el islam en méxico: una comunidad en crecimiento

Said Louahabi es el presidente del Centro Educativo de la Comunidad Musulmana en la Ciudad de México
 [reportaje] | Carlos Erasmo Rodríguez Ramos 
Fotografías | Gerardo Chávez Balderas 


  un  grupo de personas yacen sentados formando un gran círculo. En el centro está una mujer con un velo negro que escucha atentamente las palabras que le dirigen. Es viernes por la tarde, día de oración en la mezquita. El sol entra por la ventana e ilumina la alfombra aterciopelada. Todos los presentes escuchan con solemnidad y alegría. La mujer ha pronunciado las palabras con que abraza su nueva fe: Allah es Dios y Muhammed su profeta. Esta escena no ocurre en algún país al otro lado del océano sino aquí, en la Ciudad de México, en el Centro Educativo de la Comunidad Musulmana. Ahora, la mujer forma parte de una comunidad que desde la década de 1990 ha crecido exponencialmente en nuestro país.

Dimos con el Centro siguiendo la pista a la comunidad islámica en nuestra ciudad. Internet siempre ayuda así que una búsqueda rápida en Facebook nos dio a conocer el número y la ubicación del Centro. Tras una breve llamada telefónica fuimos invitados a conocerlo ese mismo día. Llegamos al inmueble, ubicado en la calle de Euclides No. 25 en la Colonia Verónica Anzures, Delegación Miguel Hidalgo.

Por fuera, el edificio lucía como cualquier otro pero como siempre hay un halo de misterio y respeto por lo que no se conoce así, esperamos hasta que nos invitaron a pasar. Nos indicaron que nos quitáramos los zapatos y tras hacerlo accedimos a la mezquita.

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Uno de los marcos de la mezquita

Contrario a lo que se podría esperar de un templo religioso, la mezquita  es bastante sobria. Es un recinto amplio con paredes blancas de donde cuelgan carteles, no imágenes. Uno aquellos letreros muestra una larga lista de los nombres y atributos de Dios. Una alfombra roja cubre el piso de todo el recinto. En el centro de la habitación, varios hombres están sentados sobre la alfombra, comiendo y conversando en árabe. Resulta que habíamos llegado durante una visita que musulmanes de otros países habían hecho a la mezquita. Tras explicar el motivo de la vista conversamos con ellos gracias a la ayuda de Mohammed, un miembro de la comunidad que hizo las veces de traductor.

Para nuestros propósitos, nos recomendaron volver el viernes, el día de la oración. No nos dejaron marchar hasta haber compartido la comida con ellos pues en su cultura, bastante similar a la nuestra en este aspecto, nadie que llegue a la hora de la comida puede marcharse sin probar bocado.

Entusiasmados por esta cálida bienvenida, volvimos el viernes. El día de la oración el edificio se llana de vida. Hay niños y mujeres por doquier. Abriéndonos paso entre la multitud pudimos presenciar la escena que abre este texto. Fue entonces cuando fuimos presentados a Said Louahabi, Presidente del Centro, un hombre afable y de buena conversación que con amabilidad nos habló de los pormenores del centro y de la comunidad.

Los orígenes de la comunidad en México

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Es bien sabido que, tras la muerte del profeta Mohammed, el Islam se expandió ocupando casi todas las costas del Mediterráneo, principalmente las del norte de África. Alrededor del año 700 de nuestra era, los musulmanes cruzaron el estrecho de Gibraltar para internarse la península ibérica, dando inicio a una ocupación de casi 800 años que sólo terminó con la reconquista española, poco antes del descubrimiento de América.

Dado lo larga de esta ocupación, los españoles recibieron muchas influencias de la cultura árabe y musulmana. Así fue que cuando llegaron al Nuevo Mundo, esa influencia se hizo sentir en aspectos tan disímiles como el lenguaje y la comida.

