Por una contrademocracia

SONY DSC
[artículo] | Iván Adelchi Peña

.

 México y la necesidad de un sistema democrático sustantivo

Parte I

t ras los últimos 17 años de transición democrática, debemos reconocer que la democracia procedimental falló en el mejoramiento de nuestras condiciones de vida. Este es uno de los temas que más se debate hoy en la esfera de lo público.

Durante el triunfo del PAN, en la elección del 2000, creímos que la democracia por fin había llegado a nuestro país. Desgraciadamente esto sólo fue un espejismo. Al observar el fenómeno democrático surgió la controversia de si el Instituto Electoral podía hacerle frente a un sistema autoritario que imponía su voluntad o si, por el contrario, toda la actuación electoral quedaba en una simulación. La apuesta fue por una “Democracia Procedimental”, es decir, por el fortalecimiento institucional, con mecanismos de punición y sanción que buscaban cuidar los resultados de la competencia entre partidos.

Por desgracia la verdad era más grande pues tras buscar la libre competencia entre los partidos, no nos percatamos que uno de los problemas fundamentales es la desigualdad de la capacidad económica y de acción que cada Partido Político tiene para competir. No era suficiente un mecanismo de representación proporcional en lo legal pues la lógica de la toma de decisiones radica fundamentalmente en dos cuestiones: 1) cuanta influencia se tiene y 2) como uno accede al poder con dinero o con corrupción.

Entonces la democracia procedimental volteó su mirada a una idea de desconfianza frente a los partidos que siempre buscan evadir la ley con el único objetivo de ganar elecciones: la lucha Política más cruel y descarnada dirigida erradicar a la competencia para ser los únicos.

La democracia procedimental busca siempre construir un orden de expectativas sociales y mejorarlas por medio del mejoramiento institucional y el perfeccionamiento de la misma.

Uno de los problemas fundamentales que enfrentamos es la capacidad económica de los partidos para comprar votos o flexibilizar valores democráticos poniéndolos en venta.

El punto anterior nos deja ver un elemento material de la discusión jurídico-política de nuestra democracia. La última reforma electoral de 2014 buscaba robustecer los mecanismos de fiscalización y sanción de los gastos de campaña durante las elecciones y someter a un mayor escrutinio los gastos de los partidos en la construcción y difusión de la democracia.

El problema es en muchos sentidos el financiamiento público que se recibe, porque lo que se tiene que vigilar son: 1) que los recursos públicos sean gastados de formas idónea, 2) que no exista conflicto de intereses entre las aportaciones dadas para las campañas con sectores empresariales o personas económicamente expuestas, 3) que no exista infiltración de dinero ilegal en los procesos electorales. Todo esto da el surgimiento de la llamada “Democracia de Control”[1]; la cual está construida en un orden legal de desconfianza. Entonces las instituciones sólo vigilan, sabiendo irreductiblemente que se darán este tipo de conductas. Las premisas de estos razonamientos son muy endebles y daré algunas razones para ello:

  • Una institución, sea cual sea, que parte de la premisa de la desconfianza sólo buscará “controlar los daños” sin solucionar las causas. Dado que las instituciones son creadas bajo un principio de Justicia[2], esto rompe con un principio democrático.
  • Los Partidos disfrutan de la comodidad que tiene con sus bases y sus conquistas territoriales, ya que están conscientes del dinero que recibirán sea cual sea sus niveles de productividad, eficiencia y construcción de ciudadanía. No se preocuparán por la “Transparencia” de esos recursos, porque las sanciones son económicas y pueden ser pagadas con el mismo dinero recibido de las Instituciones Democráticas.
  • No hay incentivos reales para que los Partidos se acerquen a la Ciudadanía dado que ellos no son relevantes en la Construcción de procesos de continuación. Lo único importante es el voto.
  • Los institutos electorales locales y federales sólo se dedican a crear o promover elecciones y no construyen mecanismos reales de participación ciudadanía pues su misión principal es vigilar los controles.
  • En una sociedad como la nuestra, donde la desigualdad es la generalidad, la capacidad económica de los partidos hace que la compra y venta de votos sean un mercado que busca subsanar una condición de ingreso para personas de bajos recursos.


Propuesta

Pierre Rosanvallon, uno de los académicos franceses más importantes e influyentes de nuestros tiempos, propone en uno de sus libros, La Contrademocracia, un nuevo sistema tanto a nivel discursivo como Institucional para el tratamiento de la democracia y sus “avatares”.

  • La democracia y los Institutos Electorales son instituciones impuras que surgen para hacerle frente al autoritarismo. Impuras porque nacen dentro de un sistema de lucha política que impide la completa imparcialidad.
  • La Contrademocracia es una búsqueda discursiva que consiste en decir que no es suficiente el voto y que es necesario recobrar la participación antagónica y de lucha por el espacio público de la ciudadanía.
  • Normalizar la lucha de los partidos y dejar de verlo como algo negativo.
  • Hacer que los Partidos se acerquen a los Ciudadanos no sólo buscando su voto, si no como en otros países con aportaciones económicas y dejar de depender de un sistema de financiamiento público. Darle el giro a la relación, lo que implica que la ciudadanía invierta esfuerzos y recursos de formas conjunta.
  • Construir un orden material que permita reconstruir la confianza de las instituciones, confianza fundamental para que las decisiones en democracia tengan un respaldo amplio de la sociedad.
  • Tener en claro que la desigualdad es el problema pues, como afirma el Dr. Woldenberg, la democracia sólo evidencia y hace visibles nuestros problemas en una esfera pública.

La democracia no se resume a una lógica procedimental ya que la exclusión ciudadana cada día es mayor, principalmente porque esta visión “procedimental” no permite que las y los ciudadanos tengan un contacto real con la toma de decisiones. Si bien este es un resumen rápido, sin datos empíricos que validen muchas de las afirmaciones, mi propuesta de análisis es cambiar las lógicas básicas en las cuales el orden democrático está construido.

Estepario.logo.E

[1] Este concepto es mayormente explorado por el autor Pierre Rosanvallon en su libro “la Contrademocracia”, editorial Manantial.
[2] Parto de la premisa de Rawls, que todas las instituciones sociales persiguen la justicia.
Anuncios