sumisión o del prejuicio

[reseña] |Carlos Erasmo Rodríguez Ramos 

 

  s  umisión, la novela de Michel Houellebecq, se publicó el 7 de enero de 2015, el mismo día de los atentados contra el semanario francés de sátira Charlie Hebdo. Tal vez fue debido a esta extraña coincidencia que la novela, que plantea un futuro hipotético en el que los musulmanes se hacen del poder en Francia, alcanzó una gran cobertura mediática en mucho menos tiempo del que se necesita para leerla. Ejemplo de ello es que a pocas horas de haber sido publicada, el Primer Ministro francés de entonces, Manuel Valls, declaró: “Francia no es Sumisión, no es Michel Houellebecq, no es intolerancia, odio ni miedo”. Por supuesto, muchos advirtieron que era poco probable que en tampoco tiempo la hubiera leído.[1]

Este fuego mediático venía siendo atizado desde tiempo atrás por distintos medios, sobre todo por la prestigiosa publicación literaria The Paris Review, donde el autor concedió la primera y más reveladora de las entrevistas en torno a la novela.[2]

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Un futuro poco probable

Fue gracias a esta publicación que supe de la existencia de la obra. Siendo entusiasta de los temas religiosos y políticos, conseguí la novela tan pronto como pude. Tras leerla, me resultó sorprendente que la trama que había causado tanto revuelo fuera en realidad bastante simple.

Son las elecciones en Francia en el año 2022. El Frente Nacional, con Marine Le Pen como candidata, es el enemigo a vencer. Los demás partidos, tratando de evitar el triunfo de la derecha, se unen a una coalición encabezada por la Hermandad Musulmana, una nueva fuerza política dirigida por el astuto y carismático Mohammed Ben Abbes. La coalición gana las elecciones y apenas se consolida su triunfo cuando Ben Abbes inicia una serie de reformas dirigidas a implantar el Islam en todas las esferas de la vida francesa. Los judíos escapan a Israel, las Universidades se vuelven islámicas y comienzan las conversiones en masa alentadas por las ventajas que trae el ser musulmán en el nuevo régimen. Esta transformación radical de Francia nos es presentada a través de los ojos de un académico de la Universidad de París III, ferviente estudioso de la vida y obra de Huysmans.

Algo que salta a la vista en medio de todo esto es la imposibilidad de este escenario. La mayoría de las novelas que plantean escenarios políticos hipotéticos se distinguen por ser bastante persuasivas en sus planteamientos. Tal es el caso de novelas como El hombre en el castillo de Philip K. Dick y 1984 de George Orwell.

En el caso de Sumisión, el mismo Houellebecq reconoce que actualmente los musulmanes no tienen representación política en Francia[3] y que, si la llega a haber, aún falta mucho tiempo para que esa fuerza política esté en posición de contender en las elecciones.

Además, al escribir sobre las reformas que llevan al establecimiento del Islam en Francia, Houellebecq pasa por alto la tradición laica francesa. En Francia, el laicismo se proclamó para evitar las matanzas entre católicos y protestantes por lo que nunca hubo una tradición de tolerancia que preparara el camino para el advenimiento de una fuerza política religiosa, sobre todo ajena a las religiones dominantes en el país.[4] Aún hoy, Francia vive una especie de culto al secularismo plasmado, entre muchas otras cosas, en la prohibición de portar símbolos religiosos en público.

El hecho de que la imposibilidad sea lo que predomine en la trama de Sumisión ha llevado a muchos de sus detractores a tildarla de una simple provocación, una especie de ardid mediático diseñado para aprovecharse de la polémica en la que recientemente se ha visto envuelta la presencia musulmana en Europa. Los defensores de la novela replican diciendo que, al fin y al cabo, la novela sólo busca plantear la situación más allá de las probabilidades de que se realice.

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Imagen en la portada de la edición de Anagrama

La forma

 Uno de los méritos de la forma de la novela, sobre todo si tenemos en cuenta que Houellebecq no cursó estudios universitarios, es la excelente recreación del mundo académico. Sin embargo, este acierto no alcanza a cubrir lo que pudiera ser el error más grande la novela: el difícil maridaje entre la forma y el fondo.

Cuando uno lee el trabajo de Houellebecq pasa mucho tiempo antes de que se empiece a abordar la cuestión política de fondo. Al inicio y durante muchos pasajes de la novela, narrada en primera persona, atendemos a las disertaciones del protagonista acerca de la obra de Huysmans. Los hechos relativos a la Hermandad Musulmana en realidad no parecen interesar al protagonista, un nihilista o una especie de Henry Chinaski con título universitario, por lo que parecen lejanos y difusos al lector.

