Por un consumo responsable del porno

Derecho a la propia imagen

[artículo] | Itzel Dekovic Bravo

 

 de  acuerdo a las estadísticas del sitio para adultos Pornhub del año 2016, México ocupó el onceavo lugar en la lista de países que más consumen pornografía (1). Con anterioridad al boom del Internet el acceso a la pornografía era limitado. Sin embargo, actualmente cualquier persona con conexión a Internet puede acceder a contenido pornográfico de manera gratuita las veinticuatro horas del día. Aunque su existencia provoca rechazo en algunas culturas o sectores conservadores de la sociedad, sabemos que la pornografía no es intrínsecamente mala.

Sin embargo, con el avance de la tecnología, las cámaras fotográficas y de video incluidas en los dispositivos móviles permiten captar la imagen de cualquier persona, manipularla y transmitirla por Internet, exhibiéndola sin ningún impedimento.

Esta facilidad para difundir la imagen personal revela la vulnerabilidad en la que cualquier persona se encuentra. Consideremos los casos de ex parejas que buscando venganza suben escenas de sexo, las cámaras escondidas o las escenas de abuso escolar de índole sexual. Con todo este material disponible parece que la intimidad se encuentra a merced de los millones de personas que tienen acceso a la red.

Ante esta realidad tan cotidiana, no podemos permanecer ajenos a la esfera jurídica que toca directamente esta actividad. La legislación mexicana consagra el derecho a la propia imagen (2), el cual se define como la facultad de toda persona para disponer de su apariencia autorizando o no la captación o difusión de la misma, entendiendo como imagen la reproducción identificable de sus rasgos físicos sobre cualquier soporte material. Del mismo modo, establece que su difusión o comercialización sin el consentimiento expreso de la persona constituye un acto ilícito, salvo excepciones que prevé el mismo ordenamiento.

A sabiendas de que este derecho es violentado, debemos plantearnos la necesidad de ejercer un consumo responsable de la pornografía. Este consumo responsable consiste en elegir productos teniendo en cuenta las características sociales y laborales del entorno de producción así como las consecuencias medioambientales posteriores. Hoy en día esto es posible pues los consumidores pueden recabar información concerniente a dónde se filman ciertos contenidos y bajo qué condiciones o sobre si las personas que participan han autorizado la divulgación de su imagen y, por supuesto, si lo hacen de manera enteramente voluntaria.

Dado que el respeto a la vida privada, al honor e incluso a la imagen propia son considerados como derechos humanos fundamentales, establecidos en instrumentos internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las plataformas de videos que albergan una enorme cantidad de material audiovisual pornográfico, conocidos como tubes, combaten la proliferación de contenido ilegal. Estos sitios alientan a los usuarios a marcar los videos que consideren inapropiados, los cuales son revisados por los equipos de la página y eliminados si violan los términos de servicio de la página web.

Siendo consumidores informados y sabiendo que existen herramientas para denunciar y eliminar los contenidos que vulneran el patrimonio moral de otros seres humanos, es posible modificar nuestros hábitos de consumo.

El hacer respetar los derechos de los demás es responsabilidad de todos, sobre todo en un ámbito tan obscuro y polémico como es el de la pornografía en internet.

Estepario.logo.E


Notas:
1. http://www.milenio.com/tendencias/porno-pornhub-estadisticas-consumo_mexico-milenio-noticias_0_890911139.html

2. Ley de Responsabilidad Civil para la protección del derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen en el distrito federal. Publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 19 de mayo de 2006. Última reforma publicada en la G.O.D.F. el 28 de noviembre de 2014.
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