarse, sueña con bailes y banquetes. Un buen día su esposo es invitado a una fiesta en el palacio de gobierno. Mathilde compra un vestido nuevo y, ¡ay la fatalidad!, pide prestado un collar de perlas a Madame Forestier. Al regresar de la fiesta descubre que perdió el collar. Para no encolerizar a su amiga, Mathilde y su esposo se zambullen en deudas. Transcurren diez años de miseria. Finalmente, cuando la deuda queda saldada, Mathilde cuenta a Madame Forestier la aventura del collar y ella, sorprendida, exclama: “¡Oh, mi pobre Mathilde! Pero si el mío era falso”. La anécdota de Mathilde y del señor Biswas, aunque cargada de comicidad, es la realidad de millones de personas. Es la tragedia de la propiedad, de los que se arruinan por nada y para los que vivir significa una espera, y al pasar los años, se dan cuenta de que no hay nada que esperar.