Es natural preguntarse porque el autor eligió a ese narrador en particular. En la entrevista con The Paris Review[5], el autor revela que inicialmente el título de la novela era La Conversión y que la trama abordaría el camino del protagonista hasta que abraza la fe católica. Houellebecq, tras observar la situación del Islam en Francia, decidió incorporar toda la trama política después de haber terminado la primera parte del libro.

Tal vez es por esto que se hace difícil conciliar la trama con su narrador. El autor parece saltar de un impulso narrativo a otro, divagando en una página sobre la vida burocrática de Huysmans y en la siguiente sobre la situación de los judíos en el nuevo régimen. Es como si el autor hubiera querido escribir dos novelas distintas que, por error, terminaron siendo una.

Algo que se percibe en toda la novela es una atmósfera de amarga resignación. Cuando Ben Abbes gana las elecciones e inicia sus reformas es como si todo el Frente Nacional, Marine Le Pen y sus partidarios hubieran muerto la noche anterior. Nadie hace nada y a nadie le importa hacerlo. Es más, incluso se dejan comprar, sin chistar, por el nuevo régimen. Las mujeres renuncian a los pantalones y al trabajo a cambio de subsidios gubernamentales. Los hombres renuncian a su fe a cambio de mejores oportunidades laborales pero, sobre todo, por los atractivos sexuales de la poligamia.

Uno no puede evitar pensar que en una novela que aborda la imposición de un sistema de ideas sobre los demás, siempre habrá quien pese a todo se resista y sea fiel a sí mismo, como en El poder y la gloria de Graham Greene. Sin embargo, en Sumisión todos los personajes, a excepción de Ben Abbes, son una especie de borregos bobalicones que marchan resignados al matadero.

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El prejuicio

Utilizado deliberadamente como una provocación o no, lo cierto es que el fondo de la novela de Houellebecq descansa sobre un prejuicio bastante difundido: los musulmanes y su modo de vida son incompatibles con la vida en Occidente debido a que siempre buscan imponer su religión sobre los demás.

Aunque este prejuicio, que comparten mentes tan lúcidas como las de Mario Vargas Llosa[6] y Giovanni Sartori[7], está ampliamente difundido, en realidad carece de sustento. Los musulmanes llevan bastante tiempo viviendo en algunas democracias occidentales, como en Estados Unidos, donde el Islam arraigó fuertemente en la población afroamericana e influyó en figuras como Malcom X y Mohammed Alí. Además, en algunos países árabes encontramos democracias en construcción como en el caso de Turquía después del ascenso de Atatürk.

Esta clase de prejuicios no son para nada nuevos. Baste recordar que, tras las grandes migraciones del este y el sur de Europa, en Estados Unidos se creía que los católicos eran incapaces de vivir en democracia. Su lealtad a la figura del Papa y su cercanía a una institución como la Iglesia despertaba las sospechas de sus compatriotas protestantes[8]. Estas sospechas llevaron, como en muchos otros países, a la proclamación del principio de la separación Iglesia- Estado.

Tal vez Sumisión alimente, en muchos aspectos, el crecimiento de este tipo de prejuicios entre los lectores incautos.

En mi opinión, pasado el gran escándalo mediático que tiene en la mira a la población musulmana, Sumisión pasará a ser lo que siempre ha sido: una suerte de curiosidad literaria.

Estepario.logo.E


Notas al pie
[1] http://www.businessinsider.com/ap-paris-review-editor-says-new-houellebecq-book-misunderstood-2015-10
[2] https://www.theparisreview.org/blog/2015/01/02/scare-tactics-michel-houellebecq-on-his-new-book/
[3] Ver nota anterior.
[4] Voltaire, Tratado sobre la Tolerancia, trad. de Mauro Armiño, España, Debate Público, 2010, pp. 9-28.
[5]  https://www.theparisreview.org/blog/2015/01/02/scare-tactics-michel-houellebecq-on-his-new-book/
[6] Vargas Llosa, Mario, La civilización del espectáculo, pp. 26. Disponible en: http://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/ecoescuela/clubdelectura/files/2013/08/La+Civilizacion+Del+Espectaculo.pdf
[7] Sartori, Giovanni, ¿Qué es la democracia?, trad. de Miguel Ángel González Rodríguez, María Cristina Pestellini Laparelli Salomon y Miguel Ángel Ruiz de Azúa, México, Santillana, 2007, pp. 380-392.
[8] Nussbaum, Martha C., Libertad de conciencia: contra los fanatismos, trad. Alberto E. Álvarez y Araceli Maira Benítez, México, Tusquets, 2010, pp. 221-227.

 

 

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