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Batalla del 5 mayo, donde algunos musulmanes lucharon del lado francés

Aunque desde la llegada de los españoles estamos en contacto con elementos de esas culturas, el origen de la comunidad musulmana en México es difuso. Aunque suele ubicarse después de la Conquista, no hay consenso sobre en qué momento puede hablarse de su establecimiento. Lo cierto es que la presencia musulmana ha sido una constante en la historia nacional. Tal es el caso de la llegada de 4300 sudaneses y 500 argelinos a México como miembros del ejército francés durante la Segunda Intervención, muchos de las cuales permanecieron en territorio mexicano. Posteriormente hubo constantes migraciones del este del Mediterráneo favorecidas sobre todo durante el régimen de Díaz, de pretensiones cosmopolitas.

En opinión de Said Louahabi, no puede determinarse el origen de la comunidad musulmana en México:

Desde Adán y Eva es el Islam. Cualquier persona que se somete a la voluntad de Dios se llama musulmán. Todos los mensajeros del profeta Mahoma son musulmanes; por ejemplo,  Abraham es el padre de muchos de ellos. El Islam se va expandiendo desde la península arábiga porque allí llegó a su perfección con el profeta Muhammed, la paz sea con él. En la última peregrinación el profeta hizo obligatorio que los musulmanes transmitieran la palabra de Dios en todos los rincones del mundo y por eso México no es la excepción. No podemos establecer una llegada precisa del Islam a México. Desde que falleció el profeta, la paz sea con él, ha habido comerciantes y nómadas que han viajado por todo el mundo.

 A pesar de lo anterior, podemos decir que fue en la década de 1990 cuando el Islam comienza a tener una presencia más fuerte en nuestro país. Se estima que desde entonces la población musulmana se ha triplicado, gracias al aumento de migrantes y conversos. En 2015 se estimó que alrededor 5000 musulmanes residen en el país.[1] Este aumento contrasta con la disminución de la población católica que de ser el 88% de los habitantes del país en 2000, disminuyó al 82.9% en 2010.[2]

El aumento de la presencia musulmana no se debe sólo a su expansión, sino también a la cobertura que recientemente algunos medios de comunicación han dado a la creciente comunidad.[3] Uno de los reportajes más destacados fue el que realizó la revista Gatopardo en 2005, donde exploraba la vida de una comunidad sufí en las inmediaciones de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.[4] Liderada por Aureliano Pérez Yruela del Movimiento Mundial Morabitun, esta comunidad en expansión cuenta con más de 300 miembros, la mayoría de ellos indígenas.

Said nos explicó brevemente la razón de esta expansión en la década de los noventa.

El punto en el que podemos iniciar esta charla es en los noventas, donde el Islam se volvió más activo y dinámico. Antes a la gente le interesaba más hacer sus negocios y después el asunto de la religión. En esta década entraron personas interesadas sobre todo en impulsar el Islam, tratar de llevarlo como un modo de vida y convivir con el cristianismo y el catolicismo. El problema es como aterrizar eso porque desde antes se vienen haciendo muchos esfuerzos pero no se llegó a tanto. Sobre todo porque las preocupaciones eran, como he dicho, comerciales.

 Esta expansión del Islam se debe en gran medida al número de conversos que ha habido en los últimos años. Aunque algunos atribuyan la conversión a razones de tipo social y económico porque ven en el Islam una forma de afirmarse o aumentar su estatus[5], la opinión del señor Louahabi es distinta.

La gente abraza el Islam porque Dios da la guía a quien quiere. Dios también desvía a quien se quiere desviar. Si quieres encontrar la verdad, Dios te va a guiar. Dios guía a quien busca la guía.
Todos nacemos musulmanes: los discípulos de Jesús, Jesús mismo, nacen musulmanes. Todos seguimos a Dios de manera innata. Quienes nos separan de esta religión son los contextos sociales. A pesar de ello, a determinada edad la gente comienza a buscar respuestas que les llenen el corazón y las encuentran en el Islam.
No prometemos nada a la gente.
Muchos medios de comunicación reciben dinero con tal de hablar mal de esta religión. Anteriormente los medios de comunicación dominaban la opinión pública pero ya no pueden cerrarle los ojos a la gente.
Algo que puedo decirte es que casi diario hay gente que abraza el Islam, incluso familias completas. Casi nunca pasa un viernes sin que alguien lo haga. Además, son sobre todo mujeres las que abrazan la religión.

