Don Jon o el falso sexo

 [reseña] |Redacción

 

 m  uchas veces las buenas películas del cine hollywoodense pasan desapercibidas por la crítica y el gran público. Son filmes que, ya sea por tocar temas poco comunes o ser de naturaleza experimental, salen del común denominador. Pasan sin pena ni gloria por las carteleras y su propuesta está muchas veces condenada al olvido de una industria a la que no le gusta apostar. Tal es el caso de Don Jon, la incursión de Joseph Gordon-Levitt como director y guionista.

También protagonizada por Gordon-Levitt, el filme cuenta con un elenco que incluye a grandes figuras de la industria como Tony Danza, Brie Larson, Julianne Moore y Scarlett Johansson. Todos ellos realizan grandes interpretaciones que dan vida a los personajes de esta historia cuyo tema central rara vez es abordado por algún medio: el papel de la pornografía en la sociedad actual.

Jon Martello es un joven bartender que, valiéndose de su profesión y de su atrativo físico, no pasa un fin de semana sin seducir a algunas de las mujeres que frecuentan el bar. Es por ello que sus amigos le apodan Don Jon. Pese a sus frecentes encuentros con mujeres hermosas y a su amorío con Barbara Sugarmann, interpretada por Scarlett Johansson, Jon sólo encuentra una forma de satisfacer plenamente sus deseos sexuales: sentarse frente a su computadora a ver videos porno. Sin embargo, extrañamente, las cosas empiezan a cambiar cuando conoce a Esther, una misteriosa mujer mucho mayor que él.

Aunque la película toca muchos temas como la excesiva sexualización que vivimos y el papel del amor en el sexo, el principal es sin duda el efecto de la pornografía en nuestra vida sexual.

En pleno siglo XXI la pornografía está al alcance de todo aquel que tenga una conexión a internet, sin importar el sexo o la edad. Es común en estos días que la gente vea porno aún antes de tener su primera relación sexual. Muchas veces este consumo prematuro lleva a la gente a hacerse una idea errónea del sexo, donde la pareja es sólo el artificio necesario para satisfacer todos nuestros deseos y fetiches.

Por esto no es de sorprender que a pesar de que Jon se la pase con mujeres hermosas, jamás quede satisfecho pues el sexo real dista mucho de la fantasía que vende la pornografía. Sólo a través de la vinculación con alguien, Jon aprenderá a revalorar el papel que tiene el otro en lo que antes sólo era la realización egoísta del deseo.

Esta comedia es sin duda una oportunidad para reflexionar sobre los procesos de banalización de nuestra época, fenómenos tan penetrantes que han alcanzado nuestra intimidad y nos han empujado a relaciones desechables de todo tipo.

Estepario.logo.E

 

 

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