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El Centro Educativo de la Cultura Musulmana

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A pesar de su expansión y de la reciente cobertura mediática, los musulmanes en nuestro país encontraron por largo tiempo dificultades para profesar su culto.

Cuando llegué en 1994, encontré que los embajadores crearon un centro islámico y un chileno, llamado también Said, hizo otro en la colonia Roma. Sin embargo, en 1995 tuvo que regresar a Chile y el centro ya no siguió. En ese entonces nosotros rezábamos en la embajada de Pakistán en Hegel. Era un cuarto pequeño donde actualmente trabaja un funcionario que lo agarró como oficina. Ahí hacíamos la oración de los viernes y asistían las personas que buscaban abrazar el Islam. Sin embargo, no podíamos hacer muchas actividades porque era una Embajada.
En el año de 1997, un Embajador de Arabia Saudita nos ayudó a rentar una casa en Musset, cerca de la Iglesia, donde por años convivimos con cristianos y católicos.
Cuando rentábamos la casa a veces teníamos ciertos problemas porque la persona encargada de la intendencia tenía las llaves. Un viernes acudimos y tal vez debido a que tenía otras ocupaciones, el encargado no estaba y no podíamos entrar a rezar.
Yo hablo 7 idiomas y desde hace años tengo una escuela en la calle de Moliere. Pues ese día tuve que llevar a la gente allá para que pudiera rezar en mi oficina. Cuando terminamos la oración, tomé una caja y dije “Ya no vamos a depender de ninguna Embajada, partido político ni nada. Tenemos que ser independientes”. Entonces puse en la caja el dinero que traía en ese momento en mi bolsillo.

 Fue a raíz de estos reveses, que el señor Louahabi decidió fundar el Centro en el año de 2001.

Fue en 2001 cuando creamos este centro con 39 fundadores, con su servidor como Presidente. Iniciamos el 15 de agosto de ese año. En ese entonces tomamos la decisión de venir aquí y esta era una casa vieja. Después, con ayuda de los creyentes, empezamos a juntar algo de dinero hasta que en 2012 reunimos una cantidad considerable y pudimos derrumbar la casa y construir este edificio.

 Desde ese entonces, el Centro ha sido un lugar de reunión para los musulmanes donde realizan distintas actividades.

La planta baja de este edificio es para las hermanas, las mujeres, y el segundo y tercer piso para los hombres. A pesar de todo, muy pronto vamos a tener problemas de espacio porque no cabemos los viernes aquí. En la semana es suficiente pues no viene mucha gente.
La actividad principal del centro es invitar a la gente a que hagan sus cinco oraciones diarias aquí porque a través de ellas se acercan a lo bueno y se alejan de lo malo.
Además, si hay gente que quiere hacer la peregrinación y estamos en posición de ayudar, se les apoya. También ayudamos a gente en aprietos económicos de acuerdo a nuestro alcance.
Cada año tenemos dos fiestas importantes: cuando se rompe el ayuno y la conmemoración del sueño de Abraham. Este centro organiza estas fiestas.
También hacemos actividades de difusión de nuestra religión e incluso organizamos clases de árabe y conferencias. Todo esto es gratuito, desgraciadamente, no siempre la gente lo aprovecha.

 Muchos de los Centros que se han dedicado a difundir el islam y su cultura alrededor del mundo están financiadas por distintas organizaciones y países. Tal es el caso de la Muslim World League de Arabia Saudita, la World Organization of Islamic Services de Irán y la Islamic Heritage Society de Kuwait.[6] Sin embargo; algo que caracteriza al Centro de Educación de la Cultura Musulmana es su independencia financiera.

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Interior del Centro Educativo de la Comunidad Musulmana

Todo esto es a través de la gente que acude aquí. Nosotros no tenemos una organización de fuera que nos preste financiamiento, todo es a través de la gente que acude a orar los viernes. Tenemos una mesa directiva de 6 personas que no recibe sueldo porque no hacemos negocio con la religión. Son cosas voluntarias.
Hay un problema cuando recibes el dinero de organizaciones y no las estudias. Puede pasar un tiempo en que recibas el dinero y no haya problema pero un día pueden hacer algo en contra de Dios y de la Humanidad y después vas a sentir vergüenza porque ya recibiste su apoyo. Entonces todo lo que uno da es por voluntad y no tenemos ningún compromiso con él. Esto ha ayudado a que en México no crezcan organizaciones de tipo terrorista.
Este es el único centro, hasta donde yo sé, que no tiene una organización detrás.
Nosotros somos muy transparentes y no tenemos miedo a nadie, salvo a Dios.

 Es bien conocido que existen muchas ramas en el Islam y hay algunas que pueden llegar a ser hostiles con las demás. Cuando preguntamos al señor Louahabi sobre ello y sobre el papel en el centro, nos dijo que en realidad, el Centro está abierto a todos.

El Islam es uno. Es respetar las órdenes de Dios establecidas en el Corán, respetar las órdenes del profeta y seguir sus enseñanzas y las de sus compañeros y familiares.
El Islam se debe tomar de dos fuentes principales: el Corán y toda la vida del profeta, sus hábitos, sus dichos. Esto es el Islam. Normalmente no debe haber ninguna secta islámica.
Sin embargo, después de la muerte del profeta, la paz sea con él, hubo conflictos entre los musulmanes.  El problema fue quién sería el líder, quién dirigiría la comunidad.
Todas estas situaciones provocaron que se dieran distintas ramas entre los musulmanes, aunque en tiempos del profeta no las había. Todos creemos en Dios y en las enseñanzas del profeta.
Actualmente existen muchas sectas. Incluso el profeta dijo que su gente se dividiría en 73 grupos, de los cuales 72 irán al infierno, salvo 1. Y Cuando le preguntaron cuál sería ese grupo, él respondió: aquel que sigue el Corán y su enseñanza.
Todos deben regresar al Corán y al profeta. Hay gente que cree todo lo que le dicen y siguen a distintos maestros, sin estudiar la sunna ni la vida del profeta. A raíz de esto empiezan a adorar a estos seres humanos.
Nosotros somos muy abiertos a recibir a cualquier persona, vengan con la intención que sea porque nuestro trabajo es decir la verdad y de ti dependen las intenciones con las que vengas aquí.
Nosotros no podemos distinguir porque esta mezquita es de Dios y somos todos de Dios. Toda la Humanidad merece la oportunidad de arrepentirse de sus pecados y acercarse a Dios. Estamos en esta vida para adorar a Dios. Tenemos muchos trabajos y actividades pero ese no es el propósito por el que estamos en esta tierra, el propósito es adorar a Dios.
Si vienes, tenemos que enseñarte quién es Dios. Tu Dios, mi Dios, es el mismo, es el creador del Universo. No nos toca a nosotros decidir quién entra.
El Islam enseña la tolerancia. El islam es un sistema de vida. Te enseña que debes hacer desde que te levantas hasta que te vas a la cama.


Discriminación y terrorismo

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Muchos han sido los prejuicios que en los últimos tiempos han afectado a la comunidad musulmana de todo el mundo, a quienes normalmente asocian con el fanatismo y el terrorismo. Lo anterior ha dado pie a que exista una discriminación hacia estos grupos; sin embargo, en opinión del señor Louahabi, en nuestro país, donde más del 80% de la población es católica, hay poco lugar a estos prejuicios.

Este centro, el más relevante de la Ciudad de México, nunca ha sufrido nada parecido. Lo que me hace feliz de vivir en este país bendito es que existe la libertad de creencia. Puedo controlar muchas cosas de mi vida pero no puedo controlar que alguien me arrebate esta libertad. En ejercicio de ella por supuesto que respeto las libertades de los demás. No puedo dar falso testimonio de lo que no conozco y de lo que no tengo pruebas.
Por eso yo no tengo problemas ni con periodistas ni políticos. Incluso he llegado a convivir con judíos porque así debemos vivir.
Cuando llegué a México pensé que los prejuicios contra el Islam serían tan fuertes como en Estado Unidos. Pensé esto debido a que son vecinos. Pero cuando empecé a integrarme con la comunidad y a conocer a los mexicanos me di cuenta que hay una gran diferencia. México abre sus brazos a todo el mundo. Si existen algunos prejuicios, gracias a internet, no a los medios de comunicación locales, empiezan a conocer que es el Islam y vienen y muchos de ellos llegan a abrazar la religión.
La gente viene sola, no hay coacción en esta religión. No podemos forzar a nadie a que sea musulmán.  Mucha gente llega aquí por información de internet para despejar sus dudas, aunque también hay información falsa.

 Desde el 9/11 y recientemente con el surgimiento de ISIS y los atentados en París, los prejuicios contra el Islam se han fortalecido. Para Said, no hay lugar para el terrorismo en su fe.

El Islam es la paz y la paz es la religión de Dios. Cualquier musulmán tiene que saber que la fuente de la paz es Dios. Si uno quiere tener la paz espiritual y corporal, debe abrazar esta religión. Quien abraza esta religión es musulmán.
El profeta nos dijo claramente que un musulmán es aquel que no hace daño al prójimo ni con sus manos ni con su lengua. Un musulmán es la persona que si tiene poder, no puede abusar de él. Dañar con la mano no sólo se refiere a daños físicos, si no a hacer injusticias por el poder que tienes. Dios ha dado los poderes a los seres humanos con el propósito de hacer justicia en la tierra.
Tampoco con la lengua porque hay gente que habla detrás de otros. Al musulmán no le toca hablar mal de nadie. Una persona que no está aquí para defender sus derechos, hablamos mal de él, de su prestigio, es como si comiéramos la carne del hermano muerto.
El Corán nos dice que si una persona mata a una persona inocente es como si hubiera matado a toda la Humanidad, por el contrario, si salva a una persona inocente es como si salvara a todos, ¿en dónde cabe el terrorismo aquí?
Esta religión está en contra del terrorismo, sean religiosos o políticos. Muchos de los verdaderos terroristas, para que la gente se olvide de que lo son, dicen que los musulmanes son terroristas. Son terroristas de petróleo que quieren invadir los países musulmanes bajo el pretexto de matar a los terroristas que residen ahí.
Hay gente a la que se le da dinero y se le hacen pasaportes con nombres musulmanes para que los medios de comunicación manchen a los musulmanes.
No estoy diciendo que no hay gente mala en esta religión. Yo reto a cualquier persona a que me diga “En mi religión todos somos buenos”. En toda la gente hay buenos y malos porque es la naturaleza de la creación de Dios: la pelea entre lo malo y lo bueno.

 Al terminar la conversación, el señor Louahabi nos reiteró que las puertas de la mezquita siempre estarán abiertas para aquellos que deseen conocer el Islam o abrazar la religión. Es claro para nosotros que el Islam, lejos de ser la comunidad de odio y violencia que muchos creen que es, es un grupo unido y solidario de personas que buscan el sentido del mundo y de la vida en la religión, en las buenas obras y en la convivencia con otros grupos.

Estepario.logo.E


Notas al pie:
[1] http://www.eluniversal.com.mx/articulo/periodismo-de-investigacion/2015/12/12/el-boom-del-islam-en-mexico
[2] http://www.animalpolitico.com/2016/02/el-numero-de-catolicos-en-mexico-va-a-la-baja-aumentan-los-ateos-y-de-otras-religiones/
[3] Ejemplos de ello pueden verse en: http://www.razon.com.mx/spip.php?article308566
https://www.gatopardo.com/reportajes/islam-en-mexico/
https://www.vice.com/es_mx/article/4w9yqg/los-indigenas-musulmanes-vice
[4] Gran parte de lo anotado aquí fue extraído de la investigación de Camila Pastor de María y Campos, plasmado en su artículo Ser musulmán nuevo en México. La economía política de la fe. Disponible en: http://www.istor.cide.edu/archivos/num_45/dossier4.pdf
[5] Ver nota anterior.
[6] Ver nota 4.
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